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http://archive.org/details/obra01moli 



TIRSO DE MOLINA 



IMPIUBÍTTA DSÍ GARO RAQ&IO: MBNDKÁBAi», J4, MADRID 



CLÁSICOS CASTELLANOS 



TIRSO DE MOLINA 

I 

EL VERGONZOSO EN PALACIO 
EL BURLADOR DE SEVILLA 

2 tf - 3 ■ * 2> . 

SEGUNDA EDICIÓN, MUY RENOVADA, 
POR AMÉRICO CASTRO 



MADRID 
EDICIONES DE «LA LECTURA » 
1922 



INTRODUCCIÓN 



A J. Ortega Gasset. 

Las comedias del siglo xvn han llegado a con- 
vertirse para los españoles en un extraño y 
no muy gustado género de literatura. Contribuye 
en parte a ese alejamiento la nula instrucción lite- 
raria que recibe el término medio de las gentes 
de lengua española, y el que, como causa o efec- 
to de esa incultura racial, sean escasas o de poco 
atractivo las ediciones en que pueden leerse las 
obras de nuestros mayores dramaturgos de la épo- 
ca áurea. Pero es innegable que existen además 
varias circunstancias, internas y esenciales, sufi- 
cientes para crear un fuerte desnivel entre el lec- 
tor corriente y la comedia llamada clásica. Inten- 
tar salvarlo es obligación de quien, saliendo del 
campo acotado de la erudición, aspira a ganar 
amigos para estas producciones en las que es aún 
posible llegar a percibir una vitalidad densa y ar- 
moniosa. Dado que esto es así, y que Clásicos 
castellanos se propone que sean conocidos los 
más sugestivos aspectos de nuestro antiguo teatro, 



VIII 



LA COMEDIA CLÁSICA 



no parecerán fuera de propósito algunas observa- 
ciones de carácter general al frente del primer 
volumen que esta colección dedica al drama, a las 
que seguirán las noticias especialmente relativas a 
Tirso de Molina. 

I. La comedia clásica. 

Como es sabido, Lope de Vega (i 562-1635) 
creó el género literario justamente denominado 
teatro nacional de España *. Por mucho que que- 
ramos conceder a sus precursores, entre el más 
apto de ellos y Lope media un abismo, y creo 
imposible resolver su teatro en los elementos 
aportados por la tradición literaria del siglo xvi. 
En cambio, la nueva fórmula dramática fué apli- 
cada por multitud de imitadores, durante todo 
el siglo xvii. Dentro del esquema inicial y de di- 
recciones bastante uniformes, hubo lugar para que 
se revelaran sensibilidades finas y originalísimas, 
Tirso, Calderón y Alarcón en muy primer térmi- 
no. Se producen así millares de comedias, cuya 
representación constituyó el mayor placer colecti- 
vo para los españoles. Ante aquella imponente 
mole artística se embelesaban la plebe y la corte, 
la aldea y la ciudad. Un mismo tipo de arte sedujo 



1 V. el prólogo del tomo 39 de esta colección, por los se- 
ñores Gómez Ocerín y Tenreiro. 



POPULARISMO CORTESANO 



a todos, hecho extraño y revelador de íntimos pro- 
cesos históricos. Una obra como el Mágico prodi- 
gioso, de Calderón, comparado por algunos con el 
Fausto, fué escrita para la villa de Yepes 1 en 
1637. En cambio, la corte a veces semejaba a la ín- 
fima plebe: «Los reyes se entretienen en el Buen 
Retiro, oyendo las comedias en el Coliseo; donde 
la reina, nuestra señora, mostrando gusto de verlas 
silbar, se ha ido haciendo con todas, malas y bue- 
nas, esta misma diligencia. Asimismo, para que 
viese todo lo que pasa en los corrales, en la ca- 
zuela de las mujeres, se ha representado bien al 
vivo, mesándose y arañándose unas, dándose 
vaya otras, y mofándolas los mosqueteros. Han 
echado entre ellas ratones en cajas, que abiertas 
saltaban, y ayudado este alboroto de silbatos, 
chiflos y castradores, se hace espectáculo más de 
gusto que de decencia. El rey|, nuestro señor, 
reparte los aposentos a grandes, por sus turnos». 
Como se ve, la hija de Enrique IV de Francia no 
prefería ciertamente lo exquisito 2 . 



1 «Con motivo de las fiestas que todas las octavas del 
Corpus Christi celebra la famosa villa de Yepes, tan nombra- 
da por el culto con que sirve a este misterio cada año, como 
por el generoso licor que produce.» (Tirso, Cigarrales, edi- 
ción Said Armesto, pág. 31.) 

2 Pellicer, Avisos, febrero 14 de de 1640, en el Semanario 
erudito de Valladares, t. xxxi, pág. 139.— El 7 de febrero cuen- 
ta el mismo: «El rey, nuestro señor, con toda su casa y la seño- 



X 



LA COMEDIA CLÁSICA 



Carecemos aún de una historia moderna del 
teatro clásico. La obra de Schack responde a pun- 
tos de vista críticos ya superados *; y fuera de 
ella sólo existen observaciones sobre aspectos par* 
cíales del drama, en estudios de índole monográ- 
fica. Lope y Calderón atrajeron naturalmente la 
mayor cantidad de esas investigaciones, que, en 
general, versan sobre las fuentes de cada come- 
dia, la cronología, la versificación, etc. Ultima- 
mente, se atiende con cuidado al valor representa- 
tivo del teatro, considerado como un gran conjun- 
to, dentro del cual circulan diversas manifestacio- 
nes de la sensibilidad y de la ideología de la épo- 
ca. A medida que el drama ha ido perdiendo 
en atractivo estético, en capacidad para seducir 
desinteresadamente al público, ha ido logrando 
mayor valor como documento arqueológico. Mas 
he aquí que el historiador, antes de servirse de esa 
fuente de información, desearía conocer hasta qué 
punto es digna de fe. Y la cuestión es tanto más 
delicada cuanto que distan mucho de opinar de la 
misma suerte quienes reflexionaron sobre este 



ra princesa de Cariñán, está desde el día de San Blas en el 
Buen Retiro, donde ha de detenerse hasta la cuaresma. Hase 
empezado a representar en el teatro de las comedias que se ha 
fabricado dentro; y concurre la gente en la misma forma que a 
la Cruz y el Príncipe, cobrándose para los hospitales y auto- 
res de la farsa. Es obra grande.» (Ib., pág. 133.) 
1 V. nuestra Vida de Lope de Vega, 1919, pág. 539. 



¿COSTUMBRISMO O IDEALISMO? 



XI 



punto. El problema es capital, y afecta a la íntima 
estructura del drama. Notemos algunos puntos 
de vista acerca de tan delicada cuestión. De 
Larra: «Nuestro teatro, tan pródigo en fábulas 
estériles, eucontró a veces en Calderón mismo, 
en Lope, y sobre todo en Alarcón, Tirso y Mo- 
reto y los que los siguieron, escritores excelentes 
de costumbres.» (Obras, París, 1874, 11, pág. 107.) 
De Morel-Fatio: «El fondo de la comedia es 
algo más que la materia o el asunto de la obra; 
antetodo, es la fotografía de la vida española en 
todos sus aspectos y manifestaciones.» (El mági- 
co prodigioso, 1877, pág. vm.) Añade el mismo 
autor: «La comedia posee el valor de un docu- 
mento histórico, aunque no represente muy exac- 
tamente la sociedad..., nos pinta más bien el ideal 
de esta sociedad, el estado de su imaginación». 
(La comédie espagnole, 1885, pág. 31.) De Marti- 
nenche: «El teatro no es una sencilla fotografía; 
representó en todas la épocas una existencia me- 
nos real que imaginada, o, más bien, mucho más 
real que la realidad misma; el drama es sobre todo 
la expresión de las ideas y de los sentimientos que 
una época se forma sobre su pasado y sobre su 
vida presente.» (La comédie espagnole, 1900, pági- 
na 68.) Según R. Screvill (The dramatic Art of 
Lope de Vega, 191 8), la comedia es un género con- 
vencional, fruto de una larga elaboración literaria, 
y no refleja la sociedad española; sus intrigas no- 



XII 



LA COMEDIA CLÁSICA 



velescas descansan sobre temas y trazas universa- 
les. La fórmula de Lope es de un arte purísimo, 
que en modo alguno, al menos conscientemente, 
actúa como un espejo proyectado hacia la natura- 
leza, y forma, por tanto, un fuerte contraste con 
la fórmula de la vida humana.» (Pag. 13.) «Lope 
divertía al auditorio por medio de una pintura 
concebida claramente como excepción más bien 
que como regla... Los que hablan de pintura de 
costumbres, toman por realidad la que se infiere 
de la comedia.» (Pág. 28.) 

Entre estas valiosas opiniones el lector desea- 
ría, sin duda, saber a qué atenerse. Y aun cuando 
no sería difícil hallar entre ellas una manera de 
armonía, utilizando lo mucho de verdad que en- 
cierran, juzgo más útil para el propósito de este 
ensayo tomar un nuevo punto de mira, y obser- 
var desde él aspectos de la comedia que nos defi- 
nan su carácter. 

Es evidente que la comedia satisfizo durante 
más de un siglo el afán de diversión del pueblo 
español; el éxito de aquélla consistió en adaptarse 
a los moldes de la sensibilidad pública, cuya ac- 
ción sobre el género dramático resulta así mani- 
fiesta. Toda obra de arte, al lograr el éxito, puede 
decirse que responde, en mayor o menor grado, 
a una favorable disposición del público; tratándo- 
se de la comedia del siglo xvn, es dable afirmar 
que hubo verdadera apetencia en el espectador, 



POR QUÉ DELEITA LA COMEDIA XIII 



quien, al solicitar y exigir ahincadamente la reite- 
ración del espectáculo, acabó por actuar como un 
suscitador, como un colaborador. Lope de Vega 
tenía perfecta conciencia de esa misión al escribir 
la tan citada frase de que al vulgo había que «ha- 
blarle en necio para darle gusto», junto a otras 
análogas, menos sobadas l . Ahora bien, ¿qué que- 
ría ese vulgo?, ¿cómo manifestaba sus desiderata? 
Ya que no directa, lo sabemos indirectamente 
por los mismos dramaturgos y por descripciones 
incluidas en algunas de las ásperas críticas que 
doctos contemporáneos formularon acerca del 
teatro 2 . Como ninguna, creo importante la del 
P. Juan de Mariana, en su Tratado contra los jue- 
gos públicos 3 , en el capítulo titulado: «Por qué 
deleitan tanto las representaciones». Queriendo 
expresar su enojo contra el teatro, al cual achaca 
en buena parte la naciente decadencia española, 
se deja prender por el incentivo del espectáculo 
que condena, y nos suministra un documento de 
enorme interés literario e histórico: 

«Es justo maravillarse y inquirir por qué causa 
las representaciones y comedias en tanta manera 
arrebatan a los hombres que, menospreciados los 



1 Las agrupé en la Vida de Lope de Vega, pág. 416. 

2 V. Menéndez Pelayo, Ideas estéticas, H, 2, cap. x; Co- 
tarelo, Controversias sobre la licitad del teatro. 

3 Riv., xxxi, 419. El Tratado estaba ya escrito en 1606. 



XIV 



LA COMEDIA CLÁSICA 



otros oficios de la vida, muchos concurren a esta 
vanidad, y todos los días gastan en este deleite, 
muchas veces con tanta vehemencia concitados 
con furor, que no es menos maravilla ver lo que 
hacen y dicen sus meneos y visajes, gritería, aplau- 
so y lágrimas de los que vinieron a ver, que los 
mesmos representantes. La causa es que estos 
hombres, por su interés, han juntado en uno todas 
las maneras e invenciones, para deleitar al pueblo, 
que se pueden pensar, como cualquiera dellas ten* 
ga fuerza para suspender los ánimos de los hom- 
bres. Porque, primeramente, se cuentan historias 
de acaecimientos extraordinarios y admirables, 
que se rematan en algún fin y suceso más mara- 
villoso, como lo vemos en las tragedias y come- 
dias; cosas increíbles componerse y afeitarse de 
manera, que no parecen fingidas, sino acaecidas y 
hechas; y es propio de nuestra naturaleza maravi- 
llarnos de cosas extraordinarias ', menospreciar lo 
que pasa cada día\ y son igualmente maravillosas 
y acarrean muy grande deleite aquellas que suce- 
den fuera de lo que se espera, y son de mayor 
peligro... Aun las consejas y fábulas de las viejas 
dan gusto, ¿qué será cuando se juntase a esto la 
hermosura de las palabras y elocuencia...? Allen- 
de desto, los versos numerosos y elegantes hieren 
los ánimos y los mueven a lo que quieren, y con 
fu hermosura persuaden con mayor fuerza a los 
oyentes y se pegan más a la memoria... Allégase 



LA OPINIÓN DEL P. MARIANA XV 



a esto flautas, cornetas, vihuelas, la suave melodía 
de las voces, las cuales, añadidas a lo demás, no 
pequeña suavidad tienen consigo... Represéntanse 
costumbres de hombres de todas edades, calidad 
y grado con palabras, meneos, vestidos al propó- 
sito, remedando el rufián, la ramera, el truhán, 
mozos y viejas, en lo cual hay muchas cosas dig- 
nas de notar y muy graciosas, porque no sólo se 
refieren con palabras, sino que se ponen delante 
los mesmos ojos;j/ lo que tiene muy mayores fuer- 
zas, añádense burlas y dichos graciosos para mo- 
ver la gente a risa, cosa que por sí sola deleita 
mucho, principalmente si se tocan y se muerden 
las costumbres ajenas y la vida. Y en conclusión, 
lo que es mayor cebo, muchachos muy hermosos, 
o lo que es peor y de mayor perjuicio, mujeres 
mozas de excelente hermosura salen al teatro y se 
muestran, las cuales bastan para detener los ojos, 
no sólo de la muchedumbre deshonesta, sino de 
los hombres prudentes y modestos. ¿Hay por ven- 
tura flor o animal que en hermosura se pueda 
comparar con la de los hombres? ¿Hay por ventu- 
ra cosa que más atraiga los ojos y los ánimos, 
dado que desnuda se propusiese? Cuanto más que 
los atavíos de todo punto reales, hechos a la ma- 
nera antigua, cuánta hermosura, cuán gran delei- 
te traen consigo para atraer y entretener la mu- 
chedumbre, el raso, la púrpura, el brocado, las 
guarniciones y bordaduras de recamado. No hay 



XVI 



LA COMEDIA CLÁSICA 



cosa, por hermosa y preciosa que sea, que no sir- 
va a las comedias y teatro.» 

Podría objetarse que el anterior pasaje no se 
refiere al teatro de hacia IÓOO, y que debe tomár- 
sele más bien como una divagación teórica, con 
reminiscencias de los Padres de la Iglesia. Remo- 
ver este reparo es esencial; lo formula Cotarelo 1 Í 
quien no para mientes en el alcance de las obser- 
vaciones del inteligente historiador, cuyos párra- 
fos más importantes no transcribe. En primer lu- 
gar no es pensable que un moralista, al atacar los 
efectos de un vicio social, utilice argumentos apli- 
cables a una sociedad de hace quince siglos; no 
sería bastante razón para suponer tamaño descon- 
cierto en Mariana el que exagere la obscenidad 
del espectáculo, y que hable de «cornetas y vi- 
huelas» refiriéndose a la música de las represen- 
taciones. Si algún doctor de la Iglesia anatemati- 
zara hoy las corridas de toros, aunque lo hiciera 
en estilo añejo y con errores sobre la técnica del 
espectáculo, nadie pensaría que aludía a los jue- 
gos circenses. No sería tampoco reparo sólido el 
que Mariana no asistiese nunca a los espectáculos 



1 «Pudiera dudarse si es Tertuliano el que habla de los de- 
gradados espectáculos romanos, o un español contemporáneo 
de Lope de Vega. Fuerza es confesar que el P. Mariana estaba 
muy atrasado de noticias; bien es verdad que él mismo decla- 
raba que nunca fué al teatro.» (Licitud del teatro, pág. 430.) 



VALOR DEL JUICIO DE MARIANA XVII 



que censura. La comedia estaba en el aire: en la 
calle y en el claustro ! ; y un hombre como Maria- 
na distaba tanto más de basarse en puras abstrac- 
ciones, cuanto que parte en su crítica de algo tan 
vivo como el placer que el público logra ante los 
farsantes. No es verosímil que en este caso se 
contentara con mero recuerdo de libros. En fin, 
léanse otros ataques contra las representaciones, 
por ejemplo, los citados Diálogos de las comedias, 
y se notará también, junto a las más concretas 
alusiones a lo que cada día acontecía, gran copia 
de moralidades y de apocalípticas sentencias to- 
madas de autores de la antigüedad. 

La comedia encanta por la forma misma en que 
es representada: bellas mujeres y bellos hombres 
que atraen los sentidos de los varones y de las 
damas; músicas suaves; trajes vistosos. Luego te- 
nemos el halago del verso y la seducción del len- 
guaje. Pero lo esencial — y esa es la razón que 



1 «Las religiosas encerradas que en su vida supieron si 
aquéllas son mentiras o verdades, ¿qué han de sacar de oír 
estas comedias que por cosa muy codiciada apetecen verlas, 
y se las llevan sus devotas o parientes?» (Diálogos de las co- 
medias, 1620, publicada por Cotarelo, o. c., pág. 214). «Me ha 
ofendido tanto ver entrar religiosos en las comedias, que me 
parece ha sido uno de los mayores escándalos públicos de la 
República, que han deshonrado en grande manera sus religio- 
nes», (íb., pág. 215.) 

m ** 



XVIIL 



LA COMEDIA CLÁSICA 



Mariana manda por delante — , es que mes pro- 
pio de nuestra naturaleza maravillarnos de cosas 
extraordinarias, menospreciar lo que pasa cada 
di a». 

La «cosa extraordinaria», la aventura, he aquí, 
en efecto, la clave de la comedia como género li- 
terario. Todo tiende en ella a hacerla posible, a 
sustentarla y a que se proyecte sobre el ávido es. 
pectador en la más adecuada forma. Así lo quisie- 
ron Lope de Vega y su tiempo. Se dirá que toda 
obra teatral estriba siempre en un suceder fuera 
de lo usual, y que, si no es así, el público se desen- 
tiende de lo que ocurre en la escena. Cierto que 
es así; pero el papel de la aventura es muy dis- 
tinto, según los teatros. Para los únicos efectos de 
ver claro, pensemos en el teatro clásico de Ingla- 
terra y de Francia. No puede imaginarse ambiente 
más insólito y asombroso que el que rodea al 
príncipe de Dinamarca: espectros, muertes, locas 
andanzas. Mas, pese a todo ello, desde los prime- 
ros momentos nuestro espíritu está sugestionado 
por la íntima conducta del príncipe, la cual se 
desenvuelve en un «tempo lentissimo» junto al 
vértigo de los acontecimientos. ¿Todo aquello de- 
cidirá a Hamlet? ¿Por qué no toma una actitud 
ante la vida? ¿Qué reflejos producen el amor y la 
muerte en su ánimo dolorido? A veces, toda ac- 
ción se suspende, y el héroe reflexiona largamen- 
te; y acabamos por pensar que lo importante, en 



COMPARACIÓN CON OTROS TEATROS XIX 



último término, es esa su íntima y atormentada 
meditación. 

Dígase lo que se quiera, esta técnica dramática 
está mucho más próxima de la francesa del si- 
glo xvii que de la española. Fedra o Berenice son 
también cúspides de interés artístico, a las que 
todo se subordina; la diferencia es que, como sus 
similares en el teatro de Racine o de Corneille, 
carecen de la formidable estela vital de que Sha- 
kespeare dotó a sus creaciones. La tragedia fran- 
cesa es siempre, más o menos, una tragedia de 
gabinete. Pero uno y otro drama son de índole 
aristocrática, a los que se va para estar pendientes 
a la postre de cómo reaccionan la mente o el co- 
razón de unos personajes egregios, a los cuales no 
importa gran cosa coincidir con las maneras de 
pensar o sentir de sus oyentes l . 

El espectador, ante un drama francés del siglo 
xvn, aspiraba a lograr una emoción en nada pare- 
cida a la que encendía el público de los corrales. 
Hablemos de ello, no para referir nuestro tea- 



1 «Corneille nous assujettit á ses caracteres et á ses idées, 
Racine se conforme aux nótres; celui-lá peint les hommes 
comme ils devraient étre; ce qu'il y a de plus beau, de plus 
noble et de plus impérieux dans la raison est manié par le pre- 
mier, et par Tautre ce qu'il a de plus flatteur et de plus délicat 
dans la passion... Ton est plus occupé aux piéces de Corneille, 
i'on est plus ebranlé et plus attendri á celles de Racine». (La 
Bruyére, Caracteres: «Des ouvrages de l'esprit.») 



XX 



LA COMEDIA CLÁSICA 



tro al de Francia, con lo cual haríamos incom- 
prensible la comedia de Lope de Vega, sino 
para acentuar sus diferencias y disponer así el 
ánimo de un lector moderno, a fin de que le 
sea practicable esa poética selva. 

Las obras de los grandes dramaturgos de la épo- 
ca de Luis XIV fueron producto de estudio lento, 
y su número es reducido. Aquéllos, al escribir, 
tenían presente una sala llena de curiosidad aten- 
ta, y cada verso iba cargado de un posible hondo 
sentido. Hoy se dividirán los pareceres ante tal 
tragedia de Corneille y Racine, no siempre tan la- 
bradas en bronce como afirma una crítica dogmá- 
tica en Francia; mas para los contemporáneos, 
cada expresión o ademán aparecían dotados de 
un denso valor ejemplar. Algunos testimonios de 
la época harán más eficaz este parangón. En el 
examen que Corneille puso al final de Le Cid lee- 
mos, a propósito de la entrevista de Rodrigo y 
Jimena: «Presque tous ont souhaité que ees entre- 
tiens se fissent; et j 'ai remarqué aux premieres 
représentations qu'alors que ce malheureux amant 
se présentait devant elle, il s'élevait un certain fré- 
missement dans l'assemblée, qui marquait une cu- 
riosité merveilleuse, et un redoublement á'atten- 
tion pour ce qu'ils avaient á se diré dans un état 
si pitoyable». 

La razón que da Corneille para no haber habla- 
do de los funerales del conde Lozano es que «le 



LA ATENCIÓN DEL PÚBLICO FRANCÉS XXI 



moindre mot que j'en eusse laissé diré, pour en 
prendre soin, eüt rompu toule la chaleur de Vat- 
tention, et rempli l'auditeur d'une fácheuse idée». 

Refiere Voltaire (Siécle de Louis XIV, capí- 
tulo xxm), que conoció a un antiguo servidor de 
la casa de Condé, «qui disait que le grand Conde, 
á Táge de vingt ans, étant á la premiere représen- 
tation de Cinna, versa des larmes á ees paroles 
d'Auguste: 



Je suis maítre de moi comme de l'Univers; 
je le suis, je veux Tétre. O siécles, o mémoire! 
Conservez á jamáis ma derniére victoire. 
Je triomphe aujourd'hui du plus juste courroux, 
de qui le souvenir puisse aller jusqu'á vous: 
Soyons amis, Cinna; c'est moi qui t'en convie. 



C'étaient la des larmes de héros. Le grand Cor- 
neille faisant pleurer le gran Condé d'admiration 
est une époque bien célebre dans Fhistoire de 
Tesprit humain.» 

Mrne. de Sévigné ha consignado en una carta 
de 21 de febrero de 1689, su impresión sobre Es- 
ther, de Racine, representada, como se sabe, en el 
Colegio de doncellas de Saint-Cyr: «Le maréchal 
de Bellefonds vingt se mette, par choix, á mon 
cóté droit, et devant c'étaient mesdames d'Au- 
vergne, de Coislin et de Sully; nous écoutámes, 
le maréchal et moi, cette tragédie avec une atten- 



XXII 



LA COMEDIA CLÁSICA 



tion qui fut remarque. Je ne puis vous diré Tex- 
ces de l'agrément de cette piece... tout y est sim- 
ple, tout y est innocent, tout y est sublime et tou- 
chant... la mesure de l'approbation qu'on donne 
á cette piéce, c'est celle du goút et de V attention... 
Le roi vint vers nos places; et, aprés avoir tourné, 
il s'adressa á moi et me dit: «Madame, je suis as- 
suré que vous avez été contente.» Moi, sans m'é- 
tonner, je répondis: «Sire, je suis charmée, ce 
que je sens est au dessus de mes paroles». 

Años antes, la misma escritora había compara- 
do Corneille y Racine, con daño para éste último; 
se trataba de una obra realmente inferior, Bajazet: 
«...Rien de parfaitement beau, rien qui enléve, 
point de ees tirades de Corneille qui font frisson- 
ner. Ma filie, gardons nous bien de lui comparer 
Racine... Vive done notre vieil ami Corneille! Par- 
donnons -lui de méchants vers en faveur des di- 
vines et sublimes beautés qui nous transportent: 
ce sont des traits de maitre qui son inimitables. 
Despréaux en dit encoré plus que moi; et, en un 
mot, c'est le bon goüt, tenez vous-y». (16 mar- 
zo, 1672). 

La actitud de nuestra corte y de la sociedad se- 
lecta que la cercaba era, en cambio, bien distinta. 
Que se tratara del vulgo o de palacio, la comedia 
era siempre una forma de diversión rápida; sus 
cualidades artísticas — a veces profundas — tenían 
que armonizarse con las aspiraciones de una socie- 



UNA REPRESENTACIÓN REGIA XXIII 



dad poco diferenciada ante el goce literario. Véa- 
se un ejemplo característico: La noche de San 
Juan de 163 1, el conde-duque de Olivares ofreció 
un maravilloso festejo a Felipe IV e Isabel de Bor- 
bón *, en el cual no podían faltar comedias. Se 
encargó una a Lope, que en tres días compuso 
La noche de San Juan', otra, Quien más miente 
medra más, que tuvo que ser escrita aún con más 
premura, a dos ingenios: D. Antonio Hurtado 
de Mendoza (acto 11) y D. Francisco de Quevedo 
(actos 1 y 111). En veinticuatro horas realizaron am- 
bos este prodigio de destreza cómica. 

Una Relación de la época 2 , nos da esta curio- 
sa información: «Duró la fiesta dos horas y media, 
adornada de excelentes bailes, y aunque por el 
poco tiempo que tuvieron los farsantes para estu- 
dialla no se pudo lograr todo el donaire de la in- 
vención y los versos, es sin duda que en muchas 
comedias de las ordinarias no se vieron tantos sa- 
zonados chistes juntos como en esta sola: que en 
la agudeza de D. Francisco de Quevedo, un solo 
día de ocupación fué sobrado ca?npo para todo.,. Se 
empezó la segunda farsa, que fué la de La noche 
de San Juan, retratando en ella las alegrías, licen- 
cias, travesuras y sucesos de la misma noche, es- 



1 Vida de Lope, pág. 330. 

2 Publicada por C. Pellicer, Tratado histórico de la co- 
media. 



XXIV 



LA COMEDIA CLÁSICA 



crita con toda la gala, donaire y viveza que ha 
mostrado este maravilloso ingenio en tantas como 
ha escrito, en que ninguno le ha igualado, y de 
quien los que agora florecen en este arte le han 
aprendido... Entre otras buenas partes que tuvo 
fué ser breve y elegantemente representada, ayu- 
dándose de tres bailes, muy gustosos, compuestos 
por Luis [Quiñones] de Benavente, persona de 
gran primor en este ejercicio». 

Obra presurosa, escrita para un público inaten- 
to, la comedia vale por su conjunto, en el cual no 
resalta el primor ni el detalle de cada una aisla- 
damente considerada. Agustín de Rojas envuelve 
a Lope en un elogio de conjunto, tan vago como 
abrumador l . Salvo raras obras, o más bien salvo 
raras situaciones dentro de algunas comedias, lo 
normal es que la fábula domine y absorba el aná- 
lisis de la idea o del sentimiento. La marcha de 
la intriga es rápida, y el público no atiende al 
detalle 2 . Las actitudes más características se tor- 
nan en seguida alimento de la acción brillante o 
ejemplar, que mantiene suspenso nuestro anhelo 



1 «Compone Lope de Vega | tantas farsas por momentos | 
y todas ellas tan buenas, | que ni yo sabré contallas, | ni hom- 
bre humano encarecellas.» (Viaje Entretenido, en Orig. Nov., 
IV, 496 a.) 

2 Véanse pasajes de Lope muy importantes en Vida de 
Lope de Vega., págs. 416-417. 



NINFAS Y FAUNOS 



XXV 



en ese país de la ilusión. Tómese como ejemplo la 
comedia de capa y espada, de manifestaciones tan 
numerosas. En ella el sentimiento del amor suele 
ser súbito y como presupuesto; dada su existen- 
cia, comienza la inverosímil aventura, cuyo térmi- 
no será el éxito o el fracaso en el logro de la 
dama o del galán. Leídas muchas de aquellas 
producciones teatrales, acabamos por imaginar 
en su último plano , definiendo y estilizando el 
conjunto, locas carreras de faunos y ninfas. En 
comedias de otra especie se podría observar una 
técnica análoga 1 . 

Mas ¿es todo aventura y acción ilusoria nuestro 
drama nacional? En modo alguno. La comedia 
encierra una parte considerable de realidad, en 
un grado mucho mayor que los teatros francés o 
inglés con que antes la comparábamos. Ya obser- 
va nuestro buen Mariana: «Represéntanse costum- 
bres de hombres de todas edades... remedando el 
rufián, la ramera, etc.» 

Por bajo de la «cosa extraordinaria» se sitúa, 



1 Que esto sea lo más frecuente no quiere decir que 
la comedia no haya creado tipos exquisitos de enamora- 
das, en Las mocedades del Cid, Peribánez, La niña de 
Gómez Arias, El Mágico Prodigioso, etc., etc. Nunca, em- 
pero, ocupan bastante el primer plano del interés, ni pue- 
den reemplazar en nuestro recuerdo a Melibea, Oriana o 
Julieta. 



XXVI 



LA COMEDIA CLÁSICA 



en efecto, lo consuetudinario, lo estrictamente 
real, a modo de armazón en la que va a entrela- 
zarse lo maravilloso. El Prado, adonde asiste la 
bella tapada, es el Prado de los Jerónimos, que a 
diario cruzamos; las platerías son aquellas mismas 
que frecuentamos junto a la puerta de Guadalajara; 
el camino de Toledo a Madrid es realmente como 
nos lo describe Tirso en Desde Toledo a Madrid, 
con sus leguas bien medidas de pueblo a pue- 
blo *, con las tradiciones y cuentos de cada lu- 
gar 2 : en Illescas se encuentra la Virgen 3 , sobre 
la cual es costumbre medir una cinta, que se 
guarda como reliquia 4 . Reales son igualmente 
los hechos de la vida nacional a que aluden una 
y otra vez las comedias 5 , alusiones que permi- 



1 «Que hay que andar | seis leguas, y la de Parla | es lar- 
g¿.» (Rivad, v, 494 b.) 

2 «Sí; no fué mala invención | la del pozo de Cabanas.» 
(Ib., 490 b.) 

3 «Mientras va doña Mayor | a ver la Virgen de Ules- 
cas | y oye en su altar una misa, | el almuerzo prevendré^ 
mos.» (Ib.) 

4 «Cargada voy de medidas | y de medallas de plata.» 
(Ib., 494 c.) Comp. el comienzo de La dama boba, de Lope: 
«Famoso lugar Illescas... ¿No tomaste las medidas?» (Edición 
Schevill, pág. 143-144.) 

5 «No sé perder | fiestas que ilustran hazañas | con que 
España alegre está: | convida a toros Bredá, | y el Brasil pone 
las cañas.» (Ib.) 



BASE DE REALIDAD 



XXVII 



ten en bastantes casos precisar la fecha en que fué 
escrita la obra *. 

Si del mundo material pasamos al moral, la 
fidelidad no es menos perceptible: la cultura y 
los sentimientos que se hallan en la comedia son 
tan de la época como el coche que dando tumbos 
cruza la ruta de Toledo. Téngase, sin embargo, 
cuidado en no incurrir en el desliz que ha solido 
embrollar la historia del teatro, consistente en no 
hacer una distinción sencilla, pero esencial: las 
ideas y los sentimientos son tan reales como el 
coche y su estribo; pero la aplicación, la cons- 
trucción que con esos elementos hace el autor no 
tienen ellas nada de real. No será, pues, buen 
método histórico que, para averiguar si la come- 
dia es o no reflejo de la vida coetánea, investigue- 
mos, por ejemplo, si los españoles eran tan quis- 
quillosos y severos en materia de honra como 
aparecían en la escena de los corrales; si realmente 
acontecían las venganzas secretas tales como las 
presentan Lope y Calderón, o si en la vida diaria 
los ánimos se exaltaban dinámicamente, en la mis- 
ma medida que en las tablas, cuando sentían el 
espolazo de la honra. Las analogías que hallemos 
en este punto serán escasas, de apreciación difícil, 



1 V., p. e., J. F. Montesinos, Contribución al estudio del 
teatro de Lope de Vega, en Revista de Filología, 1921, pá- 
gina 131; 1922, pág. 30. 



XXVIII LA COMEDIA CLÁSICA 



y procederán, en fin de cuentas, de un ademán lite- 
rario en la vida usual *. 

Lo que sin duda no es invención del autor es la 
doctrina, la concepción de la honra, hecha de vie- 
jos lugares comunes, perfectamente familiares al 
vulgo, que los había recibido por tradición de si- 
glos 2 . Con esta clase de ideas podían formarse 
«casos», tanto más seductores, cuanto más intenso 
fuese el rebote que representaban respecto de las 
posibilidades cuotidianas. Dice Lope de Vega en 
su Arte nuevo de hacer comedias: 

Los casos de la honra son mejores, 
porque mueven con fuerza a toda gente. 

El arte de Lope de Vega consistió en descubrir 
cuáles eran, por decirlo así, los «trampolines» 
ideales, desde los cuales valía la pena de hacer 
saltar la fantasía de sus oyentes. 

Señalada la índole de este género literario, po- 
demos aspirar a distinguir dentro de aquél la rea- 
lidad y la pura creación de la fantasía. Así sabre- 
mos qué zonas del teatro serán susceptibles de 
ser concordadas con la vida de la época. Usando 
de una fórmula diríamos que lo que es estático 



1 Una pretendida fuente del Médico de su honra, de Cal- 
derón, ha resultado ser, al contrario, fruto de inspiración dra- 
mática. (V. Revista de Filología, 1916, pág. 11.) 

2 V. Revista de Filología, 1916, pág. t-50. 



REALIDAD MATERIAL Y MORAL XXIX 



pertenece a la realidad; lo dinámico, al mundo de 
la ilusión. Una gran familiaridad con el drama 
clásico permite aplicar discretamente ese princi- 
pio, cuyo valor —no hay que decirlo— no pue- 
de ser el de una verdad matemática; señala más 
bien una dirección, más fácilmente observable 
en Lope y sus inmediatos continuadores, que en 
Calderón. 

Ese ambiente real de la comedia — o con más 
precisión, lo consabido para el autor y su públi- 
co — está formado por variadísimos elementos. 
Pueden integrarlo materialidades como las nota- 
das en Desde Toledo a Madrid, la propiedad de 
ciertos tipos y costumbres y hasta únicamente las 
ideas políticas, religiosas o morales, encarnadas 
en personajes, tal vez de convención. El alcance y 
la medida de tales factores han de examinarse en 
cada caso; pero aun en la comedia hecha con te- 
mas tradicionales y novelescos hallaremos siempre 
dichos puntos de arranque. En El condenado por 
desconfiado, de Tirso, aparte elementos de detalle, 
el sólido enlace con el tiempo se encuentra en la 
concepción teológica de la gracia y la predestina- 
ción, que todo espectador entonces conocía y en- 
tendía. Lo irreal es la intriga, que Tirso basa en un 
tema literario, legado por una vieja leyenda *. 



1 V. R. Menéndez Pidal, El condenado por desconfiado, 
en Estudios literarios, 1920. 



XXX 



LA COMEDIA CLÁSICA 



Tomemos un ejemplo más reducido. En Los es- 
clavos libres, de Lope, hallamos esta ardiente ex- 
clamación : 

¡Oh, española! Por Mahoma, 
que es briosa esta nación; 
(¿qué no puede, rinde ^doma? *. 

¿Tendremos aquí un rasgo lírico del autor? Tra- 
tándose de un juicio sobre España, de una actitud 
mental, es seguro que sea reflejo de una manera 
de pensar de la época, registrada por otros auto- 
res. Leemos, en efecto, en Mariana: «Grande e in- 
vencible es el ánimo de nuestra gente; los cuerpos, 
con la manera de vida áspera y por beneficio de 
la naturaleza, son sufridores de trabajo y de ham- 
bre, con las cuales virtudes se han vencido gran- 
des dificultades por mar y por tierra, y después 
a lo menos de haber juntado con lo demás a Por- 
tugal, terminado el imperio con los mesmos 
fines de la redondez de la tierra, lo cual roga- 
mos a Dios... sea para mayor felicidad y perpe- 
tuo» 2 . 

Leemos asimismo en Tirso de Molina: «Al sa- 
bio o valiente que no es español parece que le fal- 



1 Edic. Acad., v, 413. 

2 Rivad. xxxi, 459. 



COLECTIVISMO ARTÍSTICO 



XXXI 



ta calidad... Madrid, centro de tan ilustre circun- 
ferencia, madre de todos..., tan superior a todas 
las demás poblaciones registradas del sol» » l . 
Etcétera. Con tiempo y paciencia toda esa zona de 
nuestro teatro podría ser minuciosamente con- 
cordada con la cultura del siglo xvn, revelada 
en otras fuentes históricas. 

Esta espesa raigambre en el ambiente nacional 
de casi todo nuestro teatro hizo de él un modo 
de literatura accesible a todos, y dio, al mismo 
tiempo, una base uniforme al género; cada co- 
media, para adquirir pleno sentido, necesita ser 
vista en el conjunto, que en cierto modo la preab- 
sorbe para comunicarle vitalidad 2 . En otros gé- 
neros literarios de entonces, o en el teatro moder- 
no, el autor suele venir al encuentro del público 



1 Cigarrales, edic. S. Armesto, pág. 197. 

2 Una importante derivación de este carácter social del 
teatro es el anonimato y el colectivismo. (V. R. Menéndez P:- 
dal, Quelques caractéres de la littér ature espagnole, en 
Rev. Inlernat. de UEnseignement, 1916.) Es conocido el he- 
cho, tan frecuente como notable, de no saberse a, punto cierto 
quién sea el autor de una comedia. Agustín de Rosas en su 
Viaje entretenido (1604) refiere una discusión de cuatro gala- 
nes sobre una comedia: « El uno dice que es mala, | el otro 
que no era buena; | éste que es de Miguel Sánchez; | aquél de 
Lope de Vega... i en efeto, que ella es mala, | y sea de quien 
se sea». (Orig. Nov., iv, 522 a). La cuestión del autor no im- 
portaba demasiado. 



XXXII 



LA COMEDIA CLÁSICA 



para traerle a puntos de vista que no le son habi- 
tuales, o para oponerse de modo resuelto a él. 
Todo es posible en la comedia del siglo xvn, me- 
nos eso l . El genio de Lope de Vega consiste 
justamente en haber percibido el ámbito de la opi- 
nión pública y su perspectiva, en haber sentido 
en aquella extraña democracia el latido de la sen- 
sibilidad colectiva, y en lanzarse audazmente a ser 
su órgano oficioso. Mirada así, la comedia no tie- 
ne igual — no obstante cuanto se ha dicho sobre 
sus analogías con el teatro griego e inglés — en 
ninguna de las civilizaciones conocidas. Ningún 
pueblo — excepto el español — ha podido permi- 
tirse el lujo de que durante siglo y medio le ha- 
yan estado regalando diaria y renovadamente el 
oído. 

La permanencia de esta forma literaria demues- 
tra que el teatro — Lope de Vega— supo hallar el 
tipo de arte más grato al pueblo español. Otros 
géneros habían gozado de la máxima popularidad 



1 El público no toleró la representación de una comedia 
de Rojas Zorrilla, un «feminista» de la época, que osó imaginar 
que una mujer vengara ofensas en vez del irresoluto marido. 
(V. mi estudio en Teatro antiguo español, n, 1917.) Recuérde- 
se cómo el prudente Alarcón, con un arte a veces más reflexi- 
vo, deseoso de poner las cosas más en su punto, se estrellaba 
contra el vulgo, al que se dirige en una ocasión con estas pa- 
labras: «Contigo hablo, bestia fiera». (V. A. Reyes, en Clásicos 

CASTELLANOS, t. 37, pág. XXV y SÍgS.) 



PONDERACIÓN ARTÍSTICA XXXIII 



de que era capaz el libro impreso: el libro de ca- 
ballerías, la novela pastoril, la picaresca; y como 
literatura de tradición épica, el Romancero. El tea- 
tro va mucho más lejos en el favor público, por- 
que recoge todo aquel ímpetu poético; de una 
parte pondera la fantasía desarreglada de lo caba- 
lleresco y lo pastoril, encajándola en un marco 
posible consuetudinario; y de otra, absorbe y ele- 
va el naturalismo de la picaresca, dándole mayor 
alcance humano. Recordemos aquí otra frase de 
Mariana: «Y lo que tiene muy mayores fuerzas, 
añádense burlas... principalmente se tocan y se 
muerden las costumbres ajenas y la vida». Es 
decir, que además de la ficción irrealizada nos 
da la comedia el escorzo satírico, la visión bur- 
lesca y por tanto superada de la realidad am- 
biente. 

Dentro de ese complicado movimiento artísti- 
co, todo cupo: el tema épico, el novelesco, el re- 
ligioso. Sobre un primer plano, familiar al público 
en cualquier forma, el autor tendía los hilos fan- 
tásticos de la aventura, entre los cuales se esboza- 
ba el gesto trágico o cómico: esfuerzo suficiente y 
enérgico hacia el ideal [Fuente Ovejuna, El alcal- 
de de Zalamea), afán inútil o grotesco de quienes 
están por bajo de su aspiración (La verdad sospe- 
chosa, Entre bobos anda el juego). Lo más frecuen- 
te, sin embargo, es que no se den puros los tipos 
de obra trágica o cómica; esas direcciones funda- 

*** 



XXXIV 



LA COMEDIA CLÁSICA 



mentales de la obra dramática aparecen más bien 
combinadas o confundidas en momentos y situa- 
ciones de una misma comedia. 

Si el pueblo español gozó tan largo tiempo vién- 
dose estilizado sobre la escena, es natural que en- 
tre la materia reconocible que le brindaba el tea- 
tro hallemos también temas literarios de carácter 
épico-tradicional l . Los tipos hechos familiares por 
el Romancero, la conseja o la historia eran enton- 
ces el soporte de la acción; sus gestos y palabras 
reflejadas en la concavidad del estilo daban la im- 
presión de maravilla. Con el tiempo, empero, la di- 
rección épico-histórica fué dejando el paso, ya den- 
tro del mismo Lope de Vega, a temas de la nove- 
lística internacional, de la mitología, de otras fuen- 
tes — y, sobre todo, a motivos de libre inven- 
ción. 

Alguna vez, dentro de una obra, hace el autor 
indicaciones sobre lo que sea la comedia en gene- 
ral. En el segundo acto del Vergonzoso hallará el 
lector la defensa del teatro que Tirso pone en la 
linda boca de Serafina. Conocida es también la 
definición que el inventor del género insertó en 
el Castigo sin venganza, escrito en 1631, como re- 
sumen de su larga actividad dramática: 



1 V. R. Menéndez Pidal, L'Épopée castillane, 1910, pági- 
nas 216 y sigs. 



DEFINICIÓN DE LOPE DE VEGA XXXV 



«Ahora sabes, Ricardo, 
que es la comedia un espejo, 
en el que el necio, el sabio, el viejo, 
el mozo, el fuerte, el gallardo, 

el rey, el gobernador, 
la doncella, la casada, 
siendo al ejemplo escuchada 
de la vida y del honor, 

retrata nuestras costumbres, 
o livianas o severas, 
mezclando burlas y veras, 
donaires y pesadumbres. > 

Según Lope, la comedia es un espejo o retrato 
de las costumbres; en ella, los personajes, sea 
cualquiera su condición, son representados toman- 
do como modelo la vida y el honor; mas nótese 
que este último rasgo supone un elemento no na- 
turalista, sobre todo si lo concordamos con los ci- 
tados versos del Arte Nuevo, «los casos de la hon- 
ra son mejores, porque mueven con fuerza a toda 
gente». Creo, pues, que aun dentro de lo impre- 
ciso e incompleto de esta caracterización *, hay 
en ella alusiones a esa combinación de fantasía y 
realidad que forma la esencia de la comedia: «mez- 
clando burlas y veras». 



1 Recuérdese que tampoco en el Arte Nuevo supo Lope 
trazar un cuadro fiel de su teatro. (V. Vida de Lope de Vega, 
páginas 126 y sigs. 



XXXVI LA COMEDIA CLÁSICA 



El paso de lo real a lo fingido se cumplía en la 
comedia en virtud de una fuerte dosis de conven- 
cionalismo, el cual nada ofrece de extraño cuando 
es como el artificio previo que surge en el umbral 
de toda verdadera obra de arte *. Pero, además de 
ése, hay un convencionalismo de segundo grado, a 
veces expreso, que señala en el interior de la come- 
dia la trasmutación, que el autor hace sufrir, a 
aquellos trozos de realidad ambiente que utiliza 
para su aventura, lo que es natural, admitida como 
justa la descripción que vengo haciendo de esta fór- 
mula dramática. Son frecuentes los ejemplos de 
este autoanálisis de la comedia; me limitaré a 
citar uno característico: 

«¿Qué comedia 
hay, si las de España sabes, 
en que el gracioso no tenga 
privanza, contra las leyes, 
con duques, condes y reyes, 
ya venga bien, ya no venga? 
¿•Qué secreto no le fían? 
¿Qué infanta no le da entrada? 
¿A qué princesa no agrada?» 2 . 



1 La comedia ofrece convenciones curiosas, como la falta 
de la madre. Casi todos los personajes podrían decir como 
Marta la Piadosa en la obra de Tirso: «Nací en Madrid y sin 
madre | desde niña me crié». (Riv., v, 448 a.) 

2 Tirso, Amar por señas. (Riv., v, 463 b.) Antes de comen- 
zar un largo romance, dice Leonor a su criada Inés en la No- 



LÍMITE IDEAL DE LA COMEDIA XXXVII 



Este convencionalismo, usado y derrochado por 
cada dramaturgo, permitía los más fantásticos vue- 
los de la ilusión. Ni las unidades seudoclásicas, ni 
ninguna exigencia de verosimilitud podían tener 
cabida en este plano superior de la comedia. Sólo 
en épocas en que se ignoraba la esencia de nues- 
tro teatro pudo exigírsele cuentas por la inobser- 
vancia de las pretendidas normas aristotélicas, que 
se desarrollaron en el arte de Corneille y Racine, 
pienso que como una necesidad interna. 

La fábula dramática tenía, sin embargo, ciertos 
límites, trazados por la ideología y la moral del 
público. Fuesen cualesquiera los rumbos que to- 
mase la intriga o las derivaciones de carácter vi- 
tal y humano que lógicamente se siguiesen de las 
peripecias escénicas, la resultante había de ser 
venir a parar dentro del ámbito ideal de la con- 
currencia, que era el vulgo. El placer era entonces 
completo: el globo de ilusión que el pueblo había 
visto formarse y elevarse en sus proximidades, 
venía a caer a la postre en sus dominios. Inicial y 
finalmente la comedia le pertenecía; y concebida 
así, no hay ninguna inexactitud en escribir que 
era un cabal reflejo de la España de los siglos 
xvi y xvii. 

Un ejemplo entre muchos nos ofrece la admi- 

che de San Juan de Lope: «Leonor.— ¿Tengo de decir Inés | 
aquello de «escucha»? | Inés. No: | porque si te escucho yo, | 
necio advertimiento^ es.» (Parte xxi, 1635, pág. 68 a.) 



xxxvin 



LA COMEDIA CLÁSICA 



rabie comedia de Lope, El castigo sin venganza. 
Toda ella es una justificación exquisitamente hu- 
mana del adulterio de la duquesa de Ferrara. Bella, 
joven, casada arbitrariamente con el duque, que 
la tiene «como silla o escritorio en sala», y la hu- 
milla con su vida escandalosa, Casandra se en- 
cuentra junto a Federico, su hijastro, que la salvó 
de un peligroso accidente; el amor y la vida bajo 
el mismo techo hacen el resto. El desenlace es la 
bárbara y automática venganza del duque: obliga 
a su hijo a asesinar a Casandra, sin saber éste a 
quién mata, y entrega luego a Federico a sus 
gentes para que le den muerte l . La intangibilidad 
del honor marital quedaba salvada. Al pueblo se 
le hablaba «en necio, para darle gusto». Compá- 
rese esta solución a la dada por Cervantes en Per- 
siles y Segismunda y en El curioso impertinente 2 , 
a casos en cierto modo análogos. Pero el arte de 
Cervantes no tuvo entonces más límites que los 
que le marcaba la aristocrática y amplia órbita de 
su genio. 

En otro plano más sutil, la trayectoria de Se- 
gismundo en La vida es sueño nos brinda tam- 
bién un caso de reducción a lo vulgar y admitido 
de lo que un momento parecía sorprendente y 
profunda experiencia humana. 

1 En la novela de Bandello, fuente de la obra, el duque de 
Ferrara hace cortar la cabeza a ambos públicamente. 

2 V. Revista de Filología, 1916, pág. 357. 



ESTILO BARROCO 



XXXIX 



Toda esta complicada estructura de la comedia 
adquiere unidad y textura artística en el estilo. 
«Los versos numerosos y elegantes hieren los áni- 
mos y los mueven a lo que quieren, y con su her- 
mosura persuaden con mayor fuerza a los oyentes 
y se pegan más a la memoria». Mariana sigue dán- 
donos excelentes puntos de vista. Por sí solo el 
verso de la comedia actúa de coturno que realza 
de plano cuanto el actor nos cuenta, y provoca 
en el ánimo del oyente la necesaria disposición 
para percibir aquel mundo especial en que todos 
los valores se trasmutan. Ese lenguaje, por defi- 
nición, no puede ser sencillo. La cadencia y la 
rima no bastarían por sí solas para mantener la 
adecuada tensión; hace falta una muy artificiosa 
disposición de la frase para suscitar el temblor 
emotivo. El estilo de la buena comedia es, pues, 
esencialmeate barroco; su invención por Lope de 
Vega introduce quizá la mayor diferencia entre 
él y sus precursores. 

No necesito decir que no pienso ahora en el 
efecto que el lenguaje dramático produzca en el 
lector actual, sino en cómo era aquél y la función 
que desempeñaba. El poeta tenía que ir labrando 
una «fermosa cobertura» a cuanto discurría o 
imaginaba; su límite era la comprensión del pú- 
blico, que por cierto poseía una aptitud para per- 
cibir el lenguaje poético, de que hoy carece. La 
expresión complicada de concepto, el encorva- 



XL 



LA COMEDIA CLÁSICA 



miento de la forma, eran, por consiguiente, un re- 
sultado natural. Así se explica que los grandes 
adversarios del conceptismo y del gongorismo 
— Lope entre otros 1 — aparezcan a menudo 
ellos mismos como conceptistas y cultistas en sus 
comedias. Pienso que más que a desfallecimiento 
del buen gusto en esos artistas, hay que atribuir 
al mismo género dramático el desarrollo de tales 
procedimientos de estilo que en los sucesores de 
Lope es dominante, sobre todo en Calderón. He 
aquí cómo un enamorado encarece su pasión en 
La esclava de su galán, de Lope: 

Dirás tú que es más riqueza 
ser Elena mi mujer; 
y sabré yo responder 
que aun el propio ser perdiera, 
si, no siendo, ser pudiera 
que fuera tuyo sin ser. 

Pues quien dejara por ti 
el propio ser en que vive, 
no hará mucho en que se prive 
de lo que es fuera de sí 2 . 

Sin necesidad de llegar a estos alambicamie- 
tos — que, como se ve, eran posibles — , ni al cul- 



1 Vida de Lope de Vega, págs. 278, 295 y 540. Para ejemplos 
del conceptismo y cultismo en Lope, v. Schevill, The Drama- 
tic Artof Lope de Vega, pág. 46 y sigs. 

2 Rivad., xxxiv, 487 c. 



ESTILO NORMALMENTE ARTIFICIOSO XLI 



tismo de torturada sintaxis, cuya comprensión 
habría sido un obstáculo, la disposición inhabi- 
tual de la frase y los conceptos, dentro de las va- 
rias formas métricas, era suficiente para lograr esa 
impresión de sorpresa encantadora: 

Yo os confieso que un papel 
bien escrito y estudiado, 
ni por oscuro afectado 
ni por prolijo cruel, 
es eficaz diligencia 
para toda pretensión. 



Extraña eficacia 
tiene un papel, si con gracia 
se escribe: yo me entretengo 
en el presente de suerte, 
que a su dueño amo por él. 

Estos versos son de Amor y celos hacen discre- 
tos, de Tirso, donde hallamos notables observacio- 
nes sobre el estilo. Varios pretendientes, que as- 
piran al amor de Vitoria, hermana y heredera de 
la duquesa de Amalfi, le dirigen sendas epístolas 
amatorias. Una de ellas es como sigue: 

Compiten, señora mia, 
la esperanza, y el temor, 
y entre ellos, un ciego amor 
confiado, desconfia. 
Polos de su monarquía 



XLII 



LA COMEDIA CLÁSICA 



son el uno y otro extremo; 
y yo que, esperando, temo 
efectos de desvarios? 
amorosos calosfríos 
sufro, pues, me hielo y quemo. 

La esperanza que po r dueño 
os adora, en rostro ^rave, 
vislumbres ve de suave 
y anímase en lo risueño. 
Amor con mayor empeño, 
ni cobarde ni atrevido, 
duda de verse admitido, 
espera verse premiado, 
recela lo autorizado, 
y emprende lo apercibido. 

La duquesa, que, según nos dirá luego, encuen- 
tra admirables estos versos, los censura al pronto 
movida de celosa desazón: 



Duquesa. ¿Esto es lo tan ponderado, 
sutil y bien entendido? 

Vitoria. ¿Luego no te ha parecido 
discreto y bien sazonado? 

Duq. No por cierto, mas allana 

los comunes pensamientos... 

Vit. ... Bien parece 

que tienes el alma culta. 

¿Quisieras tú que empezara, 
como otro que me escribió: 
«El cielo hiperbolizó 
amagos de su luz clara 



ESTILO NORMALMENTE ARTIFICIOSO XLIII 



en vuestros, de mi amor, ojos, 
animado sol el uno, 
norte el otro, a quien Neptuno 
zafíreos rindió despojos?...» 
Mal contentadiza estás. 

¿Es porque no ves, hermana, 
sustantivos y adjetivos, 
ni de atributos esquivos 
echa a perder una plana? 

¿Porque no metaforiza 
propiedades indigestas, 
con un Tito Livio a cuestas 
que en romance latiniza? 

¿Porque al gallo no promete 
el dulimán de escarlata, 
y en la perdiz no retrata 
coturnos de tafilete? 

Anda, hermana, por tu vida, 
que en dando en desencajar 
vocablos de su lugar, 
parecerán carne huida. 

A solas consigo misma, la duquesa reconoce 
que la llaneza que antes criticó en aquellos versos 
es su mejor calidad: 

La llaneza del decir 
el alma de sus deseos, 
sin los intrusos rodeos 
que agora usan escribir, 

de suerte me aficionó, 



XLIV 



LA COMEDIA CLÁSICA 



que si se lo desdoré, 
sospecho que envidia fué, 
que satisfacerle, no l . 

Un lector moderno dirá acerca del lenguaje de 
esos versos todo, salvo que es llano y sencillo; lo 
encontrará, por el contrario, conceptuoso y com- 
plicado. Pero Tirso reputa llano y sencillo el esti- 
lo que se encuentra en el área normal de la co- 
media, el cual se revela así naturalmente lleno 
de concavidades y retorcimientos, sin ninguna 
relación con la forma de expresión corriente. La 
sintaxis culterana representaba un exceso y un 
escollo que había que evitar, pero al que se deri- 
vaba con facilidad. 

Basta con lo dicho para que el lector tenga al- 
gunos puntos de vista esenciales sobre la come- 
dia. Una historia del género, con indicación de 
los temas y de la evolución que sufrió la técnica, 
no cabría aquí. 

Cada vez se aprecia con más exactitud lo que 
significó la genial aventura de Lope de Vega al 
crear el teatro español. Su obra ha sido objeto de 
tantas censuras como elogios 2 . Conociendo la 



1 Rivad., v, 150-152. 

2 V. algunas apreciaciones en mi Vida de Lope de Vega, 
páginas 402-409. 



ESPECTÁCULO PARA GENTE CULTA XLV 



estructura de su arte se ve qué maraviiloso acier- 
to representa haber hallado una fórmula dramáti- 
ca cuya eficacia fué tan largo tiempo puesta a 
prueba. El lector moderno encontrará, desde lue- 
go, obras que sin esfuerzo le interesen literaria- 
mente entre los millares que se conservan del si- 
glo xvn; sobre todo, encontrará momentos y tro- 
zos de un atractivo subido. Pero téngase bien pre- 
sente que lo que fué materia popular en el si- 
glo xvn, para nosotros hoy es materia de cultura; 
y no pienso al decir esto tanto en la erudición ar. 
queoógica como en íes la disposición del ánimo 
que nos hace percibir el sentido de lo no usual en 
materia de arte. Actualmente, ni para un público 
algo selecto, serían tolerables las representaciones 
de piezas del siglo xvn 1 — de no alterarlas hon- 
damente un refundidor — , no sólo porque la co- 
media, incluso en sus mejores manifestaciones, se 
aleja considerablemente del género de espectácu- 
los preferidos por el público, sino, además, por 
la carencia casi absoluta de curiosidad por nues- 
tras antiguas letras. Téngase bien presente que 
la enseñanza de Ja literatura y de la historia pa- 
trias constituyen una disciplina y un arte casi 
ignorados en España — incluso en la Universidad. 
Prescindiendo de las limitaciones y defectos 



1 V. Vida de Lope, pág. 404, nota. 



XLVI 



LA COMEDIA CLÁSICA 



asignables a nuestro teatro, cuando se le compara 
con tipos de arte más perfecto, es manifiesto que 
su interés aumenta a medida que se conoce más 
a España y su pasado, conocimiento, entre nos- 
otros, excepcionalmente raro, limitado por lo co- 
rriente a unas cuantas anécdotas y lugares comu- 
nes. Ahora bien, nuestro teatro define idealmente 
a España en un momento esencial de su historia; 
sin él el pasado español carecería de atmósfera. 
Es, por tanto, casi imposible que estas obras 
tengan sentido para quien no tenga claro de- 
seo de penetrar en la historia de la civilización 
hispana. 

Por otra parte, prescindiendo de la última va- 
loración histórica que se haga de la comedia, 
no es ésta una exigencia exclusiva para el tea- 
tro español, motivada por su carácter localista; 
suprímase en Francia la enorme presión que se 
ejerce por medio de la enseñanza y del libro para 
mantener vivas las ideas acerca del siglo xvn, y se 
verá lo que queda de las decantadas humanidad y 
eternidad de la tragedia francesa. Y lo mismo 
vale de otras literaturas. 

El punto de vista de algunos notables críticos 
extranjeros — a quienes tanto debe nuestra histo- 
ria literaria — exige aquí una rectificación impor- 
tante. Se parte del error que la comedia española 
no tiene sentido «au delá des monts», y que, en 
cambio, la tragedia francesa ha sido llevada, tal 



UNIVERSALIDADES DISCUTIBLES XLVII 



como es, por Europa, y goza de una permanente 
vitalidad *. ¿Pero es que en España se toleraría 
una representación, en español, de una tragedia 
francesa? ¿La tolerarían en Inglaterra, puesta en 
inglés? Si hubo un tiempo en que Europa se incli- 
nó ante la tragedia, esto fué debido a la acción 
global e intensa de toda la cultura deciochista, que 
impuso como moda pasajera las formas del neo- 
clasicismo — como parcialmente hizo el romanti- 
cismo que Calderón llegara a todos los públicos 
en Alemania 2 . «El alejandrino, por lo menos, 
no es ridículo», escribe Morel-Fatio; para un fran- 
cés, nOj o para quien esté penetradísimo de lite- 
ratura y lengua de Francia; pero, en la mayoría de 
los casos, el extranjero encuentra insoportable el 
teatro clásico francés, con excepción de Moliere. 
No puedo olvidar que hombres de tan diversa es- 
tructura espiritual como lo eran Marcelino Me- 
néndez Pelayo y Francisco Giner de los Ríos, do- 
tados en grado supremo de sensibilidad y cultura 
universales, nunca pudieron admitir que el arte de 
Racine fuese una manifestación literaria de primer 
orden. ¿Error? No tratemos ahora de analizarlo; 
valga el hecho solamente como una señal para 
quienes fácilmente concedan patentes de univer- 



1 «Notre tragédie, au contraire, a passé nos frontiéres in- 
tacte.» (Morel-Fatio, La comedie espagnole, pág. 26). 

2 Dice Shelley, en 1820: «No leo más que griego y español. 
Platón y Calderón son mis dioses.» (Letters, iii, 831.) 



XLVIII LA COMEDIA CLÁSICA 



salidad y localismo. «II est ridicule — añade Mo- 
rel-Fatio — que les parties de Taction empruntent 
á la poésie lyrique ses strophes les moins appro- 
priées au mouvement du drame». Estas y otras 
observaciones parecidas que no siempre vienen 
de parte tan autorizada — fácilmente llevan a des- 
enfocar los problemas de historia literaria. Todo 
pueblo, como cada individuo, lleva una tendencia 
al localismo que les hace impenetrables, llegando 
a los aspectos realmente íntimos. En literatura, 
este localismo se hace casi invencible cuando nos 
obstinamos en no adoptar la conveniente inclina- 
ción para que nos hiera el rayo de luz que cada 
obra valiosa está pronta a lanzarnos. Lope y Raci- 
ne, pese a sus astros antagónicos, «no dirán su 
canción sino a quien con ellos va». 

Nuestro teatro no es sólo brillo local y de 
una época. Precisamente esa contextura suya 
que analizamos precedentemente le obligó a ha- 
llar técnicas de gran trascendencia. Al tomar 
como disparadero de la emoción temas y rea- 
lidades presentes en el ánimo de los oyentes, 
hubo de dar relieve al conflicto de las pasiones 
para realzar el efecto artístico ; hasta el punto de 
que la tragedia francesa toma de España esa eficaz 
técnica, ejemplarizada en el Cid, de Guillén de 
Castro, y en cien otros casos. No es tampoco un 
azar que la Verdad sospechosa, de Alarcón, sea el 
punto de arranque de la comedia de costumbres 



TIRSO DE MOLINA 



XLIX 



modernas ! . «Le Cid - con el que, según Voltai- 
re 2 , surge el arte trágico — -., era una imitación 
muy embellecida de Guillén de Castro; y en mu- 
chos pasajes una traducción.» Que gentes apasio- 
nadas intenten disminuir el valor de nuestro Cid: 
la frase de Voltaire conservará siempre un sentido 
inalterable. 

Al hablar de Tirso y de otros autores serán am- 
pliadas y precisadas algunas de estas ideas. 

II. Tirso de Molina. 

Equidistante de Lope y Calderón, Tirso se di- 
ferencia de ambos por una actitud original en la 
concepción de sus temas, dentro siempre de la 
fórmula lopesca, de la que se declara discípulo 
entusiasta. Su mayor celebridad reposa actual- 
mente en haber difundido a través de Europa el 
tipo de Don Juan; pero hay que hacer resaltar que 
Tirso no es autor que pueda vivir encarnado en 
una comedia — como acontece, en cierto modo, a 
Guillén de Castro — , pues su obra, según se irá 
viendo, es rica en momentos encantadores que, 
sin miedo, pueden afrontar la luz del gran público. 



1 V. Martinenche, La Comédie espagnole en France. 

2 Siécle de Louis XIV, cap. xxxm. 

**** 



L 



BIOGRAFÍA 



a) Datos biográficos. 

Casi no conocemos mas que aspectos exterio- 
res de la vida de Tirso de Molina. Según aconte- 
ce a menudo en la historia literaria, la obra misma 
es, en este caso, el documento que con más ple- 
nitud habla de lo que fué y sigue siendo para nos- 
otros el autor. 

Tirso de Molina es el pseudónimo de fray Ga- 
briel Téllez, religioso mercedario. Nació en Madrid 
en octubre de 1 57 1 y murió en Soria el 12 de 
marzo de 1648. No se sabe quién fuera su familia; 
en los Cigarrales de Toledo habla de una hermana 
suya «parecida a él en ingenio y en desdichas» l . 
Tirso fué estudiante en Alcalá 2 . Nada más sabe- 
mos de su juventud, sino que a los veintinueve 
años (en 1600) era novicio en el convento de la 
Merced, de Guadalajara, donde profesó el 21 de 
enero de 1601. 

Durante los años posteriores, apenas se puede 
hacer mas que señalar sucesivos viajes y residen- 
cias del autor. En 1613 y 1614 está en Toledo- 



1 Un Francisco Lucas de Avila, que se llama sobrino suyo 
en los prólogos de algunos volúmenes de sus comedias, es, se- 
guramente, una invención de Tirso para poder expresarse así 
más libremente. 

2 V. Blanca de los Ríos, artículos en El ¡mparcial de 20 
y 27 de octubre de 1907. 



TIRSO DE MOLINA 



LI 



De 161 5 a 161S va a la isla de Santo Domingo, La 
Española, en compañía de otros mercedarios *¡ 
leyó tres cursos de teología y reformó el monaste- 
rio de la orden. Al regreso de América lo encontra- 
mos nuevamente en Toledo, ciudad muy grata a 
Tirso: «halló mejor acogida en la llaneza de To- 
ledo que en la de su patria, tan apoderada de la en- 
vidia extranjera». ( Cigarrales.) De la dedicatoria de 
la comedia de Lope Lo fingido verdadero se dedu- 
ce que el ya «presentado» Téllez estaba en Madrid; 
sabemos que asistía a una academia poética que, a 
imitación de las de Italia, reunía en su casa el doc- 
tor Sebastián Francisco de Medrano. En 1622 va 
Tirso a Zaragoza, y poco después toma parte en 
las fiestas de la canonización de San Isidro, 

Hasta esta época la carrera dramática de Tirso 
parece haberse deslizado sin obstáculo; sus come- 
dias, de todos celebradas, en nada empañaron su 
buen nombre como religioso. En 162 5, sin embar- 
go, se levantan voces de protesta contra el P. Té- 
llez, y, más bien que a un afinamiento del sentido 
moral de algunos contemporáneos, bien adorme- 
cido durante los veinte años que Tirso llevaba de 
incesante producción, podrían atribuirse tales ri- 
gores a las «trampas y mohatras» de que habla 
D. Francisco Lucas de Avila en el prólogo de la 



1 V. Blanca de los Ríos, Del siglo de oro, págs. 59 y si- 
guientes. 



LlI 



BIOGRAFÍA 



Tercera parte de sus comedias (Tortosa, 1634); 
esto motivó que Tirso se retirara de la labor dra- 
mática durante casi diez años. Envidias y malque- 
rencias de literatos, a las que nuestro autor no dió 
escaso fundamento con sus acerbas críticas del 
culteranismo, pudieron acarrearle admoniciones 
del Consejo de Castilla, a las que tal vez siguiera 
algún destierro, según se encarecía en la petición 
elevada al Consejo. 

En 1626 hállase Tirso en Salamanca, de donde 
marcha a Trujillo para ejercer las funciones de co- 
mendador; allí tal vez dispondría la Primera parte 
de sus comedias, impresa en Sevilla en 1627. Vuel- 
ve a Salamanca en 1629, para tomar parte en las 
fiestas en honor de San Pedro Nolasco, fundador 
de su orden, para las que escribió varias compo- 
siciones poéticas que incluyó más tarde en Deley- 
tar aprovechando (fols. 318 y sig.), obra comenza- 
da en 163 1, viviendo en Toledo, y terminada el 
año siguiente. 

Tirso residió en Barcelona entre 163 2 y 1639. 
Entonces fué promovido a dos elevados cargos: al 
de definidor general de la orden y al de cronista 
general de la Merced. Con anterioridad había re- 
cibido muestras de la estima de que gozaba en su 
religión; en 1618, al volver de Santo Domingo, fué 
nombrado definidor general de la isla y su provin- 
cia; presentado, en 1620, y comendador, en 1626. 
Por último: en 1639 fué agraciado con el título de 



TIRSO DE MOLINA 



LUI 



maestro, por breve de Urbano VIII, dignidad su- 
perior a la de maestro en Teología, que conferían 
las universidades. Desde 1635 Tirso vivía en Ma- 
drid, pues en este año publicó la Segunda y Cuar- 
ta parte de sus comedias (a las que por una errata 
de la cubierta precede la Tercera, Tortosa, 1634), 
y en el siguiente, la Quinta y última; aún en 1638 
escribe la comedia de Las Quinas de Portugal, 
cuyo autógrafo se conserva. 

A los sesenta y siete años, pues, termina Tirso 
su fecundísima carrera de poeta dramático, sin que 
esto signifique que cese de producir en otros gé- 
neros de literatura, ya que de 1637 a ^39 escribe 
la Historia general de la Merced *, a cuyo traba- 
jo le invitaba tanto su afición a las investigaciones 
eruditas como su cargo de cronista. Durante los < 
cinco años siguientes carecemos de noticias sobre 
nuestro mercedario; sólo se sabe que en 1645 fué 
nombrado superior del convento de Soria, el cual 
embelleció con retablos y ornamentos, muriendo 
en él, en 12 de marzo de 1648, a los setenta y sie- 
te años. 

No dispongo de espacio para presentar agru- 
pados todos los pasajes que en la obra de Tirso 
tienen sentido autobiográfico. Su admiración por 



1 Inédita en la Biblioteca de la Academia de la Historia. 



LIV 



BIOGRAFÍA 



Cervantes 1 y Lope — sobre todo por este últi- 
mo — fué extraordinaria: toda una comedia, La 
fingida Arcadia, está consagrada a alabar las obras 
de Lope. Pocos escritores vivieron con más in- 
tensidad la vida literaria de su tiempo. 

Concedía Tirso gran importancia a los viajes: 
«No es hombre quien de su tierra no sale», dice 
en Ventura te dé Dios 2 ; pensamiento que desarro- 
lla en El amor médico: 

cHuélgome infinito yo | de veros por esta tierra; | que 
el que en la suya se encierra | y nunca se divirtió | en 
las demás, no merece | de discreto estimación. | Histo- 
rias los reinos son, | y el que verlos apetece, | estu- 
diando en la experiencia | que a tantos renombre ha 
dado, | vuelve a casa consumado | y es para todo.> 3 

La actividad dramática de Tirso fué considera- 
ble. No obstante, su fecundidad no es, ni mucho 
menos, la de Lope de Vega. Aun suponiendo que 
se hayan perdido bastantes comedias suyas, el he- 
cho de que el catálogo formado por Cotarelo no 
tenga más que 86 piezas es significativo, teniendo 
además presente que entre ese número hay algu- 



1 «Notable falta hace agora | a nuestra España Cervantes.» 
(NBAE, iv, 436 a.) 

2 NBAE, vi, 389 b. 

3 Rivad., v, 388 a. 



TIRSO DE MOLINA 



LV 



ñas falsamente atribuidas a Tirso. El valor de esas 
obras es desigual; las hay insignificantes; pero bas- 
tantes encierran gran valor total o parcialmente. 

En la selección que de ellas ofrecemos en esta 
colección podrá observar el lector los aspectos 
más sugestivos del arte fino y espiritual del Padre 
Téllez. 

b) El Vergonzoso en Palacio. 

El título de la obra viene de un proverbio cita- 
do a menudo: «Al hombre vergonzoso, el diablo 
le trajo a palacio» l ; «mozo vergonzoso, el diablo 
lo lleva a palacio» 2 . En forma de moraleja volve- 
mos a hallarlo al final de una fábula de Sebastián 
Mey: «En convite y en palacio es mal servido ¡ el 
hombre vergonzoso y encogido» 3 . 

Esta comedia fué escrita a principios del siglo 
xvn, a juzgar por las palabras de Tirso en los Ci- 
garrales 4 , 1621, y ' gozó del éxito, tanto en Es- 



1 Celestina, edic. Bibl. Clás., pág. 147. 

2 Adagios, de Fernando Arce, 1533 (en Sbarbi, Monogra- 
fía* pág. 55). 

3 Menéndez Pelayo, Orígenes de la Novela, iv, 141. 

4 V. más adelante pág. 2. No sé por qué Cotarelo (NBAE, 
ix, pág. xli) hace decir a Tirso: «celebrada con general aplauso 
diez años había»; en los Cigarrales dice Tirso sólo «años ha- 
bía». Cae, pues, por su base el cálculo que hace dicho erudito. 



LVI 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 



paña como en Italia y América. Al insertarla en 
los Cigarrales l , de índole análoga al Decante- 
ron, el autor imaginó, con grato artificio, que la 
comedia se había representado en el cigarral tole- 
dano de Buenavista, tal vez para justificar la cálida 
defensa del teatro español que aparece al final 
del Vergonzoso. Sin negar la posibilidad de esa 
representación 2 , es evidente que tal como la 
describe Tirso es mera ficción literaria, como las 
restantes del libro. Con todo, hay tanta unidad 
entre la comedia y el marco con que su autor 
quiso exornarla, que me resolví a no desgarrar el 
Vergonzoso del capítulo en que aparece incluido, 
y a darlo al público, por primera vez, con el prólo- 
go y el epílogo que figuran en la edición de los 
Cigarrales, única que se hizo de nuestra comedia 
durante el siglo xvu. 

El lugar de la acción es Portugal. Observando 
las localizaciones de las comedias de Tirso, se ve 
que treinta y tantas 3 suceden en España; trece, 



1 La única edición moderna es la del malogrado V. Said 
Armesto, en la «Biblioteca Renacimiento». 

2 Menéndez Pelayo cree, desde luego, que es fingida. 
(Ideas estéticas, n, 2, pág. 471.) 

3 La imprecisión viene de no haber segundad sobre algu- 
nas atribuciones a Tirso. Prescindo de comedias bíblicas y mi- 
tológicas, y de alguna dudosa. No entro a detallar los casos de 
localización múltiple. 



TIRSO DE MOLINA 



LVII 



en Italia; seis, en Portugal *; cinco, en Francia; dos, 
en Bohemia; dos, en América; una, en la India 
portuguesa. Y es notable que rasgos de observa- 
ción local no se encuentren propiamente más que 
en las comedias españolas y portuguesas; en El 
amor médico, Tirso versifica en portugués con 
igual destreza que en español. En el Vergonzoso 
nos hallamos, pues, en país grato y conocido para 
el poeta. Sería interesante analizar la representa- 
ción que Tirso tiene del país lusitano, asunto que 
ahora no puedo tratar en detalle. El P. Téllez sen- 
tía la grandeza histórica de Portugal; léanse Las 
Quinas de Portugal, las referencias al pueblo her- 
mano en el Burlador, y multitud de pasajes: «Al 
Oriente, en cuyo extremo ¡ son sus quinas formi- 
dables» 2 . A las querellas entre ambas naciones 
alude también en El amor médico\ «Pues sabéis 
que Portugal ¡ siempre se ha llevado mal | con 
Castilla» 2 . La arrogancia portuguesa aparece al- 
guna vez: «Al que en Portugal se humilla, | por 
forastero, le amparan ¡ fidalgos y caballeros; | 
porque siempre llevó mal ¡ presunciones Portu- 
gal | de arrogantes forasteros» 3 . Pero lo que 



1 Además de la nuestra, La gallega Mari Fernández, 
Averigüelo Vargas, Siempre ayuda la verdad, Las Quinas de 
Portugal, El amor médico; D. a Beatriz de Silva transcurre 
en parte en Portugal. 

2 Rivad., v, 384. 

3 Ib., 388. 



LVIII EL VERGONZOSO EN PALACIO 



Tirso hace resaltar fuertemente es la capacidad y 
vehemencia amorosas de los portugueses: «Los 
amorosos desvelos | en Portugal crecen antes que 
en otra parte» *. Esto último era opinión gene- 
ral en la época: ante el amor, mozos y mozas se 
derriten; y de esa suerte, portugués y seboso vie- 
nen a ser sinónimos 2 . Tiene, pues, bastante sen- 
tido que acontezcan en Portugal los varios y suti- 
les lances de amor que tan finamente aparecen 
trazados en El Vergonzoso. 

Aparentemente, el ámbito en que se despliega 
la acción tiene realidad histórica y geográfica: 
Avero, Braganza, Coimbra, Estremoz y sus respec- 
tivos señores. El público debía creerlo así; en las 
notas, empero, verá el lector explicados ciertos 
anacronismos, y ya en tiempo de Tirso un «pe- 
dante historial» puso de relieve la inexactitud del 
episodio del duque de Coimbra. La respuesta de 
Tirso a este reparo fué justa y elegante 3 . Y por 
lo demás, el núcleo histórico carece aquí de im- 
portancia, prescindiendo de su carácter de mero 
sostén de la fábula. 

Lo esencial es la invención, cuyos polos son dos 
encantadoras figuras de mujer: Magdalena y Se- 
rafina. El eterno juego del amor, analizado de mil 



1 Ib., 670. 

2 V. Verg., i, nota 847; Burlad., n, nota 468. 

3 V. pág. 189. 



TIRSO DE MOLINA 



LIX 



modos por Tirso, da lugar a finos movimientos de 
la sensibilidad; la gracia maliciosa, la ironía, la in- 
genuidad o la pasión mantienen siempre vivos los 
principales momentos de esta comedia. 

Los caracteres están pensados como oposición 
y contraste. En Magdalena hay desbordamiento 
de amor, de ternura, que demandan ser comparti- 
dos súbitamente; Serafina es, en cambio, de sen- 
sibilidad refrenada; se muestra zahareña y tocada 
de narcisismo. Mireno es tímido; el conde de Pé- 
nela, audaz *. Estos tipos generales pierden toda 
sequedad esquemática, y se revisten de humano 
realismo en la acción cómica que emerge de su 
contraposición. 

Nótese que estas damitas del Vergonzoso tie- 
nen como rasgo común proceder libremente en el 
grave negocio de elegir amante y marido, y se con- 
vierten en un nuevo reflejo del tema de la liber- 



1 El mismo Tirso, en El amor médico (Rivad., v, 385), des- 
describe esta técnica sentimental: 

«Jerónima. En nosotras, ya tú sabes ! que imperando la so- 
berbia, | se rinde por sus contrarios: | hombre 
que nos menosprecia, | téngase por bien que- 
rido; | fínjase , quien nos desea, | desdeñoso, 
descuidado, | no nos mire, no dé quejas; | cau- 
sarálas en su dama; | porque en balanzas opues- 
tas , | aunque amor es simetría, | cuando se 
abrasan nos hielan, | y helándose nos abrasan.'» 



LX 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



tad de amar, que, desde el Renacimiento, viene 
apareciendo en la literatura moderna. Estos atis- 
bos de una moral femenina compatible con la na- 
turaleza hallarán mayor eco en España que en otra 
parte; y antes que Moliere, Cervantes y nuestro 
popular teatro presentaron el problema: Cervan- 
tes con un alcance y profundidad maravillosos; el 
teatro en forma vivaz, disuelto en acciones com- 
plicadas y brillantes, sin tesis ni razonamientos 
moralizadores. No por esto ha de ser menos no- 
tado y estimado este aspecto moderno y humano 
de la comedia, tan exportable y tan poco local 
que en él toman arranque Uécole des femmes y 
Uécole des maris, de Moliere *. 

No quiero ser prolijo en esta apreciación de El 
Vergonzoso. Quien se tome el trabajo de adquirir 
la necesaria cultura para traspasar el ambiente de 
época que envuelve el estilo, experimentará por 
sí mismo cuanto yo pudiera decirle; y he aspirado 
a que mis notas den hecho al lector la parte más 
dura de esa tarea. 

c) El Burlador de Sevilla. 

Sabido es de todos que la inmensa literatura 
en torno a Don Juan tiene su último entronque en 

1 Creo haber puesto de relieve este hondo carácter de 
nuestra comedia en Teatro antiguo español, n, págs, 183-197; 
245-248. 



TIRSO DE MOLINA 



LXI 



esta comedia de El Burlador. Desde el siglo xvn 
hasta ahora mismo, la literatura europea no ha 
cesado de someter a continuas elaboraciones el 
tipo de Don Juan, que en cada país y en cada mo- 
mento ha servido de pedestal para originales ma- 
neras de considerar el amor y la vida *. Se im- 
ponía, pues, dar una edición de este drama, en 
que apareciesen comprensibles las palabras de Tir- 
so y en que el texto más antiguo fuese tratado 
con el necesario cuidado. La primer edición que 
publiqué en Clásicos castellanos (1910) deja mu- 
cho que desear; sin bastante experiencia de la len- 
gua del siglo xvn, este dificilísimo texto salió de mis 
manos con más de un lugar no bien interpretado. 
Mi edición representó un progreso sobre la de Co- 
tarelo en la Nueva Biblioteca de Autores Españo- 
les, t. ix, donde el lector tiene que luchar con un 
texto que el editor trató con gran desatención; 
/ pero no eran suficientes las mejoras que intro- 
duje. Pesaba sobre mí el juicio de varones gra- 
ves que una y otra vez escribían que El Burlador 
estaba adulteradísimo, y con cierta audacia formé 
excesivas combinaciones a base del texto de Tan 
largo me lo fiáis y refundición hecha en el siglo xvn 
de la famosa obra. Menéndez Pelayo había escrito 



1 Gendarme de Bévotte, La légende de Don Juan, 1906. 
La parte relativa a España necesitaría ser reformada. 



LXII 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



en 1893: «Todo el mundo, impresores piratas, 
copleros famélicos, histriones de la legua, pusie- 
ron sus manos pecadoras en aquel drama y le de- 
jaron tan mal parado, que cuesta hoy grande es- 
fuerzo adivinar o reconstruir su primitiva grande- 
za» *. Eruditos extranjeros y nacionales, todos 
hemos pensado y escrito como si este juicio fue- 
se exacto; la realidad, sin embargo, es otra. Yo no 
digo que la edición más antigua, la de 1630, estu- 
viese de acuerdo con el autógrafo del P. Téllez^ 
porque siempre los impresos alteran más o menos 
los originales; pero creo poder afirmar que el 
texto de 1630 tiene sólo leves lagunas y errores, 
que en ningún caso nos impiden comprender el 
pensamiento del autor. La comedia no está trunca 
ni tiene pegadizos. ¿Por qué no ha de ser de Tirso 
la descripción de Lisboa? En otras comedias de la 
época hay loas con descripciones de ciudades. 
Tirso conocía perfectamente Portugal, sabía por- 
tugués, y en otras obras revela — como hemos 
visto — cierto gusto por las cosas del país vecino; 
Doña Beatriz de Silva 2 y Las quinas de Portu- 
gal presentan analogías con esa descripción; ¿por- 



1 Estudios de Crítica literaria, 2. a serie, 1912, pág. 190. 

2 Véanse, sobre todo, las escenas vn y vm del primer acto 
(NBAE, iv, 495), y este pasaje: «Júan. ¡Adiós fundación de Uli- 
ses! 1 Melgar. Adiós, seboso Babel, | Castillo, plaza, rúa No- 
va, | Palacio, San Gian, Belén, | Cruz de Cataquifarás | etc.» 



TIRSO DE MOLINA 



LXIII 



qué, pues, no ha de ser de Tirso? El Burlador es 
una comedia escrita sin gran esmero, llena de pre- 
cipitaciones, que se revelan crudamente en anaco- 
lutos, falsas rimas y estrofas defectuosas. ¿Y no 
está lleno nuestro teatro de piezas con los mismos 
descuidos? Lo que aconteció es que ante las mag- 
nas consecuencias de la creación de Tirso, se ha- 
bría deseado encontrar en ésta toda suerte de pri- 
mores y perfecciones, gérmenes de tan grandiosa 
descendencia; y al notar que la enorme figura de 
Don Juan aparecía por primera vez con indumento 
más tosco que pulido, se achacó a malos impreso- 
res lo que era, en parte, culpa de Tirso y en parte 
producto de nuestra escasa diligencia para estu- 
diar e interpretar lo que es reliquia de la literatu- 
ra universal. Quien lea atentamente nuestra actual 
edición (dejando a un lado los errores que haya 
podido cometer) se convencerá de que al Burla- 
dor no le falta ni le sobra nada — por lo menos 
nada que justifique prorrumpir en las lamentacio- 
nes de que hemos sido tan pródigos *. 

Creo inútil a estas fechas hablar largamente de 



1 Poco después de publicar yo mi primera edición de Tir- 
so, editó el señor Barry El Burlador en la «Collection Méri- 
mée», París, Garnier, 1910. Son valiosas la analogías que nota 
el señor Barry entre El Burlador y otras comedias de Tirso; 
pero en general, el texto y el aparato de variantes son defec- 



LXIV 



XL BURLADOS DE SEVILLA 



la atribución a Tirso; nadie se atrevería hoy a dis- 
cutir ese punto, en presencia de las íntimas ana- 
logías que ofrece El Burlador con otras induda- 
bles comedias del autor y de la conexión que 
guarda su tesis teológica con las desarrolladas en 
El condenado por desconfiado y en El mayor des- 
engaño. En las ediciones de 1630 y 1649, así 
como en las sueltas del siglo xvm se dice que la 
obra es de Tirso. ¿Qué más hace falta? Sólo con 
gran desconocimiento de sus restantes comedias 
ha podido sostenerse que El Burlador no se debe 
al fino ingenio del Padre de la Merced l . 

Tirso dramatizó aquí una vieja leyenda, exten- 
dida por el folklore internacional, y reflejada en 
nuestro Romancero 2 . Antes de conocerse los ro- 
mances del galán que invita a cenar a una calave- 
ra o a una estatua, se pensó que los orígenes del 
Convidado de Piedra, de Tirso, se hallaban en al- 
guna manifestación extranjera de la leyenda del 



tuosísimos. Por confusión de sus apuntes o por otra causa, in- 
venta variantes y ediciones y liega hasta adobar el texto en 
algunos lugares. Parte de la idea de que nuestra comedia está 
alterada profundamente. En mis notas sólo llamo la atención 
sobre sus errores más graves. 

1 El curioso hallará en la revista La Lectura, de 1910, pá- 
ginas 314 y siguientes, un resumen de la cuestión. 

2 V. R. Menéndez Pidal, Sobre los orígenes de El Convida- 
do de Piedra, en Estudios literarios, 1920. 



TIRSO DE MOLINA 



LXV 



muerto convidado a cenar; hoy nadie niega que 
las fuentes próximas de nuestra comedia se en- 
cuentren en los romances de la estatua. He aquí 
el comienzo de una de sus versiones: 

Un día muy señalado fué un caballero a la iglesia 
y se vino a arrodillar junto a un difunto de piedra. 
Tirándole de la barba estas palabras dijera: 
cOh, buen viejo venerable ¡quién algún día os dijera 
que con estas mismas manos tentara a tu barba men- 

[gua! 

Para la noche que viene y© te convido a una cena. Etc. 

En el citado estudio de Menéndez Pidal podrán 
verse éste y otros textos, así como la bibliografía 
del asunto; a él remito a quien desee conocer por- 
menores sobre la preexistencia del tipo de El Bur- 
lador en la tradición peninsular. 

El drama de Tirso, sin embargo, se aleja nota- 
blemente del esquema que le brindaban los roman- 
ces o los cuentos tradicionales. Así como en El 
condenado por desconfiado, sirviéndose de un rela- 
to de antigüedad milenaria, logra adentrarse en 
preocupaciones esenciales para el pueblo español 
y ascender a tipos de hondo valor humano, del 
mismo modo en el El Burlador asistimos a otra 
genial triangulación de lo folklórico, lo casero es- 
pañol y lo humano sin limitación de tiempo ni 
fronteras. 

Es innegable que para Tirso lo esencial en su 

***** 



LXVI 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



obra era el aspecto teológico. Constantemente, 
desde el principio hasta el final, el libertino reci- 
be admoniciones de su fiel compañero Catalinón; 
luego, de su padre y de la estatua de piedra. Don 
Juan desoye una y otra advertancia, aumenta sus 
audacias y acaba por recibir un castigo aparatoso 
en esa especie de antesala del infierno que le dis- 
pone Don Gonzalo. Mirado así El Burlador era 
una excelente ilustración para graves sermones de 
Cuaresma, y el vulgo tenía para satisfacerse de so- 
bra con tan ingenua maravilla: no se puede jugar 
con las cosas de ultratumba ni con la misericordia 
divina, confiando frivolamente en que después 
todo se arreglará *. Este aspecto del problema de 
la salvación ofrecía menos complejidades que su 
. opuesto, el de la desconfianza en la benévola in- 
fluencia de Dios, personalizado en el Paulo de El 
condenado por desconfiado; pero entre ambos dra- 
mas quedaba convenientemente tratado en la es- 
cena el problema de la predestinación y el libre 
arbitrio que de tal modo preocupó a los católicos 
de todo el mundo 2 . 

1 El estribillo, / Tan largo me lo fiáis!, forma parte de va- 
rios refranes: «Si a ese tiempo lo fiáis, echáme otra vara más». 
«Si tan largo me lo fiáis, dad acá lo que os queda», o «echá 
para capa y sayo». (Correas, págs. 250 y 259.) 

2 V. Menéndez Pidal, Estudios literarios, pág. 60; Renán, 
Les Congrégations «De auxiliis». (Nouvelles études d'histoi- 
re religieuse, págs. 413-442). Véase también El mayor desenga- 
ño, de Tirso. 



TIRSO DE MOLINA LXVII 



Pero hay en El Burlador algo más que un caso 
de teología moral, interesante para una época y 
un país, pues de otra forma Don Juan se habría 
quedado en España con otros cien compañeros de 
libertinaje. Causa maravilla que una comedia es- 
crita velozmente, a la que su autor no debió tal 
vez conceder gran importancia, a juzgar por los 
descuidos y precipitaciones que vemos en ella, no 
debidos a refundidores ni impresores, tenga con- 
densada tal cantidad de brío poético y de posibi- 
lidades ulteriores. Hay injusticia en decir que el 
tipo de Don Juan tiene valor mundial porque Mo- 
liere cobijó bajo su genio la leyenda del muerto 
vengador. He aquí cómo Rigal caracteriza nuestro 
Donjuán en su importante libro Moliere: «Un ca- 
lavera («un débauché») muy español, que cree en 
Dios, convencido de que había que finar cristiana- 
mente, pero convencido también de que siempre 
estaría a tiempo de hacerlo; entretanto había que 
gozar y dar rienda suelta a las pasiones. En el des- 
enlace, la estatua de Don Gonzalo, un comenda- 
dor que aquel perdido había matado para arreba- 
tarle su hija, le arrastra al infierno. «¡Un sacer- 
dotel» — exclama Don Juan — . «¡Dame tiempo 
para confesarme!» Pero la estatua se muestra im- 
placable» l . De ser esto así, El Burlador se halla- 



1 T. I, pág. 275. 



LXVIII EL BURLADOR BE SEVILLA 



ría respecto de Le festín de Fierre casi en la mis- 
ma relación que guardan los romances de la cala- 
vera y la estatua respecto del drama de Tirso *, 
conclusión literariamente absurda, ya que sin 
nuestro don Juan la insignificante leyenda, bien 
extendida por toda Europa, no habría tenido con- 
secuencias artísticas 2 . 

Le festín de Fierre es una obra excelente, des- 
de luego más amena e interesante que El Burla- 
dor, obra apresurada en que las condiciones ya 
notadas de la Comedia dejaron una huella infe- 
liz. Su estilo es a trechos vulgar y desmañado. 
Pero no vayamos tampoco demasiado lejos en 
nuestra censura, porque caeremos en la insípida 
crítica neoclásica con sus exigencias de verosimi- 
litud, desarrollo gradual de caracteres, etc. Tirso 
proyectó a su héroe sobre las tablas a modo de 



1 Para el caso es igual que Moliere conociese El Burla- 
dor directamente o a través de las adaptaciones italianas. 
Quienes escriben hoy sobre Le festín de Pierre afectan igno- 
rancia del valor de lo imitado por Moliére: «La leyenda perte- 
necía al siglo xvn, a ese fondo común europeo del que tanto 
sacaron nuestros clásicos.» (A. Bayet, Le vrai sens de •Don 
Juan*, en «Revue de Penseignement franjáis hors de France», 
febrero 1922.) 

2 Gendarme de Bévotte, La légende de Don Juan, pági- 
na 92, adopta un punto de vista medio: «Si elle ne justifie pas 
absolument les éloges enthousiastes des critiques espagnols, 
elle mérites moins encoré le dédain que certains ó^rangers ont 
affecté pour elle.» 



TIRSO DE MOLINA 



LXIX 



vendaval erótico, y dispuso su trayectoria con 
una técnica violentamente impresionista. En raudo 
y brusco impulso el «burlador de España» se opo- 
ne al cielo y a los hombres, y erige su tempera- 
mento en norma absoluta para la vida. 

En esa tremenda cabalgada, Don Juan va pro- 
visto de esenciales notas artísticas, que nunca 
abandonará. Que otros las hayan utilizado con 
gran éxito, no nos impedirá reconocer, ni su ori- 
ginaria presencia, ni su alcance eterno: los histo- 
riadores no tenemos las razones de Don Juan para 
proceder tan fugazmente como él hubo de vivir. 
Don Juan es algo más que un vulgar calavera; la 
Comedia ofrece centenares de hazañas monstruo- 
sas, en que aparecen hombres que atropellan mu- 
jeres, y nunca se ocurrió ni destacarlas ni conce- 
derles un especial valor artístico. El invento de 
Tirso consiste en haber personalizado en un alma 
audaz la oposición a los principios morales y so- 
ciales, y en haberlo hecho con tanta intensidad, 
que los reyes se estremecen al contacto del pro- 
tervo galán, y la Justicia Eterna tiene que recu- 
rrir a sus más eficaces rayos. Para un «débauché», 
habría bastado con un alguacil y varios corchetes. 

Don Juan cree en Dios porque el patio no ha- 
bría tolerado discusiones sobre la divinidad, ni a 
Tirso podían ocurrírsele. De esa suerte la auda- 
cia y la rebeldía del héroe destacan intensamente, 



LXX 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



ya que Don Juan, aun sabiendo que los reiterados 
avisos vienen de otro mundo, permanece ante 
ellos tan impávido como ante la estatua: 

Si andas en pena o si aguardas 
alguna satisfacíón 
para tu remedio, dilo, 
que mi palabra te doy 
de hacer lo que ordenares. 
¿Estás gozando de Dios? 1 

Mas este fondo de creencias estaba ahogado ea 
él por un tremendo impulso vital: 

Pero todas son ideas 
que da la imaginación; 
el temor y temer muertos 
es más villano temor... 
mañana iré a la capilla 
donde convidado soy, 
porque se admire y espante 
Sevilla de mi valor 2 . 

Don Juan necesitará abrasarse en la ira de Dios 
para tomarla en consideración. Su rasgo rebasa 
el área de la época, y en cualquier tiempo o civi- 
lización conservará sentido y atractivo profundísi- 
mos. Este aspecto trágico del Burlador, verdadero 



1 Pág. 325. 

2 Pág. 327-28. 



TIRSO DE MOLINA 



LXXÍ 



héroe de la transgresión moral, se atenúa en el 
Don Juan de Moliere: al no creer sino en que «dos 
y dos son cuatro», pierde el desenlace maravilloso 
su valor nativo y se convierte en un simple efecto 
teatral. La oposición con el Universo es así mucho 
menos violenta K 

Una complicación de este ya formidable perso- 
naje es que dista bastante de ser una mera encar- 
nación del mal. Tisbea, al recogerle en su regazo, 
exclama: «Mancebo excelente, | gallardo, noble y 
valiente» 2 . Y la ingenua pescadora decía verdad, 
porque Don Juan acababa de poner en gran riesgo 
su vida por salvar la de su criado, quien luego 
nos dirá: 

Como no le entreguéis vos 
moza o cosa que lo valga, 
bien podéis fiaros dél; 
que en cuanto en esto es cruel, 
tiene condición hidalga 3 . 

Caben, pues, virtudes en este personaje inmo- 
ral, a quien no preocupa el juicio de Dios. En am- 



1 Sólo por apego a viejos cánones retóricos puede escri- 
bir Gendarme de Bévotte: «El autor de El Burlador no se ha 
propuesto lo que en vano buscaríamos en su obra y que Mo- 
liére ha puesto en su Festín de Fierre: la pintura de un carác- 
ter» (pág. 67). 

2 V. pág. 226. 

3 Pág. 261. 



LXXII 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



bientes de pensar, más desligado de trabas que 
España, Don Juan encarnará nuevas concepciones 
de la moralidad. El Don Juan de Moliere dará al 
mendigo un luis de oro, no por Dios, sino pour 
Vamotir de V Humanité. Sin que Tirso haya previs- 
to esas consecuencias, moviéndose en una socie- 
dad intelectualmente cada vez más atrasada, es in- 
negable que el Don Juan, mitad luz, mitad tinie- 
blas, denso de posibilidades, ha sido obra de su 
pluma. 

En El Burlador aparece con igual sobriedad la 
crítica de las depravadas costumbres de la noble- 
za. Don Juan es, pues, no sólo un pecador contu- 
maz, sino una representación de ciertos señores 
de la época. Aminta dirá: 

Di, ¿qué caballero es éste 
que de mi esposo me priva? 
La desvergüenza en España 
se ha hecho caballería l . 

Don Juan se ríe de una posible sanción divina; 
pero cuida entretanto de asegurarse la impunidad 
ante la justicia humana: 

Si es mi padre 
el dueño de la justicia 
y la privanza del rey, 
¿qué temes? 2 



1 V. pág. 300. 

2 Pág. 302. 



TIRSO DE MOLINA 



LXXIII 



El Burlador representa la condenación de una 
clase y un sistema social. La podredumbre que 
hervía en torno a las privanzas de un Lerma y lue- 
go de un Olivares están tocadas enérgicamente en 
estos versos, que prestan a nuestro drama ese va- 
lor de crítica social que después variará de conte- 
nido con los países, pero que está ya fundido 
dentro de la primitiva estructura del personaje. 

Cesemos, por tanto, de tratar frivolamente la 
comedia de Tirso. Las exigencias de cultura y de 
adecuación de nuestra retina que formulaba al 
hablar del teatro en general son aquí más indis- 
pensables que nunca. 

Ha de tomarse ante El Burlador la necesaria 
distancia para percibir entre esos cuadros que ver- 
tiginosamente se suceden, la unidad profunda que 
los ata. No hay aquí alegría como en el Don Juan 
de Moliere, porque cada pueblo tiene su especial 
manera de contemplar la vida; hay grave inquie- 
tud, que va apretando el halo de misterio en torno 
al héroe. Nos sentimos solicitados y repelidos por 
tan compleja figura, mezcla de bienes y males» 
portadora de un tremendo dinamismo, de una 
voluntad audaz, cuya finalidad excede a la pura- 
mente negativa de desencadenar los rayos de 
infierno. 

España y el extranjero vieron en seguida el 
prodigioso encanto de nuestro Don Juan; lo mane- 



LXXIV 



CRITERIO DE ESTA EDICIÓN 



jaron en diversas formas, pero hubieron de con- 
servarle el marco español y todas las notas esen- 
ciales de que lo dotó Tirso, cuyo valor se des- 
prende de esa misma posibilidad de eterna y 
universal evolución. 

Criterio de esta edición 

El Vergonzoso en Palacio ha sido publicado confor- 
me al texto de los Cigarrales de Toledo, 162 1 (Biblio- 
teca Nacional de Madrid, signatura R-4561). De la mis- 
ma comedia existen dos manuscritos del siglo xvn en la 
Bibl. Nac, núms. 14996 y 16912; el primero es todo de 
una mano, el segundo tiene el acto segundo de la mis- 
ma letra que el 14996 y los dos restantes de otra mucho 
más cursiva y confusa; son copia uno de otro, o de un 
mismo texto; coinciden, entre otras cosas, en suprimir 
los vv. 152-167, y en general dan un texto peor que el de 
los Cigarrales. En algunos casos, sin embargo, nos han 
permitido corregir errores del impreso. La carta del pri- 
mer acto (v. pág. 15) está fechada en estos manuscritos 
a 15 días de julio de 161 1, lo cual indica que la come- 
dia no es anterior a esa fecha o que es de ese año *. 



1 Barry (pág. 10 de su edición de El Burlador) dice con la 
inexactitud que caracteriza sus observaciones bibliográficas, 
que hay un manuscrito, presentido por Cotarelo (i?) que con- 
tiene alusiones políticas que no se encuentran en ¡los Cigarra- 
les, etc. Se refiere a uno de estos dos que citamos, pero es 
fantástico casi todo lo que escribe acerca de él. 



CRITERIO BE ESTA EDICIÓN LXXY 



El Burlador de Sevilla sale ahora minuciosamente 
cotejado con todas las ediciones antiguas, y de esa suer- 
te se logra un texto muy superior a todos los anteriores, 
bastante imperfectos. 

La primera edición de esta comedia se halla en la co- 
lección: Doze comedias nvevas de Lope de Ve?a Car- 
pío, y otros autores. Segvnda parte. Irnpresso con li- 
cencia: En Barcelona, por Gerónimo Margarita año 
de 1630 l . El Burlador hace el número siete, con este 
título: El Burlador de Sevilla y combidado de piedra. 
Comedia famosa del Maestro Tirso de Molina. Repre- 
sentóla Roque de Figueroa. (Bibl. Nac, T- 10806). Este 
es el texto que hemos seguido en la presente edición. 

Dentro del siglo xvíi se reimprime El Burlador en el 
sexto tomo de las Comedias escogidas de los mejores 
ingenios de España (48 vols., Madrid, 165 2- 1704); 
este rarísimo tomo está falto de portada, y la que le re- 
hicieron, en letra antigua, lleva la fecha de 1649 2 , sin 
duda errada, puesto que esa colección comenzó a impri- 
mirse en 1652. Con todo, la llamo edición de 1649, por 
venirse denominando así en los estudios sobre El Bur- 
lador. (Biblioteca Nacional, R-22659.) Esta edición re- 
presenta un enorme retroceso sobre la de 1630; por 
una corrección, introduce numerosas lagunas o altera- 



1 Qtte El Burlador existía antes de esta fecha se despren- 
de de la comedia de Claramonte Deste agua no beberé, publi- 
cada en 1630, donde figuran ya los nombres de Tisbea y Don 
Diego Tenorio (Menéndez Pelavo, Obras de Lope, ix, cxxxi). 

2 Parte sexta de comedias varias de diferentes autores 
Con licencia. Año de 1649. 



LXXVI 



GRITERIO DE ESTA EDICIÓN 



ciones. Por desgracia, la edición de 1649 sirvió de fuen- 
te a todas las posteriores, hasta que Cotarelo reprodujo 
en 1907 el texto de 1630 en la Nueva Biblioteca de 
Autores Españoles y que desde 1860 estaba señalado 
por La Barrera en su Catálogo del teatro español. 

He tenido a la vista estas impresiones sueltas del si- 
glo xviii: Madrid, 1728 (Bibl. Nac, T-1164); Sevilla, 
Leefdael, s. a. (Bibl. Nac, T-14993 19 ); Sevilla, Padrino, 
s. a. (Bibl. Nac, T-14993 16 ) l ; Barcelona, Escuder, s. a. 
(Bibl. Nac, U-11531). De estas impresiones, la única 
que intenta reaccionar ¡contra los errores de la edición 
de 1649 es la de Sevilla, Padrino. 

Eugenio de Ochoa publicó El Burlador ztí el t. nr del 
Tesoro del teatro español, 1838, y hace alguna mejora 
al texto, en menor grado que Hartzenbusch en el t. v de 
la Biblioteca de Rivadeneyra (1848). 

De la edición de Barry yá hablo antes, pág, Lxm. 
Debe ser citada igualmente la edición de Hámel en la 
Bibliotheca Románica, 1921. 

Merece aquí algunas palabras la comedia llamada Tan 
largo me lo fiáis, descubierta en 1878 e impresa por el 
Sr. Sancho Rayón en el tomo xn de la Colección de libros 
raros y curiosos, y por Cotarelo en N. Bibl. AÁ. EE., dc. 
Trátase de una refundición de El Burlador, publica- 
da, sin lugar ni año, como de don Pedro Calderón, y 



1 Al final de este ejemplar añadieron estos versos: «Enfrene 
la juventud | al apetito rebelde. | Al que en las delicias falsas | 
ocupa sus horas breves, | de la suerte que ha vivido | suele en- 
contrarle la muerte». 



CRITERIO DE ESTA EDICIÓN 



LXXVII 



que Cotarelo sitúa hacia 1660; nada significa el que se 
acháque su paternidad a Calderón, pues el nombre de 
éste fué cómodo asiento para las producciones de mu- 
chos ingenios. Su asunto es el mismo de El Burlador, 
con algunas variantes, como la de cambiar la descrip- 
ción de Lisboa por la de Sevilla. El texto es de gran va- 
lor como recurso enmendatorio de El Burlador, si 
bien lo he empleado sólo cuando me pareció absoluta- 
mente indispensable. Lo llamo TL en las notas, las cua- 
les darán idea detallada de cómo he procedido. 



BIBLIOGRAFÍA 



LXXIX 



BIBLIOGRAFÍA 
1.— Estudios biográf ico-literarios. 

E. Cotarelo, Tirso de Molina. Investigaciones bio-blio gráfi- 
cas, Madrid, 1893. 

— Discurso preliminar al frente de las Comedias de Tirso 

de Molina, NBAE, t. iv, 1906. 

M. Serrano y Sanz, Nuevos datos biográficos de Tirso de 
Molina. «Revista de España», 1894, págs. 66 a 74 y 141 a 153. 

M. Menéndez y Pelayo, Estudios de crítica literaria. Segun- 
da serie. Madrid, 1912, págs. 131 a 200. 

B. de los Ríos de Lampérez, Tirso de Molina. Conferencia 
leída en el Ateneo de Madrid, 1906. (V. la reseña del señor 
Cotarelo en la «Revista de Archivos», abril-mayo 1906. Por 
lo demás, esta conferencia no es sino un esbozo del estudio 
sobre Tirso, cuya publicación ha anunciado la señora de los 
Ríos, y del cual hay también anticipos en el libro de la 
autora, Del siglo de oro, 1909. En «El Imparcial» del 20 y 27 
de octubre de 1907 publicó la misma escritora dos artículos 
con datos sobre la vida del P. Téllez.) 

S. G. Morley, Color symbolism in Tirso de Molina, «Roma- 
nic Review», 1917, págs. 77 a 81. 

— The use of Verse Form by T. de M. «Bulletin Hispani- 

que», vil, 386. 

2.— El Burlador y el donjuanismo. 

G. Gendarme de Bévotte, La Légende de Don Juan. Son 
évolution dans la littér ature des origines au romantisme. 
París, 1906. 

V. Said Armesto, La leyenda de Don Juan. Madrid, 1908. 

A. Farinelli, Don Giovanni, «Giornale storico della lettera- 
tura italiana», 1896, págs. 1-77 y 254-326, y Cuatro palabras 
sobre Don Juan (Homenaje á Menéndez y Pelayo, 1899, \ t 
205-222). 



LXXX 



BIBLIOGRAFÍA 



J. Boelte, Ueber den Ursprung der Don Juan-Sage (Sobre el 
origen de la leyenda de Don Juan), en la «Zeitschrift für 
vergleichende Litteraturgeschichte », Revista de historia 
de la literatura comparada), Berlín, 1899, 134-398. 

E. Cotarelo y Morí, Ultimos estudios acerca de *El Burlador 
de Sevilla». «Revista de Archivos», 1608, págs. 75-86. (Inte- 
resante para la fecha de El Burlador.) 

R. Menéndez Pidal, Sobre los orígenes de *El Convidado de 
Piedra». (Estudios literarios t Madrid, 1920.) 

T. Schroeder, Die dramatischen Bearbeitungen der Don 
Juan-Sage. Halle, 1912. (V. «Revista de Filología», 1914, pá- 
gina 410.) 



ABREVIATURAS 

Barry. . . = Edición de El Burlador, por Barry, en la «Col- 
lection Mérimée». 

C = Cigarrales de Toledo. 

Cot — Edición de El Burlador, por Cotarelo. 

H = Hartzenbusch (ediciones de El Vergonzoso y El 

Burlador en el tomo v de Rivadeneyra). 

NBAE . . = Nueva Biblioteca de Autores Españoles. 

Rivad. . . — Biblioteca de Autores Españoles de Rivade- 
neyra. 

TL = Tan largo me lo fiáis. 

X — Manuscrito de El Vergonzoso, Bib.Nac.,n.° 14996. 

Y = Idem. Idem. Idem. n.° 16912. 



Las comedias no precedidas de nombre de autor son de 
Tirso. 



Verano de 1922. 



Américo Castro. 



/ 



[PRÓLOGO A LA REPRESENTACIÓN] 



Cuatro horas había que el mayor de los planetas 
cargaba en las Indias del oro que desperdicia pró- 
digo con nosotros cada día — pues a no venir con nue- 
vos tesoros cansara el verle tan a menudo — , cuando en 
la mayor de las hermosas salas que en Buenavista 1 
conservan la memoria de su ilustrísimo dueño (fábrica 
digna de la mayor mitra del mundo), aguardaba la 
comedia el más bello e ilustre auditorio que dió es- 
timación al Tajo y soberbia a sus aguas por verse 
trasladadas de cristales en soles — si no es baja ponde- 
ración ésta para quien conoce la excelencia de las caras 
de Toledo. Alumbraban el dilatado salón doce blando- 
nes, ardiendo en ellos la nieve transformada en cera, 
parto de las repúblicas, aunque pequeñas aves, y afeite 
del sol que en la espaciosa Vega la convierte de oro 
en cristal. Ocupaba los estrados, tribunal de la hermo- 



1 Tirso, en otros lugares de Los cigarrales de Toledo, ce- 
lebra esta quinta (v. edición Said Armesto, pág. 76-77), crea- 
ción del cardenal D. Bernardo de Sandoval y Rojas. El poeta 
Baltasar Elisio de Medinilla lo describió bellamente. (V. Mar- 
tín Gamero, Los cigarrales de Toledo, 1857, pág. 116; F. San 
Román, en Boletín de la Academia de Bellas Artes de Tole- 
do, 1921). 



PRÓLOGO 



sura, toda la que era de consideración en la imperial 
ciudad, y se realzaba con la nobleza. A otro lado el 
valor de sus caballeros honraban las sillas, en cuyos di- 
versos semblantes hacía el tiempo alarde de sus edades: 
en unos, echando censos a la juventud, de oro, y en 
otros, cobrando réditos de la vejez, en plata. 

Intitulábase la comedia El Vergonzoso en Palacio* 
celebrada con general aplauso (años había), no sólo en- 
tre todos los teatros de España, pero en los más célebres 
de Italia y de entrambas Indias, con alabanzas de su 
autor, pues mereció que uno de los mayores potentados 
de Castilla honrase sus musas y ennobleciese esta fa- 
cultad con hacer la persona del Vergonzoso él mismo, 
quedándolo todos los que la profesan de verle aventajar, 
en un rato desde lícito entretenimiento, sus muchos 
años de estudio. 

Los que entraban en ella eran de lo más calificado de 
su patria; y las damas, Anarda, Narcisa, Lucinda y doña 
Leocadia, ilustres como hermosas y milagros de la her- 
mosura; con que quedó la representación autorizada 
como merece, pues si los sujetos que la ponen en prác- 
tica no la desdoran, ella, por sí misma, es digna de 
suma estimación y alabanza, principalmente saliendo 
tan acendrada (el día de hoy) de los que sin pasión y 
con suficiencia tienen a su cargo el expurgarla de pala- 
bras y acciones indecentes. 

Salieron, pues, a cantar seis con diversidad de instru- 
mentos: cuatro músicos y dos mujeres. No pongo aquí, 
ni lo haré en las demás, las letra§, bailes y entremeses, 
por no dar fastidioso cuerpo a este libro, ni quebrar el 
hilo al gusto de los que le tuvieren en ir leyendo suce- 



PRÓLOGO 



3 



sivamente sus comedias. Baste para saber que fueron 
excelentes el dar por autores de los tonos a Juan Blas *, 
único en esta materia; a Alvaro 2 , si no primero, tam- 
poco segundo, y al licenciado Pedro Conzález 3 , su 
igual en todo, que habiendo algunos años sutilizado la 5 
melodía humana, después, por mejoralla, tomó el hábito 
redentor de Nuestra Señora de la Merced, y en él es 
fénix único, si en el siglo fué canoro cisne. Los entreme- 
ses fueron de don Antonio de Mendoza 4 , cuyos sales 
y concetos igualan a su apacibilidad y nobleza; y los *<> 
bailes, de Benavente 5 , sazón del alma, deleite de la na- 
turaleza y, en fin, prodigio de nuestro Tajo. Y si por sus 
dueños ganaron fama, no la perdieron por los que en 
Buenavista los autorizaron hoy. Esto, pues, supuesto, y 
entrados los músicos, salió el que echaba la Loa, que ? s 
fué la que sigue: 



1 Juan Blas de Castro, amigo de Lope de Vega, que le ala- 
ba mucho. (V. Mitjana, Cancionero del siglo xvn, en «Revis- 
ta de Filología Española», 1919, pág. 248-255.) 

2 Alvaro de los Ríos, músico de cámara de la reina Mar- 
garita de Austria en 1607. (V. Mitjana, íbid., pág. 258.) 

3 No poseo datos sobre este artista. 

4 D. Antonio Hurtado de Mendoza, dramaturgo de la pri- 
mera mitad del siglo xvn, f 1644. (V. La Barrera, Catálogo, 
página 246.) Se encuentran entremeses suyos en la Nueva Bi- 
blioteca de Autores Españoles, t. xvn. 

5 El célebre entremesista toledano Luis Quiñones de Be- 
navente. 



4 



PRÓLOGO 



LOA 



Llamó Jerjes (gran monarca 
de Asiría y de Babilonia) 
a cortes, en su colonia, 
la gente que el Asia abarca. 
Y juntos en su comarca, 
desde el sagaz griego astuto 
hasta el etíope bruto, 
quiso que cada nación 
le diese un presente y don 
en vasallaje y tributo. 

Sentóse en un trono de oro, 
puesto debajo un dosel, 
con más diamantes en él 
que vió Oriente en su tesoro. 
De Fidias y Cenodoro 
labró la mano sutil 
una silla de marfil, 
perlas y oro, en que publica 
que aunque es la materia rica, 
la vence el primo buril. 

Por doce gradas de plata 
subían pasos más dignos 
que los que en sus doce signos 
da el sol, que dorallos trata. 
En fin, la labor remata 



PRÓLOGO 



5 



una punta de cristal 

en forma piramidal 

con un carbunco sobre ella, 

que imaginó ser estrella 

la máquina celestial. 

Y vestido el rey asirio 
por quitar el resplandor 
al Sol, del rico color 
que es sangre del pece tirio, 
teniendo por cetro un lirio 
de oro y zafiros bellos, 
y sobre rubios cabellos 
la real diadema, quedó 
tal, que el Sol imaginó 
tener su eclíptica en ellos. 

Con esta real apariencia 
estaba, cuando, admirados, 
le dieron todos, postrados 
con humildad, la obediencia. 
Y porque hiciese experiencia 
del amor que le tenían, 
de dos en dos le ofrecían 
los más estimados dones 
que en las diversas regiones 
del mundo sus senos crían. 

Oro le daba el arabio, 
y plata el indio remoto, 
aroma el sabeo devoto, 
cristal helado el moravio, 
púrpuras el griego sabio, 
flechas el tártaro escita, 



6 



PRÓLOGO 



el persa perla infinita, 
Judea bálsamo puro, 
seda el egipcio perjuro 
y pieles el moscovita. 

Y después que, cuanto pudo, 
mostró a Jerjes cada cual 

su ánimo liberal, 
llegó un pastor tosco y rudo, 
velloso el cuerpo, y desnudo 
lo que la piel no ocultaba 
de una onza que llevaba 
por ropa; en fin, al villano 
que habló al Senado Romano 1 
al vivo representaba. 

Y llevando un vaso tosco 
de alcornoque, de agua lleno, 
dijo, el semblante sereno: 

— «Porque mi humildad conozco, 
en fe de que reconozco 
tu grandeza, a darte vengo 
el presente que prevengo, 
que, aunque no lo estimarás, 
no debo, gran Jerjes, más 
de ofrecerte lo que tengo. 

» Entre las dádivas ricas 
de diamantes, perlas y oro 

1 Es el conocido episodio del «Villano del Danubio», in- 
vención de Guevara en su Marco Aurelio, y que dio origen a 
la fábula de La Fontaine, Le paysan du Danube. (V. Menéndez 
Pelayo, Orígenes de la novela, i, ccclxxi.) Puede leerse en 
Rivad., lxv, 1G0. 



PRÓLOGO 



7 



con que aumentas tu tesoro 
y tu majestad publicas, 
si la voluntad aplicas 
al don que te ofrezco escaso, 
podrá ser hagas dél caso, 
que el vaso de agua que ves 
de mi amor y lealtad es, 
aunque pobre, un rico vaso. 

» Engastada en él está 
mi lealtad; que el don mayor, 
no le abona su valor, 
mas la fe con que se da. 
Esta es de oro; bien podrá 
estimalla tu decoro 
e igualarla a tu tesoro, 
pues aunque es de agua su vista, 
el amor, que es alquimista, 
el agua transforma en oro.» 
Quedó Jerjes admirado 
de que en tan tosca apariencia 
se ocultase la elocuencia 
con que Tulio es celebrado. 
Y dijo: — «Más he estimado 
aquesta agua y tu humildad, 
que cuanto mi majestad 
adorna, aunque la cotejo 
con ella, porque es espejo, 
en que he visto tu lealtad. 

»A premiarte me provoco l ; 



V. Vergonzoso, act. i, v,46. 



8 



PRÓLOGO 



de Grecia te hago virrey, 
que en lo mucho tendrás ley, 
pues lo tuviste en lo poco». — 
Quedó de contento loco 
el pastor; y la grandeza 
del rey premió con largueza 
la voluntad y el afecto 
del presente y don discreto, 
que el agua fuera bajeza. 

... Ilustrísimo Senado, 
donde el cielo y la ventura 
juntó el valor y hermosura 
en el más supremo grado; 
imperio, que al godo ha dado 
inmortal y augusta silla, 
y coronando a Castilla 
su cabeza te hizo agora, 
cuando el Sol la tuya adora 
y el Tajo a tus pies humilla: 

¿Qué ha de darte un alma pobre 
de poca estima y decoro, 
pues entre méritos de oro 
halla los suyos de cobre? 
Agua te dará salobre. 
Sé Jerjes en recibilla, 
y repara al admitilla 
(sin que de vertella trates) 
que es oro de mil quilates 
el amor del que se humilla; 
que consolado me deja, 
Toledo, el que prefirió 



PRÓLOGO 



9 



al oro que el rico dió 

la blanca vil de la vieja. 

Con ella, pues, me coteja; 

y aunque mis prendas son bajas, 

me premiarás con ventajas, 5 

advirtiendo tu valor 

que el pobre es mal pagador 

y como tal paga en pajas. 

Entróse, siguiéndose tras él un baile artificioso y apa- 10 
cible, el cual concluido, comenzó la comedia, que es 
como se sigue: 



/ 



COMEDIA FAMOSA 



DEL 



VERGONZOSO EN PALACIO 



PERSONAS* DELLA 



EL DUQUE DE A VERO 
DON DUARTE, conde de Estre- 
moz. 

DOS CAZADORES 
FÍGUEREDO, criado. 
TARSO, pastor. 
MELISA, pastora. 
DORISTO, alcalde. 
MIRENO, pastor. 
LARISO, pastor. 
DENIO, pastor. 



RUY LORENZO, secrt 
VASCO, lacayo. 
DOÑA JUANA 
DOÑA MAD ALEÑA 
DON ANTONIO 
DOÑA SERAFINA 
UN PINTOR 
LAURO, viejo, pastor 
BATO, pastor. 
UN TAMBOR 



REPRESENTÓLA SÁNCHEZ** ÚNICO EN ESTE GÉNERO 

[La escena es en Avero*** y en sus cercanías.} 



* C omite entre los personajes a «Doña Madalena» —que 
figura en los mss.— y, en cambio, da como distintos al «Conde 
de Estr.» y a «Don Duarte, conde». 

** A varios actores Sánchez puede referirse Tirso: a Jeró- 
nimo Sánchez y a Fernán Sánchez de Vargas. (V. Cotarelo, 
Tirso de Molina, Madrid, 1893, pág. 217.) Rennert, The Spa- 
nish Stage, lista alfabética, trae otro Sánchez. 

*** Avero. Ciudad al N. de Lisboa. Fué capital del distrito 
de este nombre, uno de los cinco de la antigua provincia de 
Beira. El rey Alfonso V hizo merced de esta villa, en 1465, al 
hijo varón que naciese a Alfonso, hijo del duque de Braganza 



12 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



ACTO PRIMERO 



Salen el duque de Avero, viejo, y el conde de estre- 
moz, de caza. 

Duque. De industria a esta espesura retirado 
vengo de mis monteros, que siguiendo 
un jabalí ligero, nos han dado 
el lugar que pedís; aunque no entiendo 
con qué intención, confuso y alterado, 
cuando en mis bosques festejar pretendo 
vuestra venida, conde don Duarte, 
dejáis la caza por hablarme aparte. 

Conde. Basta el disimular; sacá el acero 

que, ya olvidado, os comparaba a Numa; 



Fernando I. El ducado de Avero no se creó hasta más tarde, 
en tiempo de Juan III, quien concedió el título a donjuán de 
Alencastre; el nombramiento, sin embargo, fué otorgado des- 
pués por el rey Don Sebastián, en 1557. (Sousa, Historia genea- 
lógica de Casa Real Portugueza, Lisboa, 1737, t. ni, pág. 493.) 

10. Los mss.: que ya obligado, lo que es quizá preferible a 
la lección de C. El nombre del rey romano Numa se citaba 
usualmente para simbolizar la virtud y la piedad de los reyes y 
grandes señores, por la religiosidad que legendariamente se le 
venía atribuyendo. Comp.: «Cuelga la espada, valeroso prín- 
cipe, | en tanto que tus reinos y vasallos | están en blanda paz 
gozando a Numa». (Lope, Comendadores de Córdoba, edi- 
ción Acad., xi, 270 a y 283 a.) «A Portugal me vengo, | llego 
a tus plantas , Numa generoso; | dejo un rey riguroso, hallo 
un piadoso». (Rojas, Santa Isabel, Rivad. , liv, 260 b), 



vv. 1-29 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 



13 



que el que desnudo veis, duque de Avero, 
os dará la respuesta en breve suma. 
De lengua al agraviado caballero 
ha de servir la espada, no la pluma, 
que muda dice a voces vuestra mengua. 

(Echan mano) *. 

Duque. Lengua es la espada, pues parece lengua; 

y pues con ella estáis, y así os provoca 
a dar quejas de mí, puesto que en vano, 
refrenando las lenguas de la boca, 
hablen solas las lenguas de la mano, 
si la ocasión que os doy (que será poca 
para ese enojo poco cortesano), 
a que primero la digáis no os mueve; 
pues mi valor ningún agravio os debe. 

Conde. ¡Bueno es que así disimuléis los daños 
que contra vos el cielo manifiesta! 

Duque. ¿Qué daños, conde? 

Conde. Si en ios largos años 

de vuestra edad prolija, agora apresta, 
duque de Avero, excusas, no hay engaños 



* Sobreentiéndase «a las armas». Aun se dice rústicamente 
«meter mano», en sentido análogo. 

18. Puesto que, significando 'aunque', se encuentra en Cer- 
vantes y otros autores del tiempo. «En verdad que no sé 
dónde cae la Peña de Francia, puesto que sé que está más arri- 
ba de Salamanca». (Cervantes, Gitanilía,eáic. Bibl. Románica, 
pág. 80.)— Comp. v. 350.— Mss., pienso que. 

23. La se refiere a queja, v. 18. 

28-29. Anacoluto, o sea ruptura de la ilación gramatical: el 
sujeto de apresta es edad prolija. 



TIRSO DE MOLINA 



ACT, I 



que puedan convencerme; la respuesta 

que me pedís ese papel la afirma 

con vuestro sello, vuestra letra y firma. 

(Arrójale.) 
Tomalde, pues es vuestro; que el criado 
que sobornastes para darme muerte 
es, en lealtad, de bronce, y no ha bastado 
vuestro interés contra su muro fuerte. 
Por escrito mandastes que en rni estado 
me quitase la vida, y, desta suerte, 
no os espantéis que diga, y lo presuma, 
que, en vez de espada, ejercitáis la pluma. 

Duque. ¡Yo mandaros matar! 

Conde. Aqueste sello, 

¿no es vuestro? 

Duque. Sí. 

Conde, ¿Podéis negar tompoco 

aquesa firma? Ved si me querello 
con justa causa. 

Duque. ¿Estoy despierto o loco? 

Conde. Leed ese papel; que con leello 

veréis cuán justamente me provoco 
a tomar la venganza por mis manos. 

Duque. ¿Qué enredo es este, cielos soberanos? (Lee el 
duque la carta.) 

46. Me provoco, 'me muevo, me incito'. Comp. «Como aman- 
te ofendido y como hermano | a locura y venganza me provo- 
cas» {Venganza de Tamar, n, 8); y «a que adviertas, te pro- 
voco | que está Amón de amores loco» (Id., 11, 7); «¡Ley tan 
terrible | de honor, a quien me provoco | a emprender >. (Bur- 
lador,!^. 340.) 



vv. 30-70 EL VERGONZOSO EÑ PALACIO 15 



«Para satisfación de algunos agravios, que 
>con la muerte del conde de Estremoz se pue- 
»den remediar, no hallo otro medio mejor 
»que la confianza que en vos tengo pues- 
ta; y para que salga verdadera, me importa, 
»pues sois su camarero, seáis también el 
> ejecutor de mi venganza; cumplilda, y ve- 
»níos a mi estado; que en él estaréis seguro, 
»y con el premio que merece el peligro a que 
»os ponéis por mi causa. Sírvaos esta carta de 
^creencia, y dádsela a quien os la lleva, ad- 
» virtiendo lo que importa la brevedad y el se- 
»creto. De mi villa de Avero, a 12 de marzo 
»de 1400 años. — El Duque.» 

Conde. No sé que injuria os haya jamás hecho 

la casa de Estrsmoz, de quien soy conde, 

para degenerar del noble pecho 

que a vuestra antigua sangre corresponde. 

Duque. Si no es que algún traidor ha contrahecho 
mi firma y sello, falso, en quien se esconde 
algún secreto enojo, con que intenta 
con vuestra muerte mi perpetua afrenta, 



59. Carta de creencia 'credencial'. Comp. «Levantóse lue- 
go el conde | una carta fué a mostrar, | la cual era de creen- 
cia, | dióla en manos al Roldán». (Romance de Valdovinos, 
Rivad., x, 213). Dádsela, se refiere, sin embargo, sólo a creen- 
cia. El sentido es: 'Sírvaos esta carta de garantía, y dad cré- 
dito quien os la lleva'. 

64. Era frecuente usar quien con antecedente de cosa. 



[6 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



vive el cielo, que sabe mi inocencia, 
y conoce el autor deste delito, 
que jamás en ausencia o en presencia, 
por obra, por palabra o por escrito, 
procuré vuestro daño: a la experiencia, 
si queréis aguardarla, me remito; 
que, con su ayuda, en esta misma tarde 
tengo de descubrir su autor cobarde. 

Confieso la razón que habéis tenido; 
y hasta dejaros, conde, satisfecho, 
que suspendáis el justo enojo os pido, 
y soseguéis el alterado pecho. 
Conde. Yo soy contento, duque; persuadido 

me dejáis algún tanto. 
Duque. (Aparte,) Yo sospecho 

quién ha sido el autor de aqueste insulto 
que con mi firma y sello viene oculto; 

pero antes de que dé fin hoy a la caza, 
descubriré quién fueron los traidores. 

Salen dos Cazadores. 

C. i.° {Famoso jabalí! 

C 2.° Dímosle caza, 

y, a pesar de los perros corredores, 
hicieron sus colmillos ancha plaza, 
y escapóse. 



88. Quien, concertando en número con su antecedente, no 
se emplea hasta el siglo xvi. Se generalizó luego el plural, que 
el gramático Salazar calificaba aún de inelegante en 1622. 

89. Así los mss.; C, démosle. 



vv. 71-110 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 



17 



Duque. Estos son mis cazadores. 

Amigos... 
C. i.° iOh, señor! 

Duque. No habréis dejado 

a vida jabalí, corzo o venado. 
¿Hay mucha presa? 
C. 2. Habrá la suficiente 

para que tus acémilas no tornen 

vacías. 

Duque. ¿Qué se ha muerto? 

C. 2. Más de veinte 

coronados venados, porque adornen 
las puertas de palacio con su frente, 
y porque en ellos, cuando a Avero tornen, 
originales vean sus traslados, 
que en figuras de hombres son venados; 

tres jabalíes y un oso temerario, 
sin la caza menor, porque esa espanta. 

Duque. Mátase en este bosque de ordinario 
gran suma della. 

C. i.° No hay mata ni planta 

que no la críe. 

Sale Figueredo. 

Figuer. [Ap.] ¡Oh falso secretario! 

Duque. ¿Qué es esto? ¿Dónde vas con priesa tanta? 

Figuer. ¡Gracias a Dios, señor, que hallarte puedo! 

Duque. ¿Qué alboroto es aqueste, Figueredo? 



102. Entiéndase «aquellos que en figura» 



2 



iS 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Figuer. Una traición habernos descubierto, 



que por tu secretario aleve urdida, 
al conde de Estremoz hubiera muerto, 
si llegara la noche. 



de su enojo y venganza mal cumplida. 

Engañé la hermosura de Leonela, 

su hermana, y, alcanzada, desprecióla. 



Duque. ¡Gracias al cielo, que por la justicia 



del inocente vuelve! Y ¿de qué suerte 
se supo la traición de su malicia? 



Figuer. Llamó en secreto un mozo pobre y fuerte, 



y, como puede tanto la codicia, 
prometióle, si al conde daba muerte, 
enriquecerle; y, para asegurarle, 
dijo que tú, señor, hacías matarle. 

Pudo el vil interés manchar su fama: 
aquesta noche prometió, en efeto, 
cumplillo; mas amaba, que es quien ama 
pródigo de su hacienda y su secreto. 
Dicen que suele ser potro la cama 
donde hace confesar al más discreto 
una mujer que da a la lengua y boca 
tormento, no de cuerda, mas de toca. 



Conde. 
Figuer. 



¿A mí? 



La vida 



me debéis, conde. 
Conde. {Aparte.) 



Ya la causa advierto 



134. Así los mss.; C, loca— Juego de palabras entre toca, 
'tocar' y la toca usada en el tormento de este nombre, que con- 
sistía en poner sobre la cara, tapando las narices, una toca o 



vv. m-158 EL VERGONZOSO EN PALACIO 



19 



Declaróla el concierto que había hecho, 
y encargóla el secreto; mas como era 
el güésped grande, el aposento estrecho, 
tuvo dolores hasta echalle fuera. 
Concibió por ia oreja; parió el pecho 
por la boca, y fué el parto de manera 
que, cuando el sol doraba el mediodía, 
ya toda Avero la traición sabía. 

Prendió al parlero mozo la justicia, 
y Ruy Lorenzo huyó con un criado, 
cómplice en las traiciones y malicia, 
que el delincuente preso ha confesado. 
Desto te vengo a dar, señor, noticia. 
Duque. ¿Veis, conde, cómo el cielo ha averiguado 
todo el caso, y mi honra satisfizo? 
Ruy Lorenzo mi firma contrahizo. 

Averiguar primero las verdades, 
conde, que despeñarse, fué prudencia 
de sabias y discretas calidades. 
Conde. No sé qué le responda a vueselencia: 
sólo que, de un ministro, en falsedades 
diestro, pudo causar a mi impaciencia 
el engaño que agora siento en suma; 
mas, ¿qué no engañará una falsa pluma? 



gasa, y en echar a través de ella agua a la boca. (V. R. Marín, 
edic. Quijote, 1916, t. u, pág. 186.) Comp. «¡Gentil ánimo para 
gitano! ¿Cómo podréis, Andrés, sufrir el tormento de toca, pues 
no podéis llevar el de un papel? (Cervantes, La Gitanilla, 
ed. clás. cast., pág. 62.) 

151. Los mss. omiten desde el v. 151 al 172. 

155. Sobreentiéndase: «Sólo sé que la pluma de un ministro» 



20 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Duque. Yo miraré desde hoy a quien recibo 

por secretario. 
Conde. Si el fiar secretos 

importa tanto, ya yo me apercibo 

a elegir más leales que discretos. 
Duque. Milagro, conde, fué dejaros vivo. 
Conde. La traición ocasiona estos efetos: 

[huyó] la deslealtad, y la luz pura 

de la verdad, señor, quedó segura. 

¡Válgame el cielo! ;Qué dichoso he sido! 
Duque. Para un traidor que en esto se desvela, 

todo es poco. 
Conde. Perdón humilde os pido. 

Duque. A cualquiera engañara su cautela: 

disculpado estáis, conde. 
Conde. (Aparte) Aquesto ha urdido 

la mujeril venganza de Leonela; 

pero importa que el duque esté ignorante 

de la ocasión que tuvo, aunque bastante. 
Duque. Pésame que el autor de aqueste exceso 

huyese. Pero vamos; que buscalle 

haré de suerte que, al que muerto o preso 

le trujere, prometo de entregalle 

la hacienda que dejó. 
C. 2.° Si ofreces eso 

no habrá quien no le siga. 
Duque. Verá dalle 

todo este reino un ejemplar castigo. 



160 



165 



165. Correcc. de H.; C, hizo. 



w. 159-185 EL VERGONZOSO EN PALACIO 21 



Conde. La vida os debo; pagaréla, amigo. 

(Vanse.) 



Salen Tarso y Melisa, pastores. 

Melisa. ¿Así me dejas, traidor? 
Tarso. Melisa: doma otros potros; 

que ya no me hace quillotros 185 



185. «Un quillotro decían antiguamente en Castilla por lo 
que acá [en Italia] decís un cotal; ya no se dice de ninguna ma- 
nera... ni es menester, porque aquel quillotro no servía sino de 
arrimadero para los que no sabían o no se acordaban del vo- 
cablo de la cosa que querían decir.» (Valdés, Diálogo de la 
lengua, edic. Bohmer, pág. 389; en la reimpresión de Moreno 
Villa, pág. 175.) En el lengnaje rústico debió vivir más tiempo, 
y en el teatro aparece desde el comienzo. Significa 'algo': 
«Ora débele un quellotro, y verás cómo te acusa» (Encina, Re- 
pelón, v. 79); 'lío, enredo': «dend'ahuera habrareys, | ño ten- 
gays estos quellotros (Ib.,v. 294); 'trazas, mañas': «¿Parece- 
lle a su mercé | que las labradoras usan | quillotros de amor in- 
fame, | si no es con voluntad lumpia». (Villana de Vallecas, 
Rivad., v, 55 a.) De quellotro sale quellotrar, 'enamorar' (To- 
rres Naharro, Propaladla, 1, 136); «en mi vida vi garzón | 
más apuesto y más garrido: | en sueños me ha quillotrado | el 
pecho» (Gallega Mari Hernández, Rivad., v, 113 b). «De esa, 
pues, se enquillotró nueso Arquillas, | de manera... | que con 
ella se emboscó por una alameda oscura» (El Aquiles, NBAE, 
ix, 126 b). Tirso forma el derivado quillotrador: «¡que en tan 
mata cara hubiera | tan quillotrador donaire! ( Gallega M. Her- 
nández, Rivad., v, 115 c). Significó también 'lamentar, ape- 
nar': «roguemos | por su vida; | que forzada es la partida | por 
más que nos quellotremos». (Encina, Eglogas, ed. Acad., pági- 
na 62.) «Que bien siento | que sentirá gran tormento | en que- 



11 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



en el alma vueso amor. 

Con la ausencia de medio año 
que ha que ni os busco ni os veo, 
curó el tiempo mi deseo, 
la enfermedad de un engaño. 

Dándole a mis celos dieta, 
estoy bueno poco a poco; 
ya, Melisa, no só loco, 
porque ya no so poeta. 

jLas copras que a cada paso 
os hice! jHuego de Dios 
en ellas, en mí y en vos! 
¡Si de subir al Parnaso 

por sus musas de alquiler 
me he quedado despeado! 
¡Qué de nombres que os he dado! 
luna, estrella, locifer... 

¿Qué tenéis bueno, Melisa, 
que no alabase mi canto? 



llotranza tan cruda». (Ib., pág. 63.) Significa 'empeñarse en ha- 
cer algo* en Lope, Novios de Hor riachuelos, ed. Acad., pá- 
gina 52 (v. también íbid., págs. 53 b y 65 b).— Con lo anterior se 
comprenderán los sentidos de estas palabras en El vergonzo- 
so, I, 582, 750; III, 278, 279. 

186. Así los mss.; C, con el alma. 

191. Así los mss.; C, dando. 

199. Los mss., malas; hay, en efecto, aquí una alusión a las 
muías de alquiler, de cuya incomodidad era lugar común ha- 
blar. (V. Teatro antiguo español, ii, páginas 58 y 232.) «En 
dos muías nos trajeron, I por mejor decir batanes.» (Desde To- 
ledo a Madrid, Rivad., v. 485 b.) 



w. 186-226 EL VERGONZOSO EN PALACIO 2$ 



Copras os compuse al llanto, 
copras os hice a la risa, 

copras al dulce mirar, 
al suspirar, al toser, 
al callar, al responder, 
al asentarse, al andar, 
al branco color, al prieto, 
a vuesos desdenes locos, 
al escopir; y a los mocos 
pienso que os hice un soneto. 

Ya me salí del garlito 
do me cogistes, par Dios; 
que no se me da por vos, 
ni por vueso amor, un pito. 
Melisa. ¡Ay Tarso, Tarso, en efeto 
hombre, que es decir olvido! 
¿Que una ausencia haya podido 
hacer perderme el respeto 

a mí, Tarso? 
Tarso. A vos, y a Judas. 

Sois mudable: ¿qué queréis, 
si en señal deso os ponéis 
en la cara tantas mudas? 



226. Mudas, 'afeites que se ponían las mujeres en la cara'. 
En una égloga de Juan del Encina, la pastora Menga dice: «Ca- 
ta que yo no sabré | ser para ser del palacio». Pascuala la di- 
suade: «Calla, que des que haya espacio | yo, Menga, te mos- 
traré, | y el rostro te curaré | porque mudes la pelleja, | y te 
pelaré la ceja: | muy gentil te pararé... | No pienses tú, com- 
pañera, | que son estas curas crudas; | no son sino blandas 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Melisa. Así, mis prendas me torna, 

mis cintas y mis cabellos. 
Tarso. ¿Luego pensáis que con ellos 
mi pecho ó zurrón se adorna? 

{Qué boba! Que a estar yo ciego 
trujera conmigo el daño. 
Ya, Melisa, habrá medio año 
que con todo di en el huego. 

Cabellos que fueron lazos 
de mi esperanza crueles, 
listones, rosas, papeles, 
baratijas y embarazos, 

todo el huego lo deshizo, 

mudas, | y una cosa muy ligera». (Edic. Acad., pág. 124.) Cer- 
vantes habla de «botecillo de mudas para la cara» ( Quij., i, 20); 
«tiene... el rostro martirizado con mil suertes de menjurges y 
mudas» (Ibídem, n, 39.) «Por eso otras que se pintan | de ma- 
tices diferentes, | no sólo se mudan, pero | se enmudan con 
los afeites». (Calderón, Darlo todo..., n, 23.) «Maravillas | ha- 
céis las mujeres, raras, | pues de cuatro salserillas | sabéis 
sacar veinte caras». (Villana de Vallecas, m, 2.) «Sáqueme de 
aquesta duda, | recetaréle una muda | para ese rostro gallar- 
do». (Chinchilla a Lucrecia, Castigo del penseque, I, 5.) 
Dice Mad. de Motteville (Mémoirs, vol. i, pág. 36), a propó- 
sito de Ana de Austria, mujer de Luis XIII, «que tenía el de- 
fecto de ponerse demasiado colorete, según la moda españo- 
la». Mad. d'Aulnoy cuenta que las señoras que asistían a una 
representación en Vitoria «tenían gran cantidad de colorete, 
desde debajo de los ojos hasta la barba y las orejas, como 
también en los ojos y en las manos»). Voyage d'Espagne, pá- 
g ina 43, edic. París, 1874. V. también páginas 249 y 283, y para 
oircs datos, R. Marín, en Quijote, 1916, ti, 115. Maccoll, en 
su edic. de Calderón, pág. 21, nota 40.) 
231. C, ca estar. Los mss., o que boba estáis yo ciego. 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 25 



porque hechizó mi sosiego; 

pues suele echarse en el huego, 

porque no empezca, el hechizo. 
Hasta el zurrón di a la brasa 

do guardé mis desatinos; 

que por quemar los vecinos 

se pega huego a la casa. 
Melisa. ¿Esto he de sufrir? ¡Ay, cielo! (Llora.) 
Tarso. Aunque lloréis un diluvio; 

tenéis el cabello rubio, 

no hay que fiar dése pelo. 



249-250. Estaba extendidísima la creencia de que los peli- 
rrubios o pelirrojos (V. Revista de Filología, vi, 293) eran fal- 
sos y engañosos. Se atribuía esto a su semejanza con Judas, al 
que se suponía pelirrojo. A las de este color llaman «pelijúas» 
en algunas partes de Andalucía. Comp. «Hay... hoy en el salón 
en presencia de S. M. Academia de poetas, que... han de hablar 
versos sobre las materias propuestas. Una de ellas es: «¿Por 
»qué a Judas pintan con barba rubia?» (En Rodríguez Villa, 
La Corte y monarquía de España en 1636 y 37, pág. 103.) 
Pero ésta es una explicación a posteriori, siendo así que la 
creencia es universal, y va unida a infinidad de supersticiones, 
sin ninguna relación con Judas. La revista de folklore, Mélu- 
sine, m, 1886, dice a este propósito: «Los hombres de pelo ro- 
jo son excepción en todos los países, y de ahí procede que 
el pueblo atribuyese a ese signo algo de particular y lo asocia- 
se a malas cualidades». (Col. 415.) Entre «los asumptos que 
se han de escrivir para la academia que se ha de celebrar 
en Buen Retiro» (Academia Burlesca que se hizo en Buen 
Retiro a la Majestad de Philipo Quarto..., publicada por 
A. Morel-Fatio en UEspagne au xvie e au xvne siecle, 
página 612) figuran «Diez y seis redondillas de pie que- 
brado a una alcagueta que se moría muy consolada de que 



26 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Melisa. 
Tarso . 



Ya os conozco, que sois fina. 
¡Pues no me habéis de engañar, 
par Dios, aunque os vea llorar 
los tuétanos y la orina! 
¡Traidor! 



¡Verá la embinción! 



Enjugad los arcaduces; 



no quedaban hombres de provecho en el mundo, y, estan- 
do cerca de espirar, llegó un mancebo a visitalla, y rezivién- 
dole con alborozo, le dijo: «amigo, a buen tiempo vienes, que 
»ay dentro están dos muchachas como dos oros, una pelinegra 
»y otra pelirrubia». Y dudando de la elecjón en la que avia de 
querer el cavallero, le replicó la casi difunta: «Hijo, sobre mi 
>alma, a la pelinegra; que no estoy en tiempo de engañar a na- 
die». Y ase dilatado tanto el casso, porque dice un moderno 
ques historia berdadera». «En obillexo, que no exceda de 
treinta y dos bersos, que si no se save que Judas fuese berme- 
jo, ¿en qué se fundó el primero que le pintó rubio?» Comp. tam- 
bién: «No hay criado en su palacio que no sea de algún defecto 
notado... y aun si es bermejo no escapa de malicioso». (Gue- 
vara, Menosprecio de Corte, ed. clás. cast., pág. 255.) «Barbi- 
negro es el garzón | y fidalgo; que acá son los jodíos barbirro- 
jos». (Gallega Mari Hernández, Rivad., v, 114 a.) «Un man- 
cebo la acompaña | que es... bermejo de anatema». (Rojas, Pe- 
ligrar en los remedios, Rivad., nv, 354 b.) 

Los refranes reflejan bien esta superstición: «Asno cojo, y 
hombre rojo, y el demuño, todo es uno»; «en ruin ganado poco 
hay que escoger; y en barba roja menos que creer». «Rubio 
arrubiado, nunca fué sino falso». (Correas, páginas 54 y 483.) 
«Rojo de pelo, negro de rostro, tuerto de un ojo, cojo de un 
pie, si vos sois bueno mucho haréis.» (Sbarbi, Monografía, 
refranes, pág. 344.) 

255. embinción, 'invención'. 



EL VERGONZOSO EN PALACIO ¿7 



Melisa. 
Tarso . 
Melisa. 
Tarso. 

Melisa. 

Tarso. 

Melisa. 

Tarso. 

Melisa. 



Tarso. 

Melisa. 

Tarso. 



que hacéis el llanto a dos luces, 
como candil de mesón. 

Yo me vengaré, cruel. 
¿Cómo? 

Casándome, ingrato. 
Eso es tomar el zapato, 
y daros luego con él. 
Vete de aquí. 

Que me place. 
¿Que te vas desa manera? 
¿No lo veis? Andando. 

Espera. 
¿Mas que sé de dónde nace 
tu desamor? 

¿Mas que no? 
Celillos son de Mireno. 
¿Yo celillos? ¡Oh, qué bueno! 
Ya ese tiempo se acabó. 

Mireno, el hijo de Lauro, 
a quien sirvo, y cuyo pan 
como, es discreto y galán, 
y como tal le restauro 



260 



270 



257-58. Tirso compara los ojos a las dos mechas de un can- 
dil, el cual podía tener más de una. (V. Dice, de autor.) 

266. mas que: '¡a que!' Comp. «¡Mas que a dormir se ha de ir 
también... con nosotros!» (Burlador, \u, 48.) Originariamente la 
expresión sería: ¿mas qué apuestas que...? 

274. restaurar, 'conceder, restablecer a una persona en el 
afecto que tenía a otra'. Comp. «Carreño, asentar conviene | 
si he de darme a conocer | y a mi prima restaurarle, | o si ten- 
go de dejarle». (Desde Toledo a Madrid, Rivad., v, 486 b.) 



28 



TIRSO DE MOLINA 



A.CT. I 



vuestro amor; mas yo le miro 
tan libre, que en la ribera 
no hallaréis quien se prefiera 
a hacelle dar un suspiro. 

Trujóle su padre aquí 
pequeño, y bien sabéis vos 
que murmuran más de dos, 
aunque vive y anda así, 

que debajo del sayal 
que le sirve de corteza 
se encubre alguna nobleza 
con que se honra Portugal. 

No hay pastor en todo el Miño 
que no le quiera y respete, 
ni libertad que no inquiete 
como a vos; mas ved qué aliño, 

si la suerte hacelle quiso 
tan desdeñoso y cruel, 
que hay dos mil Ecos por él 
de quien es sordo Narciso. 



277. preferirse y 'ser capaz de algo, ofrecerse a hacer una 
cosa\ (V. BurL, 11, 88.) 

283-284. Recuérdese el refrán «Debajo del sayal hay al», 
'debajo del traje humilde se oculta nobleza'. Comp. m, 43-44. 

293-294. Eco, hija del Aire y de la Tierra, distraía a Juno 
con su conversación seductora, mientras que Júpiter se solaza- 
ba con las otras ninfas de su esposa. Esta se venga condenán- 
dola a no poder pronunciar sino las últimas sílabas de las pa- 
labras. Eco vaga por los bosques y se enamora locamente de 
Narciso, cuyos desdenes la hacen consumirse hasta el punto de 
quedar reducida a los huesos primero y luego a roca: sólo su 
voz sobrevive. Narciso, a su vez, sufre el castigo de enamo» 



w. 275-312 EL VERGONZOSO EN PALACIO 



20 



Melisa. 

Tarso. 

Melisa. 

Tarso. 
Melisa. 



Tarso. 
Melisa. 



Tarso. 



Como os veis dél despreciada, 
agora os venís acá; 
mas no entraréis; porque está 
el alma a puerta cerrada. 
En fin: ¿no me quieres? 

No. 

Pues, para ésta, de un ingrato, 
que yo castigue tu trato. 
¿Castigarme a mí vos? 

Yo: 

presto verás, fementido, 
si te doy más de un cuidado; 
que nunca el hombre rogado 
ama como aborrecido. 
Bueno. 

Verás lo que pasa: 
celos te dará un pastor; 
que, cuando se pierde amor, 
ellos le vuelven a «casa. 
¿Sí? Andad. Echóme a temer 
alguna burla, aunque hablo; 



295 



300 



( Vase.) 



rarse de su imagen reflejada en las fuentes, amor insensato que 
le causa la muerte. (V. Ovidio, Metamorfosis, lib. ni.) 

300. para, en juramentos, significa 'por'. Quizá de un sea 
una falta por don, a pesar de que C y los mss. coincidan; y el 
sentido sería: 'por esta cruz que hago, don ingrato', etcétera. 
(V. R. Marín, en Quijote, 1916, 11, 217, para este uso de don.) 
Comp. «pues, para ésta, farfullero, | que yo me sepa vengar» 
(Gallega Mari Hernández, Rivad., v, 123 a). «Para ésta con 
que me signo, | que ñunca a la villa vaya» (Encina, Repelón, 
edición Acad., pág. 234.) 



30 TIRSO DE MOLINA ACT. I 

que no tendrá miedo al diablo 
quien no teme a una mujer. 

Sale Mireno, pastor. 

Mirenc. ¿Es Tarso? 

Tarso. ¡Oh, Mireno! Soy 

tu amigo fiel, si este nombre 

merece tener un hombre 

que te sirve. 
Mireno. Todo hoy 

te ando a buscar. 
Tarso. Melisa 

me ha detenido aquí un hora; 

y cuanto más por mí llora, 

más me muero yo de risa. 
Pero ¿qué hay de nuevo? 
Mireno. Amigo: 

la mucha satisfación 

que tengo de tu afición 

me obliga a tratar contigo 
lo que, a no quererte tanto, 

ejecutara sin ti. 
Tarso. De ver que me hables así, 

por ser tan nuevo, me espanto. 
Contigo, desde pequeño, 

me crió Lauro, y aunque, 

según mi edad, ya podré 

gobernar casa y ser dueño, 



325. C, por errata, Tirso, 



í 313-360 EL VERGONZOSO EN PALACIO 31 



quiero más, por el amor 
que ha tanto que te he cobrado, 
ser en tu casa criado, 
que en la mía ser señor. 
Mireno. En fe de haber descubierto 
mi experiencia que es así, 
y hallar, Tarso, ingenio en ti, 
puesto que humilde, despierto, 

pretendo en tu compañía 
probar si, hasta donde alcanza 
la barra de mi esperanza, 
llega la ventura mía. 

Mucho ha que me tiene triste 
mi altiva imaginación, 
cuya soberbia ambición 
no sé en qué estriba o consiste. 

Considero algunos ratos 
que los cielos, que pudieron 
hacerme noble, y me hicieron 
un pastor, fueron ingratos; 

y que, pues con tal bajeza 
me acobardo y avergüenzo, 
puedo poco, pues no venzo 
mi misma naturaleza. 

Tanto el pensamiento cava 
en esto, que ha habido vez 

342. V. n. 18, sobre puesto que. 

345. Es decir, que va a lanzar su esperanza como la barra 
eji el juego de este nombre. Comp. «Mi esperanza... aunque la 
barra tiró | cuanto pudo, la rompió | mi mortal desconfianza». 
( Castigo del penséque, Rivad., v, 84 a.) 



12 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



que, afrentando la vejez 
de Lauro, mi padre, estaba 
por dudar si soy su hijo 
o si me hurtó a algún señor; 
aunque de su mucho amor 
mi necio engaño colijo. 

Mil veces, estando a solas, 
le he preguntado si acaso 
el mundo, que a cada paso 
honras anega en sus olas, 

le sublimó a su alto asiento 
y derribó del lugar 
que intenta otra vez cobrar 
mi atrevido pensamiento; 

porque el ser advenedizo 
aquí anima mi opinión, 
y su mucha discreción 
dice claro que es postizo 

su grosero oficio y traje, 
por más que en él se reporte, 
pues más es para la corte 
que los montes, su lenguaje. 

Siempre, Tarso, ha mologrado 
estas imaginaciones, 
y con largas digresiones 
mil sucesos me ha contado, 

que todos paran en ser, 
contras mis intentos vanos, 
progenitores villanos 
los que me dieron el ser. 

Esto, que había de humillarme, 



w. 361-417 EL VERGONZOSO EN PALACIO 33 



con tal violencia me altera, 

que desta vida grosera 

me ha forzado a desterrarme; 

y que a buscar me desmande 
lo que mi estrella destina, 
que a cosas grandes me inclina 
y algún bien me aguarda grande; 

que, si tan pobre nací 
como el hado me crió, 
cuanto más me hiciere yo, 
más vendré a deberme a mí. 

Si quieres participar 
de mis males o mis bienes, 
buena ocasión, Tarso, tienes; 
déjame de aconsejar 

y determínate luego. 
Tarso. Para mí bástame el verte, 
Mireno, de aquesa suerte: 
ni te aconsejo ni ruego; 

discreto eres; estodiado 
has con el cura; yo quiero 
seguirte, aunque considero 
de Lauro el nuevo cuidado. 
Mireno, Tarso: si dichoso soy, 

yo espero en Dios de trocar 
en contento su pesar. 



407. determínate, 'decídete' no era propio, como hoy, de 
la lengua más culta; comp. el and. «¡atermínate!», 'atrévete', 
heredero de aquel uso. 

416. Así los mss.; C, en trocar. 



34 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



¿Cuándo has de irte? 

Luego. 

¿Hoy? 

Al punto. 

Y ¿con qué dinero? 
De dos bueyes que vendí 
lo que basta llevo aquí. 
Vamos derechos a A vero, 

y compraréte una espada 
y un sombrero. 

{Plegué a Dios 
que no volvamos los dos 
como perro con pedrada! (Vanse.) 

[Otro punto del bosque .] 

Salen Ruy Lorenzo y Vasco, lacayo. 

Vasco. Señor: vuélvete al bosque, pues conoces 
que apenas estaremos aquí un hora 
cuando las postas nos darán alcance; 
y los villanos destas caserías, 
que nos buscan cual galgos a las liebres, 
si nos cogen, harán la remembranza 
de Cristo y su prisión hoy con nosotros; 
y quedaremos, por nuestros pecados, 
en vez de remembrados, desmembrados. 

Ruy. Ya, Vasco, es imposible que la vida 

podamos conservar; pues cuando el cielo 



425. Así los mss.; C, que nos. 
437. Cuando, 'aun cuando', 



Tarso. 

Mireno. 

Tarso. 

Mireno. 

Tarso. 

Mireno. 



Tarso. 



. 418-461 EL VERGONZOSO EN PALACIO 35 



nos librase de tantos que nos buscan, 
el hambre vil, que con infames armas 
debilita las fuerzas más robustas, 440 
nos tiene de entregar al duque fiero. 

Vasco. Para el hambre y sus armas no hay acero. 

Ruy. Por vengar la deshonra de mi hermana, 
que el conde de Estremoz tiene usurpada, 
su firma en una carta contrahice; 44» 
y, saliéndome inútil esta traza, 
busqué quien con su muerte me vengase; 
mas nada se le cumple al desdichado, 
y, pues lo soy, acabe con la vida, [pada. 
que no es bien muera de hambre habiendo es- 

Vasco. ¿Es posible que un hombre que ce tiene 
por hombre, como tú, hecho y derecho, 
quisiese averiguar por tales medios 
si fué forzada u no tu hermana? Dime: 
¿piensas de veras que en el mundo ha habido m 
mujer forzada? 

Ruy. ¿Agora dudas de eso? 

¿No están llenos los libros, las historias 
y las pinturas de violentos raptos 
y forzosos estupros, que no cuento? 

Vasco. Riyérame a no ver que aquesta noche 46« 
los dos habernos de cenar con Cristo, 



456. Comp. «Rióme yo de que digan | que ha habido mujer 
forzada | desde Elena, la robada». (Villana de Vallecas, Riva- 
deneyra, v, 50 c.) «Las más que han sido .forzadas | han men- 
tido contra sí>. (Lope, Los novios de Hornachuelos, edición 
Acad., pág. 49.) 



J6 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



aunque hacer colación me contentara 

en el mundo, y a oscuras me acostara. 

Ven acá: si Leonela no quisiera 

dejar coger las uvas de su viña, 465 

¿no se pudiera hacer toda un ovillo, 

como hace el erizo, y a puñadas, 

aruños, coces, gritos, y a bocados, 

dejar burlado a quien su honor maltrata, 

en pie su fama y el melón sin cata? +7° 

Defiéndese una yegua en medio un campo 

de toda una caterva de rocines, 

sin poderse quejar «¡Aquí del cielo, 

que me quitan mi honra!», como puede 

una mujer honrada en aquel trance; 475 

escápase una gata como el puño 

de un gato zurdo y otro carirromo 

por los caramanchones y tejados 

con sólo decir miao y echar un fufo; 

y ¿quieren estas daifas persuadirnos 480 

que no pueden guardar sus pertenencias 

de peligros noturnos? Yo aseguro, 

si como echa a galeras la justicia 



477. Lo romo de la cara de un gato, asociado a su valentía, 
se halla en Lope de Vega, Gatomaquia, silva i: «vino un gato 
valiente, | de hocico agudo y de narices romo»; y en Quevedo, 
Parnaso Español, Rivad., lxix, pág. 208 a, «un gato romano, | 
tan aguileño de uñas | cuanto de nances chato». Un gato zurdo 
puede ser temible: «A Tomizas, en fin, la diligencia | valió una 
manotada con la zurda | que cuando no le aturda, | no es 
poco para zurda manotada | que le dejó la cara desgatada». 
(Gatom., silva iv.) 



w 462-500 EL VERGONZOSO EN PALACIO 



37 



400 



los forzados, echara las forzadas, 

que hubiera menos, y ésas más honradas. 4«¿ 



Salen Tarso y Mireno. 

Tarso. Jurómela Melisa: ¡lindo cuento 

será el ver que la he dado cantonada! 

Mireno. Mal pagaste su amor. 

Tarso. Dala a Pilatos, 

que es más mudable que hato de gitanos: 
más arrequives tienen sus amores 
que todo un canto de órgano; no quiero 
sino seguirte a ti por mar y tierra, 
y trocar los amores por la guerra. 

Ruy. Gente suena. 

Vasco. Es verdad; y aun en mis calzas 

se han sonado de miedo las narices 
del rostro circular, romadizadas. 

Ruy. Perdidos somos. 

Vasco. ¡Santos estrellados! 

Doleos de quien de miedo está en tortilla; 
y, si hay algún devoto de lacayos, 
sáqueme de este aprieto, y yo le juro 



487. Cantonada, como hoy 'esquinazo'. «Di cantonada, y 
emboquéme por una callejuela». (Quev., Buscón, edic. clási- 
cos CASTELLANOS, pág. 84.) 

495. Esta cobardía mal oliente del gracioso es un lugar co- 
mún en el drama clásico. 

498. Juego de vocablos entre «santos del cielo o de las es- 
trellas» y «huevos estrellados». Comp. «Por esta estrella her- 
mosa | morimos como huevos estrellados, | mejor fuera en tor- 
tilla.» (Lope, Estrella de Sevilla, Rivad., xxiv, 140 c.) 



38 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Ruy. 



Vasco. 
Ruy. 

Vasco. 

Ruy. 

MlRENO. 



Ruy. 

MlRENO. 



Ruy. 



de colgalle mis calzas a la puerta 
de su templo, en lavándolas diez veces 
y limpiando la cera de sus barrios; 
que, aunque las enceró mi pena fiera, 
no es buena para ofrendas esta cera. 
Sosiégate; que solos dos villanos, 
sin armas defensivas ni ofensivas, 
poco mal han de hacernos. 

j Plegué al cielo! 
Cuanto y más, que el venir tan descuidados 
nos asegura de lo que tememos. 
¡Ciégalos, San Antonio! 

Calla; lleguemos. 

¿Adonde bueno, amigos? 

¡Oh, señores! 
A la villa, a comprar algunas cosas 
que el hombre ha menester. ¿Está allá el du- 
Allá quedaba. [que? 

Dele vida el cielo. 
Y vosotros, ¿do bueno? Que esta senda 
se aparta del camino real y guía 
a unas caserías que se muestran 
al pie de aquella sierra. 

Tus palabras 



505. Comp. Burlad., n, 478. 

509. Aun es vulgar este cuanto y más, deformado en «con- 
trimás». 

514. Quizá sea mejor la lección de los mss.: que el conde 
ha menester; aunque la de C puede ser recuerdo del uso im- 
personal de hombre. 



w. soi-543 EL VERGONZOSO EN PALACIO 39 



declaran tu bondad, pastor amigo. 52G 

Por vengar la deshonra de una hermana 

intenté dar la muerte a un poderoso; 

y, sabiendo mi honrado atrevimiento, 

el duque manda que me siga y prenda 

su gente por aquestos despoblados; $*i 

y, ya desesperado de librarme, 

salgo al camino. Quíteme la vida, 

de tantos, por honrada, perseguida. 

Mireno. Lástima me habéis hecho; y ¡vive el cielo! 

que, si como la suerte avara me hizo 530 

un pastor pobre, más valor me diera, 

por mi cuenta tomara vuestro agravio. 

Lo que se puede hacer, de mi consejo, 

es que los dos troquéis esos vestidos 

por aquestos groseros; y encubiertos S35 

os libraréis mejor, hasta que el cielo 

a daros su favor, señor, comience; 

porque la industra los trabajos vence. 

Ruy. ¡Oh, noble pecho, que entre paños bastos 

descubre el valor mayor que he visto! S4£> 
Páguete el cielo, pues que yo no puedo, 
ese favor. 

Mireno. La diligencia importa: 

entremos en lo espeso. Y trocaremos 



525. C, por errata, por que aquestos. 

538. Industria se emplea aquí siempre en su sentido latino: 
'maña, ardid', que se conserva hoy en «industriarse». 

543. Recurso parecido empleen en La Gallega Mari-Her- 
nández (1, 7) don Alvaro y su criado Caldeira para librarse de 
ser perseguidos. 



40 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Ruy. 



Tarso. 



Vasco. 
Tarso. 



Vasco. 
Tarso. 



el traje. 

Vamos. ¡Venturoso he sido! 

( Van se los aos.) 
Y (¿habéis también de darme por mi sayo 
esas abigarradas, con más cosas 
que un menudo de vaca? 

Aunque me pese. 
Pues dos liciones me daréis primero, 
porque con ellas pueda hallar el tino, 
entradas y salidas de esa Troya; 
que, pardiez, que aunque el cura sabe tanto, 
que canta un parce mihi por do quiere, 
no me supo vestir el día del Corpus 
para her el rey David. 

Vamos; que presto 

os la sabréis poner. 

Como hay maestros 
que enseñan a leer a los muchachos, 
¿no pudieran poner en cada villa 



546. Entiéndase: 'esas calzas abigarradas, llenas de por- 
quería'. 

449-450. Así C y ios mss.: 'para que el tino pueda hallar las 
entradas y salidas'. 

553. Alude Tirso a la representación de un auto sacramen- 
tal el día del Corpus. David aparecía frecuentemente en los 
autos danzando ante el Arca o tañendo la cítara. (V. el auto 
de La Ungión de David en la Colección de L. Rouanet, 1. 1, 
página 313.) 

554. her, 'hacer', lo emplea corrientemente Tirso en el 
lenguaje villanesco. (V. Gallega Mari-Hernández, i, 10; Villa- 
na de Vallecas, ui, 22, etc.) Aun vive en el español de los ju- 
díos de Marruecos y en alto aragonés. 



w. 544 S7o EL VERGONZOSO EN PALACIO 



4Í 



maestros con salarios, y con pagas, 
que mos dieran lición de calzar bragas? 

( Vanse.) 



Salen Doristo, alcalde; Lariso Denio, pastores. 

Dorist. Ya los vestidos y señas 

del amo y criado sé; 

callad, que yo os los pondré, 

Lariso, cual digan dueñas. 
Lariso. «¿Que quiso matar al conde? 

¡Verá el bellaco! 
Dorist. Par Dios, 

que si los cojo a los dos, 

y el diabro no los esconde, 
que he de llevarlos a Avero 

con cepo y grillos. 
Denio. ¡Verá! 

¿Qué bestia los llevará 



563. Era general la malquerencia hacia las dueñas. Quevedo 
en su Visita de los chistes detalla sus malas prendas, y expli- 
ca por qué señores y criados ven en ellas el origen de todo 
chisme y enredo. Un caminante, en noche de invierno, más 
bien que pernoctar en Dueñas, prefiere dormir al raso. «Para 
decir que destruirán a uno dicen que le pondrán cual digan 
dueñas. ¡Mirad lo que es decir Dueñas!» (Rivad., xxni, pá- 
gina 345 a.) 

567. diabro (y lo mismo puebro, i, 594; habrad, i, 741) es 
pronunciación de la región leonesa, en cuyo dialecto era cos- 
tumbre hacer hablar a los aldeanos de las comedias. 

569. ¡Verá!, exclamación rústica; comp. v. 991. 



4* 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



en el cepo? 
Dorist. Regidero: 

no os metáis en eso vos; 

que no empuño yo de balde 

el palillo. ¿No so alcalde? 

Pues yo os juro, a non de Dios, 
que ha de her lo que publico; 

y que los ha de llevar 

con el cepo hasta el lugar 

de Avero vueso borrico. 
Lariso. Busquémoslos; que después 

quillotraremos el modo 

con que han de ir. 
Dorist. El monte todo 

está cercado; por pies 
no se irán. 
Denio. Amo y lacayo 

han de estar aquí escondidos. 
Lariso. Las señas de los vestidos, 

sombreros, capas y sayo 
del mozo en la cholla llevo. 
Dorist. Si los prendemos, por paga 



575 



571. Regidero es usado en el sentido de 'regidor, individuo 

del concejo'. 

574. so 'soy', es un arcaísmo, no un leonesismo, aun usado 
por los judíos de Marruecos. 

575. Comp. «pues yo os juro a non de diez». (Quinas de 
Portugal, NBAE, ix, 576 a. ) 

581. quillotrar, 'pensar, idear*. V. ante» ia nota a quillotro. 



w. 571-600 EL VERGONZOSO EN PALACIO 43 



diré al Duque que mos haga, 5(50 

par del olmo, un rollo nuevo. 
Lariso. Hombre sois de gran meollo, 

si rollo en el puebro hacéis. 
Dorist. El será tal que os honréis 

que os digan: «Vayase al rollo>. (Vanse.) S9¿ 

v 

Salen Ruy Lorenzo, de pastor, y Mireno, de galán. 

Ruy. De tal manera te asienta 

el cortesano vestido, 
que me hubiera persuadido 
a que eras hombre de cuenta, 

a no haber visto primero 6q* 



590. mos, 'nos', muesa, 'nuesa' (1, 778) se han formado por 
analogía con la m de me, mió. 

591. par 'al lado de'. Comp. «del tamaño [del] castaño i 
que tenéis a par de vos» (La Gallega Mari-Hernández, 1, 6); 
«La hallarás par de la huente | dell olmo». (Id., 1, 9.) 

595. Rollo. Trátase de un «sencillo monumento, en caliza o 
en granito, que llaman rollo, por ser esta su figura*. (V. C. Ber- 
naldo de Quirós, La Picota.) Antes del rollo existió la horca, 
sustituida por aquél, más representativo «de la autoridad que 
de la fuerza en su estructura y apariencia», simbolizando de 
este modo el poder jurisdiccional de las villas y ciudades, cu- 
yos concejos celebraron las reuniones junto al rollo; lo subven- 
cionaron con una cantidad para su conservación, y esculpieron 
en él sus escudos y blasones. Además, era el rollo instrumento 
de suplicio; así lo atestiguan los garfios y argollas, conserva- 
dos |aún en Madridejos y en Barbadillo del Mercado (Obra 
citada, pág. 58), y las palabras de Tirso en la picota del rollo. 
(Se vuelve a hablar del rollo en 1, 595; 777-79; 788-89; 1.012 
y 1.102.) 



44 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



que ocultaba la belleza 
de los miembros la bajeza 
de aqueste traje grosero. 

Cuando se viste el villano 
las galas del traje noble, 
parece imagen de roble 
que ni mueve pie ni mano; 

ni hay quien persuadirse pueda 
sino que es, como sospech[a], 
pared que, de adobes hecha, 
la cubre un tapis de seda. 

Pero cuando en ti contemplo 
el desenfado con que andas 
y el donaire con que mandas 
ese vestido, otro ejemplo 

hallo en ti más natural, 
que vuelve por tu decoro, 
llamándote imagen de oro, 
con la funda de sayal. 

Alguna nobleza infiero 
que hay en ti; pues te prometo 
que te he cobrado el respeto 
que al mismo duque de Avero. 

¡Hágate el cielo como él ! 
Mireno. Y a ti, con sosiego y paz, 
te vuelva sin el disfraz, 



609. C y mss., sospecho. 

621. prometer, 'asegurar, afirmar'. «Prométoos que es des- 
gracia nunca vista». (Villana de Vallecas,i, 10.) — Compárese 
Vero., ii, 1039. 



w. óox-ó 5 í EL VERGONZOSO EN PALACIO 45 



a tu estado; y fuera dél, 
con paciencia vencerás 
de la fortuna el ultraje. 
Si te ve en aquese traje 
mi padre, en él hallarás 

nuevo amparo; en él te fía, 
y dile que me destierra 
mi inclinación a la guerra; 
que espero en Dios que algún día 
buena vejez le he de dar. 
Ruy. Adiós, gallardo mancebo; 
la espada sola me llevo, 
para poder evitar, 

si me conocen, mi ofensa. 
Mireno. Haces bien; anda con Dios, 
que hasta la villa los dos, 
aunque vamos sin defensa, 

no tenemos qué temer; 
y allá espadas compraremos. 



630 



635 



Vasco. 



Mireno. 
Vasco. 



Sale Vasco, de pastor. 

Vámonos de aquí. ¿Qué hacemos? 
que ya me quisiera ver 

cien leguas deste lugar. 
¿Y Tarso? 

Allí desenreda 
las calzas, que agora queda 
comenzándose a atacar, 



050 



651. atacar, 'atarse las calzas'; aun se usa en andaluz en 
el sentido de «abrocharse los calzones>. 



46 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



muy enojado conmigo 
porque me llevo la espada» 
sin la cual no valgo nada. 
Mireno. La tardanza os daña. 
Ruy. Amigo, 
adiós. 

Vasco. No está malo el sayo. 

Ruy. Jamás borrará el olvido 

este favor. 
Vasco. Embutido 

va en un pastor un lacayo. 



( Vanse) 



Mireno. 

Del castizo caballo descuidado, 
el hambre y apetito satisface 
la verde hierba que en el campo nace, 
el freno duro del arzón colgado; 

mas luego que el jaez de oro esmaltado 
le pone el dueño cuando fiestas hace, 
argenta espumas, céspedes deshace, 
con el pretal sonoro alborotado. 

Del mismo modo entre la encina y roble, 
criado con el rústico lenguaje 
y vistiendo sayal tosco, he vivido; 

mas despertó mi pensamiento noble, 
como al caballo, el cortesano traje: 
que aumenta la soberbia el buen vestido. 

Sale Tarso, de lacayo. 
Tarso. <¡No ves las devanaderas 



w. Ó52-695 EL VERGONZOSO EN PALACIO 



47 



que me han forzado a traer? 675 
Yo no acabo de entender 
tan intrincadas quimeras. 

¿No notas la confusión 
de calles y encrucijadas? 

¿Has visto más rebanadas, 680 
sin ser mis calzas melón? 

¿Qué astrólogo tuvo esfera, 
di, menos inteligible, 
que ha un hora que no es posible 
topar con la faltriquera? ^* 

¡Válgame Dios! ¡El juicio 
que tendría el inventor 
de tan confusa labor 
y enmarañado edificio! 

{Qué ingenio! jqué entendimiento! 6o« 
Mtreno. Basta, Tarso. 
Tarso. No te asombre; 

que ésta no ha sido obra de hombre. 
Mireno. Pues ¿de qué? 
Tarso. De encantamiento; 

obra es digna de un Merlín, 
porque en estos astrolabios 695 



695. Astrolabio, en este caso, metafóricamente, 'enredo, 
lío'; propiamente es 'instrumento, de metal generalmente, en el 
que se representaba en forma geométrica el firmamento de ma- 
nera que pudiera medirse la altura y movimiento de los astros'. 
«Si yo tuviera aquí un astrolabio con que tomar la altura del 
polo, yo te dijera [las leguas] que hemos caminado». (Quijo- 
te, h. 29,) 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



aun no hallarán los más sabios 
ningún principio ni fin. 

Pero, ya que enlacayado 
estoy, y tú caballero, 
¿qué hemos de hacer? 
Mi reno. Ir a Avero, 

que este traje ha levantado 
mi pensamiento de modo 
que a nuevos intentos vuelo. 
Tarso. Tú querrás subir al cielo, 
y daremos en el lodo. 

Mas, pues eres ya otro hombre, 
por si acaso adonde fueres 
caballero hacerte quieres, 
¿no ?s bien que mudes el nombre? 

Que el de Mireno no es bueno 
para nombre de señor. 
Mireno. Dices bien: no soy pastor, 
ni he de llamarme Mireno. 
Don Dionís en Portugal 



714. Don Dionisio (también llamado Dionís o Dinis) fué 
uno de los más renombrados monarcas de Portugal (1261-1325). 
Era nieto, por su madre, de Alfonso el Sabio. La devoción que 
mostró por su pueblo, y su conducta enérgica con la nobleza, 
le valieron los sobrenombres de Labrador, de Padre del pue- 
blo y de Justo. Fué además Don Dionís poeta lírico; sus poe- 
sías, de estilo provenzal, están reunidas en el Cancionero de 
su nombre, el cual, según el marqués de Santillana, estaba 
lleno «de invenciones sotiles et de graciosas e dulces pala- 
bras». Por lo demás, no ha habido en Portugal otros reyes de 
este nombre, como dice Tirso. 



w. 696-737 EL VERGONZOSO EN PALACIO 



49 



Tarso. 



MlRBNO. 

Tarso. 



MlRENO. 

Tarso. 

Mireno. 
Tarso. 



es nombre ilustre y de fama; 
don Dionís desde hoy me llama. 
No le has escogido mal; 

que los reyes que ha tenido 
de ese nombre esta nación, 
eterna veneración 
ganaron a su apellido. 

Estremado es el ensayo; 
pero, ya que así te ensalzas, 
dame un nombre que a estas calzas 
les venga bien, de lacayo; 

que ya el de Tarso me quito. 
Escógele tú. 

Yo escojo, 
si no lo tienes a enojo... 
¿No es bueno...? 

¿Cuál? 

Gómez Brito. 

¿Qué te parece? 

Estremado. 
[Gentiles cascos, por Dios! 
Sin ser obispos, los dos 
mos habernos confirmado. 



Salen Doristo, Lariso y Denio^ Pastores 
con armas y sogas. 

Dorist. ¡Válgaos el dimunio, amén! 

¿Que no los hemos de hallar? 
Lariso. Si no es que saben volar, 

imposible es que no estén 



50 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Denio. 
Lariso. 

DORIST. 

Lariso. 
Dorist. 



Denio. 

Lariso. 

Dorist. 

Mireno. 
Tarso. 

Dorist. 



entre estas matas y peñas. 
Busquémoslos por lo raso. 
¿No so[n] éstos? 

Habrad paso. 
Par Dios, conforme las señas, 
que son los propios. 

Atalde 

los brazos, pues veis que están 
sin armas. 

Rendios, galán. 
Tené al rey. 

Tené al alcalde. 
{Por detrás los cogen y atan) 
¿Qué es esto? 

¿Estáis en vosotros? 
¿Por qué nos prendéis? 

Por gatos. 
¡Aho! ¿no veis qué mojigatos 
hablan? Sabéis ser quillotros 

para dar la muerte al conde, 
y ¿pescudaisnos por qué 



750 



740. Los mss., noten esto —Paso 'en voz baja'. 

747. gato, 'ladrón', Comp. «Hablemos todos» replica | un 
gato. Un mercader me dió en suerte | la violencia de mis as- 
tros, | que es más gato que yo propio, | pues vive de dar gata- 
zos. | ... De las varas que hurta, | a mí me da el diezmo en 
palos». (Quevedo, Parnaso Español; Rivad., t. lxix, página 
208 b.) 

749. Así los mss.; C, her quillotras. V. act. 1, not. 185. 
751. pescadar, 'preguntar*. Comp. «D. Juan.— A lo menos 
hechicera | debe ser vuestra hermosura, | y vos gitana de amor 
| que me dice la ventura. | Violante.— Bellaca se la prometo, 



w. 738-770 EL VERGONZOSO EN PALACIO 5 1 



os prendemos? 
Denio. ¡Bueno, a fe! 

Tarso. ¿Qué conde, o qué muerte? ¿Adonde 

mos habéis visto otra vez? 
Dorist. Allá os lo dirá el verdugo, 755 

cuando os cuelgue cual besugo 

de las agallas y nuez. 
Mireno. A no llevarme la espada, 

ya os fuerais arrepentidos. 
Tarso. El trueco de los vestidos 7 6« 

mos ha dado esta gatada. 
;Ah, mi señor don Dionís! 

¿Es aquesta la ganancia 

de la guerra? ¿Qué ignorancia 

te engañó? 

Dorist. ¿Qué barbullís? 7 6 S 

Tarso. Tarso quiero ser, no Brito; 

ganadero, no lacayo; 

por bragas quiero mi sayo; 

las ollas lloro de Egipto. 
Lariso. ¿Quieres callar, bellacón? 77G 



| si es que a mí me la pescuda». (Villana de Vallecas, n, 5.) 
«D. Tello.— ¿Cómo os llamáis?, Leonor.— ¿Yo? Leonor. | Pe- 
layo, Ap. ¿Cómo pescuda por ellas, } y por los zagales no?» 
(Lope, El mejor alcalde el rey, 1, 10.) 

765. Barbullir, como barbullar, 'hablar vana y atropella- 
damente'. Comp. «Por este, si viniere, advertiré las obras que 
hace barbullando con malignas palabras contra nosotros». 
(Quevedo, Virtud militante; Rivad., t. xlviii, pág. 144.) Los 
diccionarios no traen barbullir, ni lo recuerdo en otros textos. 
769. Las ollas de Egipto, 'vida regalona que se tuvo en 



52 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Darle de puñadas quiero. 
Dorist. Alto, a Avero. 
Mi reno. Pues a Avero 

nos llevan, ten corazón; 

que, cuando el duque nos vea, 

caerán éstos en su engaño 

sin que nos mande hacer daño. 
Dorist. Rollo tentrá muesa aldea. 
Denio. Cuando bajo el olmo le hagas, 

en él haremos concejo. 
Tarso. Yo de ninguno me quejo, 

sí de estas malditas bragas. 
¿Quién ha visto tal ensayo? 
Mireno. ¿Qué temes, necio? <Qué dudas? 
Tarso. Si me cuelgan y hago un Judas, 

sin haber Judas lacayo, 



otro tiempo*. El origen de esta frase se halla en la Biblia, 
Exodo, xvi, 3; el pueblo de Israel sale de Egipto, y, a pesar 
del prodigio del Mar Rojo, al encontrarse en el desierto de 
Sin, murmura contra Moisés y Aarón: «¡Ojalá hubiésemos 
muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, quando se- 
debamus super ollas carnium —cuando estábamos sentados 
junto a las calderas llenas de carne—, y comíamos pan cuanto 
queríamos!» 

781. si, 'sino'. Comp. «D. Juan. — ¿Habeislo vos amasado 
[el pan]? Doña Violante.— No, si el cura». (Villana de Valle- 
cas, ii, 5.) «Tropecé, si con los pies | con los ojos al salir». 
(Don Gil, i, 1.) 

783. dudar, 'temer'. Comp. «Estos agüeros... para los mo- 
ros vienen que los crean, | no para que los duden los cristia- 
nos». (Calderón, Principe Constante, i, 8.) «Mudan desgra- 
cias los nombres | cuando sus peligros dudan». (Villana de 
Vallecas, i, 11.) 



▼r. 771-803 EL VERGONZOSO EN PALACIO 53 



<jno he de llorar y temer? 
Hoy me cuelgan del cogollo. 
Dorist. En la picota del rollo 
un reloj he de poner. 
Vamos. 

Lariso. Bien el puebro ensalzas. 

Tarso. Si te quieres escapar 

do no te puedan hallar, 

métete dentro en mis calzas. (Vanse.) 



[Salón en el palacio del duque de Avero.] 
Salen doña Juana y don Antonio, de camino *. 

Juana. ¡Primo don Antonio! 
Antón. Paso, 

no me nombréis; que no quiero 

hagáis de mí tanto caso 

que me conozca en Avero 

el duque. A Galicia paso, 

donde el rey don Juan me llama 

de Castilla; que me ama 

y hace merced; y deseo, 

a costa de algún rodeo, 

saber si miente la fama 



* De camino, 'en traje de camino'. 

799. No parece histórico, pues don Juan nunca fué a Gali- 
cia; no consta, al menos, en la Crónica del rey don Juan el 
Segando, donde se da cuenta detallada de todos los viajes y 
andanzas de este rey. (Rivad., t. lxvih.) 



54 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



que ofrece el lugar primero 
de la hermosura de España 
a las hijas del de Avero, 
o si la fama se engaña 
y miente el vulgo ligero. 

Juana. Bien hay que estimar y ver; 
pero no habéis de querer 
que así tan despacio os goce. 

Antón. Si el de Avero me conoce, 
y me obliga a detener, 

caer en falta recelo 
con el rey. 

Juana. Pues si eso pasa, 

de mi gusto al vuestro apelo; 
mas, si sabe que en su casa 
don Antonio de Barcelo, 

conde de Pénela, ha estado, 
y que encubierto ha pasado, 
cuando le pudo servir 
en ella, halo de sentir 
con exceso; que en su estado 

jamás llegó caballero 
que por inviolables leyes 
no le hospede. 

Antón. Así lo infiero; 

que es nieto, en fin, de los reyes 
de Portugal el de Avero. 



811. El sentido exigiría de paso, como corrigió H; C y los 
mss. dicen despacio. 
828. (V. act. i, not. ***, pág. 11.) 



w. 804-851 EL VERGONZOSO EN PALACIO 55 



Pero, dejando esto, prima: 
¿tan notable es la beldad 
que en sus dos hijas sublima 
el mundo? 
Juana. ¿Es curiosidad, 

o el alma acaso os lastima 

el ciego? 

Antón. Mal sus centellas 

me pueden causar querellas 
si de su vista no gozo; 
curiosidades de mozo 
a Avero me traen a vellas. 

¿Cómo tengo de querer 
lo que no he llegado a ver? 

Juana, De que eso digáis me pesa: 
nuestra nación portuguesa 
esta ventaja ha de hacer 

a todas; que porque asista 
aquí amor, que es su interés, 
ha de amar en su conquista 
de oídas el portugués, 
y el castellano, de vista. 

Las hijas del duque son 
dignas de que su alabanza 
celebre nuestra nación. 



830 



835 



840 



845 



834. El ciego, 'Cupido'. Comp. 11, 23-24. 
845-46. 'Porque tiene interés la nación portuguesa en que 
el amor nos frecuente'. 
847. Comp. «Violante. — ¿Es amorado (sic)l D. Juan.— 



56 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



La mayor, a quien Berganza 
y su duque, con razón, 

pienso que intenta entregar 
al conde de Vasconcelos, 
su heredero, puede dar 
otra vez a Clicie celos 
si el sol la sale a mirar. 

Pues de doña Serafina, 
hermana suya, es divina 
la hermosura. 
Antón. Y, de las dos, 



Más que un portugués.» (Villana de Vallecas, n, 15.) «Por te- 
ner casi en costumbre el morir de amores los portugueses». 
(Cervantes, Persiles, edic. Schevill-Bonilla, i¡, 12.) «Vuestra 
alteza | desconfía como cuerdo | y ama como portugués». (VÉ- 
lez de Guevara, También la afrenta es veneno; Rivad., liv, 
585 a.) Comp. m, 940. 

852. Berganza (Braganza), ducado desde 1442 y cuna de los 
últimos reyes portugueses desde 1640. Alfonso, hijo bastardo 
del Maestre de Avis (Juan I), fué su primer duque. 

857. Clicie (simbolizada en el girasol), ninfa hija del Océano 
y de Tetis. Enamorada del Sol, los celos la atormentan cuando 
éste la olvida por Leucotoe, a quien sedujo astutamente. Aun- 
que Clicie obtiene el castigo de su rival, su abandono la hace 
enflaquecer hasta el punto de quedar convertida en un tallo in- 
coloro que, unido a la tierra, sigue con su cabeza el giro del 
sol, al que se vuelve eternamente. (V. Ovidio, Metamorfosis, 
lib. iv.) Comp. «¿No es la flor Clicie, don Luis, | que constante 
a los peligros | está acechando los rasgos de vuestro orien- 
te.,.?» (Rojas, Entre bobos anda el juego, n, edic. clás. cast., 
pág. 208.) «S! Apolo a Dafne provoca | hasta en laurel conver- 
tilla, 1 si Clicie a su luz se humilla | la cabeza vuelta en flor». 
(Aqailes, i, 13.) 



vy. 8 5 a-8*S EL VERGONZOSO EN PALACIO 57 



¿a cuál juzgáis, prima, vos 

por más bella? 
Juana. Más se inclina 

mi afición a la mayor, 

aunque mi opinión refuta 

en parte el vulgo hablador; 

mas en gustos no hay disputa, 

y más en cosas de amor. 
En dos bandos se reparte 

Avero, y por cualquier parte 

hay bien que alegar. 
Antón. ¿Aquí 

hay algún título? 
Juana. Sí, 

don Francisco y don Duarte. 
Antón. Y ¿qué hacen? 
Juana. Más de un curioso 

dice que pretende ser 

cada cual de la una esposo. 
Antón. Prima: yo las he de ver 

esta tarde; que es forzoso 
irme luego. 
Juana. Yo os pondré 

donde su hermosura os dé, 

podrá ser, más de una pena. 
Antón. ¿Serafina o Madaiena? 
Juana. Bellas son las dos; no sé. 

Pero el duque sale aquí 

con ellas; ponte a esta parte. 



58 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Salen el duque, el conde, Serafina y doña Madalena. 

Duque. [Aparte alconde\ Digo, conde don Duarte, 

que todo se cumpla así. 
Conde. Pues el rey, nuestro señor, 

favorece la privanza 

del hijo del de Berganza, S90 
y a vuestra hija mayor 

os pide para su esposa, 
escriba vuestra excelencia 
que, con su gusto y licencia, 
doña Serafina hermosa 8 g5 

lo será mía. 

Está bien. 
Pienso que su majestad 
me mira con voluntad, 
y que lo tendrán por bien; 

yo y todo, le escribiré. 900 
No lo sepa Serafina 
hasta ver si determina 
el rey que la mano os dé; 

que es muchacha; y descuidada, 
aunque portuguesa, vive 905 
de que tan presto cautive 
su libertad la lazada 
o nudo del matrimonio. 
Juana. [Ap.] Presto os habéis divertido. 



Duque. 
Conde. 



Duque. 



900. v todo, 'también'. (V. Revista de Filología Española, 
iv, 285.) 



w. 886-939 EL VERGONZOSO EN PALACIO 59 



Decid: ¿qué os han parecido 

las hermanas, don Antonio? 
Antón. No sé el alma a cuál se inclina, 

ni sé lo que hacer ordena: 

bella es doña Madalena, 

pero doña Serafina 
es el sol de Portugal. 

Por la vista el alma bebe 

llamas de amor entre nieve, 

por el vaso de cristal 
de su divina blancura: 

la fama ha quedado corta 

en su alabanza. 
Duque. Esto importa. 

Antón. Fénix es de la hermosura. 
Duque. Llegaos, Madalena, aquí. 
Conde. Pues me da el duque lugar, 

mi serafín, quiero hablar, 

si hay atrevimiento en mí 
para que vuele tan alto 

que a serafines me iguale. 
Antón. Prima: a ver el alma sale 

por los ojos el asalto 

que amor le da poco a poco; 

ganaréme si me pierdo. 
Juana. Vos entrastes, primo, cuerdo, 

y pienso que saldréis loco. 
Duque. Hija: el rey te honra y estima; 

cuán bien te está considera. 
Madal. Mi voluntad es de cera; 

vuexcelencia en ella imprima 



910 



915 



9 2 s 



930 



935 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



el sello que más le cuadre, 9 4© 
porque en mí sólo ha de haber 
callar con obedecer. 
Duque. ¡Mil veces dichoso padre 
que oye tal! 

Conde. (A doña Serafina.) Las dichas mías, 

como han subido al estremo 94» 

de su bien, que caigan temo. 
Seraf. Conde: esas filosofías, 

ni las entiendo, ni son 

de mi gusto. 
Conde. Un serafín 

bien puede alcanzar el fin $$o 

y el alma de una razón. 
No digáis que no entendéis, 

serafín, lo que alcanzáis. 
Seraf. ¡Jesús, qué dello qu-e habláis! 
Conde. Si soy hombre, ¿qué queréis? 945 
Por palabras los intentos 

quiere que expliquemos Dios; 

que, a ser serafín cual vos, 

con solos los pensamientos 
nos habláramos. 
Seraf. ¿Que amor qo© 

habla tanto? 
Conde. ¿No ha de hablar? 



954. qué dello, 'cuanto'. Comp. «¡Qué dello tarda!» (Desde 
Toledo a Madrid: Rivad., V, 483 a .) «¡Qué dellos rodando 
veo!» (Vélez de Guevara, Serrana de la Vera, en Teatro an- 
tiguo español, 1, pág. 21.) 



w. 940-987 EL VERGONZOSO EN PALACIO 6t 



Seraf. No; que hay poco que fiar 

de un niño, y más, hablador. 
Conde. En todo os hizo perfecta 

el cielo con mano franca. 
Antón. Prima: para ser tan blanca, 

notablemente es discreta. 
jQué agudamente responde! 

Ya han esmaltado los cielos 

el oro de amor con celos: 

mucho me enfada este conde. 
Juana. ¡Pobre de vuestra esperanza 

si tal contrario la asalta! 
Duque. Un secretario me falta 

de quien hacer confianza; 

y, aunque esta plaza pretenden 

muchos por diversos modos 

de favores, entre todos, 

pocos este oficio entienden. 
Trabajo me ha de costar 

en tal tiempo estar sin él. 
Madal. A ser el pasado fiel, 

era ingenio singular. 
Duque. Sí; mas puso en contingencia 

mi vida y reputación. 

Salen, los Pastores y traen presos a Mireno y Tarso. 

Dorist. Ande apriesa el bellacón. 

Lariso. Aquí está el duque. 

Tarso. Paciencia 



62 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



me dé Herodes. 
Denio. ¡Aho! Llega, 

pues sois alcalde, y habralde. 
Dorist. Buen viejo: yo so el alcalde, 

y vos el duque. 
Lariso. ¡Verá! 

Llegaos más cerca. 
Dorist. Y sopimos 

yo, el herrero y su mujer 

que mandábades prender 

estos bellacos, y fuimos 

Bras Llórente y Gil Bragado.. 
Tarso. Aquese yo lo seré; 

pues por mi mal me embragué. 
Dorist. Y después de haber llamado 
a concejo el regidero 

Pero Mínguez... Llegá acá, 

que no sois bestia, y habrá; 

decid lo demás. 
Lariso. No quiero: 

decildo vos. 
Dorist. No estodié 

sino hasta aquí; en concrusión: 



99 o 



995 



995. Era frecuente el complemento directo de persona sin 
preposición. (V. Teatro antiguo español, 11, 1917, pág. 204.) 
Una lápida de 1690 en el puente de San Martín, de Toledo, 
dice: «Aquí mataron una mujer». 

998. Llama embragarse el haberse metido en las calzas, 
de las que tanto mal dijo antes. 

1002. habrá, * hablad'. 



w. 988-1028 EL VERGONZOSO EN PALACIO 63 



éstos los ladrones son, 
que por sólo heros mercé 

prendimos yo y Gil Mingollo: 
haga lo que el puebro pide 
su duquencia, y no se olvide 
lo que le dije del rollo. 
Duque. ¡Hay mayor simplicidad! 

Ni he entendido a lo que vienen, 
ni por qué delito tienen 
así estos hombres. Soltad 

los presos; y decid vos 
qué insulto habéis cometido 
para que os hayan traído 
de aquesa suerte a ios dos. 
Mireno. (De rodillas}} Si lo es el favorecer, 
gran señor, a un desdichado, 
perseguido y acosado 
de tus gentes y poder, 

y juzgas por temerario 
haber trocado el vestido 
por dalle vida, yo he sido. 
Duque. ¿Tú libraste al secretario? 

Pero sí; que aquese traje 



1007. heros, 'haceros'. 

1010. Es característica de Tirso la facilidad para forjar pa- 
labras; Comp. pastelizar, cochizar, fregatrizar, jabonatriz, 
legumbrlzar. (Rivad., v. 633 b, 634 b, 641 b } 646 a, 643 b, etc.) 
A las críticas que le dirigieron por esta abundancia de neolo- 
gismos, contestó brillantemente Tirso en el prólogo a la quinta 
parte de sus comedias. 



6 4 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



era suyo; di, traidor, 
¿por qué le diste favor? 

Mi reno. Vueselencia no me ultraje, 
ni ese título me dé; 
que no estoy acostumbrado 
a verme así despreciado. 

Duque. ¿Quién eres? 

Mirbno. No soy; seré; 

que sólo por pretender 
ser más de lo que hay en mí 
menosprecié lo que fui 
por lo que tengo de ser. 

Duque. No te entiendo. 

Madal. [Aparte.] ¡Estraña audacia 

de hombre! El poco temor 
que muestra dice el valor 
que encubre. De su desgracia 
me pesa. 

Duque. Di: ¿conocías 

al traidor que ayuda diste? 
Mas, pues por él te pusiste 
en tal riesgo, bien sabías 
quién era. 

Mireno. Supe que quiso 

dar muerte a quien deshonró 



1045. que, 'a que, a quien'. Construcción frecuente en la 
lengua antigua. Comp. «Toda aldea que forcia fiziere a alcal- 
des, pectet C morauetis a los alcaldes que fizieren la forcia». 
(Fuero de Usagre, § 278). Para un caso análogo, v. R. Menén- 
dez Pidal, Antología de prosistas, pág. 195. 



w. ^q-ioó; EL VERGONZOSO EN PALACIO 65 



Conde. 



Duque. 
Mireno. 

Duque. 



su hermana, y después te dió 
de su honrado intento aviso; 

y, enviándole a prender, 
le libré de ti, espantado 
por ver que el que está agraviado 
persigas; debiendo ser 

favorecido por ti, 
por ayudar al que ha puesto 
en riesgo su honor. 
(Aparte.) ¿Qué es esto? 

¿Ya anda derramada así 

la injuria que hice a Leonela? 
¿Sabes tú quién la afrentó? 
Supiéralo, señor, yo; 

que, a sabello... 

Fué cautela 
del traidor para engañarte: 
tú sabes adonde está, 
y así forzoso será, 
si es que pretendes librarte, 



1050 



1055 



1060 



1065 



1050. Comp. nota 995. El ms. X, a su hermana, alterando el 
verso; y, a su hermana, pero tachada la a. Es curioso ver 
cómo intenta afirmarse la construcción moderna. 

1052. Los mss., y enviándole tú; es decir, 'habiéndole en- 
viado tú'. 

1055. El sujeto de ser es «yo». 

1059. derramar, 'divulgar'. Comp. «Otro yerro notable que 
anda derramado entre la gente». (Marcos de Obregón; Riva- 
deneyra, xvm, 380 b.) «Muchas cosas hay que no se dicen, y 
se derraman; porque lo que no se comunica, se sospecha». 
(Quevedo, Vida de Marco Bruto; Rivad., t. xxm, 147 b.) 

5 



66 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



Mi RENO. 



Duque. 



Madal. 



Duque. 

Conde. 
Tarso. 
Duque. 

Tarso. 



Duque. 

MlRENO. 



decillo. 

¡Bueno sería, 
cuando adonde está supiera, 
que un hombre como yo hiciera, 
por temor, tal villanía! 

¿Villanía es descubrir 
un traidor? Llevalde preso; 
que, si no ha perdido el seso 
y menosprecia el vivir, 

él dirá dónde se esconde. 
{Aparte?) Ya deseo de iibralle, 
que no merece su talle 
tal agravio. 

Intento, Conde, 

vengaros. 

El lo dirá. 
[Ap.] ¡Muy gentil ganancia espero! 
Vamos; que responder quiero 
al rey. 

[Ap.] ¡Medrándose va 
con la mudanza de estado, 

y nombre de don Dionís! 

Viviréis si lo decís. 

[Ap.] La fortuna ha comenzado 
a ayudarme: ánimo ten, 

porque en ella es natural, 

cuando comienza por mal, 

venir a acabar en bien. 



1075 



1080 



1085 



1090 



1069. cuando: 'aun cuando'. 



vv. 1068-mi EL VERGONZOSO EN PALACIO 67 



Tarso. 



Duque. 



Dorist. 

Lariso. 
Dorist. 



Bragas, si una vez os dejo, 
nunca más trasformación. 

(Llévanlos presos^ 

Meted una petición 

vosotros en mi consejo 1095 

de lo que queréis; que allí 
se os pagará este servicio. 
Vos, que tenéis buen juicio, 
la peticionad. 

Sea así. 

Señor: por este cuidado "0° 

haga un rollo en mi lugar, 

tal que se pueda ahorcar 

en él cualquier hombre honrado. 



Vanse los pastores, el duque y el conde; 
quedan los demás. 

Madal. • Mucho, doña Serafina, 

me pesa ver llevar preso 

aquel hombre. 
Seraf. Yo confieso 

que a rogar por él me inclina 
su buen talle. 
Madal. ¿Eso desea 

tu afición? ¿Ya es bueno el talle? 

Pues no tienes de libralle 

aunque lo intentes. 
Seraf. No sea. 

Vanse doña Serafina y Madalena. 



1105 



1111. «no sea como tú dices» 



68 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



juana. ¿Habeisos de ir esta tarde? 
Antón. ¡Ay, prima! ¿cómo podré, 
si me perdí, si cegué? 

¿si amor, valiente, cobarde, i 
todo el tesoro me gana 

del alma y la voluntad? 

Sólo por ver su beldad 

no he de irme hasta mañana. 
Juana. ¡Bueno estáis! ¿Que amáis en fin? i 
Antón. Sospecho, prima querida, 

que de mi contento y vida 

Serafina será fin. 



FIN DEL ACTO PRIMERO 



1112. Aun en esta época quedan restos del orden de colo- 
car el pronombre en la Edad Media; con tiempos de indicati- 
vo y de subjuntivo se posponía, como en este caso (Comp. 
engañaisos; Rivad, v, 683 b); y con el imperativo se antepo- 
nía: me declara, hase, lo ordenad. (Verg.. i, 86; n, 87 237. 

1122. Era más amplio que hoy el uso absoluto de estas ora- 
ciones subordinadas con que; comp. n, 1150; m, 413, 495, etc. 



ACTO SEGUNDO 



DEL VERGONZOSO EN PALACIO 

Sale doña Madalena sola. 

¿Qué novedades son éstas, 
altanero pensamiento? 
¿Qué torres sin fundamento 
tenéis en el aire puestas? 
¿Cómo andáis tan descompuestas, 

imaginaciones locas? 
Siendo las causas tan pocas, 
¿queréis exponer mis menguas 
a juicio de las lenguas 
y a la opinión de las bocas? 

Ayer guardaban los cielos 
el mar de vuestra esperanza 
con la tranquila bonanza 
que agora inquietan desvelos. 
Al conde de Vasconcelos, 

o a mi padre di, en su nombre, 
el sí; mas, porque me asombre, 
sin que mi honor lo resista, 
se entró al alma, a escala vista, 
por la misma vista un hombre. 

Viole en ella, y fuera exceso, 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



digno de culpar mi error, 

a no saber que el amor 

es niño, ciego y sin seso. 

¿A un hombre estranjero y preso, 

a mi pesar, corazón, 
habéis de dar posesión? 
¿Amar al conde no es justo? 
Mas ¡ay! que atropella el gusto 
las leyes de la razón. 

Mas, pues, a mi instancia está 
por mi padre libre y suelto, 
mi pensamiento resuelto 
bien remediarse pódrá. 
Forastero es; si se va, 

con pequeña resistencia 
podrá sanar la paciencia 
el mal de mis desconciertos; 
pues son médicos expertos 
de amor el tiempo y la ausencia. 

Pero, ¿con qué rigor trazo 
el remedio de mi vida? 
Si puede sanar la herida, 
crueldad es cortar el brazo. 
Démosle a amor algún plazo, 

pues su vista me provoca; 
que, aunque es la efímera poca, 



47. Así los mss.; C, efímera loca. H corrigió que aunque 
es la enfermedad loca. En el Diccionario de la Academia y 
en el de Autoridades, falta esta acepción de efímera. El de Co- 
varrubias dice: 'la calentura que se termina en solo un día' 



w. 22-66 EL VERGONZOSO EN PALACIO 7 l 



ninguno al enfermo quita 
el agua que no permita 
siquiera enjaguar la boca. 

Hacerle quiero llamar. — 
¡Ah, doña Juana! — Teneos, 
desenfrenados deseos, 
si no os queréis despeñar: 
¿así vais a publicar 

vuestra afrenta? La vergüenza 
mi loco apetito venza; 
que, si es locura admitillo 
dentro del alma, el decollo 
es locura o desvergüenza. 

Sale doña Juana. 

Juana. Aquel mancebo dispuesto 

que ha estado preso hasta agora 
y a tu intercesión, señora, 
ya en libertad está puesto, 
pretende hablarte. 

Madal. \Ap\ ¡Qué presto 

valerse el amor procura 



Un autor del siglo xiv, Gordonio (edic. Toledo, 1513, fol. 2 r), 
dice: «Efímera es fiebre de destemplamiento de los espíritus, 
procediente que, según su natura, no se extiende más de 
hasta el día tercero o cuarto». 

50. Enjaguar es el antecedente de enjuagar, derivado 
del latín exaquare.— Comp. «y pidió le dejasen enjaguar la 
boca con un poco de vino». (Quevedo, Buscón; en mi edición 
de Nelson, 1917, pág. 71.) 

63. Los mss., y a instancia tuya. 



7^ 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Juana. 



Madal. 
Juana. 
Madal. 



Juana. 
Madal. 

Juana. 
Madal. 

Juana. 



de la ocasión y ventura 
que ha de ponerse en efeto! 
Mas hace como discreto; 
que amor todo es coyuntura. 
¿Sabes qué quiere? 

Pretende 
al favor que ha recibido 
por ti, ser agradecido. 
\Ap\ Áspides en rosas vende. 

¿Entrará? 

(Ap.) Si preso prende, 

si maltratado maltrata, 
si atado las manos ata 
las de mi gusto resuelto, 
¿qué ha de hacer presente y suelto 
quien ausente y preso mata? 

Dile que vuelva a la tarde; 
que agora ocupada estoy. 
Mas, oye; no vuelva. * 

Voy. 

Escucha: di que se aguarde. 
Mas, váyase; que es ya tarde. 
¿Hase de volver? 

¿No digo 

que sí? Ve. 

Tu gusto sigo. 



72. C, el /.; los mss., al 

75. Así los mss.; C, s. p. pretende. 

83. No vuelva 'no vaya a no volver'. 

87. Así los mss.— C, mi gusto. 



vv.6 7 -«3 EL VERGONZOSO EN PALACIO 73 



Madal. Pero torna; no se queje. 

Juana. Pues ¿qué diré? 

Madal. Que me deje; 

(Aparte) y que me lleve consigo. 
Anda; di que entre... 
Juana. Voy, pues. (Vase) 

Madal. Que, aunque venga a mi presencia, 

vencerá la resistencia 

hoy del valor portugués. 

El desear y ver es, 

en la honrada y la no tal, 

apetito natural; 

y si diferencia se halla, 

es en que la honrada calla 

y la otra dice su mal. 

Callaré, pues que presumo 

cubrir mi desasosiego, 

si puede encubrirse el fuego, 

sin manifestalle el humo. 

Mas bien podré, si consumo 
el tiempo a palabras vanas; 

pero las llamas tiranas 

del amor, es cosa cierta 

que, en cerrándolas la puerta, 

se salen por las ventanas; 
cuando les cierren la boca, 

por los ojos se saldrán; 

mas no las conocerán 



106. Empleo raro de a; v. Cuervo, Diccionario de Cons- 
trucción, n, 441, a. 



74 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



callando la lengua loca; 

que, si ella a amor no provoca, 

nunca amorosos despojos 
dan atrevimiento a enojos 
si no es en cosas pequeñas; 
porque al fin hablan por señas 
cuando hablan solos los ojos. 

Sale Mireno, galán, y dice de rodillas *. 

Mireno. Aunque ha sido atrevimiento 
el venir a la presencia, 
señora, de vuexcelencia 
mi poco merecimiento, 

ser agradecido trato 
al recebido favor; 
porque el pecado mayor 
es el que hace un hombre ingrato. 

Por haber favorecido 
de un desdichado la vida 
— que al noble es deuda debida — 
me vi preso y perseguido; 

pero en la misma moneda 
me pagó el cielo, sin duda, 
pues libre, con vuestra ayuda, 
mi vida, señora, queda. 

¿Libre dije? Mal he hablado; 
que el noble, cuando recibe, 



* y. d. d. rod., en los mss.; falta en C. 
128. Así los mss.; C, a un hombre. 



w. 114-160 EL VERGONZOSO EN PALACIO 7S 



cautivo y esclavo vive, 

que es lo mismo que obligado; 
y, ojalá mi vida fuera 

tal que, si esclava quedara, 

alguna parte pagara 

desta merced que ella hiciera 
excesos; pero, entre tantas 

que mi humildad envilecen 

y como esclavos ofrecen 

sus cuellos a vuestra^ plantas, 
a pagar con ella vengo 

la mucha deuda en que estoy; 

pues no os debo más si os doy, 

gran señora, cuanto tengo. 
Madal. Levantaos del suelo. 
Mireno. Así 

estoy, gran señora, bien. 
Madal. Haced lo que os digo. (Aparte.) ¿Quién 

me ciega el alma? ¡Ay de mí!— 
¿Sois portugués? 
Mireno. (Levántase?) * Imagino 

que sí. 

Madal. ¿Que lo imagináis? 

¿Desa suerte incierto estáis 

de quién sois? 
Mireno. Mi padre vino 



145. El sentido es: «no obstante, entre tantas vidas escla- 
vizadas y rendidas a vuestros pies — tan altas que junto a ellas 
resulta vil mi humildad — vengo yo también a rendir la mía 
para pagar, etc.» 

* Falta en C, pero está en los mss. 



76 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



al lugar adonde habita, 

y es de alguna hacienda dueño, 

trayéndorae muy pequeño; 

mas su trato lo acredita. 
Yo creo que en Portugal 

nacimos. 
Madal. ¿Sois noble? 

Mireno. Creo 

que sí, según lo que veo 

en mi honrado natural, 

que muestra más que hay en mí. 
Madal. Y ¿darán las obras vuestras, 

si fuere menester, muestras 

que sois noble? 
Mireno. Creo que sí. 

Nunca de hacellas dejé. 
Madal. Creo, decís a cualquier punto. 

¿Creéis, acaso, que os pregunto 

artículos de la fe? 
Mireno. Por la que debe guardar 

a la merced recebida 

de vuexcelencia mi vida, 

bien los puede preguntar; 
que mi fe su gusto es. 
Madal. ¡Qué agradecido venís! 

¿Cómo os llamáis? 
Mireno. Don Dionís. 

Madal. Ya os tengo por portugués 
y por hombre principal; 

que en este reino no hay hombre 

humilde de vuestro nombre, 



w. i6x-U4 EL VERGONZOSO EN PALACIO 77 



MlRENO. 

Madal. 



MlRENO. 



Madal. 



MlRENO. 



Madal. 

Mireno. 
Madal. 



porque es apellido real; 

y sólo el imaginaros 
por noble y honrado ha sido 
causa que haya intercedido 
con mi padre a libertaros. 

Deudor os soy de la vida. 
Pues bien: ya que libre estáis, 
¿qué es lo que determináis 
hacer de vuestra partida? 

¿Dónde pensáis ir? 

Intento 
ir, señora, donde pueda 
alcanzar fama que exceda 
a mi altivo pensamiento: 

sólo aquesto me destierra 
de mi patria. 

¿En qué lugar 
pensáis que podéis hallar 
esa ventura? 

En la guerra; 

que el esfuerzo hace capaz 
para el valor que procuro. 
Y ¿no será más seguro 
que le adquiráis en la paz? 

¿De qué modo? 

Bien podéis 
granjealle si dais traza 
que mi padre os dé la plaza 
de secretario, que veis 

que está vaca agora, a falta 
de quien la pueda suplir. 



190 



195 



205 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Miren o. 
Madal. 

MlRENO. 

Madal. 

MlRENO. 



Madal. 

MlRENO. 



Madal. 



No nació para servir. 

mi inclinación, que es más alta. 

Pues cuando volar presuma, 
las plumas la han de ayudar. 
¿Cómo he de poder volar 
con solamente una pluma? 

Con las alas del favor; 
que el vuelo de una privanza 
mil imposibles alcanza. 
Del privar nace el temor, 

como muestra la esperiencia; 
y tener temor no es justo. 
Don Dionís: este es mi gusto. 
¿Gusto es de vuesa excelencia 

que sirva al duque? Pues, alto: 
cúmplase, señora, ansí, 
que ya de un vuelo subí 
al primer móvil más alto. 

Pues, si en esto gusto os doy, 
ya no hay subir mas arriba: 
como el duque me reciba, 
secretario suyo soy. 

Vos, señora, lo ordenad. 
Deseo vuestro provecho, 



230 



228. Así Y; X, vuestra; C, V, Excelencia. 

232. Primer móvil, 'la décima y más alta de las esferas 
que según Tclomeo rodeaban a la Tierra*. (V. Teatro antiguo 
español, 11, 261.) Comp. «Primer moble, | que arrebata | tras 
sí todas las venturas». (Cervantes, Ilustre fregona; Rivad., 1, 
190.) Falta esta palabra en el Diccionario Académico. 



vv. 215-265 EL VERGONZOSO EN PALACIO 79 



y ansí lo que veis he hecho; 

que, ya que os di libertad, 
pesárame que en la guerra 

la malograrais; yo haré 

cómo esta plaza se os dé 

por que estéis en nuestra tierra. 
Mireno. Mil años el cielo guarde 

tal grandeza. 
Madal. [Ap.] Honor: huir; 

que revienta por salir, 

por la boca, amor cobarde. (Vase.) 
Mireno. Pensamiento: ¿en qué entendéis? 
Vos, que a las nubes subís, 
decidme: ¿qué colegís 
de lo que aquí visto habéis? 
Declaraos, que bien podéis. 

Decidme: tanto favor 
¿nace de sólo el valor 
que a quien os honra ennoblece, 
o erraré si me parece 
que ha entrado a la parte amor? 

¡Jesús! ¡qué gran disparate! 
Temerario atrevimiento 
es el vuestro, pensamiento; 
ni se imagine ni trate: 
mi humildad el vuelo abate 
con que sube el deseo vario; 
mas, ¿por qué soy temerario 



242. C, le; los mss., la 



8o 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



si imaginar me prometo 
que me ama en lo secreto 
quien me hace su secretario? 

¿No estoy puesto en libertad 
por ella? Y, ya sin enojos, 27 o 
por el balcón de sus ojos, 
¿no he visto su voluntad? 
Amor me tiene. — Callad, 

lengua loca; que es error 
imaginar que el favor 2?5 
que de su nobleza nace, 
y generosa me hace, 
está fundado en amor. 

Mas el desear saber 
mi nombre, patria y nobleza, 280 
¿no es amor? Esa es bajeza. 
Pues, alma, ¿qué puede ser? 
Curiosidad de mujer. 

Sí; mas ¿dijera, alma, advierte, 
a ser eso desa suerte 285 
sin reinar amor injusto: 
«don Dionís, este es mi gusto»? 
Este argumento, ¿no es fuerte? 

Mucho: pero mi bajeza 
no se puede persuadir 290 
que vuele y llegue a subir 
al cielo de tal belleza; 
pero ¿cuándo hubo flaqueza 

en mi pecho? Esperar quiero; 
que siempre el tiempo ligero 2 <>$ 
hace lo dudoso cierto; 



w. 266-312 EL VERGONZOSO EN PaLACIO 8l 



pues mal vivirá encubierto 
el tiempo, amor y el dinero. 

Sale Tarso. 

Tarso. Ya que como a Daniel 

del lago, nos han sacado 300 
de la cárcel, donde he estado 
con menos paciencia que él; 

siendo la ira del duque 
nuestro profeta Habacú, 

¿qué aguare \s más aquí tú 305 
a que el tiempo nos bazuque? 

«¿Tanto bien nos hizo Avero, 
que en él con tal sorna estás? 
Vámonos; pero dirás 

que quieres ser caballero. 310 

Y poco faltó, par Dios, 
para ser en Portugal 



299. Daniel es trisílabo. 

304. Habacuc, uno de los doce profetas menores, predice 
—en el libro que lleva su nombre en la Biblia— la cautividad 
de Babilonia. Jehová, según él, enviará contra esta ciudad a los 
caldeos. 

306. bazucar, 'revolver, zarandear'. Comp. «[El] viejo 
encanece, arrúgase y se seca; | viene la muerte y todo lo ba- 
zuca, | y lo que deja paga y lo que peca». (Quevedo, Parnaso 
Español; Rivad., lxix, 132.) «Señores: ¡bazucado tengo el 
seso». (Entremés El Gabacho, editado por el Bachiller Man- 
tuano; Colecc. Oro Viejo, pág. 53.) «Otro empata la cuestión, | 
con que todo lo bazuca». (Moreto Antíoco y Seleuco; Rivade- 
neyra, xxxix, 45 a.) 

308. sorna, 'cachaza'. 

6 



82 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



caballeros a lo asnal; 

pues que supimos los dos 
que el duque mandado había 

que, por las acostumbradas, 

nos diesen las pespuntadas 

orden de caballería. 
Mireno. [Bríto amigo! 
Tarso. No soy Brito, 

sino Tarso. 
Mireno. Escucha necio. 

Tarso. Estas calzas menosprecio, 

que me estorban infinito. 

Ya que en Brito me trasformas, 

sácame de aquestos grillos; 

que no fui yo por novillos 



316. acostumbradas: sobreentiéndase «calles». Refiérese 
este pasaje a la pena de azotes aplicada con las pespuntadas, 
o sea dos tiras de cuero cosidas a pespunte. (V. R. Marín, 
Loaysa, pág. 141.) La analogía de los azotes con el espaldara- 
zo hace hablar a Tirso de la orden de caballería .— Comp. «Diz 
que me habían visto azotar por las calles acostumbradas de 
Talavera, con seis bolsas de cuero al cuello». (Alonso de la 
Vega, Tres comedias, pág. 83.) «Mandó... que le den dos- 
cientos azotes, llevándole por las calles acostumbradas de la 
ciudad, 

con chilladores delante 
y envaramiento detrás.» 

( Quijote, ii, 26; los versos son de un romance de Quevedo. (Ri- 
vadeneyra, lxix, 98.) V. también Quij., i, xxn; ed. R. Marín, 
1916, ii, 193. 

325. «Ir por novillos, fué por novillos. Dícese de los mo- 
zos que se amontan de casa... irse a Córdoba, a las Andalu- 



w. 313-341 EL VERGONZOSO EN PALACIO 83 



para que me pongas cormas. 
Quítamelas, y no quieras 

que alguna vez güela mal. 
Mireno. ¡Peregrino natural! 

¿Que nunca has de hablar de veras? 330 
Tarso. Ya hablo de veras. 
Mireno. Digo que estás temerario. 
Tarso. Braguirroto di que estoy. 

Pero ¿qué hay de nuevo? 
Mireno. Soy, 

por lo menos, secretario 335 
del duque de Avero. 
Tarso. ¿Cómo? 
Mireno. La que nos dio libertad, 

desta liberalidad 

es la autora. 
Tarso. Mejor tomo 

tus cosas; ya estás en zancos. 340 
Mireno. Pues aun no lo sabes bien. 



cías. Por ironía [se dice], que no sabrán granjear para traer 
novillos». (Correas, Vocabulario de refranes, págs. 541-42.) 
Otra explicación da Covarrubias (Tesoro, 1611, pág. 565 v): 
«Irse a novillos es un término aldeano, cuando algún mozo ha 
salido del lugar con ánimo de ver el mundo, y se vuelve 
dentro de poco tiempo, como hace el que va a comprar novi- 
llos a la feria». 

326. cormas: 'instrumento de madera que se echa al pie o 
pierna, y le abrazan de suerte que no se le puede quitar él 
mismo'.— Comp. «O haga ponelle una corma | después, porque 
no se le huya; | que si da en buscar novillos, | sin ser música, 
hará fugas». (Villana de Vallecas, 11, 5.) 



84 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Tarso. Darte quiero el parabién; 

y pues son los amos francos, 

si algún favor me has de hacer 
y mi descanso permites, 
lo primero es que me quites 
estas calzas, que sin ser 

presidente, en apretones, 
después que las he calzado, 
en ellas he despachado 
mil húmedas provisiones. (Vanse.) 

Salen don Antonio y doña Juana * 

Antón. Prima, a quedarme aquí mi amor me obliga, 
aguarde el rey o no, que mi rey llamo 
sólo mi gusto, que el pesar mitiga 
que me ha de consumir, si ausente amo. 
Pájaro soy; sin ver de amor la liga, 
curiosamente me asenté en el ramo 
de la hermosura, donde preso quedo: 
volar pretendo; pero más me enredo. 

El conde de Estremoz sirve y merece 
a doña Serafina: yo he sabido 
que el duque sus intentos favorece, 
y hacerla esposa suya ha prometido: 
quien no parece, dicen que perece; 
si no parezco, pues, y ya ni olvido 
ni ausencia han de poder darme reposo, 
¿qué he de esperar ausente y receloso? 



* Así los mss.; C, doña Antonia y doña Ana. 



w. 342-396 EL VERGONZOSO EN PALACIO 85 



Si mi adorado serafín supiera 

quién soy, y con decírselo aguardara 

recíprocos amores con que hiciera 370 

mi dicha cierta y mi esperanza clara, 

más alegre y seguro me partiera, 

y de su fe mi vida confiara; 

si se puede fiar el que es prudente 

de sol de enero y de mujer ausente. 375 

No me conoce, y mi tormento ignora, 
y así en quedarme mi remedio fundo; 
que me parta después, o vaya agora 
a la presencia de don Juan Segundo, 
importa poco. Prima mía, señora, 3 8o 
si no quieres que llore, y sepa el mundo 
el lastimoso fin que ausente espero, 
no me aconsejes el salir de Avero. 

Juana. Don Antonio: bien sabes lo que estimo 

tu gusto, y que el amor que aquí te enseño, 385 

al deudo corresponde que de primo 

nuestra sangre te debe, como a dueño; 

si en que te quedes ves que te reprimo, 

es por ser este pueblo tan pequeño 

que has de dar nota en él. 

Antón. Ya yo procuro 390 

cómo sin que la dé, viva seguro, 

Nunca me ha visto el duque, aunque me ha 

[escrito; 

yo sé que busca un secretario esperto, 
porque al pasado desterró un delito. 

Juana. Con risa el medio que has buscado advierto. 395 

Antón. <¡No te parece, si en palacio habito 



86 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



con este cargo, que podré encubierto 
entablar mi esperanza, como acuda 
el tiempo, la ocasión, y más tu ayuda? 

Juana. La traza es estremada, aunque indecente, 
primo, a tu calidad. 

Antón. Cualquiera estado 

es noble con amor. No esté yo ausente, 
que con cualquiera oficio estaré honrado. 

Juana. Búsquese el modo, pues. 

Antón. El más urgente 

está ya concluido. 

Juana. ¿Cómo? 

Antón. He dado 

un memorial al duque en que le pido 
me dé esta plaza. 

Juana. Diligente has sido; 

mas, sin saberlo yo, culparte quiero. 

Antón. Del cuidadoso el venturoso nace; 
hase encargado dél el camarero, 
de quien dicen que el duque caudal hace. 

Juana. Mucho priva con él. 

Antón. Mi dicha espero 

si el cielo a mis deseos satisface 
y el camarero en la memoria tiene 
esta promesa. 

Juana. Primo: el duque viene. 



400. indecente, 'impropio, inconveniente'. 
405. Así los mss.; C, se ha dado. 

411. hacer caudal, 'hacer caso\— Comp. «Cierto que siem- 
pre había seguido la voluntad del rey, y de solo ella hecho 



w. 397-432 EL VERGONZOSO EN PALACIO 87 



Salen el Duque y Figueredo, su camarero 
Duque. 



Figuer. 



Duque. 
Figuer. 



Antón. 
Duque. 

Antón. 
Duque. 
Antón. 



Ya sabes que requiere aquese oficio 
persona en quien concurran juntamente 
calidad, discreción, presencia y pluma. 
La calidad no sé; de esotras partes 
le puedo asegurar a vueselencia 
que no hay en Portugal quien conforme a ellas 
mejor pueda ocupar aquesa plaza; 
la letra, el memorial que vueselencia 
tiene suyo podrá satisfacelle. 
Alto: pues tú le abonas, quiero velle. 
Quiérole ir a llamar.— Pero delante 
está de vueselencia. Llegá, hidalgo, 
que el duque, mi señor, pretende veros. 
Déme los pies vueselencia. 

Alzaos. 

¿De dónde sois? 

Señor: nací en Lisboa. 
¿A quién habéis servido? 

Heme criado 
con don Antonio de Barcelos, conde 



430 



caudal». (Guerra de Granada; Rivad., t. xxi, pág. 100.)— «La 
hacienda heredó a un padre y el renombre, | de quien España 
tanto caudal hace | por los linajes que en sus reinos goza...» 
(Villana de Vallecas, 1, 10.) 

* C, Salen el duque y Figueredo. Mss., Sale el duque de 
Avero y Figueredo, su camarero. 

419. partes, 'cualidades, prendas'. 

424. Así los mss.;, C, satisfacerle. 



88 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Duque. 



Antón. 



Duque. 



Antón. 
Duque. 

Juana. 



Duque. 
Juana. 

Duque. 



de Pénela, y os traigo cartas suyas, 
en que mis pretensiones favorece. 
Quiero yo mucho al conde don Antonio, 
aunque nunca le he visto. ¿Por qué causa 
no me las habéis dado? 

No acostumbro 
pretender por favores lo que puedo 
por mi persona, y quise que me viese 
primero vueselencia. 

Camarero: 
su talle y buen estilo me ha agradado. 
Mi secretario sois; cumplan las obras 
lo mucho que promete esa presencia. 
Remítome, señor, a la experiencia. 
Doña Juana: ¿qué hace Serafina 
y Madalena? 

En el jardín agora 
estaban las dos juntas, aunque entiendo 
que mi señora doña Madalena 
quedaba algo indispuesta. 

Pues ¿qué tiene? 
Habrá dos días que anda melancólica, 
sin saberse la causa deste daño. 
Ya la adivino yo: vamos a vella, 
que, como darla nuevo estado intento, 
la mundanza de vida siempre causa 
tristeza en la mujer honrada y noble; 
y no me maravillo esté afligida 



446. Comp. m, 2. 



vv. 433-482 EL VERGONZOSO EN PALACIO 89 



quien teme un cautiverio de por vida. 

Doña Juana: quedaos; que como viene 

el mensajero de Lisboa, y conoce 

al conde de Pénela, vuestro primo, 460 

tendréis que preguntarle muchas cosas. 

Juana. Es, gran señor, así. 

Duque. Yo gusto deso. 

Secretario: quedaos. 

Antón. Tus plantas beso. 

( Vase el Duque y Figueredo.) 

Antón. Venturosos han sido los principios. 

Juana. Si tienes por ventura ser criado 465 
de quien eres igual, ventura tienes. 

Antón. Ya por lo menos estaré presente, 

y estorbaré los celos de algún modo 

que el conde de Estremoz me causa, prima. 

Juana. Dásele dél tan poco a quien adoras, 470 
y deso, primo, está tan olvidada, 
que en lo que pone agora su cuidado 
es sólo en estudiar con sus doncellas 
una comedia, que por ser mañana 
Carnestolendas, a su hermana intenta 475 
representar sin que lo sepa el duque. 

Antón. ¿Es inclinada a versos? 

Juana. Pierde el seso 

por cosas de poesía, y esta tarde 
conmigo sola en el jardín pretende 
ensayar el papel, vestida de hombre. 480 

Antón. ¿Así me dices eso, doña Juana? 

Juana. Pues, ¿cómo quieres que lo diga? 

Antón. ¿Cómo? 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Pidiéndome la vida, el alma, el seso, 
en pago de que me hagas tan dichoso 
que yo la pueda ver de aquesa suerte: 
así vivas más años que hay estrellas; 
así jamás el tiempo riguroso 
consuma la hermosura de que gozas; 
así tus pensamientos se te logren, 
y el rey de Portugal, enamorado 
de ti, te dé la mano, el cetro y vida. 

Juana. Paso; que tienes talle de casarme 
con el Papa, según estás sin seso. 
Yo te quiero cumplir aquese antojo. 
Vamos, y esconderéte en los jazmines 
y murtas que de cercas a los cuadros 
sirven, donde podrás, si no das voces, 
dar un hartazgo al alma. 

Antón. ¿Hay en Avero 

algún pintor? 

Juana. Algunos tiene el duque 

famosos; mas ¿por qué me lo preguntas? 

Antón. Quiero llevar conmigo quien retrate 
mi hermoso serafín; pues fácilmente, 
mientras se viste, sacará el bosquejo. 

Juana. ¿Y si lo siente düña Serafina 
o el pintor lo publica? 

Antón. Los dineros 

ponen freno a las lenguas y los quitan: 



485 



490 



495 



492. tener talle, 'tener aire'; comp. Teatro antiguo espa- 
ñol, 11, 203. 

505. En la lengua rústica de Andalucía (y supongo que en 
otras partes) aun se usa el plural dineros. 



w. 483-530 EL VERGONZOSO EN PALACIO 91 



o mátame o no impidas mis deseos. 
Juana. ¡Nunca yo hablara, o nunca tú lo oyeras, 
que tal prisa me das! Ahora bien, primo; 
en esto puedes ver lo que te quiero. 
Busca un pintor sin lengua, y no malparas; 
que, según los antojos diferentes 
que tenéis los que andáis enamorados, 
sospecho para mí que andáis preñados. 

( Vanse.) 

[Jardín del palacio.] 

Salen el Duque y Doña Madalena. 

Duque. Si darme contento es justo, 
no estés, hija, desa suerte; 
que no consiste mi muerte 
más de en verte a ti sin gusto. 

Esposo te dan los cielos 
para poderte alegrar, 
sin merecer tu pesar 
el conde de Vasconcelos. 

A su padre el de Berganza, 
pues que te escribió, responde; 
escribe también al conde, 
y no vea yo mudanza 

en tu rostro ni pesar, 
si de mi vejez los días 
con esas melancolías 
no pretendes acortar. 



92 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Madal. Yo, señor, procuraré 

no tenerlas, por no darte 

pena, si es que un triste es parte 

en sí de que otro lo esté. 
Duque. Si te diviertes, bien puedes. 
Madal. Yo procuraré servirte; 

y agora quiero pedirte, 

entre las muchas mercedes 

que me has hecho, una pequeña. 
Duque. Con condición que se olvide 

aquesa tristeza, pide. 
Madal. Honra: el amor os despeña. {Aparte.) 
El preso que te pedí 

librases, y ya lo ha sido, 

de todo punto ha querido 

favorecerse de mí: 

con sólo esto, gran señor, 

parece que me ha obligado; 

y así, a mi cargo he tomado, 

con su aumento, tu favor. 
Es hombre de buena traza, 

y tiene estremada pluma. 
Duque. Dime lo que quiere, en suma. 
Madal. Quisiera entrar en la plaza 

de secretario. 
Duque. Bien poco 

ha que dársela pudiera; 



533-34. Así los mss., que corrigen a C: si es un triste par- 
te | en sí de que no lo esté. 



w. 531-583 EL VERGONZOSO EN PALACIO 93 



aun no ha un cuarto de hora entera 
que está ocupada, 
Madal. (Aparte.) Amor loco: 

¡muy bien despachado estáis! 
Vos perderéis por cobarde, 
pues acudistes tan tarde, 
que con alas no voláis. 
Duque. Por orden del camarero 
a un mancebo he recibido 
que de Lisboa ha venido 
con aquese intento a Avero; 

y, según lo que en él vi, 
muestra ingenio y suficiencia. 
Madal. Si gusta vuestra excelencia, 
ya que mi palabra di, 

y él está con esperanza 
que le he de favorecer, 
pues me manda responder 
al conde y al de Berganza, 

sabiendo escribir tan mal, 
quisiera que se quedara 
en palacio, y me enseñara; 
porque en mujer principal 

falta es grande no saber 
escribir cuando recibe 
alguna carta, o si escribe, 
que no se pueda leer. 

Dándome algunas liciones, 



583. Al mismo ardid acude Marta la Piadosa para que su 
amante se qued'e en casa: «Porque rezar | sepa, lición me ha 
de dar: | padre mío, esta ha de ser». (Rivad., v., 453 b.) 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



más clara la letra haré. 

Duque. Alto, pues; lición te dé 

con que enmiendes tus borrones; 
que, en fin, con ese ejercicio 
la pena divertirás, 
pues la tienes porque estás 
ociosa; que el ocio es vicio. 
Entre por tu secretario. 

Madal. Las manos quiero besarte. 



585 



Sale el conde don Duarte. 



Conde. 
Duque. 
Conde. 

Duque. 
Conde. 



Duque. 



Señor... 



¡Conde don Duarte! 
Con contento extraordinario 
vengo. 

¿Cómo? 

El rey recibe 
con gusto mi pretensión, 
y sobre aquesta razón 
a vuestra excelencia escribe. 

Dice que se servirá 
su majestad de que elija, 
para honrar mi casa, hija 
de vueselencia, y tendrá 

cuidado de aquí adelante 
de hacerme merced. 

Yo estoy 
contento deso, y os doy 
nombre de hijo; aunque importante 

será que disimuléis 
mientras doña Serafina 



595 



605 



w. 584-632 EL VERGONZOSO EN PALACIO 95 





al nuevo estado se inclina; 






porque ya, conde, sabéis, 


610 




cuán pesadamente lleva 






esto de casarse agora. 




COiNDE. 


Hará el alma, que la adora, 






de su sufrimiento prueba. 




Duque. 


Yo haré las partes por vos 


615 




con ella; perder recelos: 






el conde de Vasconcelos 






vendrá pronto, y de las dos 






las bodas celebraré 






presto. 




Conde. 


El esperar da pena. 


620 


Duque. 


No estéis triste, Madalena. 




Madal. 


Yo, señor, me alegraré 






por dar gusto a vueselencia. 




Duque. 


Vamos a ver lo que escribe 






el rey. 




Conde. 


Quien espera, y vive, 


625 




bien ha menester paciencia. 






(Vanse los dos; queda 


Madalena.) 


Madal. 


Con razón se llama amor 






enfermedad y locura; 






pues siempre el que ama procura. 






como enfermo, lo peor. 


630 




Ya tenéis en casa, honor, 






quien la batalla os ofrece, 





615. hacer las partes, 'favorecer... proteger*. Comp. «Fuéla 
a ver favorecido | de tinieblas, que las partes | hacen siempre 
a amantes robos». (Amar por arte mayor; Rivad, v, 423 b.) 



9 6 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



y poco hará, me parece, 

cuando del alma os despoje, 

que quien el peligro escoge 6 35 

no es mucho que en él tropiece. 

Los encendidos carbones 
tragó Porcia, y murió luego; 
«¿qué haré yo, tragando el fuego, 
por callar, de mis pasiones? 6 4 o 
Diréle, no por razones, 

sino por señas visibles, 
los tormentos invisibles 
que padezco por no hablar; 
porque mujer y callar 6 +5 
son cosas incompatibles. (Vase.) 

• Salen doña Juana, don Antonio jy un Pintor. 

Juana. Desde este verde arrayán, 

donde el sitio al amor hurtafs], 
estos jazmines y murtas 

ser tus celosías podrán; 650 

pero que calles te aviso, 
y tendrá tu amor buen fin. 
Antón. Ya sé que es mi serafín 
ángel deste paraíso; 

y yo, si acaso nos siente, 055 
seré Adán echado dél. 
Juana. Yo haré que ensaye el papel 
aquí, para que esté enfrente 

del pintor, y retratalla 



648. C y mss., hurta. 



vv. 633-689 EL VERGONZOSO EN PALACIO 97 



Antón. 



Pintor. 
Antón. 



Pintor. 
Antón. 



con más facilidad pueda. 
Vistiéndose de hombre queda, 
pues da en aquesto: a avisalla 

voy de que solo y cerrado 
está el jardín. Primo, adiós. 
Pintores somos los dos: 
ya yo el retrato he copiado, 

que me enamora y abrasa. 
No entiendo ese pensamiento, 
Naipe es el entendimiento, 
pues le llama tabla rasa, 

a mü pinturas sujeto, 
Aristóteles. 

Bien dices. 
Las colores y matices 
son especies del objeto 

que los ojos que le miran 
al sentido común dan; 
que es obrador donde están 
cosas que el ingenio admiran, 

tan solamente en bosquejo, 
hasta que con luz distinta 
las ilumina y las pinta 
el entendimiento, espejo 

que a todas da claridad. 
Pintadas, las pone en venta, 
y para esto las presenta 
a la reina voluntad, 

mujer de buen gusto y voto, 
que ama el bien perpetuamente, 
verdadero o aparente, 



660 



{y ase) 



66 5 



670 



675 



680 



685 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



como no sea bien ignoto; 

que lo que no es conocido 
nunca por ella es amado. 
Pintor. Desa suerte lo ha enseñado 

el filósofo. 
Antón. Traído 

de la pintura el caudal, 
todos los lienzos descoge, 
y entre ellos compra y escoge, 
una vez bien y otras mal : 

pónele el marco de amor, 
y como en velle se huelga, 
en la memoria le cuelga, 
que es su camarín mayor. 

Del mismo modo miré 
de mi doña Serafina 
la hermosura peregrina; 
tomé el pincel, bosquejé, 

acabó el entendimiento 
de retratar su beldad, 
compróle la voluntad, 
guarnecióle el pensamiento 
que a la memoria le trajo, 
y viendo cuán bien salió 
luego el pintor escribió: 
Amor me fecit, abajo. 

¿Ves como pinta quien ama? 
Pintor. Pues si ya el retrato tienes, 
¿por qué a retratalla vienes 



696. descoger, 'desplegar'. 



vv. 690-742 EL VERGONZOSO EN PALACIO 99 



conmigo? 

Antón. Aqueste se llama 

retrato espiritual; 

que la voluntad, ya ves 

que es sólo espíritu. 
Pintor. ¿Pues? 
Antón. La vista, que es corporal, 
para contemplar, el rato 

que estoy solo, su hermosura, 

pide agora a tu pintura 

este corporal retrato. 
Pintor. No hay filosofía que iguale 

a la de un enamorado. 
Antón. Soy en amor gradüado; 

mas oye, que mi bien sale. 

Sale doña Serafina, vestida de hombre; el vestido 
sea negro, y con ella doña Juana. 

Juana. ¿Que aquesto de veras haces? 

¿Que en verte así no te ofendas? 
Seraf. Fiestas de Carnestolendas 

todas paran en disfraces. 
Deséome entretener 

deste modo; no te asombre 

que apetezca el traje de hombre, 

ya que no lo puedo ser. 
Juana. Paréceslo de manera, 

que me enamoro de ti. 

En fin, ¿esta noche es? 
Seraf. Sí. 
Juana. A mí más gusto me diera 



IOO 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



que te holgaras de otros modos, 
y no con representar. 
Seraf. No me podrás tú juntar, 745 
para los sentidos todos 

los deleites que hay diversos, 
como en la comedia. 
Juana. Calla. 
Seraf. ¿Qué fiesta o juego se halla, 

que no le ofrezcan los versos? 750 

En la comedia, los ojos 
¿no se deleitan y ven 
mil cosas que hacen que estén 
olvidados sus enojos? 

La música, ¿no recrea 755 
el oído, y el discreto 
no gusta allí del conceto 
y la traza que desea? 

Para el alegre, ¿no hay risa? 
Para el triste, ¿no hay tristeza? 760 
¿Para el agudo, agudeza? 
Allí el necio, ¿no se avisa? 

El ignorante, ¿no sabe? 
¿No hay guerra para el valiente, 
consejos para el prudente, 765 
y autoridad para el grave? 

Moros hay, si quieres moros; 



745-84. Ha de relacionarse todo este pasaje con la defensa 
que hace Tirso de la comedia y del sistema dramático nacional 
de Lope de Vega. Véase el epílogo que publicamos a conti- 
nuación de El Vergonzoso. 



w. 743-796 EL VERGONZOSO EN PALACIO 



IOI 



Juana. 



Seraf. 

Juana. 
Seraf. 



Antón. 



si apetecen tus deseos 
torneos, te hacen torneos; 
si toros, correrán toros. 

¿Quieres ver los epítetos 
que de la comedia he hallado? 
De la vida es un traslado, 
sustento de los discretos, 

dama del entendimiento, 
de los sentidos banquete, 
de los gustos ramillete, 
esfera del pensamiento, 

olvido de los agravios, 
manjar de diversos precios, 
que mata de hambre a los necios 
y satisface a los sabios. 

Mira lo que quieres ser 
de aquestos dos bandos. 

Digo 

que el de los discretos sigo, 
y que me holgara de ver 
la farsa infinito. 

En ella 

¿cuál es lo malo que sientes? 
Sólo que tú representes. 
¿Por qué, si sólo han de vella 

mi hermana y sus damas? Calla; 
de tu mal gusto me admiro. 
Suspenso, las gracias miro 
con que habla: a retratalla 

comienza, si humana mano 
al vivo puede copiar 



770 



775 



780 



785 



790 



795 



102 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Pintor. 
Antón. 
Seraf. 
Juana. 



Seraf. 
Juana. 
Seraf. 



Juana. 



Seraf. 
Pintor. 



Seraf. 
Juana. 



la belleza singular 
de un serafín. 

Es humano; 

bien podré. 

Pues ¿no te admiras 
de su vista soberana? 
El espejo, doña Juana; 
tocaréme. 

(Trae un espejo^) Si te miras 
en él, ten, señora, aviso, 

no te enamores de ti. 

¿Tan hermosa estoy ansí? 

Temo que has de ser Narciso. 
¡Bueno! Desta suerte quiero 

los cabellos recoger, 

por no parecer mujer 

cuando me quite el sombrero: 
pon el espejo. ¿A qué fin 

le apartas? 

Porque así impido 
a un pintor que está escondido 
por copiarte en el jardín. 
¿Cómo es eso? 

jVive Dios, 
que aquesta mujer nos vende! 
Si el duque acaso esto entiende, 
medrado habernos los dos. 

¿En el jardín hay pintor? 
Sí: deja que te retrate. 



800 



805 



810 



815 



820 



802. Los mss. acotan: Comienza a pintar el pintor. 



w. 797-840 EL VERGONZOSO EN PALACIO IO3 



Antón. ¡Cielos! ¿Hay tal disparate? 
Seraf. ¿Quién se atrevió a eso? 
Juana. Amor, 

que, como en Chipre, se esconde 

enamorado de ti 

por retratarte. 
Antón. Eso sí. 

Juana. ( Aparte.) ¡Cuál estará agora el conde! 
Seraf. Humor tienes singular 

aquesta tarde. 
Pintor. <|Ha de ser 

el vestido de mujer 

con que la he de retratar, 
o como agora está? 
Antón. Sí, 

como está; por que se asombre 

el mundo, que en traje de hombre 

un serafín ande ansí. 
Pintor. Sacado tengo el bosquejo, 

en casa lo acabaré. 
Seraf. Ya de tocarme acabé; 

quitar puedes el espejo. 
¿No está bien este cabello? 

¿Qué te parezco? 
Juana. Un Medoro. 



8*S 



830 



«35 



840 



823. Alusión al templo consagrado a Venus, en la ciudad 
de Pafos (isla de Chipre). Comp.: «Mis sentidos recreó [esa 
huerta], | porque en ella se cifró | Chipre, en que Venus asis- 
ta». (Huerta de Juan Fernández; Rivad., v. 638, c.) 

840. Medoro —personaje del Orlando furioso, de Ludo- 



104 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



No estoy vestida de moro. 
No; mas pareces más bello. 

Ensayemos el papel, 
pues ya estoy vestida de hombre. 
¿Cuál es de la farsa el nombre? 845 
La portuguesa cruel. 

En ti el poeta pensaba, 
cuando así la intituló. 
Portuguesa soy; cruel, no. 

Pues a amor «¿qué le faltaba, 850 
a no sello? 

¿Qué crueldad 
has visto en mí? 

No tener 

a nadie amor. 

( Vase poniendo el cuello y capa y sombrero?) * 
¿Puede ser 



vico Ariosto (1474-1533)— es un guerrero árabe que, por res- 
catar el cadáver del príncipe Dardinelo, lucha encarnizada- 
mente con los cristianos. A punto de morir, la bella Angélica 
le vuelve a la vida, y le hace entrega de su mano y su corona. 
He aquí cómo lo describe el Ariosto en el canto xvni de su 
poema: «Medoro avea la guancia colorita | e bianca e grata 
nell'etá novella; | e fra la gente aquella impresa uscita, | non 
era faccia piú gioconda e bella: | occhi avea neri, e chioma 
crespa d'oro: | ángel parea di quei del sommo coro». (Tenía 
Medoro el rostro sonrosado; blanco y apacible el color de su 
edad juvenil. Y entre los que salieron para aquella empresa, 
nadie como él tenía el gesto alegre y hermoso; sus ojos eran 
negros y dorada su crespa cabellera: semejaba a un ángel de 
los coros celestes.) 
* Esta acotación de los mss. falta en C. 



Seraf. 
Juana. 
Seraf. 

Juana. 
Seraf. 
Juana. 

Seraf. 
Juana. 

Seraf. 

Juana. 

Seraf. 



w. 841-875 EL VERGONZOSO EN PALACIO 105 



el no tener voluntad 
a ninguno, crueldad? Di. 
juana. ¿Pues no? 
Seraf. ¿Y será justa cosa, 

por ser para otros piadosa, 

ser yo cruel para mí? 
Pintor. Par diez, que ella dice bien. 
Antón. ¡Pobre del que tal sentencia 

está escuchando! 
Pintor. Paciencia 
Antón. Mis tormentos me la den. 
Seraf. Déjame ensayar, acaba; 

verás cuál hago un celoso. 
juana. <jQué papel haces? 
Seraf. Famoso. 

Un príncipe que sacaba 
al campo, a reñir por celos 

de su dama, a un conde. 
Juana. Pues, 

comienza. 
Seraf. No sé lo que es; 

pero escucha, y fingirélos. 
Conde: vuestro atrevimiento 

a tal término ha venido, 

que ya la ley ha rompido 

de mi honrado sufrimiento. 
Espantado estoy, por Dios, 



855 



860 



865 



{Representad) 8 7 o 



875 



858. Comp. el razonamiento de Marcela en el Quijote^ 1, 14. 
863. Comp. «Aquiles.— Pues oye ahora, | verás que como 
enamora, | sabes Aquiles pedir celos.» (El Aquiles, 11, 8.) 



io6 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



de vos, y de Celia bella: 

de vos, porque habláis con ella; 

della, porque os oye a vos; 

que, supuesto que sabéis 
las conocidas ventajas 88o 
que hace a vuestras prendas bajas 
el valor que conocéis 

en mí, desacato ha sido: 
en vos, por habella amado, 
y en ella, por haber dado 885 
a vuestro amor loco oído. 

Oye; no hay satisfaciones, 
que serán intentos vanos; 
pues como no tenéis manos, 
queréis vencerme a razones. 890 

Haga vuestro esfuerzo alarde, 
acábense mis recelos, 
que no es bien que me dé celos 
un hombre que es tan cobarde. (Echa mano.) 

Muestra tu valor agora, 8 95 
medroso, infame enemigo; 
muere. 

Juana. ¡Ay! ten; que no es conmigo 



891. Alarde, 'la revista que se pasa a los soldados, y de 
aquí la gala y el lucimiento que los soldados ostentaban en este 
acto, y, en general, el hecho de mostrar algo'. Comp. «Vuestras 
joyas son | tales como encarecéis | ... yo en ver su hermoso 
alarde | contento hubiera tenido, ¡ si antes hubierais venido». 
(Calderón, A secreto agravio. i,7.) «.... he de abrasarme o libra- 
lia. | Haga aquí mi esfuerzo alarde.» (Palabras y plumas ,¡,15.) 



vv. 876-925 EL VERGONZOSO EN PALACIO 107 



la pesadumbre, señora. 
Seraf. ¿Qué te parece? 
Juana. Temí. 
Seraf. Enojéme. 

Juana. Pues ¿qué hicieras, 900 

a ser los celos de veras, 

si te enojas siendo así? 
Antón. ¡Hay celos con mayor gracia! 
Pintor. Estoy mirándola loco. 

¡Donaire estraño! 
Juana. Por poco 9 o 5 

sucediera una desgracia, 
de verte tuve temor; 

un valentón bravo has hecho. 
Seraf. Oye agora. Satisfecho 

de mi dama y de su amor, 9IO 
del enojo que la di, 

muy a lo tierno la pido 

me perdone arrepentido. 
Juana. Eso será bueno: di. 

Seraf. [Representa.] Los cielos me son testigos, 915 
si el enojo que te he dado, 
al alma no me ha llegado. 
Mi bien, seamos amigos; 

basta, no haya más enojos, 
pues yo propio me castigo, 92 o 
vuelvan a jugar conmigo, 
las dos niñas desos ojos; 

quitad el ceño, no os note 
mi amor, niñas soberanas; 

que dirá que sois villanas, 925 



io8 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. I 



viéndoos andar con capote. 

¿De qué sirve ese desdén, 
mi gloria, mi luz, mi cielo, 
mi regalo, mi consuelo, 
mi paz, mi gloria, mi bien? 

¿Que no me quieres mirar? 
¡Que esto no te satisfaga! 
Mátame, toma esta daga. 
Mas no me querrás matar; 

que aunque te enojes, yo sé 
que en mí tu gusto se emplea. 
No haya más, mi Celia, ea; 
mira que me enojaré. 

(Va a abrazar a doña Juana.) * 

Como te adoro, me atrevo; 
no te apartes, no te quites; 
Juana. Pasito, que te derrites; 

de nieve te has vuelto sebo. 

Nunca has sido, sino agora, 
portuguesa. 
Antón. ¡Ah, cielo santo! 

926. Juego de palabras; capote, 'ceño* y 'prenda de vestir'. 

* Así mss.; C, Va a abrazar a Celia. 

941-42. V. i, 848. Comp. «Vamos a Aragón... no elijas a Por- 
tugal, ¡ que es monarquía de sebo, | y te harán vela de a cuar- 
to.» (Lope, Rey Don Pedro, III, 9.) «Un cabo de vela portu- 
guesa.» (Espinel, Marcos de Obregón, Rivad. xvm, 395 a). 
«Portugués de más valor, | derretido de su amor, | lágrimas de 
sebo arroja». (Rojas, También la afrenta es veneno, Rivade- 
neira liv, 599 b). «Que sólo a los portugueses | para derretir- 
se, amor | les da término tan breve». (Lope, Marqués de las 
Navas; Rivad., ni, 501 a). 



w. 926-971 EL VERGONZOSO EN PALACIO 109 



I Quién la dijera otro tanto 945 
como ha dicho! 
Juana. Di, señora: 

¿es posible que quien siente 
y hace así un enamorado 
no tenga amor? 
Seraf. No me ha dado 

hasta agora ese accidente, 950 

porque su provecho es poco, 
y la pena que da es mucha. 
Aqueste romance escucha; 
¡verás cuán bien finjo un loco! (Representad) 

¿Que se casa con el conde, 955 
y me olvida Celia? ¡Cielos! 
Pero mujer y mudanza 
tienen un principio mesmo. 
¿Qué se hicieron los favores, 
que cual flores prometieron 960 
el fruto de mi esperanza? 
Mas fueron flores de almendro; 
un cierzo las ha secado. 
Loco estoy, matarme quiero; 
piérdase también la vida, 965 
pues ya se ha perdido el seso. 
Mas, no; vamos a las bodas; 
que razón es, pensamiento, 
pues que la costa pagamos, 
que a mi costa nos holguemos. 970 
En la aldea se desposan 



945. Así rass.; C, diera. 



110 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



los dos a lo villanesco; 

que pues se casa en aldea, 

villana su amor [la] ha vuelto; 

celos, volemos allá, 975 

pues tenéis alas de fuego. 

A lindo tiempo llegamos, 

desde aquí verla podemos. 

Ya salen los convidados, 

el tamboril toca el tiempo, 980 

porque a su son bailan todos; 

pues ellos bailan, bailemos. 

Va: Perantón, Perantón,.. (Bailad) 

Haced mudanzas, deseos, 

pues vuestra Celia las hace: 9 8 5 
tocá, Pero Sastre, el viejo, 
pues que la villa lo paga. 
Ya se entraron allá dentro, 
ya quieren dar colación: 

la capa del sufrimiento (Rebózase.) 990 

me rebozaré; que así 
podré llegar encubierto, 
y arrimarme a este rincón, 



973-74. Los mss. que a Celia su ingratitud \ villana tosca 
la ha hecho. 

983. En una letra de Navidad de José de Valdivielso se cita 
un cantar de Perantón. A algo por el estilo se referirá Tirso. 
«Cantó Moreno, viendo el pan, \ al vilano se lo dan; | y 
Andrés de Cubas, | Per anión, come de mis uvas» (Rivad.,xxm, 
371 b.) 

986. tocá 'tocad'; esta forma sin d subsiste aun cuando si- 
gue os. 



vv. 972-1015 EL VERGONZOSO EN PALACIO III 



como mis merecimientos. 

Avellanas y tostones 995 

dan a todos. ¡Hola! ¡Ah, neciosl 

Llegad, tomaré un puñado. — 

(Yo necio? Mentís. — ¿Yo miento? 

Tomad. — ¿A mí bofetón? (Dase un bofetón) *. 

Muera. — Ténganse. «¿Qué es esto? — 1000 

(Echa mano) *. 
No fué nada. — Sean amigos. — 
Yo lo soy. — Yo serlo quiero. (Envaina) *. 
Ya ha llegado el señor cura. 
Por muchos años y buenos 
se regocije esta casa 1005 
con bodas y casamientos. — 
Por vertú de su mercé, 
señor cura: aquí hay asiento. — 
Eso no. — Tome esta silla 

de costillas. — No haré, cierto. — 1010 

Digo que la ha de tomar. — 

Este escaño estaba bueno; 

mas por no ser porfiado... — 

Ya se ha rellanado el viejo. 

Echá vino, Hernán Alonso; 1015 



* Así mss.; faltan estas tres acotaciones en C. 

1009-10. silla de costillas. No se sabe bien de qué forma 
era; pero, sin duda, tenía varas encorvadas, como costillas, 
Comp. «Una silla de costillas... | que se abre | con todos 
cuantos la ruegan. (Rojas, Lo que quería ver el marqués de 
Villena, Rivad. liv, 328 b). V. Desde Toledo a Madrid; Rivad., 
v, 488 b) y Pícara Justina, ed. Puyol, 11, 240; ni, 237. 

1010. Era usual suprimir el complemento con hacer. 



112 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



beba el cura, y vaya arreo. — 
¡Oh, cómo sabe a la pega!—- 
También Celia sabe a celos. 
Ya es hora del desposorio; 

todos están en pie puestos; 1020 

los novios y los padrinos 

enfrente, y el cura enmedio. — 

Fabio: ¿queréis por esposa 

a Celia hermosa? — Sí, quiero. — 

Vos, Celia: ¿queréis a Fabio? — 1035 

Por mi esposo y por mi dueño. — 

¡Oh, perros! ;En mi presencia! (Mete mano.) * 

El príncipe Pinabelo 

soy, mueran los desposados, 

el cura, la gente, el pueblo. — 1030 

|Ay, que nos mata! — Pegadles, 

celos míos, vuestro incendio: 

pues Sansón me he vuelto, muera 

Sansón con los Filisteos; 

que no hay quien pueda resistir el fuego, 1035 
cuando le enciende amor y soplan celos. 
Juana. jPecadora de mí; tente! 

Que no soy Celia, ni Celio, 
para airarte contra mí. 



1016. «beba el cura y los demás después de él». Comp. «Mi 
madre era muy ojienjuta, y nosotras no podíamos llorar sino 
era comenzando madre y yendo arreo». (Pícara Justina, Riva- 
deneyra, t. xxxm, pág. 75 b.) 

1017. Pega, 'baño que se da con pez a los vasos, cántaros 
y pellejos'. 

* Acotación de los mss. 



w. 1016-1060 EL VERGONZOSO EN PALACIO 113 



Seraf. Encendíme, te prometo, 1040 

como Alejandro lo hacía, 

llevado del instrumento 

que aquel músico famoso 

le tocaba. 
Antón. ¿Pudo el cielo 

juntar más donaire y gracia 104$ 

solamente en un sujeto? 

pichoso quien, aunque muera, 

le ofrece sus pensamientos! 
Juana. Diestra estás; muy bien lo dices. 
Seraf. Ven, doña Juana; que quiero I05 o 

vestirme sobre este traje 

el mío, hasta que sea tiempo 

de representar. 
Juana. A fe, 

que se ha de holgar en extremo 

tu melancólica hermana. I055 
Seraf. Entretenerla deseo. (Vanse las dos.) 

Pintor. Ya se fueron. 
Antón. Ya quedé 

con su ausencia triste y ciego. 
Pintor. En fin: ¿quieres que de hombre 

la pinte? 

Antón. Sí; que deseo 106© 



1042. Alejandro tuvo estima especial por un músico lla- 
mado Timoteo cuyos aires frigios le arrebataban de tal suer- 
te, que inmediatamente corría a las armas, como si el enemigo 
estuviese próximo. (V. el suplemento al libro 1 de la Vida de 
Alejandro, por Quinto Curcio.) 

8 



114 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



Pintor. 
Antón. 



Pintor. 
Antón. 

Pintor. 
Antón. 



contemplar en este traje 

lo que agora visto habernos; 

pero truécala el vestido. 

Pues ¿no quieres que sea negro? 

Dará luto a mi esperanza; 1065 

mejor es color de cielos 

con oro, y pondrán en él 

oro amor y azul mis celos. 

Norabuena. 

¿Para cuándo 
me le tienes de dar hecho? 1070 
Para mañana sin falta. 
No repares en el precio; 
que no trujera amor desnudo el cuerpo 
a ser interesable y avariento. (Vanse.) 



Sale doña Madalena y Mireno. 

Madal. Mi maestro habéis de ser 1075 

desde hoy. 
Mireno. ¿Q ue na visto en mí, 

vuestra excelencia, que así 

me procura engrandecer? 
Dará lición al maestro 

el discípulo desde hoy. so8 ° 
Madal. (Aparte.) ¡Qué claras señales doy 

del ciego amor que le muestro! 
Mireno. (Aparte.) ¿Qué hay que dudar, esperanza? 



1068. V. S. G. Morley, Color Symbolism in Tirso de Mo- 
lina, en Romanic Review, 1917, pág. 77-81. 



tv. io6x mi EL VERGONZOSO EN PALACIO 115 



Esto ¿no es tenerme amor? 

Dígalo tanto favor, lo8 s 
muéstrelo tanta privanza. 

Vergüenza: ¿por qué impedís 
la ocasión que el cielo os da? 
Daos por entendido ya. 
Madal. Como tengo, don Dionís, io 9° 

tanto amor... 
Miren o. [Ap.] - ¡Ya se declara, 

ya dice que me ama, cielos! 
Madal. ... al conde de Vasconcelos, 
antes que venga, gustara, 

no sólo hacer buena letra, 1095 
pero saberle escribir, 
y por palabras decir 
lo que el corazón penetra; 

que el poco uso que en amar 
tengo, pide que me adiestre noo 
esta experiencia, y me muestre 
cómo podré declarar 

lo que tanto al alma importa, 
y el amor mismo me encarga; 
que soy en quererle larga, nos 
y en significarlo corta. 

En todo os tengo por diestro; 
y así, me habéis de enseñar 
a escribir, y a declarar 

al conde mi amor, maestro. mo 
Mi reno. {Aparte.) ¿Luego no fué en mi favor, 



1087. Así lo mss.; G, por errata, verganza. 



u6 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. II 



pensamiento lisonjero, 
sino porque sea tercero 
del conde? ¿Veis, loco amor, 



cuán sin fundamento y fruto 
torres habéis levantado 
de quimeras, que ya han dado 
en el suelo? Como el bruto 



en esta ocasión he sido, 
en que la estatua iba puesta, 



haciéndola el pueblo fiesta, 
que loco y desvanecido 

creyó que la reverencia, 
no a la imagen que traía, 

sino a él solo se hacía; n 25 
y con brutal impaciencia 

arrojalla de sí quiso, 
hasta que se apaciguó 
con el castigo, y cayó 

confuso en su necio aviso. n 3 o 

¿Así el favor corresponde 
con que me he desvanecido? 
Basta; que yo el bruto he sido, 
y la estatua es sólo el conde, 

Bien puedo desentonarme, 



que fué mucho declararme. 

Mañana comenzaréis, 
maestro, a darme lición. 
Mireno. Servirte es mi inclinación. 
Madal. Triste estáis. 




que no es la fiesta por mí. 
(Aparte). Quise deslumhrarle así; 



vv. 1112-1159 EL VERGONZOSO EN PALACIO U7 



MlRENO. ¿Yo? 

Madal. ¿Qué tenéis? 

Mireno. Ninguna cosa. 

Madal. [Ap.\ Un favor 

me manda amor que le dé. 

(Tropieza, y dala la mano Mireno.) 

¡Válgame DiosI Tropecé... 

\Ap\ Que siempre tropieza amor. 
El chapín se me torció. 
Mireno. [Ap.\ [Cielos! ¿Hay ventura igual? 

¿Hízose acaso algún mal 

vueselencia? 
Madal Creo que no. 

Mireno. ¿Que la mano la tomé? 
Madal. Sabed que al que es cortesano 

le dan, al darle una mano, 

para muchas cosas pie. ( Vase.) 

Mireno. «¡Le dan, al darle una mano, 

para muchas cosas pie!» 

De aquí, ¿qué colegiré? 

Decid, pensamiento vano: 

en aquesto ¿pierdo o gano? 



1145. Comp. esta escena con la v del acto m de El Casti- 
go del penseque. La condese Diana, al ponerle un guante su 
secretario, le declara su amor de modo equívoco. Rodrigo no 
sabe a qué atenerse: «¡Cielos! ¿Es favorecerme | esto, o burlar- 
se? No sé». El fin de la escena es el mismo. Para contrarrestar 
el efecto de su desenvoltura dice Diana: «... si el conde vinie- 
ra..., alcanzara por amante | lo que por soldado no. D. Rodri- 
go.— ¡Ah, cielos! ya declaró | la enigma oscura del guante». 

1156. Así los mss.; en C falta que. 



TIRSO DE MOLINA 



ACÍ. ÍI 



¿Qué confusión, qué recelos n6o 
son aquestos? Decid, cielos: 
¿esto no es amor? Mas no, 
que llevo la estatua yo 
del conde de Vasconcelos. 

Pues ¿qué enigma es darme pie „6 5 
la que su raano me ha dado? 
Si sólo el conde es amado, 
¿qué es lo que espero? ¿Qué sé? 
Pie o mano, decid, ¿por qué 

dais materia a mis desvelos? 1170 
Confusión, amor, recelos, 
¿soy amado? Pero no, 
que llevo la estatua yo 
del conde de Vasconcelos. 

El pie que me dió será u 75 
pie para darla lición 
en que escriba la pasión 
que el conde y su amor la da. 
Vergüenza, sufrí y callá; 

basta ya, atrevidos vuelos, uso 
vuestra ambición, si a los cielos 
mi desatino os subió; 
que llevo la estatua yo 
del conde de Vasconcelos. 

FIN DEL ACTO SEGUNDO 



1 1 79. Así mss.; C, venganza. 

1180. C, bastan. 



III 

ACTO TERCERO 
DEL VERGONZOSO EN PALACIO 

[Casa de un labrador.'] 

Salen Lauro, pastor viejo, y Ruy Lorenzo, tambié?i 
de pastor. 

Ruy. Si la edad y la prudencia 

ofrece en la adversidad, 
Lauro discreto, paciencia, 
vuestra prudencia y edad 

pueden hacer la esperiencia. 5 

Dejad el llanto prolijo, 
que, si vuestro ausente hijo 
es causa que lloréis tanto, 
él convertirá ese llanto 

brevemente en regocijo. io 

Su virtud misma procura 
honrar vuestra senectud 
y hacer su dicha segura, 



2. ofrece no concierta con los dos sujetos que preceden. 
Bello ( Gram.y 83, 3) considera esta disconcordancia como una 
falta, aunque Solís dijese: «La obligación de redargüir a los 
primeros, y el deseo de conciliar a los segundos, nos ha dete- 
nido en buscar papeles» (Conquista de Méjico, 1, 1.) V. 1, 444. 



12Ü 



TIRSO DÉ MOLINA 



ÁCT. III 



que siempre fué la virtud 
principio de la ventura; 

y pues la tiene por madre, 
no es bien que ese llanto os cuadre. 
Lauro. Eso mis males lo vedan, 
porque los hijos heredan 
las desdichas de su padre. 

No le he dejado otra herencia 
si no es la desdicha mía, 
que era el muro que tenía 
mi vejez. 

Ruy. ¿Esa es prudencia? 

Si por trabajos un hombre 
es bien que llore y se asombre, 
¿quién los tiene como yo, 
a quien el cielo quitó 
honra, patria, hacienda y nombre? 

Un hijo sólo perdéis, 
aunque no en las esperanzas 
que de gozalle tenéis; 
pero yo, con las mudanzas 
que de mi vida sabéis, 

¿cuándo veré que el furor - 
del tiempo y de su rigor 
dejará de hacerme ultraje, 
despreciado en este traje 
y con nombre de traidor? 

Consoladme vos a mí, 
pues es más lo que perdí. 



33. Así mss.; C, pero no... 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 121 



Lauro. ¿Más que un hijo habéis perdido? 
Ruy. El honor, ¿no es preferido 
a la vida y hijos? 



no es bien que se tome el medio 
deshonrado; el que la alcanza 

con medios que injustos son, 
cuando más vengarse intenta, 
queda con mayor afrenta; 
dando color de traición 

el contrahacer firma y sello 
del duque para matar 
al conde, pudiendo hacello 
de otro modo y no manchar 



43. Como en los demás dramaturgos, desde Lope, aparece 
aquí el sentimiento del honor como rasgo literario. En Tirso se 
dan notas parecidas a la de los demás contemporáneos. En La 
Villana de Vallecas, i, 3, lo mismo que en Lope de Vega, está 
expuesta la teoría de A secreto agravio, de Calderón: «ten la 
lengua, cierra el labio; | que entre tanto que está oculto, | no 
da deshonra el agravio». Sin embargo, en Tirso el honor no es 
sólo patrimonio de la nobleza: puede existir en los villanos. 
V. Burlador, m, 101-104 y 107-108.— Sobre esto, v. Revista de 
Filología española, 1916, pág. 1-50. 

47-54. Los mss.: Vuestra venganza ¡ esforzó a tomar un 
medio \ poco honroso, que el que alcanza \ de su honor sa- 
tisfación... color tuvo de traición —No indica que falte nada 
la redondilla (50-53), intercalada entre las quintillas; cf. 21-24. 



Lauro. 



Lauro. 
Ruy. 



Sí. 

Pues si no tengo esperanza 
de dar a mi honor remedio, 
más pierdo. 

En una venganza 



122 



TIRSO DÉ MOLINA 



ACf. III 



vuestro honor por socorrello 
Y pues parece castigo 

el que os da el tiempo enemigo, 

justo es que estéis consolado, 

pues padecéis por culpado; 

pero el que usa conmigo 
mi desdicha es diferente, 

pues, aunque no lo merezco, 

me castiga. 
Ruy. Un hijo ausente 

no es gran daño. 
Lauro. El que padezco 

tantos años inocente 
os diré, si los ajenos 

daños hacen que sean menos 

los propios males, 
Ruy. No son 

de aquesa falsa opinión 

los generosos y buenos; 

porque el prudente y discreto 

siente el daño ajeno tanto 

como el propio. 
Lauro. Si secreto 

me guardáis, diraos mi llanto 

su historia. 
Ruy. Yo os le prometo; 

mas llorar un hijo ausente 

un hombre es mucha flaqueza. 
Lauro. Pierdo, con perdelle, mucho. 



6o 



6S 



75 



8o 



63. Así los mass.; C, pero lo. 



vv. 58-108 EL VERGONZOSO EN PALACIO 12^ 



Ruy. 



Lauro. 



Ruy. 
Lauro. 



Ruy. 



¿Qué más estremos hicieras, 

a tener tú mis desdichas? 

¡Ay, Dios! Si quien soy supieras, 

¡cómo todas tus desgracias 

las juzgaras por pequeñas! 

Ese enigma me declara. 

Pues con ese traje quedas 

en el lugar de mi hijo, 

escucha mi suerte adversa. 

Yo, Ruy Lorenzo , no soy 

hijo destas asperezas, 

ni el traje que tosco ves 

es mi natural herencia; 

no es de Lauro mi apellido, 

ni mi patria aquesta sierra, 

ni jamás mi sangre noble 

supo cultivar la tierra. 

Don Pedro de Portugal, 

me llaman, y de la cepa 

de los reyes lusitanos 

desciendo por línea recta. 

El rey don Duarte fué 

mi hermano, y el que ahora reina 

es mi sobrino. 

¿Qué escucho? 
¡Duque de Coimbra! Deja 
que sellen tus pies mis labios, 
y que mis desdichas tengan 



85 



90 



95 



105 



100. Tirso mismo declara la inexactitud histórica de todo 
este episodio del duque de Coimbra. (V. el Epílogo.) 



124 



TIRSO DE MOLINA ACT. III 



fin, pues con las tuyas son 
o ningunas o pequeñas. 
Lauro. Alza del suelo y escucha, 
si acaso tienes paciencia 
para saber los vaivenes 
de la fortuna y su rueda. 
Murió el rey de Portugal, 
mi hermano, en la primavera 
de su juventud lozana; 
mas la muerte, ¿qué no seca? 
De seis años dejó un hijo, 
que agora, ya hombre, intenta 
acabar mi vida y honra; 
y dejando la tutela 
y el gobierno destos reinos 
solos a mí y a la reina. 
Murió el rey; sobre el gobierno 



1 15. Murió, en efecto, don Duarte en 1438, después de cinco 
años de reinado, a consecuencia del pesar que le produjo el 
fracaso de la expedición a Africa. Todo este pasaje es histó- 
rico en sus líneas generales. Doña Leonor, la reina viuda, era 
hija de Fernando I de Aragón y, por tanto, hermana de doña 
María, mujer de Juan II de Castilla, no de éste (v. 135). Según 
el testamento de don Duarte, la regencia correspondió a su 
hermano don Pedro, duque de Coimbra, originándose luchas y 
rivalidades, complicadas con los sucesos de Castilla, entonces 
agitada por la privanza de don Alvaro de Luna. Don Pedro, sin 
embargo, como Tirso sabía, no sale desterrado de la Corte y 
sino que muere en Alfarrobeira (1449), luchando con las tropas 
de su sobrino Alfonso V. (V. para todo este período de la his- 
toria de Portugal, el sugestivo libro de Oliveira Martins, Os 
filhos de D.Joao I; Lisboa, 1891.) 



w. 109-156 EL VERGONZOSO EN PALACIO 125 



hubo algunas diferencias 
entre mí y la reina viuda, 
porque jamás la soberbia 
supo admitir compañía 
en el reinar, y las lenguas 
de envidiosos lisonjeros 
siempre disensiones siembran. 
Metióse el rey de Castilla 
de por medio, porque era 
la reina su hermana: en fin, 
nuestros enojos concierta 
con que rija en Portugal 
la mitad del reino, y tenga 
en su poder al infante. 
Vine en esta conveniencia; 
mas no por eso cesaron 
las envidias y sospechas, 
hasta alborotar el reino 
asomos de armas y guerras. 
Pero cesó el alboroto 
porque, aunque era moza y bella 
la reina, un mal repentino 
dio con su ambición en tierra. 
Murió, en fin; gocé el gobierno 
portugués sin competencia, 
hasta que fué Alfonso Quinto, 
de bastante edad y fuerzas. 
Caséle con una hija 
que me dió el cielo, Isabela 
por nombre; aunque desdichada, 
pues ni la estima ni precia. 



12 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Juntáronsele al rey mozo 
mil lisonjeros, que cierran 
a la verdad en palacio, 
como es costumbre, las puertas. 
Entre ellos un mi enemigo, 
de humilde naturaleza, 
Vasco Fernández por nombre, 
gozó la privanza excelsa; 
y queriendo derribarme 
para asegurarse en ella, 
a mi propio hermano induce, 
y, para engañarle, ordena 
hacerle entender que quiero 
levantarme con sus tierras 
y combatirle a Berganza, 
siendo duque por mí della. 
Creyólo, y ambos a dos 
al nuevo rey aconsejan, 
si quiere gozar seguro 
sus estados, que me prenda; 
para lo cual alegaban 
que di muerte con hierbas 
a doña Leonor, su madre, 
y que con traiciones nuevas 
quitalle intentaba el reino, 
pidiendo al de Ingalaterra 
socorro, con cartas falsas 
en que mi firma le enseñan. 
Creyólo; desposeyóme 
de mi estado y las riquezas 
que en el gobierno adquirí; 



vv. 157-218 EL VERGONZOSO EN PALACIO 127 



llevóme a una fortaleza, 
donde, sin bastar los ruegos 
ni lágrimas de Isabela, 
mi hija y su esposa, manda 
que me corten la cabeza. 
Supe una noche propicia 
el rigor de la sentencia, 
y, ayudándome el temor, 
las sábanas hechas vendas, 
me descolgué de los muros, 
y en aquella noche mesma 
di aviso que me siguiese 
a mi esposa la duquesa. 
Supo el rey mi fuga, y manda 
que al son de roncas trompetas 
me publiquen por traidor, 
dando licencia a cualquiera 
para quitarme la vida, 
poniendo mortales penas 
a quien, sabiendo de mí, 
no me lleve a su presencia. 
Temí el rigor del mandato, 
y como en la suerte adversa 
huye el amistad, no quise 
ver en ellos su esperiencia. 
Llegamos hasta estos montes, 
donde de parto y tristeza 
murió mi esposa querida, 
y un hijo hermoso me deja, 
que en este traje criado, 
comprando ganado y tierras, 



128 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



y hecho de duque pastor, 
ha ya veinte primaveras 
que han dado flores a mayo, 
hierba al prado y a mí penas, 
que el estado en que me ves 
conservo; mas todo fuera 
poco, a no perder la vista 
del hijo en cuya presencia 
olvidaba mis trabajos. 
Mira si es razón que sienta 
la falta que a mi vejez 
hace su vista, y que pierda 
la vida, que ya se acaba, 
entre lágrimas molestas. 
Ruy. Notables son los sucesos 

que en el mundo representa 

el tiempo caduco y loco, 

autor de tantas tragedias. 

La tuya, famoso duque, 

hace que olvide mis penas; 

mas yo espero en Dios que presto 

dará fortuna la vuelta. 

Bien claras señales daba 

de tu hijo la presencia, 

que, cual ceniza, el sayal 

las llamas de su nobleza 

encubría: quiera el cielo 

que rico y próspero vuelva 

a consolarte. 



244. V. 1, 283. 



vv. 219-260 EL VERGONZOSO EN PALACIO 129 



Bato. 



Lauro. 

Bato. 

Lauro 

Bato. 



Lauro. 
Bato. 



Lauro. 



Salen Vasco y Bato, pastores. 

Nuesamo: 
con cinco carros de leña 
vamos a Avero. ¿Manda algo 
para allá? 

Bato: que vengas 

presto. 

¿No quiere más? 

No. 

Pues yo sí, porque quisiera 
que, a cuenta de mi soldada, 
ocho veintenes me diera 
para una cofia de pinos 
que me ha pedido Firela. 
Ven por ellos. 

En mi tarja 
nueve rayas tengo hechas, 
porque otros cinco tostones 
debo no más. 

¡Qué simpleza! 

( Vanse Bato y Lauro.) 



255 



260 



254. veintén, 'moneda portuguesa, escudito de oro de valor 
de veinte reales'. 

255-258. Cofia de pinos. Comp. «El comendador de Oca- 
ña | servirá dama de estima | ... copete traerá rizado, | no cofia 
de pinos tosca». (Lope, Peribáñez; Rivad., xli, 291 b.) Aun se 
usa en las aldeas este modo de notar las deudas, haciendo 
hendiduras en una caña. 

259. Tostón, 'moneda portuguesa de plata, equivalente a 
cien reis (dos reales)'. 



9 



130 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Vasco. 
Ruy. 



Vasco. 



Ruy. 
Vasco. 



Ruy. 
Vasco. 



Ruy. 
Vasco. 



¿No podría yo ir allá. 

No, Vasco amigo, si intentas 

no perderte; que ya sabes 

nuestro peligro y afrenta. 

¿Hasta cuándo quieres que ande 

en esta vida grosera, 

de mis calzas desterrado? 

Vuélveme, señor, a ellas, 

y líbrame de un mastín 

que anoche desde la puerta 

de Melisa me llevó 

dos cuarterones de pierna. 

Pues ¿qué hacías tú de noche 

a su puerta? 

Hay cosas nuevas. 
Si aquí es el amor quillotro, 
quillotrado estoy por ella: 
hízome ayer un favor 
en el valle. 

¿Y fué? 

Que tiesa 
me dió un pellizco en un brazo, 
terrible, y me hizo señas 
con el ojo zurdo. 

¿Y ese 

es buen favor? 

¡Linda flema! 



265 



275 



275-276. 'Si aquí llaman al amor quillotro, diré que estoy 
quillotrado 1 . V. act. 1, not. 185. 



vv. 261-306 EL VERGONZOSO EN PALACIO 13 1 



Ansí se imprime el carácter 

del amor en las aldeas. {Van se.) 



[Salón en el palacio.] 

Salen Mireno jy Tarso. 

Tarso. ¿Más muestras quieres que dé 
que decirte, al «cortesano 
le dan, al dalle una mano, 
para muchas cosas pie»? 

¿Puede decirlo más claro 
una mujer principal? 
¿Qué aguardabas, pese a tal, 
amante corto y avaro, 

que ya te daré este nombre, 
pues no te osas atrever? 
¿Esperas que la mujer 
haga el oficio del hombre? 

¿En qué especie de animales 
no es la hembra festejada, 
perseguida y paseada 
con amorosas señales? 

A solicitalla empieza, 
que lo demás es querer 
el orden sabio romper 
que puso naturaleza. 

Habla; no pierdas por mudo 
tal mujer y tal estado. 



132 TIRSO DE MOLINA ACT. III 



Mireno. Un laberinto intricado 

es, Tarso, el que temo y dudo. 

No puedo determinarme 
que me prefieran los cielos 
al conde de Vasconcelos; 
pues llegando a compararme 

con él, sé que es gran señor, 
mozo discreto, heredero 
de Berganza, y desespero, 
viéndome humilde pastor, 

rama vil de un tronco pobre, 
y que tan noble mujer 
no es posible quiera hacer 
más favor que al oro, al cobre. 

Mas después el afición 
con que me honra y favorece, 
las mercedes que me ofrece 
su afable conversación, 

el suspenderse, el mirar, 
las enigmas y rodeos 
con que explica sus deseos, 
el fingir un tropezar 

— si es que fué fingido — , el darme 
la mano, con la razón 
que me tiene en confusión 
se animan para animarme, 

y entre esperanza y temor, 
como ya, Brito, me abraso, 
llego a hablalla, tengo el paso; 



308. V. act. i, not. 783. 



w. 307-353 EL VERGONZOSO EN PALACIO 133 



tira el miedo, impele amor, 

y cuando más me provoca 
y a hablalla el alma comienza, 
enojada la vergüenza 
llega y tápame la boca. 
Tarso. ¿Vergüenza? ¿Tal dice un hombre? 
¡Vive Dios, que estoy corrido 
con razón de haberte oído 
tal necedadl No te asombre 

que así llame a tu temor, 
por no llamarle locura. 
¡Miren aquí qué criatura, 
o qué doncella Teodor, 

para que con este espacio 
diga que vergüenza tiene! 
No sé yo para qué viene 
el vergonzoso a palacio. 

Amor vergonzoso y mudo 



348. La leyenda de la doncella Teodor fué muy popular en 
España. Tirso, sin embargo, no cita aquí a la doncella para re- 
cordar algo esencial de su carácter; irónicamente emplea la 
palabra doncella, y alude a la Teodor, familiar al público, y 
que además le servía para la rima.— La doncella Teodor es 
una joven sabia y pedantesca que vence en púbiico a los más 
sabios de su tiempo. Con este motivo, en las diversas fases de 
la leyenda, se muestra todo el caudal de conocimientos de la 
época. Su origen se halla en Las mil y una noches, de donde 
pasa, cambiando su ropaje oriental por otro cristiano, a la lite- 
ratura de Occidente. En España, Lope de Vega recogió esa le- 
yenda, La doncella Teodor, representada antes de 1617. (Véa- 
se Menéndez y Pelayo, La doncella Teodor, en e! «Homenaje 
a Codera», págs. 483-511.) 



134 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



medrará poco, señor, 

que, a tener vergüenza amor, 

no le pintaran desnudo. 

No hayas miedo que se ofenda 
cuando digas tus enojos; 
vendados tiene los ojos, 
pero la boca sin venda. 

Habla, o yo se lo diré ; 
porque, si callas, es llano 
que quien te dió pie en la mano 
tiene de dejarte a pie. 
Mireno. Ya, Brito, conozco y veo 

que amor que es mudo no es cuerdo; 
pero si por hablar pierdo 
lo que callando poseo, 

y agora con mi privanza 
y imaginar que me tiene 
amor, vive y se entretiene 
mi incierta y loca esperanza, 

y declarando mi amor 
tengo de ver en mi daño 
el castigo y desengaño, 
que espero de su rigor, 

¿no es mucho más acertado, 
aunque la lengua sea muda, 
gozar un amor en duda, 
que un desdén averiguado? 

Mi vergüenza esto señala, 
esto intenta mi secreto. 
Tarso. Dijo una vez un discreto 

que en tres cosas era mala 



vv. 354-406 EL VERGONZOSO EN PALACIO 135 



la vergüenza y el temor. 
Mireno. ¿Y eran? 

Tarso. Escucha despacio: 

en el pulpito, en palacio 
y en decir uno su amor. 

En palacio estás, los cielos 
te abren camino anchuroso; 
no pierdas por vergonzoso. 

Mireno. Si al conde de Vasconcelos 
ama, ¿cómo puede ser? 

Tarso. No lo creas. 

Mireno. Si lo veo, 

y ella lo dice. 

Tarso. Es rodeo 

y traza para saber 

si amas; a hablarla comienza, 
que, par Dios, si la perdemos, 
que al monte volver podemos 
a segar. 

Mireno. Si la vergüenza 

me da lugar yo lo haré, 
aunque pierda vida y fama. 



385 



390 



395 



400 



Sale doña Juana. 

Juana. Mirad, don Dionís, que os llama 

mi señora... 
Mireno. Luego iré. 

Tarso. Animo. 
Mireno. [Ap.] ¿Qué confusión 

me entorpece y acobarda? 



136 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Juana. Venid presto, que os aguarda. (Vase.) 
Tarso. Desenvuelve el corazón: 

habíala, señor, de espacio. 
MiRENr Tiemblo, Brito. 
Tarso. Esto es forzoso; 

bien dicen ;ue al vergonzoso 

le trujo el diablo a palacio. (Vanse.) 



[Habitación de doña Madalena.] 

Sale doña Madalena. 

Madal. Ciego dios, ¿que os avergüenza 
la cortedad de un temor? 
¿De cuándo acá, niño amor, 
sois hombre y tenéis vergüenza? 

¿Es posible que vivís 
en don Dionís, y que os llama 
su dios? Sí: pues, si me ama, 
¿cómo calla don Dionís? 

Decláreme sus enojos, 
pues callar un hombre es mengua; 
dígame una vez su lengua 
lo que me dicen sus ojos. 

Si teme mi calidad 
su bajo y humilde estado, 
bastante ocasión le ha dado 
mi atrevida libertad. 

Ya le han dicho que le adoro 
mis ojos, aunque fué en vano; 
la lengua al dalle la mano, 



w. 407-453 EL VERGONZOSO EN PALACIO 137 



a costa de mi decoro; 

ya abrió el camino que pudo 
mi vergüenza. Ciego infante : 
ya que me habéis dado amante, 
¿para qué me le dais mudo? 

Mas no me espanto lo sea, 
pues tanto amor me humilló; 
que, aun diciéndoselo yo, 
podrá ser que no lo crea. 

Sale doña Juana. 

Juana. Don Dionís, señora, viene 

a darte lición. 
Madal. (Aparte.) A dar 

lición vendrá de callar, 

pues aun palabras no tiene. 
De suerte me trata amor 

que mi pena no consiente 

más silencio; abiertamente 

le declararé mi amor, 

contra el común orden y uso; 

mas tiene de ser de modo 

que, diciéndoselo todo, 

le he de dejar más confuso. 

{Siéntase en una silla; finge que duerme, 
y sale Miren o, descubierto.) * 

Mireno. <¡Qué manda vuestra excelencia? 

442 Hay que suponer que Doña Juana se marcha. 
* descubierto, en los mss.; falta en C 



138 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



¿Es hora de dar lición? 

[Ap.~\ Ya comienza el corazón 4 ss 
a temblar en su presencia. 

Pues que calla, no me ha visto: 
sentada sobre la silla, 
con la mano en la mejilla 
está. 

Madal. [Ap.] En vano me resisto: * 6 ° 

yo quiero dar a entenderme 
como que dormida estoy. 
Mireno. Don Dionís, señora, soy. 

¿No me responde? Si duerme; 

durmiendo está. Atrevimiento, 465 
agora es tiempo; llegad 
a contemplar la beldad 
que ofusca mi entendimiento. 

Cerrados tiene los ojos, 
llegar puedo sin temor; 470 
que, si son flechas de amor, 
no me podrán dar enojos. 

¿Hizo el Autor soberano 
de nuestra naturaleza 

más acabada belleza? 4 ?5 
Besarla quiero una mano. 

¿Llegaré? Sí; pero no; 
que es la reliquia divina, 
y mi humilde boca, indina 

de rocalla. ¡Pero yo aSo 



479. C y X, indigna; pero Y, indina, aunque, reescribieron 
indigna. La escritura reacciona contra la pronunciación. 



w. 454-507 EL VERGONZOSO EN PALACIO 139 



soy hombre y tiemblo! ¿Qué es esto? 
Animo. ¿No duerme? Sí. 

{Llega y retírase?) 
Voy. ¿Si despierta? ¡Ay de mí, 
que el peligro es manifiesto, 

y moriré si recuerda 485 
hallándome deste modo! 
Para no perderlo todo, 
bien es que esto poco pierda. 

El temor al amor venza: 
afuera quiero esperar. 490 
Madal. [Ap.] ¡Que no se atrevió a llegar! 

¡Mal haya tanta vergüenza! 
Mireno. No parezco bien aquí 

solo, pues durmiendo está. 
Yo me voy. 

Mala. [Ap.] ¿Que al fin se va? 495 

{Como que duerme.) 

Don Dionís... 
Mireno. ¿Llamóme? Sí. 

¡Qué presto que despertó! 
Miren, ¡qué bueno quedara 
si mi intento ejecutara! 

¿Está despierta? Mas no; 500 
que en sueños pienso que acierta 

mi esperanza entretenida; 

y quien me llama dormida, 

no me quiere mal despierta. 

¿Si acaso soñando está 505 

en mí? |Ay, cielos! ¿quién supiera 

lo que dice? 



140 TIRSO DE MOLINA ACT. III 



Madal. ( Como que duerme.) No os vais fuera; 

llegaos, don Dionís, acá. 
Mireno. Llegar me manda su sueño. 
|Oué venturosa ocasión! 
Obedecella es razón, 
pues, aunque duerme, es mi dueño. 

Amor: acabad de hablar; 
no seáis corto. 
Madal. ( Todo lo que hablare ella es como entre sue- 
ños.) Don Dionís: 
ya que a enseñarme venís 
a un tiempo a escribir y amar 
al conde de Vasconcelos... 
Mireno. ¡Ay, celos! ¿qué es lo que veis? 
Madal. Quisiera ver si sabéis 

qué es amor y qué son celos; 

porque será cosa grave 
que ignorante por vos quede, 
pues que ninguno otro puede 
enseñar lo que no sabe. 

Decidme: ¿tenéis amor? 
¿De qué os ponéis colorado? 
¿Qué vergüenza os ha turbado? 
Responded, dejá el temor; 

que el amor es un tributo 
y una deuda natural 
en cuantos viven, igual 
desde el ángel hasta el bruto. 
( Ella misma se pregunta y responde como 

que duerme.) 
Si esto es verdad, ¿para qué 



▼v. 507-559 EL VERGONZOSO EN PALACIO H 1 



os avergonzáis así? 

¿Queréis bien? — Señora: sí — . 

¡Gracias a Dios que os saqué 

una palabra siquiera! 
Miren o. ¿Hay sueño más amoroso? 
|Oh, mil veces venturoso 
quien le escucha y considera! 

Aunque tengo por más cierto 
que yo solamente soy 
el que soñándolo estoy; 
que no debo estar despierto. 
Madal. ¿Ya habéis dicho a vuestra dama 

vuestro amor? — No me he atrevido — . 
¿Luego nunca lo ha sabido? — 
Como el amor todo es llama, 

bien lo habrá echado de ver 
por los ojos lisonjeros, 
que son mudos pregoneros — . 
La lengua tiene de hacer 

ese oficio, que no entiende 
distintamente quien ama 
esa lengua que se llama 
algarabía de aliende. 

¿No os ha dado ella ocasión 
para declararos? — Tanta, 
que mi cortedad me espanta. — 



556. algarabía de aliende —o de allende— se llamaba á la 
lengua árabe, o más bien a la jerga de los moriscos; por allen- 
de se entendía la tierra del otro lado del mar, en especial Ma- 
rruecos. 



142 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Hablad, que esa suspensión 560 

hace a vuestro amor agravio. — 
Temo perder por hablar 
lo que gozo por callar. — 
Eso es necedad, que un sabio 

al que calla y tiene amor 565 
compara a un lienzo pintado 
de Flandes que está arrollado. 
Poco medrará el pintor 

si los lienzos no descoge 
que al vulgo quiere vender 57 o 
para que los pueda ver. 
El palacio nunca acoge 

la vergüenza; esa pintura 
desdoblad, pues que se vende, 
que el mal que nunca se entiende 575 
difícilmente se cura. 

— Sí; mas la desigualdad 
que hay, señora, entre los dos 
me acobarda. — Amor, ¿no es dios? — 
Sí, señora. — Pues hablad, 580 

que sus absolutas leyes 
saben abatir monarcas 
y igualar con las abarcas 
las coronas de los reyes. 

Yo os quiero por medianera, 585 
decidme a mí a quién amáis. 
— No me atrevo. — ¿Qué dudáis? 



569. V. act. 11, not. 696. 
575. entender, 'oír'. 



w. 560-612 EL VERGONZOSO EN PALACIO 143 



mala para tercera? — 

No; pero temo, ¡ay de mí! — 
¿Y si yo su nombre os doy? 
¿Diréis si es ella si soy 
yo acaso? — Señora, sí. — 

{Acabara yo de hablar! 
¿•Mas que sé que os causa celos 
el conde de Vasconcelos? — ' 
Háceme desesperar; 

que es, señora, vuestro igual 
y heredero de Berganza. — 
La igualdad y semejanza 
no está en que sea principal, 

o humilde y pobre el amante, 
sino en la conformidad 
del alma y la voluntad. 
Declaraos de aquí adelante, 

don Dionís; a esto os exhorto, 
que en juegos de amor no es cargo 
tan grande un cinco de largo 
como es un cinco de corto. 

Días ha que os preferí 
al conde de Vasconcelos 
Mireno. ¡Qué escucho, piadosos cielos! 

( Da un grito Mireno, y hace que despierte 
doña Madalena.) 
Madal. |Ay, Jesús! ¿Quién está aquí? 



608. Expresiones del juego de bolos; al que juega menos y 
se queda corto para llegar a la raya, se le dan cinco tantos. 
(V. Dice, de Autorid.) 



I 4 4 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



¿Quién os trujo a mi presencia, 
don Dionís? 
Mireno. Señora mía... 

Madal. ¿Qué hacéis aquí? 

Mireno. Yo venía 615 

a dar a vuestra excelencia 
lición; halléla durmiendo, 

y mientras que despertaba, 

aquí, señora, aguardaba. 
Madal. Dormíme, en fin, y no entiendo 620 
de qué pudo sucederme, 

que es gran novedad en mí 

quedarme dormida ansí. (Levántase.) 
Mireno. Si sueña siempre que duerme 

vuestra excelencia del modo 625 

que agora, ¡dichoso yo! 
Madal. (Aparte.) ¡Gracias al cielo que habló 

este mudo! 
Mireno. (Ap.) Tiemblo todo. 
Madal. ¿Sabéis vos lo que he soñado? 
Mireno. Poco es menester saber 630 

para eso. 
Madal. Debéis de ser 

otro Josef. 
Mireno. Su traslado 

en la cortedad he sido, 

pero no en adivinar. 
Madal. Acabad de declarar 635 

cómo el sueño habéis sabido. 
Mireno. Durmiendo vuestra excelencia, 

por palabras le ha explicado. 



w. 613-665 EL VEPGONZOSO EN PALACIO 145 



Madal. ¡Válame Dios! 

Mireno. Y he sacado 

en mi favor la sentencia, 
que falta ser confirmada, 

para hacer mi dicha cierta, 

por vueselencia despierta. 
Madal. Yo no me acuerdo de nada. 
Decídmelo; podrá ser 

que me acuerde de algo agora. 
Mireno. No me atrevo, gran señora. 
Madal. Muy malo debe de ser, 

pues no me lo osáis decir. 
Mireno. No tiene cosa peor 

que haber sido en mi favor. 
Madal. Mucho lo deseo oír; 

acabad ya, por mi vida. 
Mireno. Es tan grande el juramento, 

que anima mi atrevimiento. 

Vuestra excelencia dormida... 
Tengo vergüenza. 
Madal. Acabad, 

que estáis, don Dionís, pesado. 
Mireno. Abiertamente ha mostrado 

que me tiene voluntad. 
Madal. «¿Yo? ¿Cómo? 
Mireno. Alumbró mis celos, 

y en sueños me ha prometido... 
Madal. ¿Sí? 

Mireno. Que he de ser preferido 
al conde de Vasconcelos. 
Mire si en esta ocasión 



640 



645 



650 



655 



660 



66¿ 



10 



146 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



son los favores pequeños. 
Madal. Don Dionís, no creáis en sueños, 

que los sueños, sueños son. (Vase) 
Mireno. { Agora sales con eso? 

Cuando sube mi esperanza, 
carga el desdén la balanza 
y se deja en fiel el peso. 

Con palabras tan resueltas 
dejas mi dicha mudada; 
¡qué mala era para espada 
voluntad con tantas vueltas! 

¡Por qué varios arcaduces 
guía el cielo aqueste amor! 
Con el desdén y favor 
me he quedado entre dos luces. 

No he de hablar más en mi vida, 
pues mi desdicha concierta 
que me desprecie despierta 
quien me quiere bien dormida. 

Calle el alma su pasión 
y sirva a mejores dueños, 
sin dar crédito a más sueños, 
que los sueños, sueños son. 

Sale Tarso. 

Tarso. Pues, señor, ¿cómo te ha ido? 



668. Esta frase, hecha célebre por Calderón en La vida es 
sueño (final del segundo acto), está ya en El verdadero aman- 
te, de Lope de Vega. (Rivad., xxiv, 13 a.) 

677. Así los mss.; C, vanos. 



w. 666-712 EL VERGONZOSO EN PALACIO 147 



Mireno. «¿Qué sé yo? Ni bien ni mal. 

Con un compás quedo igual, 

amado y aborrecido. 

A mi vergüenza y recato 

me vuelvo, que es lo mejor. 
Tarso. Di, pues, que le fué a tu amor 

como a tres con un zapato. 
Mireno. Después me hablarás despacio. 
Tarso. Bato, el pastor y vaquero 

de tu padre, está en Avero, 

y entrando acaso en palacio 
me ha conocido, y desea 

hablarte y verte, que está 

loco de placer. 
Mireno. Sí hará. 

¡Oh, llaneza de mi aldea! 
¡Cuánto mejor es tu trato 

que el de palacio, confuso, 

donde el engaño anda al uso! 

Vamos, Brito, a hablar a Bato, 
y a mi padre escribiré 

de mi fortuna el estado. 

En un lugar apartado 

quiero velle. 
Tarso. Pues ¿por qué? 



690 



695 



700 



705 



710 



696. «Como tres con un zapato, que el primero que se le- 
vanta ese se le calza>. (Covarrubias, Tesoro, 1611, fol. 264 a.) 
Correas, Vocabulario de refranes, pág. 359 a, dice que este 
refrán se usa como «respuesta cuando preguntan cómo os va, 
cómo le va». 



148 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Miren o. Porque tengo, Brito, miedo 
que de mi humilde linaje 
la noticia aquí me ultraje 
antes de ver este enredo 
en qué para. 

Tarso. Y es razón. 

Mireno. Ven, porque le satisfagas. 

Tarso. A ti amor y a mí estas bragas, 
nos han puesto en confusión. 



( Vanse.) 



[Habitación de doña Serafina.] 



Salen doña Serafina y don Antonio. 

Seraf. No sé, conde, si dé a mi padre aviso 
de vuestro atrevimiento y de su agravio, 
que agravio ha sido suyo el atreveros 
a entrar en su servicio dése modo 
para engañarme a mí, y a él afrentalle. 
Otros medios hallárades mejores, 
pues noble sois, con que obligar al duque, 
sin fingiros así su secretario, 
pues no sé yo, si no es tenerme en poco, 
qué liviandad hallastes en mi pecho 
para atreveros a lo que habéis hecho. 

Antón. Yo vine de camino a ver mi prima, 
y quiso amor que os viese. 

Seraf. Conde: basta. 

Yo estoy muy agraviada justamente 



7?5 



732. Otro caso de complemento directo sin a. 



. 713-763 EL VERGONZOSO EN PALACIO M9 



de vuestro atrevimiento. ¿Vos creistes, 

que en tan poco mi fama y honra tengo, 

que descubriéndoos, como lo habéis hecho, 

había de rendirme a vuestro gusto? 

Imaginarme a mí mujer tan fácil 

ha sido injuria que a mi honor se ha hecho. 

Mi padre ha dado al de Estremoz palabra 

que he de ser su mujer, y aunque mi padre 

no la diera, ni yo le obedeciera, 

por castigar aquese desatino 

me casara con él. Salid de Avero 

al punto, don Antonio, o daré aviso 

de aquesto a don Duarte, y si lo entiende 

peligraréis, pues corren por su cuenta 

mis agravios. 

Antón. ¿Que ansí me desconoces? 

Seraf. Idos, conde, de aquí, que daré voces. 

Antón. Déjame disculpar de los agravios 

que me imputas, que el juez más riguroso 
antes de sentenciar escucha al reo. 

Seraf. Conde: jviven los cielos!, que si un hora 
estáis más en la villa, que esta noche 
me case con el conde por vengarme. 
Yo os aborrezco, conde; yo no os quiero. 
¿Qué me queréis? Aquí la mayor pena 
que me puede afligir es vuestra vista. 
Si a vuestro amor mi amor no corresponde: 
conde, ¿qué me queréis? Dejadme, conde. 

Antón. Aspid, que entre las rosas 



749. desconocer, 'mostrarse ingrato'. 



150 



TIRSO DE MOLINA 



act. ni 



desa belleza escondes tu veneno, 
¿mis quejas amorosas 

desprecias deste modo? ¡Ay Dios, que peno, 765 

sin remediar mis males, 

en tormentos de penas infernales! 

Pues que del paraíso 
de tu vista destierras mi ventura, 
hágate amor Narciso, 770 
y de tu misma imagen y hermosura 
de suerte te enamores, 
que, como lloro, sin remedio llores. 

Yo me voy, pues lo quieres, 
huyendo del rigor cruel que encierras, 775 
agravio de mujeres; 

pues de tu vista hermosa me destierras, 

por quedar satisfecho 

desterraré tu imagen de mi pecho. 

(Saca el retrato del pecho.) 
En el mar de tu olvido 780 
echará tus memorias la venganza 
que a amor y al cielo pido, 
pues desta suerte alcanzará bonanza 
el mar en que me anego, 

si es mar donde las ondas son de fuego. 785 

Borrad, alma, el retrato 
que en vos pinta el amor, pues que yo arrojo 
aquéste por ingrato: (Arrójale.) 
castigo justo de mi justo enojo, 
por quien mi amor desmedra. 790 

Adiós, cruel, retrato de una piedra, 
que, pues al tiempo apelo, 



tv. 763-822 EL VERGONZOSO EN PALACIO 151 



médico sabio que locuras cura, 

razón es que en el suelo 

os deje, pues que sois de piedra dura, 

si el suelo piedras cría, 

Quédate, fuego, ardiendo en nieve fría. 

{y ase) 

Seraf. 1 Hay locuras semejantes! 
¿Es posible que sujetos 
a tan rabiosos efetos 
estén los pobres amantes? 

¡Dichosa mil veces yo, 
que jamás admití el yugo 
de tan tirano verdugo! 
¿Qué es lo que en el suelo echó, 

y con renombre de ingrato 
tantas injurias le dijo? 
Quiero verle, que colijo 
mil quimeras. ¡Un retrato! {Alzale) 

Es de un hombre, y me parece 
que me parece de modo 
que es mi semejanza en todo. 
Cuanto el espejo me ofrece 

miro aquí: como en cristal 
bruñido mi imagen propia 
aquí la pintura copia, 
y un hombre es su original. 

¡Válgame el cielol ¿Quién es, 
pues no es retrato del conde, 
que en nada le corresponde? 
Pues ¿por qué le echó a mis pies? 

Decid, amor, ¿es encanto 



TIRSO DÉ MOLINA 



ACT. III 



éste para que me asombre? 

¿Es posible que haya hombre 

que se me parezca tanto? 825 

No, porque cuando le hubiera, 
¿qué ocasión le ha dado el pobre 
para que tal odio cobre 
con él el conde? Si fuera 

mío, pareciera justo s 3 o 
que en él de mí se vengara, 
y que al suelo le arrojara 
por sólo darme disgusto. 

Algún enredo o maraña 
se encierra en aqueste enima; 8 25 
doña Juana, que es su prima, 
ha de sabello. ¡Qué estraña 

confusión! Llamalla quiero, 
aunque con ella he reñido 

viendo que la causa ha sido g 4 o 
que esté su primo en Avero. 
Mas ella sale. 

Sale doña Juana. 



Juana. Ya está, 

señora, abierto el jardín; 
entre el clavel y el jazmín 
vuestra excelencia podrá, 
entreteniéndose un rato, 



827. 
829. 
835. 



Así mss.; C, al pobre. 

Así Y; en C y X falta un el. 

Así mss.; en C falta se. 



*v. 823-S73 EL VERGONZOSO EN PALACIO 153 



perder la cólera y ira 
que tiene conmigo. 
Seraf. Mira, 
doña Juana, este retrato. 
Juana. [Aparte.) Este es el suyo. ¿A qué fin 

mi primo se le dejó? 

{Cielos, si sabe que yo 

le metí dentro el jardín! 
Seraf. ¿Viste semejanza tanta 

en tu vida? 
Juana. No, por cierto. 

[Aparte.) ¡Si aqueste es el que en el huerto 

copió el pintor! 
Seraf. ¿No te espanta? 

Juana. Mucho. 
Seraf. Tu primo, enojado 

porque su amor tuve en poco, 

con disparates de loco 

le echó en el suelo, y airado 
se fué. Quise ver lo que era, 

y hame causado inquietud, 

pues por la similitud 

que tiene, saber quisiera 
a qué fin aquesto ha sido. 

Pues de su pecho las llaves 

tienes, dilo, si lo sabes. 
Juana. [Aparte.) Basta, que no ha conocido 
que es suyo; la diferencia 

del traje de hombre y color, 

que mudó en él el pintor, 

es la causa. — Vueselencia 



154 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Sera 



Juana. 
Seraf. 
Juana. 



Seraf. 

Juana. 
Seraf. 
Juana. 



Seraf. 



me manda diga una cosa 
de que estoy tan ignorante 
como espantada. 

Bastante 
es ser yo poco dichosa 

para que lo ignores. Diera 
cualquier precio de interés 
por sólo saber quién es. 
Pues sabedlo... 

¿Cómo? 

Esp¿ra: 

llamando al conde mi primo, 
y fingiendo algún favor 
con que entretener su amor... 
Bien [dices]: la traza estimo; 

mas habráse ya partido. 
No habrá; yo le iré a llamar. 
Ve presto. 

(Ap). [Hay más singular 
suceso! Castigo ha sido 

del cielo que a su retrato 
ame quien a nadie amó. 
No en balde en tierra os echó 
quien con vos ha sido ingrato, 

que si es vuestro original 
tan bello como está aquí 
su traslado, creed de mí 
que no le quisiera mal. 



875 



890 



(Fase.) 



895 



885. C, Bien distes la traza, primo; los mss., La famosa 
traza estimo. 



tv. 874-920 EL VERGONZOSO EN PALACIO 1 5 5 



Y a fe que hubiera alcanzado 
lo que muchos no han podido, 
pues vivos no me han vencido, 
y él me venciera pintado. 

Mas, aunque os haga favor, 
no os espante mi mudanza, 
que siempre la semejanza 
ha sido causa de amor. 

Salen don Antonio y doña Juana. 

Juana. [Aparte a don Antonio.] 
Esto es cierto. , 

Antón. ¡Hay tal enredo! 

[Juana.] Lo que has de responder mira. 

Antón. Prima: con una mentira 
tengo de gozar, si puedo, 
la ocasión. 

Seraf. Conde... 

Antón. Señora... 

Seraf. Muy colérico sois. 

Antón. Es 
condición de portugués, 
y no es mucho, si en media hora 

rae mandáis dejar a Avero, 
que hiciese estremos de loco. 

Seraf. Callad, que sabéis muy poco 
de nuestra condición. Quiero 
haceros, conde, saber, 
porque os será de importancia, 
que son caballos de Francia 



900 



9°5 



91c 



9*5 



920 



912. Así mss.; C, portugueses. 



TIRSO DE MOLINA 



act. in 



las iras de una mujer: 
el primer ímpetu, estraño; 

pero al segundo se cansa, 

que el tiempo todo lo amansa. 
Antón. \Ap\ Prima: todo esto es engaño, 
Seraf. No quiero ya que os partáis. 
Antón. De aquesta suerte, el desdén 

pasado doy ya por bien. 
Seraf. Pues ya sosegado estáis, 
¿no me diréis la razón 

por qué, cuando os apartastes, 

este retrato arrojastes 

en el suelo? ¿Qué ocasión 
os movió a caso tan nuevo? 

¿Cuyo es aqueste retrato? 
Antón. Deciros, señora, trato 

la verdad; mas no me atrevo. 
Seraf. Pues ¿por qué? 
Antón. Temo un castigo 

terrible. 

Seraf. No hay que temer: 

yo os aseguro. 
Antón. Perder 

la vida por un amigo 

no es mucho. Aquesa presencia 

a declararme me anima.— 

[Ap.] Ya va de mentira, prima. 
Seraf. Decid. 

Antón. Oiga vueselencia: 

Días ha que habrá tenido 
entera y larga noticia 



Q2J 



93¿ 



940 



94 8 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 157 



de la historia lastimosa 
del gran duque de Coimbra, 
gobernador deste reino, 
en guerra y paz maravilla; 
que por ser con vuestro padre 
de una cepa y sangre misma, 
y tan cercanos en deudo 
como esta corona afirma, 
habréis llorado los dos 
la causa de sus desdichas. 

Seraf. Ya sé toda aquesa historia: 
mi padre la contó un día 
a mi hermana en mi presencia; 
su memoria me lastima. 
Veinte años dicen que habrá 
que le desterró la envidia 
de Portugal con su esposa 
y un tierno infante. Holgaría 
de saber si aun vive el duque, 
y en qué reino o parte habita. 

Antón. Sola la duquesa es muerta, 
porque su memoria viva; 
que el hijo infeliz y el duque, 
con quien mi padre tenía 
deudo y amistad al tiempo 
que de la prisión esquiva 
huyó, le ofreció su amparo, 



974. Anacoluto; el hijo y el duque, que debían ser sujetos 
de una oración principal, como lo es el duque de huyó, se con- 
vierten en complemento de ofreció, cuyo sujeto es mi padre. 



158 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



y, arriesgando hacienda y vida, 975 
hasta agora le ha tenido 
disfrazado en una quinta, 
donde, entre toscos sayales, 
los dos la tierra cultivan, 

que con sus lágrimas riegan, 980 
dándoles por fruto espinas. 
El hijo, a quien hizo el cielo 
con tantas partes, que admiran 
al mundo, su discreción, 

su presencia y gallardía, 9 8 * 
se crió conmigo, y es 
la mitad del alma mía; 
que el ñudo de la amistad 
hace de dos una vida. 

Quiso el cielo que viniese, 99© 

habrá medio año, a esta villa, 

disfrazado de pastor, 

y que tu presencia y vista 

le robase por los ojos 

el alma, cuya homicida, 005 
respondiendo el valle en ecos, 
pregonan que es Serafina. 
Mil veces determinado 
de decirte sus desdichas, 

le ha detenido el temor 1©°° 
de ver que el rey le publica 



983. partes, 'buenas prendas', 

1001. le en singular aunque reproduce tres complementos: 

él, su padre, quien. 



vv. 975-1032 



EL VERGONZOSO EN PALACIO I 



por traidor a él y a su padre 
y a quien no diere noticia 
de ellos, que a todos alcanza 
el rigor de la justicia. 
Yo, que como propias siento 
las lágrimas infinitas 
que por ti sin cesar llora, 
le di la palabra un día 
de declararte su amor, 
y de su presencia y vista 
gallarda darte el retrato 
que tienes. Llegué, y, sabida 
tu condición desdeñosa, 
ni inclinada ni rendida 
a las coyundas de amor, 
de quien tan pocos se libran, 
no me atreví abiertamente 
a declararte el enigma 
de sus amorosas penas, 
hasta que la ocasión misma 
me la ofreciese de hablarte, 
y así alcancé de mi prima 
que el duque me recibiese. 
Supe después que quería 
con el de Estremoz casarte, 
y, por probar si podía 
estorballo deste modo, 
mostré las llamas fingidas 
de mi mentiroso amor; 
respondísteme con ira, 
y yo, para que mirases 



i6o 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



el retrato que te inclina 

a menos rigor, echéle 

a tus pies, que bien sabía 

que su belleza pintada 

de tu presunción altiva 

presto había de triunfar. 

En fin, bella Serafina, 

el dueño deste retrato 

es don Dionís de Coimbra. 
Seraf. Conde: ¿eso es cierto? 
Antón. Y tan cierto 

que, a estallo él y saber 

que le amabas, sin temer 

el hallarse descubierto, 
pienso que viniera a darte 

el alma. 

Seraf. Si eso es verdad, 

no sé si en mi voluntad 

podrá caber don Duarte. 

{Válgame Dios! ¡Que este es hijo 

de don Pedro! 
Antón. Su belleza 

dice que sí. 
Seraf. \Ap\ ¿Qué flaqueza 

es la vuestra, alma? Colijo 



1048. Así los mss.; C, si eso es ansí | como me habéis di- 
cho aquí, | no sé si es mi voluntad, etc.—// corrigió, acerta- 
damente, dando la lección de los mss., que no creo utilizara. 

1049 Serafina debe querer decir «don Dionis». 



▼v. X033-I076 EL VERGONZOSO EN PALACIO l6l 



que no sois la que solía; 
mas justamente merece 
quien tanto se me parece 
ser amado. ¿No podría 

velle ? 

Antón. De noche bien puedes, 

si das a tus penas fin, 

y le hablas por el jardín, 

que él saltará sus paredes. 
Mas de día no osará, 

porque hay ya quien le ha mirado 

en Avero con cuidado, 

y si más nota en él da, 
ya ves el peligro. 
Seraf. Conde : 

un hombre tan principal, 

a mi calidad igual, 

y que a mi amor corresponde, 
es ingratitud no amalle. 

En todo has sido discreto: 

sélo en guardar más secreto, 

y haz cómo yo pueda hablalle; 
que el alma a dalle comienza 

la libertad que contrasta. 

Y adiós. 
Antón. ¿Vaste? 
Seraf. Aquesto basta; 



1055 



1069 



1070 



1075 



1075. contrastar 'resistir* Comp.: «Los que no contrastando 
a la fortuna». (Quij., 1, 43.) 



1 1 



IÓ2 



TIRSO DE MOLINA 



A CX. III 



Juana. 



Antón. 



Juana. 



Antón. 



que habla poco la vergüenza. {Fase,) 

Primo: ¿es verdad que don Pedro, 
el duque, vive y su hijo? 

Calla, que el alma lo dijo 1080 
viendo lo que en mentir medro. 

Ni sé del duque, ni dónde 
su hijo y mujer llevó. 
Don Dionís he de ser yo 

de noche, y de día el conde I0 8$ 

de Pénela; y desta suerte, 
si amor su avuda me da, 
mi industria me entregará 
lo que espero. 

Primo: advierte 
lo que haces. 

Engañada 1090 
queda; amor mi dicha ordena 
con nombre y ayuda ajena, 
pues por mí no valgo nada. (Vanse.) 



[Habitación de doña Madalena. 



Salen el duque y doña M\d aleña. 

Duque. Quiero veros dar lición, 
que la carta que ayer vi 
para el conde, en que leí 
de el sobre escrito el renglón, 

me contentó. Ya escribís 
muy claro. 

Madal. {Aparte.) Y aun no lo entiende, 



w. 1077-1124 EL VERGONZOSO EN PALACIO 163 



con ser tan claro, y se ofende 
mi maestro don Dionís. 
Sale Mireno. 
Mireno. ¿Llámame vuestra excelencia? 
Madal. Sí; que el duque, mi señor, 
quiere ver si algo mejor 
escribo. Vos esperiencia 

tenéis de cuán escribana 
soy. ¿No es verdad? 
Mireno. Sí, señora. 

Madal. Escribí, no ha un cuarto de hora, 
medio dormida, una plana, 

tan clara, que la entendiera 
aun quien no sabe leer. 
¿No me doy bien a entender, 
don Dionís? 

Muy bien. 

Pudiera 
serviros, según fué buena, 
de materia para hablar 
en su loor. 

Con callar 
la alabo: sólo condena 

mi gusto el postrer renglón, 
por más que la pluma escuso, 
porque estaba muy confuso. 
Madal. Diréislo por el borrón 

que eché a la postre. 
Mireno. ¿Pues no? 

Madal. Pues adrede le eché allí. 
Mireno. Sólo el borrón corregí, 



Mireno. 
Madal. 



Mireno. 



1105 



164 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



porque lo demás borró. 
Madal. Bien le pudiste quitar; 

que un borrón no es mucha mengua. 
Mireno. ¿Cómo? 

Madal. {Aparte) El borrón con la lengua 

se quita, y no con callar. — 
Ahora bien: corta una pluma. 

{Sacan recado y corta una pluma.) 
Mireno. Ya, gran señora, la corto. 
Madal. {Enojada.) Acabad, que sois muy corto. 

Vuestra excelencia presuma 
que de vergüenza no sabe 

hacer cosa de provecho. 
Duque. Con todo, estoy satisfecho 

de su letra. 
Madal. Es cosa grave 

el dalle avisos por puntos, 

sin que aproveche. Acabad. 
Duque. Madalena, reportad. 
Mireno. ¿'Han de ser cortos los puntos? 
Madal. ¡Qué amigo que sois de corto! 

Largos los pido; cortaldos 

de aqueste modo, o dejaldos. 
Mireno. Ya, gran señora,, los corto. 
Duque. ¡Qué mal acondicionada 

sois! 

Madal. Un hombre vergonzoso 

y corto es siempre enfadoso. 



i«5 



"S5 



1138. Comp. «Dar término por puntos: abreviarlo. (Co 
varrubias, Tesoro, 1611, pág. 600 b.) 



IM5-H74 EL VERGONZOSO EN PALACIO 165 



Mireno. Ya está la pluma cortada. 
Madal. Mostrad. ¡Y qué mala! jAy, Dios! 

{Pruébala y arrójala i) 
Duque. ¿Por qué la echáis en el suelo? 
Madal. ¡Siempre me la dais con pelo! 
Líbreme el cielo de vos. 

Quitalde con el cuchillo. 
No sé de vos que presuma, 
siempre con pelo la pluma, 
]Ap.] y la lengua con frenillo. 
Mireno. [Ap.] Propicios me son los cielos, 
todo esto es en mi favor. 

Sale don Duarte. 
Conde. Dadme albricias, gran señor: 
el conde de Vasconcelos 
está sola una jornada 
de vuestra villa. 
Madal. {Ap.) ¡Ay de mí! 

Conde. Mañana llegará aquí; 

porque trae tan limitada, 

dicen, del rey la licencia, 
que no hará más de casarse 
mañana, y luego tornarse. 
Apreste vuestra excelencia 

lo necesario, que yo 
voy a recibirle luego. 
Duque. ¿No me escribe? 
Conde. Aqueste pliego. 

Duque. Hija: la ocasión llegó 

que deseo. 
Madal. {Aparte) Saldrá vana. 



i66 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. ra 



Mireno. [Ap.] ¡Ay, cielo! 

Madal. [Ap.] Mi bien suspira. 1175 

Duque. Vamos: deja aqueso y mira 

que te has de casar mañana. 

{Vanse el duque y el conde y púnese a 

escribir ella) *. 
Madal. Don Dionís: en acabando 

de escribir aquí, leed 

este billete, y haced 1180 

luego lo que en él os mando. 
Mireno. Si ya la ocasión perdí, 

¿qué he de hacer? ;Ay, suerte dura! 
Madal. Amor todo es coyuntura. (y ase?) 
Mireno. Fuése. El papel dice ansí: „8 S 

{Lee.) «No da el tiempo más espacio; 

esta noche, en el jardín, 

tendrán los temores fin 

del Vergo7izoso en palacio*. 

¡Cielos! ¿qué escucho? ¿Qué veo? n 9 o 

¿Esta noche? ¿Hay más ventura! 

¿Si lo sueño? ¿Si es locura? 

No es posible; no lo creo. (Vuelve a leer) 
«Esta noche en el jardín...» 

j Vive Dios, que está aquí escrito! n 95 

;Mi bien! A buscar a Brito 

voy. ¿Hay más dichoso fin? 
Presto en tu florido espacio 

dará envidia entre mis celos, 



* Así los mss.; C, Vanse los dos. Escribe. 



ry. 1175-1226 EL VERGONZOSO EN PALACIO 167 



al conde de Vasconcelos, 
El Vergonzoso en palacio. ( Vase.) 

Sale Lauro, Ruy Lorenzo y Bato jy Melisa. 

Lauro. Buenas nuevas te dé Dios: 
escoge en albricias, Bato, 
la oveja mejor del hato; 
poco es una, escoge dos. 

¿Que mi hijo está en Avero? 
¿Que del duque es secretario, 
mi primo? ¡Ay tiempo voltario! 
Mas ¿qué me quejo? ¿Qué espero? 

Vamos a verle los dos: 
mis ojos su vista gocen. 
Venid. 

Ruy. ¿Y si me conocen? 

Lauro. No lo permitirá Dios: 

tiznaos como carbonero 

la cara, que desta vez 

daré a mi triste vejez 

un buen día hoy en Avero. 
Mi gozo crece por puntos: 

agora a vivir comienzo. 

Alto: vamos, Ruy Lorenzo. 
Bato. Todos podremos ir juntos. 
Lauro. Guardad vosotros la casa. (Vanse los dos.) 
Melisa. Sí; Bercebú que la guarde. 
Bato. ¿Qué tenéis aquesta tarde? 
Melisa. ¡Ay, Bato! ¡Que aqueso pasa! 1 
¿Que no preguntó por mí 



i68 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. m 



«3® 



Tarso? 

Bato. No se le da un pito 

por vos, ni es Tarso. 
Melisa. ¿Pues? 
Bato. Brito, 

o cabrito. * 
Melisa. ¡Ay! ¿Tarso ansí? 

A verte he de ir esta tarde, 

cruel, tirano, enemigo. 
Bato. ¿Sola? 

Melisa. Vasco irá conmigo. 

Bato. Buen mastín lleváis que os guarde. 

¿Queréisle mucho? 
Melisa. Enfinito. 
Bato. Pues en Brito se ha mudado, i 234 

la mitad para casado 

tien... 
Melisa. <¡Qué? 

Bato. De cabrito el Brito. (Vanse) 

[Palacio del duque con jardín. Es de noche.] 

A la ventana doña Juana y doña Serafina. 

Seraf. ;Ay, querida doña Juana! 
nota de mi fama doy; 

mas si lo dilato hoy I34Q 
me casa el duque mañana. 
Juana. Don Dionís, señora, es tal 



1237 Comp. Clás. Cast., t. 39. pág. 209 para el chiste Brito; 
cabrito. 

1240. Así los mss.; C, mas si lo declaro hoy. 



yy. «27-1263 EL VERGONZOSO EN PALACIO 169 



Seraf. 
Juana. 



Seraf. 
Juana. 



que no llega don Duarte 
con la más mínima parte 
a su valor. Portugal 

por su padre llora hoy día; 
para en uno sois los dos: 
gózaos mil años. 

¡Ay Dios! 
No temas, señora mía, 

que mi primo fué por él: 
presto le traerá consigo. 
El tiene un notable amigo. 
Pocos se hallarán como él. 



Sale don Antonio, como de noche, 

Antón. Hoy, amor, vuestras quimeras 
de noche me han convertido 
en un don Dionís fingido 
y un don Antonio de veras. 

Por uno y otro he de hablar. 
Gente siento a la ventana. 

Juana. Ruido suena; no fué vana 
mi esperanza. 

Tarso, de noche. 

Tarso. Este lugar 

mi dichoso don Dionís 
me manda que mire y ronde 



iajg 



xaóo 



1247. Frase que se decía a los recién casados. 



i7o 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



por si hay gente. 
Juana. * Ce: ¿es el conde? 

Antón. Sí, mi señora. 

Juana. ¿Venís 1265 

con don Dionís? 
Tarso. [Ap.] ¿Cómo es esto? 

¿Don Dionís? La burla es buena. 
¿Mas si es doña Madalena? 
Reconocer este puesto 

me manda, porque le avise 1270 
si anda gente, y me parece 
que otro en su lugar se ofrece; 
y que le ronde, ande y pise. 

¡Vaya! ¿Mas que es don Dionís? 
Eso no. 

Antón. Conmigo viene * 2 7s 

un don Dionís, que os previene 
el alma, que ya adquirís, 

para ofrecerse a esas plantas. 
Hablad, don Dionís: ¿qué hacéis? 
(Finge que habla don Dionís mudando 
la voz.) 

¿Que estoy suspenso, no veis, 1380 
contemplando glorias tantas? 

Pagar lo mucho que os debo 
con palabras será mengua, 
y ansí refreno la lengua, 

porque en ella no me atrevo. I3 s 5 



1273. 'Y me manda que le ronde'. 



tv. 1264-1308 EL VERGONZOSO EN PALACIO 17 1 



Mas, señora, amor es dios, 
y por mí podrá pagar. 
Juana. (Aparte,) ¡Bien sabe disimular 
el habla! 

Seraf. ¿No tenéis vos 

crédito para pagarme 1290 
esta deuda? 
Antón. No lo sé; 

mas buen fiador os daré: 
el conde puede fiarme. — 
Yo os fío. 

Tarso. [Ap.\ [Válgate el diablo! 

Sólo un hombre es, vive Dios, 129i 

y parece que son dos. 
Antón. [Disimula la zvz) 

Con mucho peligro os hablo 
aquí; haced mi dicha cierta, 

y tengan mis penas fin. 
Seraf. Pues ¿qué queréis? 

Antón. Del jardín ISOO 

tengo ya franca la puerta. 
Juana. Mira que suele rondarte 

don Duarte, señora mía, 

y que si aguardas al día 

has de ser de don Duarte. i 3 os 
Cualquier dilación es mala. 
Seraf. ¡Ay Dios! 
Juana. ¡Qué tímida eres! 

¿Entrará? 

Seraf. Haz lo que quisieres. 

Antón. (Como don Antonio.) 



172 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. ra 



Don Dionís, amor te iguala 

a la ventura mayor 131° 
que pudo dar; corresponde 
a tu dicha. — Amigo conde: 

{Como don Dionís.) 
por vuestra industria y favor 

he adquirido tanto bien; 
dadme esos brazos; yo soy *vs 
tu amigo, conde, desde hoy. — 
Yo vuestro esclavo,— Está bien; 

dará el tiempo testimonio 
desta deuda. — Aquí te aguardo, 
que así mis amigos guardo; 5 J«® 
entrad. — Adiós, don Antonio. (Éntrase.) 
Seraf. ¿Entró? 
Juana. Sí. 
Seraf. iQue deste modo 

fuerce amor a una mujer! 
Mas por sólo no lo ser 

del de Estremoz, poco es todo; ijss 
mi padre y honor perdone. 
Juana. Vamos y deja ese miedo. 

(Vanse las dos.) * 

Tarso. ¿Hase visto igual enredo? 

En gran confusión me pone 

este encanto. Un don Antonio, 
que consigo mismo hablaba, 
dijo que aquí se quedaba, 



* C y mss., los. 



V y. 1309-1353 EL VERGONZOSO EN PALACIO 173 



y se entró; el es demonio. 



Mireno, de noche. 

Mireno. El se debió de quedar, 

como acostumbra, dormido. 1335 
Tarso. Ya queda sostituído 

por otro aquí tu lugar. 
Mireno. ¿Qué dices, necio? Responde: 

vienes aquí a ver si hay gente, 

¡y estaste aquí, impertinente! 1340 
Tarso. Gente ha habido. 
Mireno. ¿Quién? 
Tarso. Un conde, 

y un don Dionís de tu nombre, 

que es uno y parecen dos. 
Mireno. ¿Estás sin seso? 
Tarso. Por Dios, 

que acaba de entrar un hombre 1345 
con tu doña Madalena 

que, o es colegial trilingüe, 

o a sí propio se distingue, 

o es tu alma que anda en pena. 
Más sabe que veinte Ulises. r 3 so 

Algún traidor te ha burlado, 

o yo este enredo he soñado, 

o aquí hay dos don Dionises. 



1333. Así los mss.; C, y se entró; o es el demonio. 
1347. Alusión al Colegio Trilingüe de la Universidad de 
Salamanca. 



174 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



MlRENO. 

Tarso. 



Soñástelo. 



¡Norabuena! 



Sale a la ventana doña Madalena. 

Madal. ¿Si habrá don Dionís venido? 1355 
Tarso. A la ventana ha salido 
un bulto. 

Madal. (Ay Dios! Gente suena. 

¿Ce: es don Dionís? 
Mireno. Mi señora, 

yo soy ese venturoso. 
Madal. Entrad, pues, mi vergonzoso. (Vase) 1360 

Mireno. ¿Crees que lo soñaste agora? 
Tarso. No sé. 
Mireno. Si mi cortedad 

fué vergüenza, adiós, vergüenza; 

que seréis, como no os venza, 

desde agora necedad. (Vase.) 1365 

Tarso. Confuso me voy de aquí, 

que debo estar encantado. 

Dos Dionises han entrado, 

o yo estoy fuera de mí. 

Destas calzas por momentos 

salen quimeras como éstas; 

¡pobre de quien trae acuestas 

dos cestas de encantamentos! (Vase.) 



1370 



1354. Verso de los mss. que falta en C. Comp. v. 1361. 



vv. IS54-I394- 



EL VERGONZOSO EN PALACIO 175 



[Atrio del paito] 

Salen Lauro y Ruy Lorenzo, de pastores. 

Lauro. Este es, Ruy Lorenzo, Avero. 

Ruy. Aquí me vi un tiempo, Lauro, 1375 

rico y próspero, y ya pobre 

y ganadero. 
Lauro. Altibajos 

son del tiempo y la fortuna, 

inconstante siempre y vario. 

¡Buen palacio tiene el duque! *i*<> 
Ruy, Ahora acaba de labrallo: 

propiedad de la vejez, 

hacellos y no gozallos. 
Lauro. Busquemos a mi Mireno. 

Ruy. En palacio aun es temprano; 1385 

que aquí amanece muy tarde, 

y hemos mucho madrugado. 
Lauro. ¿Cuándo durmió el deseoso? 

¿Cuándo amor buscó descanso? 

No os espante que madrugue, i 39 o 

que soy padre, deseo y amo. 

Salen Vasco y Melisa, de pastores 

Vasco. Mucho has podido conmigo, 
Melisa. 

Melisa. Débote, Vasco, 

gran voluntad. 
Vasco. ¿A qué efeto 



1379. Así C; los mass. en sus efetos humanos. 



1 76 


TTT?<srv TW MOT TIMA 


act. m 




me traes, Melisa, a palacio 


x 395 




desde los montes incultos? 




Melisa. 


En ellos sabrás de espacio 






mis intentos. 




Vasco. 


Miedo tengo. 




Melisa. 


\Ap\ ¡Ay Tarso, cruel, ingrato! 






Mi imán eres, tras ti voy, 


1400 




que soy hierro. 




Vasco. 


Aun sería el diablo, 






que ahora me conociese 






algún mozo de caballos, 






colgándome de la horca, 






en fe de ser peso falso. 


1405 


Melisa. 


¡Ay Vasco, retiraté. 




Vasco. 


¿Pues qué...? 




Melisa. 


¿No ves a nuesamo, 






y al tuyo? Si aquí nos topa, 






pendencia hay para dos años. 






( Tocan 


cajas). 


Vasco. 


Volvámonos. Mas ¿qué es esto? 


1410 


Ruy. 


¿Tan de mañana han tocado 






cajas? ¿A qué fin será? 




Lauro. 


No lo sé. 




Ruy. 


Si no me engaño, 






sale el duque; algo hay de nuevo. 




Lauro. 


A esta parte retirados 






podremos saber lo que es, 






que parece que echan bando. 





Salen el duque, el conde, con gente y un atambor. 
Duque. Conde: con ningunas nuevas 



yv. j 395-H45 EL VERGONZOSO EN PALACIO 177 



pudiera alegrarme tanto 

como con éstas: ya cesan u»© 

las desdichas y trabajos 

de don Pedro de Coimbra, 

mi primo, si el cielo santo 

le tiene vivo. 
Conde. Sí hará; 

que al cabo de tantos años m*s 

de males querrá que goce 

el premio de su descanso. 
Lauro. [Qué es esto que escucho, cielos! 

¿Soy yo de quien habla acaso 

mi primo el duque de Averor* *4t« 

Mas, no, que soy desdichado. 
Duque. Antes que vais, don Duarte, 

por el yerno, que hoy aguardo, 

quiero que oigáis el pregón 

que el rey manda. — Echad el bando. 1435 
Atamb. «El rey nuestro señor Alfonso el Quinto 

manda: que en todos sus estados reales, 

con solenes y públicos pregonen, 

se publique el castigo que en Lisboa 

se hizo del traidor Vasco Fernández, 1440 

por las traiciones que a su tío el duque 

don Pedro de Coimbra ha levantado, 

a quien da por leal vasallo y noble, . 

y en todos sus estados restituye; 

mandando, que en cualquier parte que asista, 1445 



1432. Váis 'vayáis'. 
1445. asistir 'residir'. 



12 



i78 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. m 



si es vivo, le respeten como a él mismo; 

y si es muerto, su imagen echa al vivo 

pongan sobre un caballo, y una palma 

en la mano, le lleven a su corte, 

saliendo a recebirle los lugares: i 45 o 

y declara a los hijos que tuviere 

por herederos de su patrimonio, 

dando a Vasco Fernández y a sus hijos 

por traidores, sembrándoles sus casas 

de sal, como es costumbre en estos reinos, i 455 

desde el antiguo tiempo de los godos. 

Mándase pregonar porque venga 

a noticia de todos.» * (Fase.) 

Vasco. ;Larga arenga! 

Melisa. ¡Buen garguero tiene 

el que ha repiqueteado! 1460 

Lauro. Gracias a vuestra piedad, 

recto juez, clemente y sabio, 
que volvéis por mi justicia. 

Ruy. El parabién quiero daros 

con las lágrimas que vierto. I4 6 S 
Goceisle, duque, mil años. 

Duque. ¿Qué labradores son estos 



* En C este bando está escrito en forma de prosa, y así 
aparece ^en todas las ediciones anteriores a esta; pero como se 
ve, se trata de endecasílabos sueltos. Los mss. conservan la 
íorma de verso. 

1459. Los mss. suprimen la exclamación de Melisa, que no 
encaja bien el metro. Quizá sea una interpolación de alguien 
que creyó que Larga arenga era el principio del romance, sin 
ver que completaba el último endecasílabo del bando. 



w. 1446-1489 EL VERGONZOSO EN PALACIO 179 



Conde. 
Lauro. 



Duque. 

Conde. 
Lauro. 

Melisa. 
Vasco. 
Melisa. 
Vasco. 



Melisa. 
Duque. 



que hacen estremos tantos? 
jAh, buena gente! Mirad 
que os llama el duque. 

Trabajos: 
si me habéis tenido mudo, 
ya es tiempo de hablar. ¿Qué aguardo? 
Dadme aquesos brazos nobles, 
duque ilustre, primo caro: 
don Pedro soy. 

¡Santos cielos, 
dos mil gracias quiero daros! 
¡Gran duque! ¿en aqueste traje? 
En este me he conservado 
con vida y honra hasta agora. 
¡Aho! ¿diz que es duque nueso amo? 
Sí. 

Démosle el parabién. 
¿No le ves que está ocupado? 
Tiempo habrá; déjalo agora, 
no nos riña. 

Pues dejallo. 
Es el conde de Estremoz, 
a quien la palabra he dado 
de casalle con mi hija 
la menor, y agora aguardo 
al conde de Vasconcelos, 



H7» 



1475 



1480 



1480. Aho, exclamación rústica; comp. «¡Hola, aho! Mirad 
que rabio.». (Lope, Bobo del colegio, 11, 16).— Diz que, 4 se 
dice que'. 



i8o 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



sobrino vuestro. 
Lauro. Mi hermano 1490 

estará ya arrepentido, 

si traidores le engañaron. 
Duque. Doile a doña Madalena, 

mi hija mayor. 
Lauro. Sois sabio 

en escoger tales yernos. 1495 
Duque. Y venturoso otro tanto, 

en que seréis su padrino. 
Ruy. \Ap.] Aunque el conde me ha mirado, 

no me ha conocido. ¡Ay cielos! 

¿Quién vengará mis agravios? 1500 
Duque. Hola, llamad a mis hijas, 

que de suceso tan raro, 

por la parte que les toca, 

es bien darlas cuenta. 
Melisa. Vasco: 

verdad es, ven y lleguemos. 1505 

Por muchos y buenos años 

goce el duquencio. 
Lauro. ¿Melisa 

aquí? 

Melisa. Vine a ver a Tarso. 

Vasco. No oso hablar, no me conozcan, 

que está mi vida en mis labios. i 5IO 



1507. V. pág. 63, nota, donde se habla de estas palabras in- 
ventadas por Tirso; citaré además melindrizar, laquipaje 
'lacayo-paje', plegar 'placer'; esta última se usa consciente- 
mente como neologismo. (NBAE, IV, 91c, 92 a, 97 a). 



w. 1490-1533 EL VERGONZOSO EN PALACIO l8l 



Salen Mad aleña, Serafina y doña Juana. 

Madal. ¿Qué manda vuestra excelencia? 
Duque. Que beséis, hija, las manos 

al gran duque de Coímbra, 

vuestro tío. 
Madal. ¡Caso raro! 

Lauro. Lloro de contento y gozo. 1515 
Seraf. (Aparte), Mi suerte y ventura alabo: 

ya segura gozaré 

mi don Dionís, pues ha dado 

fin el cielo a sus desdichas. 
Lauro. Gocéis, sobrinas, mil años 1520 

los esposos que os esperan. 
Seraf. * El cielo guarde otros tantos 

la vida de vueselencia. 
Madal. Si la mía estima en algo, 

le suplico, así propicios i 525 

de aquí adelante los hados 

le dejen ver reyes nietos 

y venguen de sus contrarios, 

que este casamiento impida. 
Duque. ¿Cómo es eso? 

Madal. Aunque el recato 153© 

de la mujeril vergüenza 
cerrarme intente los labios, 
digo, señor, que ya estoy 



1520. Así los mss.; C, sobrina, 

* C omite la indicación de personaje que dan los mss. 



182 TIRSO DE MOLINA ACT. III 



casada. 

Duque. ¡Cómo! ¿Qué aguardo? 

¿Estás sin seso, atrevida? 
Madal. El cielo y amor me han dado 

esposo, aunque humilde y pobre, 

discreto, mozo y gallardo. 
Duque. ¿Qué dices, loca? ¿Pretendes 

que te mate? 
Madal. El secretario 

que me diste por maestro 

es mi esposo. 
Duque. Cierra el labio, 

¡Ay desdichada vejez! 

Vil: ¿por un hombre tan bajo 

al conde de Vasconcelos 

desprecias? 
Madal. Ya le ha igualado 

a mi calidad amor, 

que sabe humillar los altos 

y ensalzar a los humildes. 
Duque. Daréte la muerte. 
Lauro. Paso, 

que es mi hijo vuestro yerno. 
Duque. ¿Cómo es eso? 
Lauro. El secretario 



IS4S 



1534. '¿Qué aguardo para castigarte?' 

1549. Comp. un pensamiento análogo sobre la fuerza del 
amor: ' Y aunque en disfraz tan grosero, | le conocieron mis 
males: | que aunque le vi de aquel modo, | amor, espíritu 
todo, | penetra hasta los sayales \ (Huerta de Juan Fernán- 
dez, Rivad. V, 639 a). 



w. 1534-1579 EL VERGONZOSO EN PALACIO 183 



de mi sobrina, vuestra hija, 

es Mireno, a quien ya llamo 

don Dionís y mi heredero. 1555 
Duque. Ya vuelvo en mí: por bien dado 

doy mi agravio dése modo. 
Madal. ¿Hijo es vuestro? ¡Ay Dios! ¿Qué aguardo 

que no beso vuestros pies? 
Seraf. Eso no, porque es engaño: 1560 

don Dionís, hijo del duque 

de Coímbra, es quien me ha dado 

mano y palabra de esposo. 
Duque. ¿Hay hombre más desdichado? 
Seraf. Doña Juana es buen testigo. I5 6 S 
Madal. Don Dionís está en mi cuarto 

y mi recámara. 
Seraf. ¡Bueno! 

En la mía está encerrado. 
Lauro. Yo no tengo más de un hijo. 
Duque. Tráiganlos luego. ¡En qué caos m<> 

de confusión estoy puesto! 
Melisa. ¿En qué parará esto, Vasco? 
Vasco. No sé lo que te responda; 

pues ni sé si estoy soñando 

ni si es verdad lo que veo. 1575 
Melisa. |Ay Dios! ¡Si saliese Tarso! 

Sale Mireno. 

Mireno. Confuso vengo a tus pies. 
Lauro. Hijo mío: aquesos brazos 

den nueva vida a estas canas. 



184 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



Este es don Dionís. 
Seraf. ¿Qué engaños 

son estos,, cielos crueles? 
Duque. Abrazadme, ya que ha hallado 

el más gallardo heredero 

de Portugal este estado. 
Lauro. ¿Qué miras, hijo, perplejo? 

El nombre tosco ha cesado 

que de Mireno tuviste; 

ni lo eres, ni soy Lauro, 

sino el duque de Coimbra: 

el rey está ya informado 

de mi inocencia. 
Mireno. ¿Qué escucho? 

¡Cielos! ¡amorl ¡bienes tantos! 



1580 



1585 



i59° 



Sale don Antonio. 



Antón. 
Duque. 
Seraf. 

Antón. 



Duque. 
Seraf. 
Conde. 
Juana. 



Dame, señor, esos pies. 
¿A qué venís, secretario? 
Conde: ¿qué es de don Dionís, 
mi esposo? 

Yo os he engañado: 
en su nombre gocé anoche 
la belleza y bien más alto 
que tiene el amor. 

¡Oh, infame! 

¡Matadle! 

¡Matadle! 

Paso, 

que es el conde de Pénela, 



1600 



vv. 1580-1626 EL VERGONZOSO EN PALACIO 185 



Antón. 
Conde. 



Lauro. 



Ruy. 
Vasco. 
Duque. 
Conde. 



Ruy. 

Seraf. * 
Duque. 



mi primo. 

Perdón aguardo, 
duque y señor, a tus pies. 
Los cielos lo han ordenado, 
porque vuelven por Leonela, 
a quien di palabra y mano 
de esposo, y la desprecié 
gozada. 

Aquí está su hermano, 
que por vengar esa injuria, 
aunque no con medio sabio, 
vive pastor abatido. 
Si a interceder por él basto, 
reducidle a vuestra gracia. 
Perdón pido. 

Y también Vasco. 
Basta, que lo manda el duque. 
Recibidme por cuñado, 
que a Leonela he de cumplir 
la palabra que le he dado 
luego que a mi estado vuelva. 
¿Dónde está? 

Tu pecho hidalgo 
hace, al fin, como quien es. 
Y qué, ¿fué mío el retrato? 
Dadle, conde don Antonio, 
a Serafina la mano, 
que, pues el de Vasconcelos 
perdió la ocasión por tardo, 



160$ 



1610 



16 s¿ 



1620 



1625 



* Así los mss.; C, madalena. 



i86 



TIRSO DE MOLINA 



ACT. III 



disculpado estoy con éh 

[A Mirenc] ¡Muy bien habéis enseñado 

a escribir a Madalena! 

¿Erades vos el callado, 

el cortés, el vergonzoso? 

Pero ¿quién lo fué en palacio? 



1630 



Sale Tarso. 



Tarso. ¿Duque Mireno? ¿Qué escucho? 
Don Dionís: esos zapatos 
te beso, y pido en albricias 
de la esposa y del ducado 
que me quites estas calzas, 
y el día del Jueves Santo 
mandes ponellas a un Judas. 

Melisa. ¡Ah traidor, mudable, ingrato! 
Agora me pagarás 
el amor, penas y llanto 
que me debes. Señor duque: 
de rodillas se lo mando 
que mos case. 

Tarso. Estotro ¿es cura? 

Melisa. Mande que me quiera Tarso. 

Mireno. Yo se lo mando, y le doy 
por ello tres mil cruzados. 

Tarso. ¿Por la cara o por la bolsa? 

Mireno. Y mi camarero le hago, 
para que asista conmigo. 

Duque. Doña Juana está a mi cargo; 
yo la daré un noble esposo. 



1635 



1640 



1645 



1650 



w. 1627-1660 EL VERGONZOSO EN PALACIO 187 



A recebir todos vamos 
al conde de Vasconcelos, 
porque, viendo el desengaño 
de su amor, sepa la historia 
del Vergonzoso en Palacio 
y, a pesar de maldicientes, 
las faltas perdone el sabio. 



FIN DB LA COMEDIA DEL «VERGONZOSO EN PALACIO» 



[EPÍLOGO] 



— Con la apacible suspensión de la referida comedia | 
la propiedad de los recitantes, las galas de las personas 
y la diversidad de sucesos, se les hizo el tiempo tan 
corto, que con haberse gastado cerca de tres horas, no 
hallaron otra falta sino la brevedad de su discurso; esto, 
en los oyentes desapasionados, y que asistían allí más 
para recrear el alma con el poético entretenimiento que 
para censurarle; que los zánganos de la miel que ellos no 
saben labrar y hurtan a las artificiosas abejas, no pudie- 
ron dejar de hacer de las suyas, y, con murmuradores 
susurros, picar en los deleitosos panales del ingenio. 
Quién dijo que era demasiadamente larga, y quién im- 
propia. Pedante hubo historial que afirmó merecer cas- 
tigo el poeta que, contra la verdad de los anales portu- 
gueses, había hecho pastor al duque de Coimbra don 
Pedro (siendo así que murió en una batalla que el rey 
don Alonso, su sobrino, le dio, sin que le quedase hijo 
sucesor), en ofensa de la casa de Avero y su gran duque, 
cuyas hijas pintó tan desenvueltas, que, contra las le- 
yes de su honestidad, hicieron teatro de su poco recato 
la inmunidad de su jardín. ¡Como si la licencia de Apo- 
lo se estrechase a la recolección histórica, y no pudiese 
fabricar, sobre cimientos de personas verdaderas, arqui- 



EPÍLOGO 



tecturas del ingenio fingidas! No faltaron protectores del 
ausente poeta, que volviendo por su honra, concluyesen 
los argumentos Zoilos, si pueden entendimientos contu- 
maces — Narcisos de sus mismos pareceres, y discretos, 
más por las censuras que dan en los trabajos ajenos 
que por lo que se desvelan en los propios — conven- 
cerse. 

— «Entre los muchos desaciertos (dijo un presumido, 
natural de Toledo, que le negara la filiación de buena 
gana sí no fuera porque entre tantos hijos sabios y bien 
intencionados que ilustran su benigno clima no era mu- 
cho saliese un aborto malicioso), el que más me acaba 
la paciencia es ver cuan licenciosamente salió el poeta 
de los límites y leyes con que los primeros inventores 
de la comedia dieron ingenioso principio a este poema; 
pues siendo así que éste ha de ser una acción cuyo 
principio, medio y fin, acaezca a lo más largo en vein- 
ticuatro horas sin movernos de un lugar, nos ha enca- 
jado mes y medio, por lo menos, de sucesos amorosos. 
Pues aun en este término, parece imposible pudiese dis- 
ponerse una dama ilustre y discreta a querer tan ciega- 
mente a un pastor, hacerle su secretario, declararle por 
enigmas su voluntad, y, últimamente, arriesgar su fama 
a la arrojada determinación de un hombre tan humilde, 
que, en la opinión de entrambos, el mayor blasón de su 
linaje eran unas abarcas; su solar, una cabaña; y sus 
vasallos, un pobre hato de cabras y bueyes. Dejo de 
impugnar la ignorancia de doña Serafina (pintada, en lo 
demás, tan avisada), que enamorándose de su mismo 
retrato, sin más certidumbre de su original que lo que 
don Antonio la dijo, se dispusiese a una bajeza indigna 



EPÍLOGO 



Í 9 I 



aun de la más plebeya hermosura, como fué admitir a 
obscuras a quien pudiera, con la luz de una vela, dejar 
castigado y corrido. Fuera de que no sé yo por qué ha 
de tener nombre de comedia la que introduce sus perso- 
nas entre duques y condes, siendo ansí que las que más 
graves se permiten en semejantes acciones no pasan de 
ciudadanos, patricios y damas de mediana condición.» 

Iba a proseguir el malicioso arguyente, cuando ataján- 
dole don Alejo — que por ser la fiesta a su contempla- 
ción le pareció tocarle el defenderla — , le respondió: 

— «Poca razón habéis tenido; pues fuera de la obliga- 
ción, en que pone la cortesía a no decir mal el convida- 
do de los platos que le ponen delante (por mal sazona- 
dos que estén) en menosprecio del que convida, la 
comedia presente ha guardado las leyes de lo que ahora 
se usa. Y a mi parecer — conformándome con el de los 
que sin pasión sienten—, el lugar que merecen las que 
ahora se representan en nuestra España, comparadas 
con las antiguas, les hace conocidas ventajas aunque 
vayan contra el instituto primero de sus inventores. 
Porque si aquellos establecieron que una comedia no 
representase sino la acción que moralmante puede su- 
ceder en veinte y cuatro horas, ¿cuanto mayor inconve- 
niente será que en tan breve tiempo un galán discreto 
se enamore de una dama cuerda, la solicite, regale y 
festeje, y que sin pasar siquiera un día la obligue y dis- 
ponga de suerte sus amores, que, comenzando a pre- 
tenderla por la mañana, se case con ella a la noche? 
¿Qué lugar tiene para fundar celos, encarecer desespera- 
ciones, consolarse con esperanzas y pintar los demás 
afectos y accidentes sin los cuales el amor no es de nin- 



192 



EPÍLOGO 



guna estima? Ni ¿cómo se podrá preciar un amante de 
firme y leal si no pasan algunos días, meses y aun años 
en que se haga prueba de su constancia? 

«Estos inconvenientes, mayores son en el juicio de 
cualquier mediano entendimiento que el que se sigue de 
que los oyentes, sin levantarse de un lugar, vean y oigan 
cosas sucedidas en muchos días. Pues ansí como el que 
lee una historia en breves planas, sin pasar muchas ho- 
ras, se informa de casos sucedidos en largos tiempos y 
distintos lugares, la Comedia, que es una imagen y re- 
presentación de su argumento, es fuerza que cuando le 
toma de los sucesos de dos amantes, retrate al vivo lo 
que les pudo acaecer; y no siendo esto verosímil en un 
día, tiene obligación de fingir pasan los necesarios para 
que la tal acción sea perfecta; que no en vano se llamó 
la Poesía pintura viva; pues imitando a la muerta, ésta, 
en el breve espacio de vara y media de lienzo, pinta le- 
jos y distancias que persuaden a la vista a lo que signi- 
fican, y no es justo que se niegue la licencia, que con- 
ceden al pincel, a la pluma, siendo ésta tanto más signi- 
ficativa que esotro, cuanto se deja mejor entender el que 
habla, articulando sílabas en nuestro idioma, que el 
que, siendo mudo, explica por señas sus conceptos. Y 
si me argüís que a los primeros inventores, debemos, 
los que profesamos sus facultades, guardar sus precep- 
tos — , pena de ser tenidos por ambiciosos y poco agrade- 
cidos a la luz que nos dieron para proseguir sus habili- 
dades — , os respondo: que aunque a los tales se les 
debe la veneración de haber salido con la dificultad que 
tienen todas las cosas en sus principios, con todo esto, 
es cierto que, añadiendo perfecciones a su invención 



EPÍLOGO 



193 



(cosa, puesto que fácil, necesaria), es fuerza que que- 
dándose la sustancia en pie, se muden los accidentes, 
mejorándolos con la experiencia. ¡Bueno sería que por- 
que el primero músico sacó de la consonancia de los 
martillos en la yunque la diferencia de los agudos y 
graves y la armonía música, hubiesen los que agora la 
profesan de andar cargados de los instrumentos de Vul- 
cano y mereciesen castigo en vez de alabanza los que a 
la arpa fueron añadiendo cuerdas, y, vituperando lo 
superfluo y inútil de la antigüedad, la dejaron en la per- 
fección que agora vemo s! Esta diferencia hay de la na- 
turaleza al arte: que lo que aquélla desde su creación 
constituyó no se puede variar; y así siempre el peral 
producirá peras y la encina su grosero fruto. Y con todo 
eso, la diversidad del terruño y la diferente influencia 
del cielo y clima a que están sujetos, las saca muchas 
veces de su misma especie y casi constituye en otras 
diversas. Pues si hemos de dar crédito a Antonio de 
Lebrija en el prólogo de su Vocabulario, no crió Dios, 
al principio del mundo, sino una sola especie de melo- 
nes, de quien han salido tantas y entre sí tan diversas 
como se ve en las calabazas, pepinos y cohombros, que 
todos tuvieron en sus principios una misma producción. 
Fuera de que, ya que no en todo, pueda variar estas 
cosas el hortelano, a lo menos en parte, mediando la 
industria del ingerir. De dos diversas especies compone 
una tercera, como se ve en el durazno, que enjerto en el 
memt~ ílio produce al melocotón, en quien hacen paren- 
tesco lo dolado y agrio de lo uno con lo dulce y encar- 
nado de lo otro. Pero en las cosas artificiales, quedán- 
dose en pie lo principal, que es la sustancia, cada día 

13 



194 



EPÍLOGO 



varía el uso, el modo y lo accesorio. El primer sastre 
que cortó de vestir a nuestras primeros padres fué Dios 
— si a tan ínclito artífice es bien se le acomode tan hu- 
milde atributo; mas no le será indecente, pues Dios es 
todo en todas las cosas — . ¿Fuera, pues, razón, que por 
esto anduviésemos agora como ellos cubiertos de pieles 
y que condenásemos los trajes — dejo los profanos y 
lascivos, que esos de suyo lo están, y hablo de los ho- 
nestos y religiosos — , porque ansí en la materia como en 
las formas diversas se distinguen de aquéllos? Claro está 
que diréis que no. Pues si «en lo artificial», cuyo ser 
consiste sólo en la mudable imposición de los hombres, 
puede el uso mudar en los trajes y oficios hasta la sus- 
tancia, y «en lo natural» se producen, por medio de los 
injertos, cada día diferentes frutos, ¿qué mucho que la 
comedia, a imitación de entrambas cosas, varíe las leyes 
de sus antepasados e ingiera industriosamente \o trági- 
co con lo cómico, sacando una mezcla apacible destos 
dos encontrados poemas, y que, participando de entram- 
bos, introduzga ya personas graves como la una y ya 
jocosas y ridiculas como la otra? Además, que si el ser 
tan excelentes en Grecia Esquilo y Enio ! , como entre 
los latinos, Séneca y Terencio, bastó para establecer las 
leyes tan defendidas de sus profesores, la excelencia de 
nuestra española Vega, honra de Manzanares, Tulio de 
Castilla y Fénix de nuestra nación, los hace ser tan co- 
nocidas ventajas en entrambas materias, ansí en la cuan- 
tidad como en la cu ' iad ¿e sus nunca bien conocidos 



1 Debe ser una errat . y habrá que entender Eurípides, por- 
que Tirso no pudo hacer griego al latino Ennio, 



EPÍLOGO 



195 



aunque bien envidiados y mal mordidos estudios, que 
la autoridad con que se les adelanta es suficiente para 
derogar sus estatutos. 

«Y habiendo él puesto la comedia en la perfección y 
sutileza que agora tiene, basta para hacer escuela de 
por sí y para que los que nos preciamos de sus discípu- 
los nos tengamos por dichosos de tal maestro y defen- 
damos constantemente su doctrina contra quien con pa- 
sión la impugnare. Que si él, en muchas partes de sus 
escritos, dice que el no guardar el arte antiguo lo hace 
por conformarse con el gusto de la plebe — que nunca 
consintió el freno de las leyes y preceptos--, dícelo por 
su natural modestia y porque no atribuya la malicia ig- 
norante a arrogancia lo que es política perfección. Pero 
nosotros, lo uno por ser sus profesores y lo otro por las 
razones que tengo alegadas (fuera de otras muchas que 
se quedan en la plaza de armas del entendimiento), es 
justo que a él, como reformador de la comedia nueva, y 
a ella, como más hermosa y entretenida, los estimemos, 
lisonjeando al tiempo para que no borre su memoria.» 

— «¡Basta!, dije don Juan; que habiendo hallado en 
vos nuestra española comedia caballero que defienda su 
opinión, habéis calido al campo armado de vuestro sutil 
ingenio, él queda por vuestro, y ninguno osa salir con- 
tra vos, si no es el sueño, que afilando sus armas en las 
horas del silencio —pues, si no miente el reloj del Hos- 
pital de Afuera \ son las tres—, a todos nos obliga a 



1 Célebre hospital de Toledo, fundado por el cardenal Ta- 
vera en el siglo xvi, que está situado en las afueras de la ciudad. 



196 



EPÍLOGO 



rendirle las de nuestros sentidos. Démosle treguas ahora 
para que, descansando, prevengan mañana nuevos en- 
tretenimientos.» 

Hiziéronlo así, quedando avisada Narcisa para la 
fiesta que en el Cigarral de su suerte, de allí a ocho 
días, le tocaba. Y despedidos los huéspedes que gusta- 
ron de volverse a la ciudad, los demás en las capaces 
cuadras 1 se retiraron, si diversos en pensamientos y 
cuidados, convenidos a lo menos en recoger, puertas 
adentro del alma, sus pasiones. 



1 'Habitaciones'. 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



Y CONVIDADO DE PIEDRA 

COMEDIA FAMOSA DEL MAESTRO 

TIRSO DE MOLINA 



REPRESENTÓLA ROQUE DE FIGUEROA * 

HABLAN EN ELLA LAS PERSONAS SIGUIENTES: 



DON DIEOO TENORIO, viejo. 
DON JUAN TENORIO, su hijo. 
CATALLNÓN, lacayo. 
EL REY DE ÑAPOLES 
EL DUQUE OCTAVIO 
DON PEDRO TENORIO 
EL MARQUÉS DE LA MOTA 
DON GONZALO DE ULLOA 
EL REY DE CASTILLA 
DOÑA ANA DE ULLOA 



FABIO, criado. 
ISABELA, duquesa. 
TISBEA, pescadora. 
BELISA, villana. 
ANFRISO, pescador. 
CORIDÓN, pescador. 
GASENO, labrador. 
BATRICIO **, labrador. 
RIPIO, criado. 
AMINTA, villana *** 



* Hay noticia de sus representaciones desde 1623; murió 
en 1651. V. Cotarelo, Tirso de Molina, 1893, págs. 203-6, y 
Rennert, The Spanish Stage, pág. 473. Roque de Figueroa es- 
trenó también El condenado por desconfiado, de Tirso. 

** Así TL; edic. 1630, Patricio, aunque luego dentro de la 
comedia diga siempre Batricio. La edic. 1649 dice siempre Pa- 
tricio. (La explicación de estas abreviaturas la hallará el lector 
al final de la introducción). 

*** Las eds. 1630, 1649 y TL no incluyen en el reparto a 
doña Ana de Ulloa ni a Aminta. En cambio sí figura Fabio, 
criado, en la edic. 1630, no obstante negarlo Barry, pág. 66, que 
incurre en otras inexactitudes al hablar del reparto. 



198 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



JORNADA PRIMERA 
Salen don Jualn Tenorio p Isabela, duquesa. 

Isabela. Duque Octavio, por aquí 

podrás salir más seguro. 
D. Juan. Duquesa, de nuevo os juro 

de cumplir el dulce sí. 
Isabela. ¿Mis glorias serán verdades, 

promesas y ofrecimientos, 

regalos y cumplimientos, 

voluntades y amistades? 
D. Juan. Sí, mi bien. 
Isabela. Quiero sacar 

una luz. 

D. Juan. Pues ¿-para qué? 

Isabela. Para que el alma dé fe 

del bien que llego a gozar. 
D. Juan. Mataréte la luz yo. 
Isabela. jAh, cielo! ¿Quién eres, hombre? 
D. Juan. ¿Quién soy? Un hombre sin nombre. 
Isabela. ¿Que no eres el duque? 
D. Juan. No. 
Isabela. ;Ah, de palacio! 
D. Juan. Detenta: 

dame, duquesa, la mano. 
Isabela. No me detengas, villano. 

¡Ah, del rey! [Soldados, gente! 



6. '¿Serán igualmente verdad tus promesas, etc.?' 



EL BURLADOR DE SEVILLA 199 



Sale el rey de Ñapóles con una vela en un candelero. 

Rey. ¿Qué es esto? 

Isabela. [Ap.] ¡El rey! ¡Ay, triste! 

Rey. ¿Quien eres? 

D. Juan. ¿Quién ha de ser? 

Un hombre y una mujer. 
Rey. \Ap\ Esto en prudencia consiste. — 
¡Ah, de mi guarda! Prendé 

a este hombre. 
Isabela. ¡Ay, perdido honor! 

{Vase Isabela.) 

Sale don Pedro Tenorio, embajador de España, 
y Guarda. 

[D. Ped.] ¡En tu cuarto, gran señor, 

voces! ¿Quién la causa fué? 
Rey. Don Pedro Tenorio, a vos 

esta prisión os encargo. 

Siendo corto, andad vos largo; 

mirad quién son estos dos. 
Y con secreto ha de ser, 

que algún mal suceso creo, 



22. Don Juan permanece embozado, hasta que se descubre 
a su tío en el v. 54. 

25. Eds. 1630 y 1649 prended, pero la rima exige prendé. 

27. Edic. 1630, don Juan, por errata; edic. 1649, don Pedro. 

31. 'Obrando con prudencia, salvando las apariencias, sed 
enérgico'. Comp. Vergonz.,\\, 1105-1106. 



200 


TIRSO DE MOLINA 


JOR. I 




porque si yo aquí lo veo 






no me queda más que ver. 


(Vase). 


D. Ped. 


Prendelde. 




D. Juan. 


¿Quién ha de osar? 






Bien puedo perder la vida; 






mas ha de ir tan bien vendida, 






que a alguno le ha de pesar. 




D. Ped. 


¡Matalde! 




D. Juan. 


¿Quién os esgaña? 






Resuelto en morir estoy, 






porque caballero soy 






del embajador de España. 






Llegue; que solo ha de ser 






quien me rinda. 




D. Ped. 


Apartad; 






a ese cuarto os retirad 






todos con esa mujer. 


( Vanse.) 




Ya estamos solos los dos; 






muestra aquí tu esfuerzo y brío. 




D. Juan. 


Aunque tengo esfuerzo, tío, 






no le tengo para vos. 




D. Ped. 


¡Di quién eres! 




D. Juan. 


Ya lo digo: 






tu sobrino. 




D. Ped. 


[Ap.] |Ay, corazón, 





35-36. 'Sería el colmo del escándalo que yo presenciara lo 
que ocurra aquí'. 

46. Falta una sílaba al verso en todas las ediciones del si- 
glo xvn y del xvm; TL: llegue solo, que a él no más, \ pues 
es forzoso el morir, \ mi espada quiero rendir. 



vv. 35-78 EL BURLADOR DE SEVILLA 201 



que temo alguna traición! 

¿Qué es lo que has hecho, enemigo? 

¿Cómo estás de aquesa suerte? 
Dime presto lo que ha sido. 
¡Desobediente, atrevido!... 
Estoy por darte la muerte. 

Acaba. 

D. Juan. Tío y señor, 

mozo soy y mozo fuiste; 

y pues que de amor supiste, 

tenga disculpa mi amor. 
Y, pues a decir me obligas 

la verdad, oye y diréla: 

yo engañé y gocé a Isabela 

la duquesa... 
D. Ped. No prosigas, 

tente. ¿Cómo la engañaste? 

Habla quedo [o] cierra el labio. 
D. Juan. Fingí ser el duque Octavio... 
D. Ped. No digas más, calla, basta. — 

[Ap.] Perdido soy si el rey sabe 

este caso. ¿Qué he de hacer? 

Industria me ha de valer 

en un negocio tan grave. — 
Di, vil: ¿no bastó emprender 

con ira y con fuerza extraña 

70. Así Cot.; edic. 1630 y las demás, y. 
72. Basta en todas las eds. antiguas, aunque la rima exi- 
giría baste. 

78. Así edic. 1649 y todas las sueltas que proceden de ella; 
en edic. 1630 falta con. 



202 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



tan gran traición en España 
con otra noble mujer, 

sino en Nápoles también 
y en el palacio real, 
con mujer tan principal? 
¡Castigúete el cielo, amén! 

Tu padre desde Castilla 
a Nápoles te envió, 
y en sus márgenes te dió 
tierra la espumosa orilla 

del mar de Italia, atendiendo 
que el haberte recebido 
pagaras agradecido, 
¡y estás su honor ofendiendo, 

y en tal principal mujer! 
Pero en aquesta ocasión 
nos daña la dilación; 
mira qué quieres hacer. 
D. Juan. No quiero daros disculpa, 
que la habré de dar siniestra. 
Mi sangre es, señor, la vuestra; 
sacalda, y pague la culpa. 

A esos pies estoy rendido, 
y ésta es mi espada, señor. 
D. Ped. Alzate y muestra valor, 



80. No sabemos nada más sobre esta aventura de donjuán. 

88. No hace falta poner cárcel en vez de tierra, que dan 
todas las eds., como hace Barry; el sentido es perfecto. 

89. atendiendo, ' esperan do'. 



w. 79-120 EL BURLADOR DE SEVILLA 203 



que esa humildad me ha vencido. 

¿Atreveráste a bajar 105 

por ese balcón? 
D. Juan. Sí atrevo, 

que alas en tu favor llevo. 
D. Ped. Pues yo te quiero ayudar. 

Vete a Sicilia o Milán, 

donde vivas encubierto. no 
D. Juan. Luego me iré. 
D. Ped. ¿Cierto? 
D. Juan. Cierto. 
D. Ped. Mis cartas te avisarán 

en qué para este seceso 

triste, que causado has. 
D. Juan. \Ap\ Para mí alegre, dirás. — 115 

Que tuve culpa, confieso. 
D. Ped. Esa mocedad te engaña. 

Baja, pues, ese balcón. 
D. Juan. [Ap.] Con tan justa pretensión 

gozoso me parto a España. I2Q 



106. En casos como éste, era hecho muy frecuente en la 
lengua literaria del siglo xvn la omisión del pronombre com- 
plemento que hoy juzgamos inadmisible; v. antes, pág. 111, 
nota, y Teatro antiguo español, 11, pág. 200. 

120. //. modificó el v. 119, poniendo larga en vez de justa, 
que hay que dejar, pues se entiende perfectamente como una 
ironía de don Juan. Pero en vista de este larga, inventado por 
//., Barry, ha creído necesario añadir antes una redondilla 
de TL en la que ocurre el verso / Tan largo me lo fiáis! 



204 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



Vase don Juan y entra el rey. 

D. Ped. Ejecutando, señor, 

lo que mandó vuestra alteza, 
el hombre... 



de las cuchillas soberbias. 



Rey. ¿De qué forma? 



Aun no lo mandaste apenas, 
cuando, sin dar más disculpa, 
la espada en la mano aprieta, 
revuelve la capa al brazo, 
y con gallarda presteza, 
ofendiendo a los soldados 
y buscando su defensa, 
viendo vecina la muerte, 
por el balcón de la huerta 
se arroja desesperado. 
Siguióle con diligencia 
tu gente; cuando salieron 
por esa vecina puerta, 
le hallaron agonizando 
como enroscada culebra. 
Levantóse, y al decir 
los soldados: «¡muera, muera!», 



Rey. 
D. Ped. 



«¿Murió? 



Escapóse 



D. Ped. 



Desta forma: 



121-22. Así TL; edic. 1630: Ya ejecuté, gran señor, | tu jus- 
ticia justa y recta \ en el hombre (edic. 1649, el hombre), ver- 
sos que parecen incompatibles con lo que se dice en seguida. 



EL BURLADOR DE SEVILLA 205 



bañado de sangre el rostro, 
con tan heroica presteza 

se fué, que quedé confuso. m$ 

La mujer, que es Isabela, 

— que para admirarte nombro — 

retirada en esa pieza, 

dice que es el duque Octavio 

que, con engaño y cautela, T5Q 

la gozó. 
Rey. ¿Qué dices? 

D. Ped. Digo 

lo que ella propia confiesa. 
Rey. [Ap.] ¡Ah, pobre honor! Si eres alma 

del [hombre,] ¿por qué te dejan 

en la mujer inconstante, 155 

si es la misma ligereza? — 

¡Hola! 

Sale un Criado. 

Criado. ¡Gran señor! 

Rey. Traed 



154. Corrección de E. de Ochoa en Su edic; edic. 1630 y las 
demás, honor. 

156. Queja análoga en Villana de Vallecas, Rivad., v. 45 a: 
«mal haya quien confianza | hace en el desasosiego | de la fe- 
menil mudanza».— «Pues es cosa averiguada | que la que es de 
honor espejo I en la lealtad y opinión, | en fin es frágil sujeto | 
y un animal imperfeto». (La venganza de Tamar, Rivad., ix, 
402 c)— En El guante de doña Blanca, de Lope (edición 
Acad., ix, 234), alguien dice: «Ya que en la torre | veleta habéis 
menester, | con poner una mujer | sabréis el viento que corre». 



206 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



delante de mi presencia 
esa mujer. 



D. Ped. 



Ya la guardia 
viene, gran señor, con ella. 



Trae la Guarda a Isabela. 



Isabela. [Ap¡\ ¿Con qué ojos veré al rey? 
Rey. Idos, y guardad la puerta 



de esa cuadra. — Di, mujer: 
;qué rigor, qué airada estrella 
te incitó, que en mi palacio, 
con hermosura y soberbia, 
profanases sus umbrales? 



guardas, criados, murallas, 
fortalecidas almenas 
para amor, que la de un niño 
hasta los muros penetra! 
Don Pedro Tenorio: al punto 
a esa mujer llevad presa 

163. Cuadra, 'habitación'. 

172. Fuerza, 'fortaleza'. Comp. I, 740; ni, 715. 

175. La (fuerza); el pronombre reproduce fuerza en su sen- 
tido ordinario, no en el de 'fortaleza' que tiene en el verso 
172. Cf. El Buscón (edic. Clás. Cast.), pág. 125, n. 12. 



Isabela. Señor... 
Rey. 



Calla, que la lengua 



no podrá dorar el yerro 

que has cometido en mi ofensa. 

¿Aquél era el duque Octavio? 



Isabela. Señor... 
Rey. 



¡Que no importan fuerzas, 



vv. 158-201 EL BURLADOR DE SEVILLA 207 



a una torre, y con secreto 

haced que al duque le prendan, 180 

que quiero hacer que le cumpla 

la palabra o la promesa. 
Isabela. Gran señor, volvedme el rostro. 
Rey. Ofensa a mi espalda hecha 

es justicia y es razón 185 

castigalla a espaldas vueltas. (Vase el Rey.) 
D. Ped. Vamos, duquesa. 
Isabela. Mi culpa 

no hay disculpa que la venza; 

mas no será el yerro tanto 

si el duque Octavio lo enmienda. 190 
Vanse y sale el duque Octavio jy Ripio, su criado. 

Ripio. ¿Tan de mañana, señor, 

te levantas? 
Octav. No hay sosiego 

que pueda apagar el fuego 

que enciende en mi alma amor. 

Porque, como ai fin es niño, i 95 

no apetece cama blanda, 

entre regalada holanda, 

cubierta de blanco armiño. * 
Acuéstase, no sosiega, 

siempre quiere madrugar 2GO 

por levantarse a jugar, 

190. En TL t don Pedro intenta tranquilizar su conciencia: 
«Si puedo, yo haré que al duque | le disculpe su inocencia, | y 
que don Juan, mi sobrino, | se case con Isabela», (nbae, ix, 
659 a). 



208 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



que, al fin, como niño, juega. 

Pensamientos de Isabela 
me tienen, amigo, en calma, 
que como vive en el alma 
anda el cuerpo siempre en pena, 

guardando ausente y presente 
el castillo del honor. 



204. Calma, 'tristeza, desesperación, desamparo'.— Comp. 
«Desque rae vi acorrelado | y que ño podía salir, | deque ño 
podía a huir | aqu ejábaseme esta alma; | que me tomó una tal 
calma | que me pensé de transirá (J. del Encina, Auto del 
Repelón, edic. Barbieri, pág. 234).— «..., el ave... apenas es flor de 
pluma | ... cuando las etéreas salas | corta con velocidad, | ne- 
gándose a la piedad | del nido, que deja en calma». (Vida es 
sueño, i, vs. 123 a 130).— «¿Qué haré (¡terrible calma!) | si ella 
es la vida que me tiene el alma». (G. de Castro, Mocedades 
del Cid, edic. Clás. Cast., pág. 30). «No te des a temor tanto... | 
que haces en tan fiera calma | todas las potencias alma, | y toda 
el alma dolencia». ( Rojas, No hay ser padre, Rivad., liv, 396 b). 
A pesar de la frecuencia de esta acepción, el Diccionario de 
la Academia sigue ignorándola. H. y Cotarelo corrigieron in- 
debidamente sin calma. 

206. Así todas las ediciones antiguas, no obstante romper 
pena la rima; debe tratarse de una reminiscencia de «andar 
como un alma en pena», y, por tanto, de una equivocación del 
mismo autor. H. enmendó «vela», muy razonablemente, puesto 
que luego se habla de castillo. 

213. Así edic. 1649; edic. 1630 y las sueltas, quieres. 



Ripio. 



Octav. 
Ripio. 



Perdóname, que tu amor 
es amor impertinente. 
¿Qué dices, necio? 



Esto digo: 
impertinencia es amar 
como amas; ¿quies escuchar? 



vv. 202-234 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



209 



OCTAV. 

Ripio. 

OCTAV. 

Ripio. 

Octav. 
Ripio. 



Octav. 



Ripio. 



Ea, prosigue. 

Ya prosigo. 
¿Quiérete Isabela a ti? 
¿Eso, necio, has de dudar? 
No; mas quiero preguntar: 
¿y tú, no la quieres? 

Sí. 

Pues ¿no seré majadero, 
y de solar conocido, 
si pierdo yo mi sentido 
por quien me quiere y la quiero? 

Si ella a ti no te quisiera, 
fuera bien el porfialla, 
regalalla y adoralla, 
y aguardar que se rindiera; 

mas si los dos os queréis 
con una mesma igualdad, 
dime: ¿hay más dificultad 
de que luego os desposéis? 

Eso fuera, necio, a ser 
de lacayo o lavandera 
la boda. 

..es, ¿es quienquiera 
una lavandriz mujer, 



225 



230 



214. Así edic. 1649 y las sueltas; en edic. 1630 falta ea. 

231. La edic. 1649 y todas las sueltas suprimen desde este 
verso hasta el 243. 

234. Comp. «Ea, destapa la boca, | brilladora lavatriz». 
(Huerta Juan Fernández, Rivad. v, 646 b). Comp. fregatriz, 
ibídem, 386 b. 



210 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



Criado. 



Octav. 



lavando y fregatrizando, 
defendiendo y ofendiendo, 
los paños suyos tendiendo, 
regalando y remendando? 

Dando dije, porque al dar 
no hay cosa que se le iguale, 
y si no a Isabela dale, 
a ver si sabe tomar. 

Sale un Criado. 

El embajador de España 
en este punto se apea 
en el zaguán, y desea, 
con ira y fiereza extraña, 

hablarte, y si no entendí 
yo mal, entiendo es prisión. 
[Prisión! Pues ¿por qué ocasión? 
Decid que entre 



Entra don Pedro Tenorio, con guardas. 

D. Ped. Quien así 

con tanto descuido duerme, 

limpia tiene la conciencia. 
Octav. Cuando viene vuexcelencia 

a honrarme y favorecerme 



2|0 



235. Comp., «Entre la loza | fregatizando la moza | con tal 
gracia (no la alabo | cual merece) se quedó | que si el sol verla 
pudiera, | para estropajo la diera | su dorado moño». (Huerta 
de Juan Fernandez, Rivad., v, 641 b; 646 a). 

237. Tanto Cot. como Barry proponen leer sucios y no su- 
yos; pero los paños que ponen a tender las lavanderas están 
limpios y no sucios. 



tv. 335-379 EL BURLADOR DE SEVILLA 



211 



no es justo que duerma yo; 

velaré toda mi vida. 

¿A qué y por qué es la venida? 
D. Ped. Porque aquí el rey me envió. 
Octav. Si el rey, mi señor, se acuerda 

de mí en aquesta ocasión, 

será justicia y razón 

que por él la vida pierda. 
Decidme, señor, ¿qué dicha 

o que estrella me ha guiado, 

que de mí el rey se ha acordado? 
D. Ped. Fué, duque, vuestra desdicha. 
Embajador del rey soy; 

dél os traigo una embajada. 
Octav. Marqués, no me inquieta nada; 

decid, que aguardando estoy. 
D. Ped. A prenderos me ha enviado 

el rey; no os alborotéis. 
Octav. ;Vos por el rey me prendéis! 

Pues ¿en qué he sido culpado? 
D. Ped. Mejor lo sabéis que yo; 

mas, por si acaso me engaño, 

escuchad el desengaño, 

y a lo que el rey me envió. 
Cuando los negros gigantes, 



354 



2¿« 



365 



268. Por precipitación del autor, don Pedro no distingue en- 
tre el rey de España, de quien es embajador, y el de Nápoles 
que le dió el extraño encargo de prender a D.Juan. 



212 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



plegando funestos toldos, 280 
ya del crepúsculo huyen, 
tropezando unos con otros, 
estando yo con su alteza 
tratando ciertos negocios 

— porque antípodas del sol 285 
son siempre los poderosos — , 
voces de mujer oímos 
cuyos ecos, menos roncos 
por los artesones sacros, 

nos repitieron «¡socorro!» 290 

A las voces y al ruido 

acudió, duque, el rey propio, 

halló a Isabela en los brazos 

de algún hombre poderoso; 

mas quien al cielo se atreve, 295 

sin duda es gigante o monstruo. 

Mandó el rey que los prendiera; 

quedé con el hombre solo; 

llegué y quise desarmalle; 

pero pienso que el Demonio 300 

en él tomó forma humana, 

pues que, vuelto en humo y polvo, 

se arrojó por los balcones, 

entre los pies de esos olmos 

que coronan, del palacio, 305 

280. Edic. 1630, saldos. Conservan esta errata las eds. 1649, 
y las sueltas, Madrid, 1728, Sevilla (Leefdael y Barcelona (Es- 
cuder), sin año. Corrigen toldos, TL y la suelta de Sevilla, 
Padrino. 

281. Así TL; edic. 1630, 1649 y las demás* y en vez de ya. 



vv. 28o- 3 2i EL BURLADOR DE SEVILLA 21 3 



los chapiteles hermosos. 

Hice prender la duquesa, 

y en la presencia de todos 

dice que es el duque Octavio 

el que con mano de esposo 3IO 

la gozó, 
Octav. ¿Qué dices? 

D. Ped. Digo 

lo que al mundo es ya notorio 

y que tan claro se sabe: 

que Isabela por mil modos... 
Octav. Dejadme, no me digáis 3 i 5 

tan gran traición de Isabela. 

Mas si fué su honor cautela, 

proseguid, por qué calláis? 

Mas si veneno me dais, 

que a un firme corazón toca, 320 
y así a decir me provoca, 



307. Para la falta de a ante el complemento directo, v. pá- 
gina 162, nota 995. 

317. Así edic. 1630, 1649 y las sueltas. TL, mas si fué su 
amor cautela, mal l acéis si lo calláis. 

317. Cautela 'engaño'. 

321. Por uno ae untos descuidos de redacción, el sentido 
en este verso queda trunco. Octavio quiere decir: 'Si me habéis 
dado una noticia, que es un terrible veneno para mi corazón, 
es natural que hayan brotado de éste esas palabras para im- 
poneros silencio, lo cual, [no os extrañe, porque] mi corazón 
imita á la comadreja: la acción de lo que oye le hace prorrum- 
pir en palabras'. 



214 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



que imita a la comadreja, 
que concibe por la oreja 
para parir por la boca. 

¿Será verdad que Isabela, 
alma, se olvidó de mí 
para darme muerte? Sí, 
que el bien suena y el mal vuela. 
Ya el pecho nada recela 
juzgando si son antojos; 
que, por darme más enojos, 
al entendimiento entró, 
y por la oreja escuchó 
lo que acreditan los ojos. 

Señor marqués, ¿es posible 
que Isabela me ha engañado, 
y que mi amor ha burlado? 



324. Ya en la antigüedad existía la leyenda de que la coma- 
dreja paría por la boca. Cuenta Ovidio (Metamorfosis, ix, 
306-321) que Juno castigó a Galantis, mudándola en comadreja, 
por haber dado la falsa nueva de haber parido Alcmena: 'la 
que con boca mendaz ayudó a la parturienta, parirá por la boca'. 
Ovidio tomó esta fábula de Nicandro. (V. Pauly-Wissowa, 
Real Encyclopaedia, s. v. Galinthias.) 

328. Es frase proverbial: «El bien suena y el mal vuela. 
«El bien suena y el mal truena.» (Correas, Vocabulario, pági- 
na 88 a). «El bien suena, y el mal trasvuela». (Adagios de Fer- 
nando Arce, 1533, en Sbarbi, Monografía sobre los refra- 
nes, pág. 57 b) 

329-334. El sentido es: 'Ya no temo que sea una ilusión mi 
desdicha, pues mi pecho (mi espíritu, mi corazón), se introdujo 
en el entendimiento y comprobó, por medio del oído, lo visto 
por los ojos'. 



w. 323-364 EL BURLADOR DE SEVILLA 21 5 





¡Parece cosa imposible! 






¡Oh, mujer! ¡Ley tan terrible 






de honor, a quien me provoco 


340 




a emprender 1 Mas ya no toco 






en tu honor esta cautela. 






¿ Anoche con Isabela 






hombre en palacio?... Estoy loco. 




D. Ped. 


Como es verdad que en los vientos 


34Í 




hay aves, en el mar peces, 






que participan a veces 






de todos cuatro elementos; 






como en la gloria hay contentos, 






lealtad en el buen amigo, 


3<» 




traición en el enemigo, 






en la noche escuridad 






y en el día claridad, 






así es verdad lo que digo. 




ÜCTAV. 


Marqués, yo os quiero creer. 


3*1 




Ya no hay cosa que me espante 






que la mujer más constante 






es, en efeto, mujer. 


- 




No me queda más que ver, 






pues es patente mi agravio. 




D. Ped. 


Pues que sois prudente y sabio, 






elegid el mejor medio. 




Octav. 


Ausentarme es mi remedio. 




D. Ped. 


Pues sea presto, duque Octavio. 





341. 'Ya no relaciono este engaño con tu honor, tu honor no 
vale nada para mí'. 
356. Así edic. 1649 y las sueltas; en edic. 1630 falta ya, 
359. Corap. v. 36, 



2l6 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I i 
i 



Octav. Embarcarme quiero a España, 
y darle a mis males fin. 

D. Pkd. Por la puerta del jardín, 

duque, esta prisión se engaña. 

Octav. ¡Ah, veleta! ¡Débil caña! 

A más furor me provoco, 
y extrañas provincias toco 
huyendo desta cautela. 
¡Patria, adiós! ¿Con Isabela 
hombre en palacio? ¡Estoy loco! 



365 



Vanse y sale Tísbea, pescadora, con una 
caña de pescar en la mano, 

Tisbea. 

Yo, de cuantas el mar, — 375 
pies de jazmín y rosa, — 
en sus riberas besa 
con fugitivas olas, 
sola de amor esenta, 

como en ventura sola, 3 s 
tirana me reserve • 
de sus prisiones locas, 
aquí donde el sol pisa 
soñolientas las ondas, 

alegrando zafiros 385 
las que espantaba sombras. 



366. Nótese el pronombre en singular; comp. pág. 158, nota. 
369. Comp. pág. 205, nota 156. 

383 386. Este es uno de los pasajes más enrevesados del 
Burlas 'or, por sus|inversiones y sus gongorinos alambicamien- 



w. 365-401 EL BURLADOR DE SEVILLA 217 



Por la menuda arena, 
(unas veces aljófar 
y átomos otras veces 

del sol que así la adora), 390 
oyendo de las aves 
las quejas amorosas, 
y los combates dulces 
del agua entre las rocas; 

ya con la sutil caña 395 

que al débil peso dobla 

del necio pececillo 

que el mar salado azota; 

o ya con la atarraya 

(que en sus moradas hondas 400 
prenden cuantos habitan 



tos. El texto está mucho menos alterado de lo que hemos soli- 
do pensa: . En este caso hay que suponer que Tisbea se en- 
cuentra en la playa al rayar el día: 'la luz del sol huella las 
aguas aún soñolientas; sus reflejos azules (zafiros), van alegran- 
do las tinieblas que el sol hacía huir o espantaba'. Comp. «Ape- 
nas el sol dormido | por los balcones del alba | sale pisando 
zafiros'. (La Estrella de Sevilla, Rivad. xxiv, 144 b). 

390. Edic. 1630 y las demás, le adora. Hy Barry enmiendan 
que el cielo dora. Con criterio más conservador del texto, 
prefiero suponer aquí un sentido tan rebuscado como los pre- 
cedentes: 'el sol esmalta con su brillo la arena, cuyos granos 
parecen ya aljófar, ya átomos del mismo sol, que de esa suerte 
le manifiesta su amor'. 

399. atarraya, 'red para pescar'. 

401. Barry imprime prende; prefiero no modificar el texto 
e interpretar: 'en los hondos senos de la red prenden, se me- 
ten, cuantos animales marinos viven dentro de una concha.' 



218 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



aposentos de conchas), 
segura me entretengo, 
que en libertad se goza 

el alma que amor áspid 4 © s 
no le ofende ponzoña. 
En pequeñuelo esquife, 
y en eompañía de otras, 
tal vez al mar le peino 

la cabeza espumosa; 4SO 
y cuando más perdidas 
querellas de amor forman, 
como de todo río, 
envidia soy de todas. 

¡Dichosa yo mil veces, 415 



403. Este verso depende del 387, entre los cuales hay ese 
complicado inciso. 

403. Corrección de H; edic. 1630 y todas las demás, segura- 
mente tengo. 

405. En amor áspid tenemos; el caso tan frecuente en 
Tirso de un sustantivo adjetivado, cuya falta en el Burlador 
se había esgrimido para dudar de que el P. Téllez fuese el 
autor. (Bulletin Hispanique, 1899; página 218). Comp. «anto- 
jos mujeres», «curiosidades doncellas», «partos abortos», 
«atambores truenos», etc. (Rivad., v, 637 d, c, 650 a). 

406. Así todas las eds. Barry, pág. 93, pretende que una 
suelta de la Biblioteca Nacional de Madrid, signatura iv, 2, da 
la variante no ofende con ponzoña; pero ni esa suelta existe, 
ni iv, 2, es signatura de la Biblioteca Naciona.1 de Madrid. Des- 
de luego esa vanante daría mejor sentido, pues ofende no ad- 
mite complemento directo de cosa. 

408. Edic. 1630, y ya en compañía. Todas las otras edicio- 
nes anteriores suprimen los vv. 407-410. 



w. 402-437 EL BURLADOR DE SEVILLA 21Q 



amor, pues me perdonas, 
si ya, por ser humilde, 
no desprecias mi choza! 
Obeliscos de paja 

mi edificio coronan, 420 

nidos, si no hay cigarras, 

a tortolillas locas. 

Mi honor conservo en pajas, 

como fruta sabrosa, 

vidrio guardado en ellas 425 
para que no se rompa. 
De cuantos pescadores 
con fuego Tarragona 
de piratas defiende 

en la argentada costa, 430 
desprecio soy [y] encanto; 
a sus suspiros, sorda; 
a sus ruegos, terrible; 
a sus promesas, roca. 

Anfriso, a quien el cielo 435 
con mano poderosa, 
prodigio en cuerpo y alma, 



422. Edic. 1630 y las demás, o tortolillas. E. de Ochoa en- 
mendó a. 'Las pirámides de paja que coronan la cabaña sirven 
de nido a las tórtolas, si no hay cigarras.' 

428. Alusión a las señales luminosas con que se prevenían 
los ataques de los piratas. Sobre la piratería en las costas en 
esa época, v. Pérez y González, El Diablo cojuelo, 1903; pá- 
gina 14-16. 

431. Todas las eds., soy encanto, menos la suelta de Sevi- 
lla, Padrino: soy al canto. 



220 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



dotó de gracias todas, 
medido en las palabras, 

liberal en las obras, 440 

sufrido en los desdenes, 

modesto en las congojas, 

mis pajizos umbrales, 

que heladas noches ronda, 

a pesar de los tiempos, 445 

las mañanas remoza; 

pues con [los] ramos verdes 

que de los olmos corta, 

mis pajas amanecen 

ceñidas de lisonjas. 450 
Ya con vigüelas dulces 
y sutiles zampoñas 
músicas me consagra; 
y todo no me importa, 

porque en tirano imperio 455 
vivo, de amor señora; 



438. Edic. 1630 y las demás, de todo en. Corrección de //, 
que hace segura la lección de TL, a quien los cielos dotan \ 
de gracia y bizarría. 

446. 'Todas las mañanas Anfriso rejuvenece los secos um- 
brales de la cabana con unos ramos verdes'. Comp. el texto 
de TL: Mis pajizos umbrales, | que heladas noches ronda, \ 
cubiertos amanecen | de flores sin lisonjas (edic. cit., página 
660 b). 

447. Todas las eds. anteriores, pues con ramos verdes. 
454. Corree, de H: edic. 1630 y las demás, no le, 'Nada de 

eso me importa'. 



vv. 438-479 EL BURLADOR DE SEVILLA 221 



que hallo gusto en sus penas 
y en sus infiernos gloria. 
Todas por él se mueren, 

y yo, todas las horas, 460 
le mato con desdenes: 
de amor condición propia, 
querer donde aborrecen, 
despreciar donde adoran; 

que si le alegran, muere, 4 6 5 
y vive si le oprobian. 
En tan alegre día 
segura de lisonjas, 
mis juveniles años 

amor no los malogra; 47Q 
que en edad tan florida, 
amor, no es suerte poca 
no ver entre estas redes 
las tuyas amorosas. 

Pero, necio discurso 47 5 
que mi ejercicio estorbas, 
en él no me diviertas 
en cosa que no importa. 
Quiero entregar la caña 



457. Corree, de H; ed. 1630 y las demás, halla. 

471-74. Estos cuatros versos faltan en ed. 1649 y en las 
sueltas; pero están en la de 1630, y ocupando otro sitio en TL., 
(pág. 660 a). El v. 473 dice en 1630, no ver tratando enredos; 
corrijo según TL. 

477. divertir, 'distraer, apartar'.— «Ya no sé lo que decía, 
que me he divertido mucho». (Santa Teresa, Moradas, edi- 
ción Clás. Cast., págs. 188, 19.) 



222 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



al viento, y a la boca 4*» 
del pececillo el cebo. 
Pero al agua se arrojan 
dos hombres de una nave, 
antes que el mar la sorba, 

que sobre el agua viene 4 t s 
y en un escollo aborda; 
como hermoso pavón, 
hace las velas cola, 
adonde los pilotos 

todos los ojos pongan. 490 
Las olas va escarbando; 
y ya su orgullo y pompa 
casi la desvanece. 
Agua un costado toma... 

Hundióse y dejó al viento An 

la gavia, que la escoja 

para morada suya, 

que un loco en gavias mora. 

(Dentro: ¡Que me ahogo!) * 
Un hombre al otro aguarda 
que dice que se ahoga. ¿o© 
¡Gallarda cortesía! 
En los hombros le toma. 



481. Así edic. 1649 y las sueltas; edic. 1630, ai 
496. Juego de palabras entre gavia, 'cofa del navio', y ga- 
via, 'jaula de palo en que se tiene encerrado al que está 
loco'. 

* Acotación que naturalmente no cuenta como verso. Edi- 
ción 1649, las sueltas y E. de Ochoa, Socorro, que me ahogo* 



ty. 4 8o-sxS EL BURLADOR DE SEVILLA 223 



Anquises le hace Eneas, 

si el mar está hecho Troya. 

Ya, nadando, las aguas sos 

con valentía corta, 

y en la playa no veo 

quien le ampare y socorra. 

Daré voces: ¡Tirseo, 

Anfriso, Alfredo, hola! 5 s © 
Pescadores me miran, 
¡plega a Dios que me oigan! 
Mas milagrosamente 
ya tierra los dos toman: 

sin aliento el que nada, 51» 
con vida el que le estorba. 

Saca en brazos Catalinón a don Juan, mojados. * 

Catal. jVálgame la cananea, 
y qué salado está el mar! 



503. El hombre que se está ahogando semeja a Anquises 
expuesto a perecer en Tro ya, y hace que el otro se convierta en 
Eneas y le salve. 

* Como resulta de los v. 515, 516, 557 y 558, don Juan es 
quien salva a Catalinón; al llegar a la orilla cae exánime, y su 
criado ha de llevarle en sus brazos. Por una confusión, Barry, 
pág. 98, ha creído que Catalinón salvó á don Juan. 

517. No creo se trate de la mujer cananea del Evangelio, 
sino de un juramento ridículo del gracioso. Correas registra en 
su Vocabulario (pág. 431) «válate la cananea en carnes». Ca- 
nanea es deformación de hacanea; así dice Sancho (Quijo- 
te, 11, 10), y también un personaje de Quiñones de Benavente 
(Quij., edic. R. Marín, 1916, iv, 223). El dicho se habría apli- 
cado a personas flacas. 



224 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



Aquí puede bien nadar 
el que salvarse desea, 

que allá dentro es desatino, 
donde la muerte se fragua; 
donde Dios juntó tanta agua, 
no juntara tanto vino. 

Agua salada: ¡estremada 
cosa para quien no pesca! 
Si es mala aun el agua fresca, 
¿qué será el agua salada? 

¡Oh, quien hallara una fragua 
de vino, aunque algo encendido! 
Si del agua que he bebido 
escapo yo, no más agua. 

Desde hoy abernuncio della, 
que la devoción me quita 
tanto, que aun agua bendita 
no pienso ver, por no vella. 

jAh, señor! Helado y frío 
está. ¿Si estará ya muerto? 
Del mar fué este desconcierto, 
y mío este desvarío. 

¡Mal haya aquel que primero 

525-536. Sólo la edición 1630 contiene estos versos. 

531. Así TL; edic. 1630, de la. 

535. En edic. 1630 falta aun que da TL. 

537-38. Así TL; edic. 1630; Ah, señor, helado está. \ Señor, 
si está muerto; edic. 1649, da el v. 538, Señor, si acaso está 
muerto. Sólo TL restablece la rima. 

541. Comp. «¡Mal haya, amén, la primera | mano ingrata que 
esas tablas | con resina, pez y brea | juntó para mi desdichas 
(La ninfa del cielo, nbae, ix, 447 b.) 



rv. 519-561 EL BURLADOR DE SEVILLA 



225 



TlSBEA. 

Catal. 



TlSBEA. 

Catal. 

TlSBEA. 

Catal. 



pinos en la mar sembró, 
y que sus rumbos midió 
con quebradizo madero! 

{Maldito sea el vil sastre 545 
que cosió el mar que dibuja 
con astronómica aguja, 
causa de tanto desastre! 

¡Maldito sea Jasón, 
y Tifis maldito sea! ¿ so 
Muerto está, no hay quien lo crea; 
¡mísero Catalinón! 

¿Qué he de hacer? 

Hombre, ¿qué tienes 
en desventuras iguales? 

Pescadora, muchos maíes, sss 
y falta de muchos bienes. 

Veo, por librarme a mí, 
sin vida a mi señor. Mira 
si es verdad. 

No, que aun respira. 
¿Por dónde? ¿Por aquí? 

Sí; S 6» 

pues ¿por dónde? 

Bien podía 



542. Pinos en la mar sembró: * lanzó barcos al mar'.— 
Esta lamentación del gracioso, lugar común muy corriente, 
está inspirada en las dos odas de Horacio «Al navio de Virgi- 
lio» y «A la República». 

550. Tifis, 'el piloto de los Argonautas*. 

i5 



226 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



respirar por otra parte. 
Tisbea. Necio estás. 
Catal. Quiero besarte 

las manos de nieve fría. 
Tisbea. Ve a llamar ios pescadores 565 

que en aquella choza están. 
Catal. Y si los llamo, ¿vernán? 
Tisbea. Vendrán presto, no lo ignores. 

¿Quién es este caballero? 
Catal. Es hijo aqueste señor 57° 

del camarero mayor 

del rey, por quien ser espero 
antes de seis días conde 

en Sevilla, donde va, 

y adonde su alteza está, 475 

si a mi amistad corresponde. 
Tisbea. ¿Cómo se llama? 
Catal. Don Juan 

Tenorio. 

Tisbea. Llama mi gente. 

Catal. Ya voy. 

Coge en el regazo Tisbea a don Juan. 

Tisbea. Mancebo excelente, 

gallardo, noble y galán. 580 

562. Chiste sucio peculiar del gracioso, y no sólo de Tirso; 
v. antes, pág. 137. 

567. vernán, 'vendrán'. Aun se usaba alguna vez este futuro 
en la lengua literaria del siglo xvn. Comp. «terná el mundo de 
perder ese día el juicio». (Fr. L. Azevedo, Marial, Vallado- 
lid, 1600, pág. 413 b.) 



w. 562-598 EL BURLADOR DE SEVILLA 227 



Volved en vos, caballero. 
D. Juan. ¿Dónde estoy? 
Tísbea. Ya podéis ver: 

en brazos de una mujer. 
D. Juan. Vivo en vos, si en el mar muero. 
Ya perdí todo el recelo, 
que me pudiera anegar, 
pues del infierno del mar 
salgo a vuestro claro cielo. 

Un espantoso huracán 
dió con mi nave al través, 
para arrojarme a esos pies 
que abrigo y puerto me dan. 

Y en vuestro divino oriente 
renazco, y no hay que espantar, 
pues veis que hay de amar a mar 
una letra solamente. 
Tisbea. Muy grande aliento tenéis 
para venir sin aliento, 



588. Muy parecida a esta escena es otra de Peribáñez, 
de Lope de Vega. Casilda recibe en su casa al Comendador, 
privado de sentido: «¡Ah, gallardo caballero!* En cuanto abre 
los ojos, el comendador requiebra a Casilda: «Estuve muerto 
en el suelo... | Cuando los ojos abrí | pensé que estaba en el 
cielo.» (Rivad., xli, 283 a.) 

595-596. El Sr. Gendarme de Bévotte, en su libro La Lé- 
gende de don Juan, pág. 63, nota 4, dice que los versos 595-596 
figuran tan sólo en Tan largo, siendo así que se hallan en la 
cd. de 1630, fol. 65 b. La lección de Tan largo, 1, 13, es: «Ya 
muero en vos, que consiente | amor que seáis mi mar, | pues 
veis que hay de mar a amar | una letra solamente». —Como 
este detalle se ha discutido al hablar de la atribución de El 



228 



TIRSO DE MOLINA 



JOB. I 



y tras de tanto tormento 

muy gran contento ofrecéis. 6o» 

Pero si es tormento el mar 
y son sus ondas crueles, 
la fuerza de los cordeles, 
pienso que os hace hablar. 

Sin duda que habéis bebido 6o 5 
del mar la oración pasada, 
pues, por ser de agua salada, 
con tan grande sal ha sido. 

Mucho habláis cuando no habláis, 
y cuando muerto venís 610 



Burlador a Tirso, citaré algunos casos análogos (que exis- 
ten también en Lope de Vega): «Amón.— Quítale al Tamar la t, | 
y ¿dirá Tamar...? Tamar.— Amar. | Am.— Ese es mi mal; yo me 
llamo | Amón; quítale la n. | Tam.— Serás amo. Am.— Porque 
pene, | mi mal es amar; yo amo.» (Venganza de Tamar, II, 6). 
— «Agudo.— ¿Mas que te han de marear | la bolsa luego al 
entrar en Madrid?... D. Pedro.— ¿Por qué, si a casarme voy? | 
Agudo.— Tu nombre lo ha declarado. | De marido a marea- 
do, | ¿qué va?...» (Villana de Vallecas, i, 4.) «Porque va | muy 
poco de Marta a martes.» (Marta la piadosa, Rivad., 452 v, a.) 
«Poco va de juego a fuego» (El mayor desengaño, NBAE, 
iv, 97 b.) 

597-600. Así TL; ed. 1630, muy grande aliento tenéis \ 
para venir soñoliento, \ y más de tanto tormento \ mucho 
tormento ofrecéis. 

603. Como viene hablando de tormento, piensa en el de los 
cordeles. 

604. Hay que aspirar la h de hablar, caso ya poco frecuen- 
te en el siglo xvn. 

606. oración se refiere al florido discurso de hace un mo- 
mento; H y Barry corrigen, sin motivo, ración. 



^ 599-^34 EL BURLADOR DE SEVILLA 22Q 



mucho al parecer sentís; 
¡plega a Dios que no mintáis! 

Parecéis caballo griego 
que el mar a mis pies desagua, 
pues venís formado de agua, 
y estáis preñado de fuego. 

Y si mojado abrasáis, 
estando enjuto, ¿qué haréis? 
Mucho fuego prometéis; 
¡plega a Dios que no mintáis! 
D. Juan. A Dios, zagala, pluguiera 
que en el agua me anegara 
para que cuerdo acabara 
y loco en vos no muriera; 

que el mar pudiera anegarme 
entre sus olas de plata 
que sus límites desata; 
mas no pudiera abrasarme. 

Gran parte del sol mostráis, 
pues que el sol os da licencia, 
pues sólo con la apariencia, 
siendo de nieve abrasáis. 
Tisbea. Por más helado que estáis, 
tanto fuego en vos tenéis, 



627. No es preciso corregir sus en sin como H. y Barry: 'las 
olas rompen los límites del mar'. (V. Cuervo, Dicciona- 
rio, n, 968 b.) 

632. «Llamáralos yo a los pechos pellas de nieve, si no 
abrasaran.» ( Cigarrales de Toledo, ed. Said Armesto, pág. 38.) 



230 



TIRSO DE MOLINA 



jOR. I 



que en este mío os ardéis. 635 
jPlega a Dios que no mintáis! 

Salen Catalinón, Coridón y Anfriso, pescadores. 

Catal. Ya vienen todos aquí. 
Tisbea. Y ya está tu dueño vivo. 
D. Juan. Con tu presencia recibo 

el aliento que perdí. 640 
Corid. ¿Qué nos mandas? 
Tisbea. Coridón, 

Anfriso, amigos... 
Corid. Todos 

buscamos por varios modos 

esta dichosa ocasión. 

Di que nos mandas, Tisbea, * 4i 

que por labios de clavel 

no lo habrás mandado a aquel 

que idolatrarte desea, 

apenas, cuando al momento, 

sin cesar, en llano o sierra, 6so 

surque el mar, tale la tierra, 

pise el fuego, y pare el viento. 
Tisbea. (Aparte.) ¡Oh, que mal me parecían 

estas lisonjas ayer, 

y hoy echo en ellas de ver é . & 

que sus labios no mentían! — 
Estando, amigos, pescando 
sobre este peñasco, vi 



645. Así ed. 1649; ed. 1630, di lo que... 

652. Así TL; ed. 1630, pise el fuego, el aire, el viento. 



vr. 635-683 EL BURLADOR DE SEVILLA 2$I 



hundirse una nave allí, 

y entre las olas nadando 660 
dos hombres; y compasiva, 

di voces, y nadie oyó; 

y en tanta aflición, llegó 

libre de la furia esquiva 

del mar, sin vida a la arena, 66g 

déste en los hombros cargado, 

un hidalgo y[a] anegado, 

y envuelta en tan triste pena 
a llamaros envié. 
Anfris. Pues aquí todos estamos, ¿7* 

manda que tu gusto hagamos, 

lo que pensado no fué. 
Tisbea. Que a mi choza los llevemos 

quiero, donde, agradecidos, 

reparemos sus vestidos, 674 

y allí los regalaremos; 

que mi padre gusta mucho 

desta debida piedad. 
Catal. jEstremada es su beldad! 
D. Juan. Escucha aparte. 

Catal. Ya escucho. 680 

D. Juan. Si te pregunta quién soy, 

di que no sabes. 
Catal. ¡A mí... 

quieres advertirme a mí 



667. Ed. 1630 y 1649, y anegado. 

676. Así ed. 1649 y las sueltas; ed. 1630, a ellos. 



232 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. 1 



lo que he de hacer! 
D. Juan. Muerto voy 

por ia hermosa pescadora. é$ s 

Esta noche he de gozalla. 
Catal. ¿De qué suerte? 
D. Juan. Ven y calla. 

Corid. Anfrsio: dentro de un hora 
los pescadores prevén 

que canten y bailen. 
Anfris. Vamos, «9® 

y esta noche nos hagamos 

rajas y palos también. 
D. Juan. Muerto soy. 
Tisbea. ¿Cómo, si andáis? 

D. Juan. Ando en pena, como veis. 
Tisbea. Mucho habláis. 

D. Juan. Mucho entendéis. 6 05 



684. Ironía de Catalinón, pues antes, v. 518, dijo quién era 
su señor. 

685. Así en TL; ed. 1630 y todas las demás, cazadora. 
689. Verso tomado de TL, ed. cit., pág. 662 b, necesario 

para ei sentido y la rima. 

692. Hay un juego de palabras entre hacerse rajas, 'hacerse 
pedazos (de tanto bailar y cantar*), y raja de madera; y de 
aquí el chiste con palos. — Comp. «En tan gozosa ocasión j 
rajas me tengo de hacer, j que pues me brinda el placer, | le 
quiero hacer la razón.» (Lope, El rey D. Pedro, i, 6.) «Idos de 
aquí con el diablo... i que si las sonajas duran i pienso que me 
he de hacer rajas», dice un alcalde mientras baila. (Entremés 
del Alcalde Ardite, ms. Bibliot. Nac. 151 68 3 , fol. 4 r). «Aunque 
ella | se haga rajas cantando, no escucharla.» (Moreto, El des- 
dén con el desdén, Rivad., xxxix, 12. a ) 



rr. 684-703 EL BURLADOR DE SEVILLA 233 



Tisbea. jPlega a Dios que no mintáis! 

(Vanse.) 

Sale don Gonzalo de Ulloa y el rey don Alfonso 
de Castilla. 

Rey. ¿Cómo os ha sucedido en la embajada, 

comendador mayor? 
D. Gon. Hallé en Lisboa 

al rey don Juan, tu primo, previniendo 

treinta naves de armada. 
Rey. «¡Y para dónde? 70* 

D. Gon. Para Goa me dijo; mas yo entiendo 

que a otra empresa más fácil apercibe. 

A Ceuta o Tánger pienso que pretende 



697. Piensa Barry que este principio de escena ha sido re- 
fundido, porque no quedan en él mas que jirones de octavas. 
No falta nada, porque no se trata de octavas sino de versos 
sueltos. 

697-98. Alfonso XI de Castilla, muerto en 1350 —huelga el 
decirlo—, no podía enviar embajadas a Juan I de Portugal, 
muerto en 1433. Sabida es, por lo demás, la ninguna importan- 
cia que los dramaturgos antiguos, en todas partes, concedie- 
ron a la verdad histórica. 

700. En 1415 salió Juan I con una gran flota y conquistó a 
Ceuta; guardó la mayor reserva sobre sus propósitos, a pesar 
de las preguntas de los embajadores de Castilla, Aragón y Gra- 
nada, inquietos al ver tan gran armamento, que temían fuesen 
contra aquellos reinos (Oliveira Martins, Os fiíhos de don 
Joao I, pág. 33 y 40). Pero es anacrónico que Tirso hable aquí 
de Go.í, conquistada a principios del siglo xvi. En su recuerdo 
se fundían las conquistas de don Juan I con las del reinado de 
don Manuel. 



234 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



cercar este verano. 
Rey. Dios le ayude, 

y premie el celo de aumentar su gloria. 704 

¿Qué es lo que concertasteis? 
D. Gon. Señor, pide 

a Serpa y Mora, y Olivencia y Toro; 

y per eso te vuelve a Villaverde, 

al Almendral, a Mértoia y Herrera 

entre Castilla y Portugal. 
Rey. Al punto 710 



705. Eds. 1630 y 1649, cielo. 

707-9. Aunque la cita de estas ciudades carezca de valor 
histórico, el hecho se presta, sin embargo, a alguna ex- 
plicación. En la Prudencia en la mujer (I, 13), en un decreto 
de la reina D. a María, se nombra también a Serpa (mal leído 
Feria) y a Mora, por recuerdo de la Crónica de Fernando IV, 
Rivadeneyra, t . 66, pág. 96. (V. Morel Fatio, Bulletin Hispa- 
ñique, 1899, pág. 188.) Ambas ciudades portuguesas fueron 
destruidas por los castellanos en 1295 y reedificadas por el rey 
don Dionisio: «El rei fez de novo todas as villas e castellos 
de... Serpa, Moura...» (Chronicas dos Senhores reís de Por- 
tugal, por Ch. Rodrigues Acenheiro, « Collec^áo de inéditos 
da Historia portugueza», t. v, pág. 96.) Los derechos de Por- 
tugal se reconocieron por la reina de Castilla en Ciudad-Ro- 
drigo en 1297. La cita de Olivencia (Olivenza) tal vez proceda 
de la misma Crónica de Fernando IV; en 1298 fué cedida a 
Portugal con motivo del casamiento del rey con Constanza, 
infanta de aquel reino: «e estando en Burgos la reina llegó 
don Juan Ferrandez e troxo el pleito firmado del Rey con la 
fija del rey de Portugal, en tal manera que diesen al rey de 
Portugal Olivencia... é la reyna otorgó el pleito». (Chron., pá- 
gina 109 a.)— Ignoro que Toro haya figurado en conciertos con 
Portugal en otra ocasión que en la guerra suscitada por las 



vt. 7»4-?23 EL BURLADOR DE SEVILLA 235 



se firmen los conciertos, don Gonzalo. 

Mas decidme primero cómo ha ido 

en el camino, que vendréis cansado 

y alcanzado también. 
D, Gon. Para serviros, 

nunca, señor, me canso. 
Rey. ¿Es buena tierra 715 

Lisboa? 

D. Gon. La mayor ciudad de España; 

y si mandas que diga lo que he visto 
de lo exterior y célebre, en un punto 
en tu presencia te pondré un retrato. 

Rey. Yo gustaré de oíllo. Dadme silla. 7 ao 

D. Gon. Es Lisboa una otava maravilla. 

De las entrañas de España, 
que son las tierras de Cuenca, 



pretensiones de la Beltraneja; los castellanos rescataron la 
ciudad en 1477.— En cuanto a Méríola —distrito portugués de 
Beja— , Herrera — prov. de Badajoz—, Almendral —junto a Oli- 
venza— y Villaverde (?), no he hallado datos que de algún 
modo explicasen su cita.— En último término se trata de una 
analogía más entre El Burlador y otra indudable comedia d t 
Tirso. 

716. Como es sabido, Portugal era de España (1580-1640) 
cuando Tirso escribía. 

720. Asi es 1649; en ed. 1630 faltado. 

723. Tal vez deba leerse sierras, aunque todas las edicio- 
nes den tierras. Comp. «Y vos lepodéis seguir, | si en Cuenca 
le veis nacer, | ya que aquí le veis morir; ¡ que estimará en 
mucho el Tejo | que mirándoos en su espejo, | le gocéis, dán- 
dole nombre, | niño en Cuenca, en Toledo hombre | y en nues- 
tra Lisboa viejo». (Doña Beatriz de Silva, NBAE, iv, 493 a.) 



236 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. 1 



nace el caudaloso Tajo, 
que media España atraviesa. 
Entra en el mar Océano, 
en las sagradas riberas 
de esta ciudad, por la parte 
del sur; mas antes que pierda 
su curso y su claro nombre, 
hace un puerto entre dos sierras, 
donde están de todo el orbe 
barcas, naves, carabelas. 
Hay galeras y saetías 
tantas, que desde la tierra 
parece una gran ciudad 
adonde Neptuno reina. 
A la parte del poniente 
guardan del puerto dos fuerzas 
de Cascaes y San Gíah, 
las más fuertes de la tierra. 
Está, desta gran ciudad, 
poco más de media legua, 



731. Corrección de H; edic. 1630 y las demás, cuarto. 

732. Así ed. 1649; ed. 1630, está. 

740. Fuerte situado en la márgen derecha de la desembo- 
cadura del Tajo. San Gian es 'San Julián'. Comp. «Cette pe- 
tite passe est défendue par un fort nommé le fort de St. Ju- 
lien, ou, comme les Portugais Pappellent par corruption, St 
Giaom». Alvarez de Colmenar, Anuales d'Espagne, Leiden, 
1715, t. v, 723).— «El castelláno de San Gian, envío al gober- 
nador de Lisboa... la nueva de la venida de los extranjeros.» 
Cervantes, Persiles, Rivad., i, 624 a.) 



w. 7M-758 EL BURLADOR DE SEVILLA 237 



Belén, convento del santo 

conocido por la piedra, 744 

y por el león de guarda, 

donde los reyes y reinas 

católicos y cristianos 

tienen sus casas perpetuas. 

Luego esta máquina insigne, 75 o 

desde Alcántara comienza 

una gran legua^a tenderse 

al convento de Jabregas. 

En medio está el valle hermoso 

coronado de tres cuestas, 7 §§ 

que quedara corto Apeles 

cuando [pintarlas] quisiera; 

porque, miradas de lejos, 



744. Belén, célebre convento de jerónimos construido por 
el rey Manuel (1499), para conmemorar el descubrimiento de la 
India, por Vasco de Gama. Alude Tirso a episodios de la vida 
de San Jerónimo. Cuenta el P. Sigüenza (La Vida de S. Ge- 
rónimo, 1629, pág. 646), que una vez entró en el convento 
un león con una mano lastimada por una espina; los monjes 
huyeron, pero el santo arrancó la espina, y el león, agradecido» 
se quedó en la casa, y prestó útiles servicios a los religiosos,— 
Se dice, que S. Jerónimo solía herirse en el pecho con un pe- 
dernal: de aquí la piedra.— Sobre el convento mismo, véase 
Sigüenza, Historia de la Orden de San Gerónimo, NBAE, 11, 
pág. 69 y siguientes. 

751. Alcántara, arroyo que separa Belén de Lisboa. 

753. Corrección de H; se trata del convento de francisca- 
nos de Xabregas, fundado en 1508; ed. 1630 Jobregas. 

757. Corrección de E. de Ochoa; ed. 1630 y las demás con- 
tarlas. 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



parecen piñas de perlas 

que están pendientes del cielo, i<» 
en cuya grandeza inmensa 
se ven diez Romas cifradas 
en conventos y en iglesias, 
en edificios y calles, 

en solares y encomiendas, 765 

en las letras y en las armas, 

en la justicia tan recta, 

y en una Misericordia 

que está honrando su ribera, 

y pudiera honrar a España 770 

y aun enseñar a tenerla. 



768. Misericordia. Es la Cofradía de N. S. de la Miseri- 
cordia, fundada en 1498 por la reina D. a Leonor. El rey D. Ma- 
nuel comenzó a construir para esta cofradía un suntuoso tem- 
plo gótico, que terminó Juan III en 1534, y que fué destruido 
casi totalmente por el terremoto de 1755. 

770-771. Con poco fundamento supone Barry (pág. 118), 
que esta descripción de Lisboa es obra de un portugués, y 
por lo tanto, un pegadizo. Según ese erudito, un castellano 
no se habría quejado de la crueldad de España. Como tengo 
empeño en probar que el texto del Burlador no tiene ni inter- 
polaciones ni lagunas (en todo caso no tiene más que cualquier 
otra comedia impresa) invalidaré la sospecha de Barry. En pri- 
mer lugar, los versos en cuestión son más un elogio hiperbólico 
de la «Irmandadeda Misericordia» que un ataque a España. Al- 
varez de Colmenar, en sus citados Armales d'Espagne, 1715, 
t. v, pág. 259, dice «cette illustre et pieuse confrérie, á laquelle 
on ne saurait jamáis assez donner de louanges, etc.» Y por otra 
parte, ha sido siempre costumbre de españoles decir cualquier 
opinión sobre su país, buena o mala. Comp. «¿Por qué pensáis 
vos que España | va, señor, tan decaída? | Porque el vestido 



▼v. 759-786 EL BURLADOR DE SEVILLA 239 



Y en lo que yo más alabo 
desta máquina soberbia, 
es que del mismo castillo 

en distancia de seis leguas, 775 

se ven sesenta lugares 

que llega el mar a sus puertas, 

uno de los cuales es 

el convento de Odiveias, 

en el cual vi por mis ojos 78» 
seiscientas y treinta celdas, 
y entre monjas y beatas 
pasan de mil y doscientas. 
Tiene desde allí Lisboa, 

en distancia muy pequeña, 7 s 5 
mil y ciento y treinta quintas, 



y comida | su gente empobrece y daña». (Huerta de Juan Fer- 
nández, Rivad., v, 633 a.) «Socorro de España sois, | siempre 
perdido por tardo». (Celoso prudente, Rivad., v, 631 a), «Tal 
barba en mi vida vi, | ¡y qué bien poblada! así | vea yo a Cas- 
tilla la Vieja». (Rojas, Caín de Cataluña, Rivad., liv, 282 b.) 
«Que soy fuerte como España, | por la falta de sustento». (Que- 
vedo, en Bíblióf. Andaluces, 1, 40.) «Se debe considerar sean 
tan inútiles los españoles que en sus ocurrencias les conven- 
ga valerse de advenedizos... Esto, si se mira bien, se ajusta con 
su inclinación, sujeta a impaciencia, a juego, a sensualidad, a 
crápula». (Suárez de Fígueroa, Pasagero, pág. 9.) V. Azorín, 
Los dos Luises, donde se comenta el verso de Luis de León 
«pueblo inculto y duro» (pág. 104). 

779. Ed. 1630, Olívelas. Es la iglesia de Odivellas, donde 
está enterrado el rey D. Dionís. 

784. Ed. 1630 y las demás, desde allí a Lisboa. 



240 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



que en nuestra provincia Bética 
llaman cortijos, y todas 
con sus huertos y alamedas. 
En medio de la ciudad 
hay una plaza soberbia 
que se llama del Rucio, 
grande, hermosa y bien dispuesta, 
que habrá cien años y aun más 
que el mar bañaba su arena, 
y ahora della a la mar 
hay treinta mil casas hechas, 
que, perdiendo el mar su curso, 
se tendió a partes diversas. 
Tiene una calle que llaman 
tua Nova o calle Nueva, 
donde se cifra el Oriente 
en grandezas y riquezas, 
tanto, que el rey me contó 
que hay un mercader en ella 
que, por no poder contarlo, 
mide el dinero a fanegas. 



792. «Además de estas dos plazas... la más grande es la lla- 
mada del Rucio f formada a manera de anfiteatro, a causa de las 
colinas que la rodean. Se celebra en ella una feria todas las se- 
manas». (Alvarez de Colmenar, ob. cit., pág. 751.) 

802. Se refiere a objetos traídos de la India. Comp. «En- 
trando en el palacio se halla un patio cuadrado, rodeado de 
soportales, donde diferentes comerciantes ofrecen trabajos ra- 
ros y preciosos traídos de la India y de otros países extranje- 
ros.» (Alvarez de Colmenar, o. y /. c.) 



yv. 787-824 EL BURLADOR DE SEVILLA 24 1 



El terrero, donde tiene 
Portugal su casa regia, 
tiene infinitos navios, 
varados siempre en la tierra, 
de sólo cebada y trigo 
de Francia y Ingalaterra. 
Pues el palacio real, 
que el Tajo sus manos besa, 
es edificio de Ulises, 
que basta para grandeza, 
de quien toma la ciudad 
nombre en la latina lengua, 
llamándose Uiisibona, 
cuyas armas son la esfera, 
por pedestal de las llagas 
que en la batalla sangrienta 
al rey don Alfonso Enríquez 



808. «La más hermosa de las plazas de la ciudad es la llama- 
da O Terreiro do Pago, 'plaza del palacio', porque el palacio 
real está situado en uno de sus lados... Es un lugar muy apa- 
cible, desde donde se ven los barcos anclados a lo largo del 
puerto.» (Alvarez de Colmenar, o. c, pág. 750.) 

816. El tan citado y puntual Alvarez de Colmenar declara 
esta idea «fábula tan vacía, que ni merece ser notada.» (0. c. 
pág. 748.) 

824. Ed. 1630 y las demás hasia E. de Ochoa, el.— Las ar- 
mas de Portugal —llamadas quinas por sus cinco escudos de 
azur— datan del primer rey de Portugal, Alonso Enríquez, se- 
gún quiere la leyenda formada alrededor de la batalla de Ouri- 
que, dada en 1139 contra los almorávides. La fábula aumentó 
desmesuradamente el número de guerreros, y supuso que Cris- 

16 



242 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



dió la Majestad Inmensa. 8*5 

Tiene en su gran tarazana 

diversas naves, y entre ellas, 

las naves de la conquista, 

tan grandes, que de la tierra 

miradas, juzgan los hombres 830 

que tocan en las estrellas. 

Y lo que desta ciudad 

te cuento por excelencia 

es, que estando sus vecinos 

comiendo, desde las mesas 8 35 

ven los copos del pescado 

que junto a sus puertas pescan, 

que, bullendo entre las redes, 

vienen a entrarse por ellas; 

y sobre todo el llegar 840 

cada tarde a su ribera 

más de mil barcos cargados 

de mercancías diversas, 

y de sustento ordinario: 

pan, aceite, vino y leña, 845 



to en persona entregó las armas al buen rey. (V. Herculano, 
Historia de Portugal, t. 1, pág. 325; y A batalha de Ouri- 
que, 1876.) En la comedia Las Quinas en Portugal Tirso apro- 
vechó ampliamente esta leyenda. (V., sobretodo, el acto m, 
escenas 1, v y xi.) 
826. Tarazana, 'arsenal'. 

828. Las naves con que se disponía el rey a conquistar a 
Ceuta, según el verso 700. 
840. Así H; ed. 1630 a el llegar; ed. 1649, al llegar. 



w. 825-873 EL BURLADOR DE SEVILLA 243 



frutas de infinita suerte, 
nieve de Sierra de Estrella 
que por las calles a gritos, 
puesta sobre las cabezas, 

las venden. Mas, ¿qué me canso? 85© 

porque es contar las estrellas 

querer contar una parte 

de la ciudad opulenta. 

Ciento y treinta mil vecinos 

tiene, gran señor, por cuenta, 85s 

y por no cansarte más, 

un rey que tus manos besa. 
Rey. Más estimo, don Gonzalo, 

escuchar de vuestra lengua 

esa relación sucinta, 860 

que haber visto su grandeza. 

¿Tenéis hijos ? 
D. Gon. Gran señor, 

una hija hermosa y bella, 

en cuyo rostro divino 

se esmeró naturaleza. 8 6 5 
Rey. Pues yo os la quiero casar 

de mi mano. 
D. Gon. Como sea 

tu gusto, digo, señor, 

que yo lo acepto por ella. 

Pero ¿quién es el esposo? 8?0 
Rey. Aunque no está en esta tierra, 
es de Sevilla, y se llama 
don Juan Tenorio. 
Gon. Las nuevas 



244 



TIRSO DE MOLINA 



voy a llevar a doña Ana. 



jor. i 



Rky. Id en buen hora, y volved, 
Gonzalo, con la respuesta. 

Vanse y sale don Juan Tenorio y Catalinón. 

D. Juan. Esas dos yeguas prevén, 

pues acomodadas son. 
Catal. Aunque soy Catalinón, 

soy, señor, hombre de bien; 
que no se dijo por mí: 

«Catalinón es el hombre»; 

que sabes que aquese nombre 

me asienta al revés a mí. 
D. Juan. Mientras que los pescadores 

van de regocijo y fiesta, 

tú las dos yeguas apresta, 

que de sus pies voladores 
sólo nuestro engaño fío. 
Catal. Al fin ¿pretendes gozar 



875 



880 



885 



890 



875. Falta un verso para el romance, lo cual no significa ne- 
cesariamente que sea un defecto del original que poseemos. 
Casos análogos ocurren más adelante: que el sentido sea per- 
fecto como aquí, pero que la versificación tenga una laguna. 
Véase Teatro antiguo español, 11, pág. 243. 

878. Barry, pág. 124, piensa que donjuán es en este caso 
un ladrón, ya que se dispone a robar las yeguas; pero del 
texto sólo se deduce que don Juan se dispone a escapar en 
ellas, por creerlas buenas para ese efecto. 

883. Catalinón, de Catalina, 'afeminado, cobarde'; cf. Ma- 
ricón, de Marica. 



w. 874-9" EL BURLADOR DE SEVILLA 245 



a Tisbea? 
D. Juan. Si burlar 

es hábito antiguo mío, 

¿qué me preguntas, sabiendo 

mi condición? 
Catal. Ya sé que eres 

castigo de las mujeres. 
D. Juan. Por Tisbea estoy muriendo, 

que es buena moza. 
Catal. ¡Buen pago 

a su hospedaje deseas! 
D. Juan. Necio, lo mismo hizo Eneas 

con la reina de Cartago. 
Catal. Los que fingís y engañáis 

las mujeres de esa suerte 

lo pagaréis con la muerte. 
D. Juan. ¡Qué largo me lo fiáis! 

Catalinón con razón 

te llaman. 
Catal, Tus pareceres 

sigue, que en burlar mujeres 

quiero ser Catalinón. 
Ya viene la desdichada. 
D, Juan. Vete, y las yeguas prevén. 
Catal. ¡Pobre mujer! Harto bien 

te pagamos la posada. 

900. Comp. «Bruno. ¿Quieres que sea tu huésped? | Evan- 
dra. No, Bruno, que los engaños | temo que otro güesped 
hizo | a la viuda de Cartago.» (El mayor desengaño, NBAE, 
IV, 93 a.) «No solamente el vil Leoncio ha sido | quien de 
Carola mancha el nombre honesto, | y es el Eneas de esa casta 
Dido.> (La república al revés, NBAE, ix, 101 a). 



246 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



Vase Catalinón y sale Tisbea. 

Tisbea. El rato que sin ti estoy 

estoy ajena de mí. 
D. Juan. Por lo que finges ansí, 915 

ningún crédito te doy. 
Tisbea. ¿Por qué? 

D. Juan. Porque, si me amaras, 

mi alma favorecieras. 
Tisbea. Tuya soy. 

D. Juan. Pues di, ¿qué esperas, 

o en qué, señora, reparas? Q2Ü 
Tisbea. Reparo en que fué castigo 

de amor el que he hallado en ti. 
D. Juan. Si vivo, mi bien, en ti 

a cualquier cosa me obligo. 

Aunque yo sepa perder Q25 

en tu servicio la vida, 

la diera por bien perdida, 

y te prometo de ser 
tu esposo. 
Tisbea. Soy desigual 

a tu ser. 

D. Juan. Amor es rey 930 

que iguala con justa ley 
la seda con el sayal. 

929. desigual, 'inferior'. (V. Alarcón, ed. clas. cast., pági- 
nas 37 y 122.) 

932. Comp. Vergonzoso, pág. 182, y «el amor que mezcla y 
teje | con la lana la seda, aunque más valga, | igualando al vi- 
llano con el noble». (Santa Juana, NBAE, IX, 246 a). 



w. 913-952 EL BURLADOR DE SEVILLA 247 



Tisbea. Casi te quiero creer; 

mas sois los hombres traidores. 
D. Juan. ¿Posible es, mi bien, que ignores 

mi amoroso proceder? 

Hoy prendes con tus cabellos 

mi alma. 

Tisbea. Yo a ti rae allano 

bajo la palabra y mano 

de esposo. 
D. Juan. Juro, ojos bellos, 

que mirando me matáis, 

de ser vuestro esposo. 
Tisbea. Advierte, 

mi bien, que hay Dios y que hay muerte. 
D. Juan. ¡Qué largo me lo fiáis! 

Y mientras Dios me dé vida, 

yo vuestro esclavo seré. 

Esta es mi mano y mi fe. 
Tisbea. No seré en pagarte esquiva. 
D. Juan. Ya en mí mismo no sosiego. 
Tisbea. Ven, y será la cabaña 

del amor que me acompaña 

tálamo de nuestro fuego. 



935 



940 



94S 



950 



942. Nótese que donjuán promete ser esposo de «los ojos* 
de Tisbea. 

952. Comp. «Y como extranjeras galas | en bobos son alelu- 
yas, | tanto pudieron con ella, | que a los ecos de un «marido | 
tuyo soy», (hechizo ha sido ¡ que encanta toda doncella), | sien- 
do tálamo el escaño... | hubimos año, buen año.» (Huerta de 
fuan Fernández, Rivad. v,641 c). Prescindiendo de que este 



248 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



Entre estas cañas te esconde 

hasta que tenga lugar. 
D. Juan. ¿Por dónde tengo de entrar? 
Tisbea. Ven y te diré por dónde. 
D. Juan. Gloria al alma, mi bien, dais. 
Tisbea. Esa voluntad te obligue, 

y si no, Dios te castigue. 
D. Juan. ¡Qué largo me lo ñáis! 

Vanse y sale Coridón, Anfriso, Belisa y Músicos. 



Q-55 



q6o 



CORID. 



Anfris. 



Ea, llamad a Tisbea, 
y los zagales llamad 
para que en la soledad 
el huésped la corte vea. 

¡Tisbea, Usindra; Atandria! 
No vi cosa más cruel. 
¡Triste y mísero de aquel 
que [en] su fuego es salamandria! 

Antes que el baile empecemos 
a Tisbea prevengamos. 



9 6 b 



970 



pasaje guarda estrecha analogía con el del texto, en último tér- 
mino se trata de un lugar común: «Dasme palabra de esposo, | 
que es la añagaza o el cebo | con que a la red del engaño | se 
abaten los pensamientos.» (Rojas, Obligados y ofendidos, 
Rivad., liv, 62 a). 

954. lugar, 'tiempo', es aún vulgar en Andalucía y otras 
partes. 

966-971. Faltan estos seis versos en todas las ediciones 
antiguas, desde la de 1649. 

968. Comp. «Salamandria de tus llamas, | por ser tan acti- 
vas, vivo.» (Rojas, Los celos de Rodamante, ed. 1640, f.° 184 v.) 



w. 953-993 EL BURLADOR DE SEVILLA 249 



Belisa. 

CORID. 

Belisa. 
Cokid. 



Anfris. 
Belisa. 

Anfris. 



Vamos a llamarla. 

Vamos. 
A su cabaña lleguemos. 

¿No ves que estará ocupada 
con los huéspedes dichosos, 
de quien hay mil envidiosos? 
Siempre es Tisbea envidiada. 

Cantad algo mientras viene, 
porque queremos bailar. 
¿Cómo podrá descansar 
cuidado que celos tiene? 

( Cantan:) 

A pescar salió la niña 
tendiendo redes; 
jy, en lugar de peces, 
las almas prende. 



975 



980 



Sale Tisbea. 



Tisbea. jFuego, fuego, que me quemo, 
que mi cabaña se abrasa! 
Repicad a fuego, amigos, 
que ya dan mis ojos agua. 
Mi pobre edificio queda 
hecho otra Troya en las llamas, 
que después que faltan Troyas 
quiere amor quemar cabañas. 
Mas si amor abrasa peñas 



9 8g 



990 



990-998. Como se ve también por los vv. 342-47 del acto III, 



250 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



con gran ira y fuerza estraña, 

mal podrán de su rigor 995 

reservarse humildes pajas. 
{Fuego, zagales, fuego, agua, agua! 
¡Amor, clemencia, que se abrasa el alma! 

jAy, choza, vil instrumento 

de mi deshonra y mi infamia! *<*><> 

¡Cueva de ladrones fiera, 

que mis agravios amparal 

Rayos de ardientes estrellas 

en tus cabelleras caigan, 

porque abrasadas estén, iooj 
si del viento mal peinadas. 
¡Ah, falso huésped, que dejas 
una mujer deshonrada! 
Nube que del mar salió 

para anegar mis entrañas. 1010 
¡Fuego, fuego, zagales, agua, agua! 



donjuán pegó fuego a la choza para asegurarse la fuga, o por 
simple crueldad. Era usual asociar el fuego con las inquietudes 
del alma. Comp. «Las campanas del alma | tocan a fuego, | que 
se quema la casa | del pensamiento. (Séguedilles anciennes, 
«Revue Hispanique», 1901, pág. 322).— «¡Que se me abrasa el 
alma! ¡Huego! ¡Huego!» (Vélez de Guevara, La Serrana de la 
Vera, en Teatro antiguo español, 1, pág. 173.) En Averigüelo 
Vargas, de Tirso, dice Sancha: «Agua traigan. ¡Fuego, fuego! | 
Con que se abrasen los dos | como mi pecho se abrasa.» (Rivad. 
v. 683 a.) 

1005. Edic. 1630, abrasados. En la edic. 1649 y las demás 
faltan los w. 1001 a 1006, 



tv. 994-1041 EL BURLADOR DE SEVILLA 25 1 



[Amor, clemencia, que se abrasa el alma! 
Yo soy la que hacía siempre 
de los hombres burla tanta; 
que siempre las que hacen burla, 1015 
vienen a quedar burladas. 
Engañóme el caballero 
debajo de fe y palabra 
de marido, y profanó 

mi honestidad y mi cama. ioao 

Gozóme al fin, y yo propia 

le di a su rigor las alas 

en dos yeguas que crié, 

con que me burló y se escapa. 

Seguilde todos, seguilde. 1035 

Mas no importa que se vaya, 

que en la presencia del rey 

tengo de pedir venganza. 
¡Fuego, fuego, zagales, agua, agua! 
¡Amor, clemencia, que se abrasa el alma! 1030 

Vase Tisbea. 

Corid. Seguid al vil caballero. 
Anfris. ¡Triste del que pena y calla! 

Mas ¡vive el cielo! que en él, 

me he de vengar desta ingrata. 

Vamos tras ella nosotros, r o 35 

porque va desesperada, 

y podrá ser que ella vaya 

buscando mayor desgracia. 
Corid. Tai fin la soberbia tiene. 

¡Su locura y confianza J04 o 

paró en esto! 



252 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. I 



(Dice Tisbea dentro: {Fuego, fuego!) * 
Anfris. Al mar se arroja. 

Corid. Tisbea, detente y para. 
Tisbea. ¡Fuego, fuego, zagales, agua, agua! 

¡Amor, clemencia, que se abrasa el alma! 



* Acotación que no cuenta para el verso. 
1044. Los pescadores salvan a Tisbea. Después comparece- 
rá ante el rey a pedir justicia. 



JORNADA SEGUNDA 



Sale el rey don Alonso y don Diego Tenorio, 
de barba. 

Rey. ¿Qué me dices? 

D. Dieg. Señor, la verdad digo. 

Por esta'carta estoy del caso cierto, 
que es de tu embajador y de mi hermano: 
halláronle en la cuadra del rey mismo 
con una hermosa dama de palacio. 

Rey. jQué calidad? 

D. Dieg. Señor, [es] la duquesa 

Isabela. 
Rey. ¿Isabela? 
D. Dieg. Por lo menos... 

Rey. {Atrevimiento temerario! ¿Y dónde 

ahora está? 

D. Dieg. Señor, a vuestra alteza 

no he de encubrille la verdad: anoche 
a Sevilla llegó con un criado. 

Rey. Ya conocéis, Tenorio, que os estimo, 



6. Corrección de H; es falta en todas las ediciones. 

7. No hace falta sustituir ¿Isabela?, por ¿duquesa?; ante 
asombro del rey va a contestar don Diego que por lo menos 
esas son noticias. 



254 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



y al rey informaré del caso luego, 
casando a ese rapaz con Isabela, 
volviendo a su sosiego al duque Octavio, 
que inocente padece; y luego al punto 
haced que don Juan salga desterrado. 

D. Deeg. ¿Adonde, mi señor? 

Rey. Mi enojo vea 

en el destierro de Sevilla; salga 
a Lebrija esta noche, y agradezca 
sólo al merecimiento de su padre... 
Pero, decid, don Diego, ¿qué diremos 
a Gonzalo de Ulloa, sin que erremos? 
Caséle con su hija, y no sé cómo 
lo puedo ahora remediar. 

D. Dieg. Pues mira, 

gran señor, qué mandas que yo haga 
que esté bien al honor de esta señora, 
hija de un padre tal. 

Rey. Un medio tomo, 

con que absolvello del enojo entiendo: 
mayordomo mayor pretendo hacelle. 

Sale un criado. 

Criado. Un caballero llega de camino, 

y dice, señor, que es e! duque Octavio. 



13. al rey de Nápoles. 

29. absolver, 'dejar libre, librar'. Comp. «Absolvieron a los 
grandes del pleito homenaje que hicieron a Wamba.» (Maria- 
na; v. Cuervo, Diccionario, i, 70 b). 



▼v. i 3 -5o EL BURLADOR DE SEVILLA 255 



Rey. <El duque Octavio? 

Criado. Sí, señor. 

Rey. Sin duda 

que supo de don Juan el desatino, 
y que viene, incitado a la venganza, 
a pedir que le otorge desafío. 

D. Dieg. Gran señor, en tus heroicas manos 
está mi vida, que mi vida propia 
es la vida de un hijo inobediente; 
que, aunque mozo, gallardo y valeroso, 
y le llaman los mozos de su tiempo 
el Héctor de Sevilla, porque ha hecho 
tantas y tan extrañas mocedades, 
la razón puede mucho. No permitas 
el desafío, si es posible. 

Rfy. Basta. 

Ya os entiende, Tenorio: honor de padre. 
Entre el duque. 

D. Dieg. Señor, dame esas plantas. 

¿Cómo podré pagar mercedes tantas? 

Sale el duque Octavio, de camino. 

Octav. A esos pies, gran señor, un peregrino, 
mísero y desterrado, ofrece el labio, 



44. Con puntuar bien este pasaje, se evita el alterar el 
texto de 1630, según hicimos Hartzenbusch, Cotarelo, Barry 
y yo. Don Diego confía en que la razón podrá vencer la 
juventud de su hijo; mocedades 'hazañas de joven'; como en 
el título de la célebre comedia de Guillén de Castro, Las mo- 
cedades del Cid. 



256 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



Rey. 

OCTAV. 



Rey. 



OCTAV. 



juzgando por más fácil el camino 
en vuestra gran presencia. 

Duque Octavio., 
Huyendo vengo el fiero desatino 
de una mujer, el no pensado agravio 
de un caballero que la causa ha sido 
de que así a vuestros pies haya venido. 
Ya, duque Octavio, sé vuestra inocencia. 
Yo al rey escribiré que os restituya 
en vuestro estado, puesto que el ausencia 
que hicisteis algún daño os atribuya. 
Yo os casaré en Sevilla con licencia 
y también con perdón y gracia suya, 
que puesto que Isabela un ángel sea, 
mirando la que os doy, ha de ser fea. 
Comendador mayor de Calatrava 
es Gonzalo de Ulloa, un caballero 
a quien el moro por temor alaba, 
que siempre es el cobarde lisonjero. 
Este tiene una hija en quien bastaba 
en dote la virtud, que considero 
después de la beldad, que es maravilla; 
y es sol de las estrellas de Sevilla. 
Esta quiero que sea vuestra esposa. 
Cuando este viaje le emprendiera 



59-63. Puesto que 'aunque'. V. Verg., 1, 46. 
62. Así edic. 1649; en ed. 1630 falta también. 

71. Así edic. TL: 1630, verdad. 

72. Edic. 1630 y 1649, y el sol della es estrella de Casti- 
lla; TL, y el sol de las estrellas de Sevilla. 



w. 51-95 EL BURLADOR DE SEVILLA 257 



a sólo esto, mi suerte era dichosa 

sabiendo yo que vuestro gusto fuera. 
Rey. Hospedaréis al duque, sin que cosa 

en su regalo falte. 
Octav. Quien espera 

en vos, señor, saldrá de premios lleno. 

Primero Alfonso sois, siendo el onceno. 

Vase el rey y don Diego, y sate Ripio. 

Ripio. ¿Qué ha sucedido? 

Octav. Que he dado 

el trabajo recebido, 

conforme me ha sucedido, 

desde hoy por bien empleado. 
Hablé al rey, vióme y honróme. 

César con el César fui, 

pues vi, peleé y vencí; 

y hace que esposa tome 
de su mano, y se prefiere 

a desenojar al rey 

en la fulminada ley. 
Ripio. Con razón el nombre adquiere 
de generoso en Castilla. 

A) fin ¿te llegó a ofrecer 

mujer? 

Octav. Sí, amigo,, mujer 



88. Como en 1, 605, se aspira la h de hace. La ed. suelta de 
Sevilla, Padrino, creyendo que faltaba una sílaba, corrigió 
háceme. 

89-90. preferirse. V. Verg., 1, 278.— al rey 'el de Ñapóles.'' 



258 



TIRSO DE MOLINA 



JCR. II 



de Sevilla, que Sevilla 

da, si averiguallo quieres, 
porque de oíllo te asombres, 
si fuertes y airosos hombres, 
también gallardas mujeres. 

Un manto tapado, un brío, 
donde un puro sol se asconde, 
si no es en Sevilla, ¿adonde 
se admite? El contento mío 

es tal que ya me consuela 
en mi mal. 

Sale Don Juan y Catalinón. 

Catal. Señor: detente, 

que aquí está el duque, inocente 

Sagitario de Isabela, 

aunque mejor le diré 

Capricornio. 
D. Juan. Disimula. 
Catal. Cuando le vende le adula. 



101. Dábase a brío sentido más amplio. Comp. «Lucindo 
(A Fenísa.) ¡Gentil brío. Hernando.— ¡Qué talle, qué gracia, 
qué rico brío!» (Lope, Discreta enamorada, i, 4.) «Quién duda, 
señores míos, | que con los nuevos farsantes, | nuevas galas, 
nuevos bríos, | nuevas caras, nuevos talles, | vuesas mercedes 
no digan | vamos a ver a Vergara | que trae bravos recitan- 
tes.» (Rojas, Viaje entretenido, en Orig.-Nov., iv, 470.) 

109. Corrección de H. Edíc. 1630, dijera. 

111. Para comprender este verso hay que suponer que 
donjuán hace al duque demostraciones de afecto al ir a decirle 
lo que sigue. 



vv. 96-130 EL BURLADOR DE SEVILLA 259 



D. Juan. Como a Nápoles dejé 

por enviarme a llamar 
con tanta priesa mi rey, 
y como su gusto es ley, 
no tuve, Octavio, lugar 

de despedirme de vos' 
de ningún modo. 

Octav. Por eso, 

don Juan, amigo os confieso: 
que hoy nos juntamos los dos 
en Sevilla. 

D. Juan. ¡Quién pensara, 

duque, que en Sevilla os viera 
para que en ella os sirviera, 
como yo lo deseaba! 

¿Vos Puzol, vos la ribera 
dejáis ? Mas aunque es lugar* 
Nápoles tan excelente, 
por Sevilla solamente 
se puede, amigo dejar. 

Octav. Si en Nápoles os oyera 



ii5 



125 



130 



118. Confesar, 'reconocer, declarar'. Comp. «¿Qué entendi- 
miento tiene, si le confiesas pobre?» (Lope, Dorotea; en Cuer- 
vo, Diccionario, 11, 353 a.) 

124. Conservo deseaba, aunque rompe la rima. 

125. Con este verso de TL se comprende perfectamente el 
sentido, que queda trunco en todas las eds.; no es imposible 
intercalar una quintilla entre redondillas, ya que así ocurre 
otras veces. 

129. Aquí intercala TL una larga descripción de Sevilla, 
que reemplaza a la de Lisboa en la jornada 1 de El Burlador, 
pensando sin duda en una representación en Sevilla. 



2Ó0 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



y no en la parte que estoy, 

del crédito que ahora os doy 

sospecho que me riera. 
Mas llegándola a habitar 

es, por lo mucho que alcanza, 

corta cualquiera alabanza 

que a Sevilla queréis dar 
¿Quién es el que viene allí? 
D. Juan. El que viene es el marqués 

de la Mota. Descortés 

es fuerza ser. 
Octav. Si de mí 

algo hubiereis menester, 

aquí espada y brazo está. 
Cátal. [Ap.\ Y si importa gozará 

en su nombre otra mujer; 
que tiene buena opinión. 
D. Juan. De vos estoy satisfecho. 
Catal. Si fuere de algún provecho, 

señores, Catalinón, 

vuarcedes continuamente 

me hallarán para servillos. 
Ripio. ¿Y dónde? 
Catal. En Los Pajarillos, 

tabernáculo excelente. 

Vase Octavio y Ripio, y sale el marqués de la 
Mota. 

Mota. Todo hoy os ando buscando, 



147. La edic. 1630 atribuye este verso a Octavio. 



vv. 131-174 EL BURLADOR CIE SEVILLA 



26l 



y no os he podido hallar. 
¿Vos, don Juan, en el lugar, 
y vuestro amigo penando 
en vuestra ausencia? 

D. Juan. ¡Por Dios, 

amigo, que me debéis 
esa merced que me hacéis! 

Catal. [Ap.\ Como no le entreguéis vos 
moza o cosa que lo valga, 
bien podéis fiaros dél; 
que en cuanto en esto es cruel, 
tiene condición hidalga. 

D. Juan. ¿Qué hay de Sevilla? 

Mota. Está ya 

toda esta corte mudada. 

D. Juan. ¿Mujeres? 

Mota. Cosa juzgada. 

D. Juan. ¿Inés? 

Mota. A Vejel se va. 

D. Juan. Buen lugar para vivir 

la que tan dama nació. 
Mota. El tiempo la desterró 

a Vejel. 

D. Juan. Irá a morir. 

¿Constanza? 
Mota. Es lástima vella 



160 



165 



170 



161-165. Faltan estos versos en la ed. 1649 y en las sueltas. 

169. Vejel: 'Vejer de la Frontera' (Cádiz). Ya se comprende 
el chiste: vejel, vejez. 

174. En Quien cae no se levanta, se hace una crítica de las 
mujeres de Florencia completamente análoga a ésta: 



262 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



lampiña de frente y ceja. 
Llámale el portugués vieja, 
y ella imagina que bella. 

D. Juan. Sí, que velha en portugués 
suena vieja en castellano. 
¿Y Teodora? 

Mota. Este verano 

se escapó del mal francés 
por un río de sudores; 
y está tan tierna y reciente, 
que anteayer me arrojó un diente 
envuelto entre muchas flores. 

D. Juan. ¿Julia, la del Candilejo? 

Mota. Ya con sus afeites lucha. 

D. Juan. ¿Véndese siempre por trucha? 



Ludovico. Buena es Fabia. 



Pinardo. Malas manos. 

Celio. ¿Y la Urbina? 
Lud. Es muy arisca. 

Pin. ¿Laura? 

Cel. Tiene muchos granos. 

Lud. ¿Doriclea? 

Pin. Es medio bizca 

y habla a moros y a cristianos. 
(NBAE, ix, 160.) 



182. Verso de TL. V. el comienzo de El casamiento enga. 
ñoso, de Cervantes, y el comentario en la edic. de Amezúa. 

183. Así TL; edics. 1630 y 1649, recente. 

186. Calle de Sevilla, notable por una tradición relativa a 
Pedro el Cruel. V. el romance del duque de Rivas, Una anti- 
gualla de Sevilla, en Clás. Castell., t. ix, pág. 179. 



w. 175-197 EL BURLADOR DE SEVILLA 263 



Mota. Ya se da por abadejo. 

D. Juan. El barrio de Cantarranas, 
¿tiene buena población? 

Mota. Ranas las más dellas son. 

D. Juan. ¿Y viven las dos hermanas? 

Mota. Y la mona de Tolú 
de su madre Celestina 
que les enseña dotrina. 

D. Juan. [Oh, vieja de Bercebú! 



189. Comp. «Pensará que pesca amor | besugo, y será aba- 
dejo». (Palabras y plumas, Rivad., v, 5 c.j 

192. Comp. «Que todas nuestras serranas, | por lo que tie- 
nen de ranas, | en el agua son parleras». (El Melancólico, 1, 5, 
NBAE, iv, 65 a.) «—Bien sabéis vos que os adoro. | —Mejor sé 
yo que se burla; | que no busca en charcos ranas | quien tiene 
en la corte truchas». (Villana de Vallecas, Rivad., v, 54 b.) 

194. Tola, ciudad de Colombia, puerto en el mar Caribe. 
Sus monas han sido célebres en nuestra literatura: 

«¿Son de Tolú, o son de Puerto Rico, 

Ilustre y hermosísima María, 

O son de las montañas de Buxía, 

La fiera mona y el disforme mico?» 
(Góngora, Soneto a ana señora de Cuenca a quien llevó 
carta de otras señoras de Córdoba, y le pagó el porte con ha- 
zer muestra de unas donzellas suyas muy feas. Edic. Hozes, 
1634, f. 17 v.) «—¿No es monazo? —De Tolú.» (Celoso pru- 
dente, Rivad., v. 616 a.) En Rojas, Obligados y ofendidos, (Ri- 
vad, liv, 64 a.), parece tratarse del nombre de un figón o pas- 
telería: «Que se levanta sabrás (el estudiante) | a escuelas con 
atención | ... va luego (no miento, cierto) | que esta es su cos- 
tumbre y su | maña, al «Mono de Tolú» | a comer huesos de 
muerto.» En fin: «Parezcas colgado | mona de Tolú, | los ojos 
opuestos al Norte y al Sur.» (Lope, El rey D. Pedro en Ma- 
drid, Rivad., v, 603 b.) 



204 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



¿Cómo la mayor está? 
Mota. Blanca, sin blanca ninguna; 

tiene un santo a quien ayuna. 200 
D. Juan. ¿Agora en vigilias da? 
Mota. Es firme y santa mujer. 
D. Juan. ¿Y esotra? 
Mota. Mejor principio 

tiene; no desecha ripio. 
D, Juan. Buen albañir quiere ser. 205 

Marqués, ¿qué hay de perros muertos? 
Mota. Yo y don Pedro de Esquivel 
dimos anoche un cruel, 
y esta noche tengo ciertos 
otros dos. 

D. Juan. Iré con vos, 210 



200. Tiene un amante que no le da de comer, y al cual 
guarda fidelidad/ En cambio, la otra (v. 204) aprovecha todas 
las ocasiones. Como es sabido, era corriente en el siglo xvn 
hacer chistes de esta índole; pero el tratarse del padre Téllez 
da al caso algún mayor interés. 

206. Perro muerto. El Diccionario académico sólo conoce 
dar perro a uno , 'hacerle esperar mucho tiempo o hacerle 
otra vejación'. Pero este es un sentido secundario dentro del 
fundamental, 'timo, engaño'. Comp. «Apostaré cuanto tengo... | 
que era alguna embustera | de las que en la corte andan | he- 
chas señoras de anillo | con coche y galas prestadas, dando 
perros de testera a inocentes.» (Francisco de Leyva, El ho- 
nor es lo primero, pág. 5, de una impresión suelta, Padrino, 
Sevilla.) Según Correas, Vocabulario, pág. 576, «Dar perro 
muerto, dícese en la corte cuando engañan a una dama dándo- 
la en entender que uno es un gran señor.» En nuestro texto se 
trata de obtener favores de una ramera y no pagarle, como en 
este pasaje de Quevedo, Capitulaciones de la vida de la cor- 



yv. 198-218 EL BURLADOR DE SEVILLA 265 



que también recorreré 

cierto nido que dejé 

en güevos para los dos. 
¿Qué hay de terrero? 
Mota. No muero 

en terrero, que en-terrado 215 

me tiene mayor cuidado. 
D. Juan. ¿Cómo? 

Mota. Un imposible quiero. 

D. Juan. Pues ¿no os corresponde? 
Mota. Sí. 



te, Rivad., xxm, 465): «Estánse (otros rufianes) a la mira para 
ver lo que sucede a su hembí a: si la dan perro muerto, o hacen 
agravio, ella reclama, y él acude con la mano en la espada, ter- 
ciada la capa.» De esa misma acepción se sirve Tirso en Las 
Quinas de Portugal para hacer un chiste: «—Muere, perro, y 
no hables tanto | —¿Perro yo? Debe querer, | si me mata, dar 
conmigo | perro muerto a la mujer.» (WZMi:, ix, 515b). Sentidos 
análogos a dar perro tiene hoy en la lengua vulgar «dar mico». 

214. Terrero, 'el sitio o paraje desde donde cortejaban a 
las damas de Palacio' y de aquí hacer terrero, 'cortejar, obse- 
quiar o galantear alguna dama desde el sitio o llano delante de 
su casa'. «Si os hablo en este terrero | de las rejas de pala- 
cio | paseando tan despacio, | no es sin razón, caballero». 
(Lope, Sin secreto no hay amor, edic. Rennert, 1, 13-16.) «Al 
terrero de mi dama, | no en la cama aborrecible, | me tiene de 
amanecer.» (Castigo del penseque, Rivad., v, 79 a.) «¡Que esta 
noche se han de hablar | a las rejas del terrero!» (Gallega Mari 
Hernández, Rivad., v, 123 a.) 

Juego de palabras semejante a en terrero y enterrado hálla- 
se en un cuento de Juan Aragonés, Rivad., 111, 167 a. 

217. Comp. «Amante de imposibles | soy ya; véngate el 
verme | imposibilitada.» (Aquiles, NBAE, ix, 121 b.) 



266 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



me favorece y estima. 
D. Juan. ¿Quién es? 

Mota. Doña Ana, mi prima, 220 

que es recién llegada aquí. 
D« Juan. Pues ¿dónde ha estado? 
Mota. En Lisboa, 

con su padre en la embajada. 
D. Juan. ¿Es hermosa? 
Mota. Es estremada, 

porque en doña Ana de Ulloa 225 
se estremó naturaleza. 
D. Juan. ¿Tan bella es esa mujer? 

¡Vive Dios que la he de ver! 
Mota. Veréis la mayor belleza 

que los ojos del rey ven. 230 
D. Juan. Casaos, pues es estremada. 
Mota, El rey la tiene casada, 

y no se sabe con quién. 
D. Juan. ¿No os favorece? 
Mota. Y me escribe. 

Catal. [Ap.\ No prosigas, que te engaña 235 

el gran burlador de España. 
D. Juan. Quien tan satisfecho vive 

de su amor, ¿desdichas teme? 

Sacalda, solicitalda, 

escribilda y engañalda, 240 
y el mundo se abrase y queme. 



238-41. Versos de TL; que faltan en todas las ediciones de 
El Burlador. 



vv. 219-257 EL BURLADOR DE SEVILLA 267 



Mota. Agora estoy aguardando 

la postrer resolución. 
D. Juan. Pues no perdáis la ocasión, 

que aquí estoy aguardando. i> 45 
Mota. Ya vuelvo. 

Y ase el marqués y el criado. 

Catal. Señor Cuadrado 

o señor Redondo, adiós. 
Criado. Adiós. 

D. Juan. Pues solos los dos, 

amigo, habernos quedado, 

sigúele el paso al marqués, 250 
que en el palacio se entró. 

(Vase Catalinón,) 

Habla por una reja una mujer. 

Mujer. Ce, ¿a quién digo? 
D. Juan. ¿Quién llamó? 

Mujer. Pues sois prudente y cortés 
y su amigo, dalde luego 

al marqués este papel; 255 

mirad que consiste en él 

de una señora el sosiego. 



242. TL evitó esta repetición de aguardando (v. 245) po- 
niendo esperando. 

247. El criado del marqués se llamaría de una de estas dos 
maneras; es corriente hacer chistes con el nombre del gracioso. 

250. Así ed. de 1649; ed. 1630, sigue los pasos. 

251. Así ed. 1649; ed. 1630, ce, ce... 



268 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



D. Juan. Digo que se lo daré: 

soy su amigo y caballero. 
Mujer. Basta, señor forastero. 

Adiós. (Vase.) 
D. Juan. Ya la voz se fué. 

¿No parece encantamento 
esto que agora ha pasado? 
A mí el papel ha llegado 
por la estafeta del viento. 

Sin duda que es de la dama 
que el marqués me ha encarecido: 
venturoso en esto he sido. 
Sevilla a voces me llama 

el Burlador, y el mayor 
gusto que en mí puede haber 
es burlar una mujer 
y dejalla sin honor. 

¡Vive Dios, que le he de abrir, 
pues salí de la plazuela! 
Mas, ¿si hubiese otra cautela?... 
Gana me da de reir. 

Ya está abierto el tal papel; 
y que es suyo es cosa llana, 
porque firma doña Ana. 
Dice así: «Mi padre infiel 



260. El que don Juan sea forastero en Sevilla se armoniza 
mal con el título de la comedia, el v. 269 y otros pasajes. La ex 
plicación es que la mujer ha oído la conversación, y sabe que 
don Juan está recién llegado a Sevilla. 

278. Así en TL; en eds. 1630 y 1649 falta tal 



vv. 258-302 EL BURLADOR DE SEVILLA 269 



en secreto me ha casado 
sin poderme resistir; 
no sé si podré vivir, 
porque la muerte me ha dado. 

Si estimas, como es razón, 
mi amor y mi voluntad, 
y si tu amor fué verdad, 
muéstralo en esta ocasión. 

Por que veas que te estimo, 
ven esta noche a la puerta, 
que estará a las once abierta, 
donde tu esperanza, primo, 

goces, y el fin de tu amor. 
Traerás, mi gloria, por señas 
de Leonorilla y las dueñas, 
una capa de color. 

Mi amor todo de ti fío, 
y adiós*. ¡Desdichado amante! 
¿Hay suceso semejante? 
Ya de la burla me río. 

Gozárela, ¡vive Dios!, 



294. Nótese que la situación es idéntica a la de Magdalena 
en El Vergonzoso; al ver que su padre va a casarla, da una 
cita nocturna a Mirene, lo mismo que doña Ana al marqués de 
la Mota; v. págs. 165-166. 

295. por señas 'para que te reconozcan, para garantía*. Este 
sentido no está especificado en el Diccionario de la Acade- 
mia. Comp. «Corre en un vuelo... a su mujer... Por señas deste 
rosario | os dé el jarro y el pañuelo.» (Lope, Alcalde de Zala- 
mea, ed. Krenkel, pág. 307.) «Señas traigo que se llama | Xeri- 
carte tu señor.» (Lope, Pedro Carbonero, ed. Acad., xi, 137.) 



270 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



con el engaño y cautela 
que en Nápoles a Isabela. 

Sale Catalinón. 

Catal. Ya el marqués viene. 
D. Juan. Los dos 

aquesta noche tenemos 
que hacer. 

Catal. ¿Hay engaño nuevo? 

D. Juan. Estremado. 

Catal. No lo apruebo. 

Tú pretendes que escapemos 
una vez, señor, burlados; 
que el que vive de burlar 
burlado habrá de escapar 
pagando tantos pecados 
de una vez. 
D. Juan. ¿Predicador 
te vuelves, impertinente? 
Catal. La razón hace al valiente. 
D. Juan. Y al cobarde hace el temor. 

El que se pone a servir 
voluntad no ha de tener, 
y todo ha de ser hacer, 
y nada de ser decir. 

Sirviendo, jugando estás, 
y si quieres ganar luego, 



313. Verso de TL indispensable para la redondilla y para 
el sentido, que falta en todas las eds. de El Burlador. 
316-327. Faltan estos versos en ed. 1649 y en las sueltas. 



vv. 303-347 EL BURLADOR DE SEVILLA 27 1 



haz siempre, porque en el juego, 

quien más hace gana más. 
Catal. Y también quien hace y dice 

pierde por la mayor parte. 
D. Juan. Esta vez quiero avisarte, 

porque otra vez no te avise. 
Catal. Digo que de aquí adelante 

lo que me mandas haré, 

y a tu lado forzaré 

un tigre y un elefante. 
Guárdese de mí un prior, 

que si me mandas que calle 

y le fuerce, he de forzalle 

sin réplica, mi señor. 
D. Juan. Calla, que viene el marqués. 
Catal. Pues, ¿ha de ser el forzado? 



325 



330 



.335 



Sale el marqués de la Mota. 

D. Juan. Para vos, marqués, me han dado 
un recaudo harto cortés 

por esa reja, sin ver 
el que me lo daba allí; 
sólo en la voz conocí 
que me lo daba mujer. 

Dícete al fin que a las doce 
vayas secreto a la puerta 



34c 



345 



326. Así TL; en ed. 1630 falta y. 

333. Así TL; ed. 1630, un itger, un elefante; ed. 1649, un 
tigre, un elefante. 



272 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



(que estará a las once abierta,) 

donde tu esperanza goce 

la posesión de tu amor; 35 o 

y que llevases por señas 

de Leonorilla y las dueñas 

una capa de color. 
Mota. ¿Qué dices? 
D. Juan. Que este recaudo 

de una ventana me dieron, 3S5 

sin ver quién. 
Mota, Con él pusieron 

sosiego en tanto cuidado. 
¡Ay amigo! Sólo en ti 

mi esperanza renaciera. 

Dame esos pies. 
D. Juan. Considera 360 

que no está tu prima en mí. 
Eres tú quien ha de ser 

quien la tiene de gozar, 

¿y me llegas a abrazar 

los pies? 

Mota. Es tal el placer, 3 6 5 

que me ha sacado de mí. 
{Oh, sol! apresura el paso. 
D. Juan. Ya el sol camina al ocaso. 



348. No creo deber corregir este verso, que figura en las 
ediciones de 1630 y 1649; donjuán debe decirlo aparte y soca- 
rronamente; TL; en vez de a las once puso esperando. 

360. Así TL; ed. 1630, 1649, brazos. Comp. v. 365-366. 

364. TL, y me llegas a besar, lección preferible. 



vt. 348-389 EL BURLADOR DE SEVILLA 273 



Mota. Vamos, amigos, de aquí, 

y de noche nos pondremos. 

¡Loco voy! 
D. Juan. \Ap\ Bien se conoce; 

mas yo bien sé que a las doce 

harás mayores estremos. 
Mota. ¡Ay, prima del alma, prima, 

que quieres premiar mi fel 
Catal. [Ap.] ¡ Vive Cristo, que no dé 

una blanca por su prima! 



370 



I7S 



Vase el marqués y sale don Diego. 



D. Dieg. 
Catal. 
D. Juan. 
D. Dieg. 



¿Don Juan? 

Tu padre te llama. 
¿Qué manda vueseñoría? 
Verte más cuerdo quería, 
más bueno y con mejor fama. 

¿Es posible que procuras 
todas las horas mi muerte? 
D. Juan. ¿Por qué vienes desa suerte? 
D. Dieg. Por tu trato y tus locuras. 

Al fin el rey me ha mandado 
que te eche de la ciudad, 
porque está de una maldad 
con justa causa indignado. 



380 



38$ 



370. ponerse de noche, 'ponerse en traje de noche'. 

377. Barry, pág. 164, cree, sin fundamento, que aquí hay 
un juego de palabras. Caíalinón dice sencillamente que doña 
Ana está perdida desde el momento que don Juan piensa se- 
ducirla. 

18 



274 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



Que, aunque me lo has encubierto, 
ya en Sevilla el rey lo sabe, 
cuyo delito es tan grave, 
que a decírtelo no acierto. 

¿En el palacio real 
traición y con un amigo? 
Traidor, Dios te dé el castigo 
que pide delito igual. 

Mira que, aunque al parecer 
Dios te consiente y aguarda, 
su castigo no se tarda, 
y que castigo ha de haber 

para los que profanáis 
su nombre, que es jüez fuerte 
Dios en la muerte. 
D. Juan, ¿En la muerte? 

\¿Tan largo me lo fiáis? 

De aquí allá hay gran jornada. 
D. Dieg. Breve te ha de parecer. 
D. Juan. Y la que tengo de hacer, 
pues a su alteza le agrada 

agora, ¿es larga también? 
D. Dieg. Hasta que el injusto agravio 
satisfaga el duque Octavio, 
y apaciguados estén 

en Nápoles de Isabela 
los sucesos que has causado, 
en Lebrija retirado 
por tu traición y cautela, 

quiere el rey que estés agora : 
pena a tu maldad ligera. 



vv. 390-445 EL BURLADOR DE SEVILLA 275 



Catal. (Aparte) Si el caso también supiera 

de la pobre pescadora, 

más se enojara al buen viejo. 
D. Dieg. Pues no te vence castigo 

con cuanto hago y cuanto digo, 

a Dios tu castigo dejo. 
Catal. Fuese el viejo enternecido. 
D. Juan. Luego las lágrimas copia, 

condición de viejo propia. 

Vamos, pues ha anochecido, 
a buscar al marqués. 
Catal. Vamos, 

y al ñn gozarás su dama. 
D. Juan. Ha de ser burla de fama. 
Catal. Ruego al cielo que salgamos 

della en paz. 
D. Juan. ¡ Catalinón 

en fin! 

Catal. Y tú, señor, eres 

langosta de las mujeres, 

y con público pregón, 
porque de ti se guardara 

cuando a noticia viniera 

de la que doncella fuera, 

fuera bien se pregonara: 

«Guárdense todos de un hombre 

que a las mujeres engaña, 

y es el burlador de España.» 
D. Juan. Tú me has dado gentil nombre. 



(Fase.) 



43° 



435 



445 



276 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



Sale el marqués, de noche, con músicos, y pasea el 
tablado, y se entran cantando. 

Músic. El que un bien gozar espera, 

cuanto espera desespera. 
D. Juan. ¿Qué es esto? 
Catal. Música es. 

Mota. Parece que habla conmigo 

el poeta. ¿Quién va? 
D. Juan. Amigo. 
Mota. ¿Es don Juan? 
D. Juan. ¿Es e! marqués? 

Mota. ¿Quién puede ser sino yo? 
D. Juan. Luego que la capa vi, 

que érades vos conocí. 
Mota. Cantad, pues don Juan llegó. 
Músic. ( Cantan.) 

El que un bien gozar espera, 

cuanto espera desespera. 
D. Juan. ¿Qué casa es la que miráis? 



446-47. En la ed. de 1630 y 1649 vienen después de estos dos 
versos dichos por Mota, Como yo a mi bien goce \ nunca lle- 
gue aamanecer, que figuran en la escena xiv del Tan largo 
(NBAE, ix, 672 a), cuando don Juan sale de casa de Ulloa. Los 
ponemos más adelante, pág, 283J 

458. Del verso 275 se deduce que la casa desde donde die- 
ron a donjuán el papel estaba en una plazuela; comp. v. 572. 
Ahora dice Mota que está mirando la casa de Ulloa; y como 
hablan a continuación de ir a la calle de la Sierpe, es evidente 
que no están en ella. Por consiguiente, el sujeto de dónde vi- 
ven (v. 466) no pueden ser los Ulloa, como creyó Barry, pági- 
na 171, sino las mujerzuelas de las que hablarán luego. 



w. 446-475 EL BURLADOR DE SEVILLA 277 



Mota. De don Gonzalo de Ulloa. 
D. Juan. ¿Dónde iremos? 

Mota. A Lisboa. 460 

D. Juan. ¿Cómo, si en Sevilla estáis? 
Mota. Pues ¿aqueso os maravilla? 

¿No vive, con gusto igual, 

lo peor de Portugal 

en lo mejor de Castilla? 465 
D. Juan. ¿Dónde viven? 
Mota. En la calle 

de la Sierpe, donde ves, 

a Adán vuelto en portugués; 

que en aqueste amargo valle 

con bocados solicitan 470 

mil Evas que, aunque dorados, 

en efecto, son bocados 

con que el dinero ríos quitan. 
Catat,. Ir de noche no quisiera 

por esa calle cruel, 475 



460. Lisboa. Alusión a las mujeres galantes de Portugal, 
que supongo vivían en la calle de la Sierpe. 

468. Así en TL; ed. 1630 y 1649, anda envuelto en portu- 
gués —Portugués , 'enamoradizo*. (Comp. Verg., 1, 851, y Lope, 
El Marqués de las Navas, Rivad., t. lii, pág. 501 b; Gallega 
Mari-Hernández , 2). 

471-72. Así TL; ed. 1630 y 1649, mil Evas que, aunque en 
bocados, \ en efeto, son ducados.— E\ sentido del texto resta- 
blecido parece ser: «Los hombres andan enamorados como 
portugueses de esas Evas de Portugal, que ofrecen bocados 
de la fruta prohibida a los Adanes que pasan por la calle, para 
sacarles el dinero.» 

474-481. Faltan estos versos en ed. 1649 y en las sueltas. 



278 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



pues lo que de día es miel 
entonces lo dan en cera. 

Una noche, por mi mal, 
la vi sobre mí vertida, 

y hallé que era corrompida 480 

la cera de Portugal. 
D. Juan. Mientras a la calle vais, 

yo dar un perro quisiera. 
Mota. Pues cerca de aquí me espera 

un bravo. 

D. Juan. Si me dejáis, 485 

señor marqués, vos veréis 

cómo de mí no se escapa. 
Mota. Vamos, y poneos mi capa, 

para que mejor lo deis. 



479. Así TL; ed. 1630, ventana en vez de vertida. 

481. Cera, 'excremento'. Falta esta acepción en el Diccio- 
nario de la Academia. Tales porquerías, como vimos (pág. 37), 
son usuales en los graciosos. En Amar por señas (Rivad., v, 
463), Montoya teme por su vida, y dice: «Labrando voy cera 
hilada, | pero fáltala el pabilo.» (V. también Rodríguez Marín, 
El Loaysa del Celoso extremeño, pág. 187.) 

483. Comp. antes v. 206. Don Juan piensa en el perro que 
va a dar a la prima de Mota; éste cree que se trata de una 
aventura vulgar. A su vez el marqués tenía preparada otra di- 
versión para aquella noche, que no tiene inconveniente en ce- 
der a don Juan, ya que él confía en lograr a su prima. Como se 
trata de un perro bravo, es decir, que el engaño ofrece dificul- 
tades, Mota halla natural que don Juan quiera afrontarlo, y 
que desista de su otro proyecto. Todo ello es esquemático y 
de un violento convencionalismo; pero más enredadas aún son 
otras escenas de Tirso, por ejemplo, en Marta la Piadosa. La 
comedia bordea el teatro de marionetas, 



vv. 47 6 -5o4 



EL BURLADOR DE SEVILLA 



279 



D. Juan. Bien habéis dicho. Venid. 490 

y me enseñaréis la casa. 
Mota. Mientras el suceso pasa, 

la voz y el habla fingid. 
¿Veis aquella celosía? 
D. Juan. Ya la veo. 

Mota. Pues llegad 495 



497. Frío tiene también el significado de 'soso'; Catalinón 
recoge el sentido propio para hacer el chiste de la cantimplora- 

499. Las Gradas son «un andén o paseo hecho a la] redon- 
da [de la Iglesia Mayor], por la parte de afuera, tan alto como 
a los pechos, considerado desde lo llano de Ja calle, todo cer- 
cado de gruesos mármoles y fuertes cadenas». (Mateo Ale- 
mán, Guzmán de Alfarache, Rivad., m, 191 h). Eran lugar de 
cita y paseo habitual. «Y si a Gradas acudieres, | mira de lo 
que te agradas, | que dan el gato por liebre | y es costosa la 
lebrada». (Trato de las posadas de Sevilla, en Revue Hispa- 
ñique, 1907, pág. 138 b). 

502. Este verso aparece suelto en todos los textos. 



D. Juan 

Mota. 

Catal. 

Mota. 

D. Juan, 

Catal. 

D. Juan, 



D. Juan. 



Catal. 



y decid: «Beatriz», y entrad. 
¿Qué mujer? 

Rosada y fría. 
Será mujer cantimplora. 
En Gradas os aguardamos. 
Adiós, marqués. 

¿Dónde vamos? 
Calla, necio, calla agora; 
adonde la burla mía 
ejecute. 

No se escapa 

nadie de ti. 

El trueque adoro. 



280 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



Catal. Echaste la capa al toro. 

D. Juan. No, el toro me echó la capa. 

[ Vanse don Juan y Catalinón.] 

Mota. La mujer ha de pensar 

que soy él. 
Músicos. ¡Qué gentil perro! 

Mota. Esto es acertar por yerro. 
Músicos. Todo este mundo es errar. 

{Cantan.) 

El que un bien gozar espera, 
cuanto espera desespera. 

Vanse, y dice doña Ana, dentro, 

Ana. jFalso!, no eres el marqués, 

que me has engañado. 
D. Juan. Digo 

que lo soy. 
Ana. {Fiero enemigo, 

mientes, mientes! 

Sale don Gonzalo con la espada desnuda. 

D. Gon. La voz es 

de doña Ana la que siento. 
Ana. (Dentro.) ¿No hay quien mate este traidor, 



507—510. Barry, pág. 175, pone estos versos en boca de 
don Juan y Catalinón; pero eso es imposible, porque tanto las 
edics. de 1630, 1649, como TL coinciden en ponerlos en boca de 
Mota y sus músicos. Esta escena es, además, lógica: da tiempo 
a que donjuán intente rea-lizar su engaño. 

510. Verso de TL que completa la redondilla. 



rv. 505-534 EL BURLADOR DE SEVILLA 28 1 



homicida de mi honor? 
D. Gon. ¿Hay tan grande atrevimiento? 520 
Muerto honor, dijo, ¡ay de mí!, 

y es su lengua tan liviana 

que aquí sirve de campana. 
Ana. Matalde. 

Sale don Juan y Catalinón con las espadas desnudas. 
D. Juan. ¿Quién está aquí? 

D. Gon. La barbacana caída _ 35 

de la torre de mi honor, 

echaste en tierra, traidor, 

donde era alcaide la vida. 
D. Juan. Déjame pasar. 
D. Gon. ¿Pasar? 

Por la punta desta espada. 53 o 
D. Juan. Morirás. 

D. Gon. No importa nada. 

D. Juan. Mira que te he de matar. 
D. Gon. ¡Muere, traidor! 
D. Juan. Desta suerte 

muero. 

Catal. Si escapo de aquesta, 



525-526. Los versos 525 y 526 son al mismo tiempo sujeto 
de está, y complemento de echaste. De otro modo no se ex- 
plicaría que se echase a tierra una barbacana ya caída. Hay, 
además, el sabido juego de palabras entre barba cana y bar- 
bacana, 'obra avanzada de fortificación'. En TL, más claramen- 
te: La barbacana caída \ de la torre de mi honor \ que has 
combatido, traidor. 

534. Así ed. 1649 y las sueltas; ed. 1630, de esta. 



282 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



no más burlas, no más fiesta. 535 
D. Gon. ¡Ay, que me has dado la muerte! 
D. Juan. Tú la vida te quitaste. 
D. Gon. ¿De qué la vida servía? 
D. Juan. Huye. 

Vase don Juan jy Catalinón. 

D. Gon. Aguarda que es sangría, _ +o 

con que el valor aumentaste. 

Muerto soy; no hay bien que aguarde. 
Seguiráte mi furor; 
que es traidor, y el que es traidor 
es traidor porque es cobarde. 

Entran muerto a don Gonzalo, y sale el marqués 
de la Mota y músicos. 

54c 

Mota. Presto las doce darán, 

y mucho don Juan se tarda: 
¡fiera prisión del que aguarda! 



539. Edic. 1630, 1649 Huyamos. La sangre fría \ con el 
furor aumentaste, que no hace sentido. Sin embargo, así im- 
primen Cot. y Barry. Es preferible dar los versos correspon- 
dientes de TLj como hago. 

540. La estocada de don Juan ha aumentado el ánimo del 
comendador, como si hubiese sido sangría; intenta incorporar- 
se, pero se desploma, confiando en vengarse después de 
muerto. 

543. Habrá que sobreentender 'mi furor no temerá nada 
de él, porque donjuán es traidor', etc. Este verso está lo mis- 
mo en edics. 1630, 1649 y TL. No creo posible ni necesario en- 
mendarlo, como hicimos Bairy y yo, 



vv. 535-564 EL BURLADOR DE SEVILLA 283 



Sale don Juan y Catalinón. 

D. Juan. ¿Es el marqués? 

Mota. «¿Es don Juan? 

D. Juan. Yo soy; tomad vuestra capa. 

Mota. ¿Y el perro? 

D. Juan. Funesto ha sido. 

Al fin, marqués, muerto ha habido. 
Catal. Señor, del muerto te escapa. 
Mota. ¿Burlaste, amigo? ¿Qué haré? 
Catal. {Aparte,) También vos sois el burlado. 
D. Juan. Cara la burla ha costado. 
Mota. Yo, don Juan, lo pagaré, 
porque estará la mujer 

quejosa de mí. 
D. Juan. Las doce 

darán. 

Mota. Como mi bien goce 

nunca llegue a amanecer. 
D. Juan. Adiós, marqués. 
Catal. Muy buen lance 

el desdichado hallará. 
D. Juan. Huyamos. 
Catal. Señor, no habrá, 

aguilita que me alcance. (Vanse.) 



554. Así ed. 1649; ed. 1630, y a vos os ha burlado. 

558-68. Texto de TL; edic. 1630. «Don ]v mí.— Adiós, mar- 
qués. Catalinón.— A fe que los dos | mal pareja han de co- 
rrer. | D. Juan.— Huyamos. Catalinón.— Señor: no habrá | 
águila que a mí me alcance. | Mota.— Vosotros os podéis ir, 
! porque quiero ir solo. 



284 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



Mota. Vosotros os podéis ir 565 

todos a casa, que yo 

he de ir solo. 
Criados. Dios crió 

las noches para dormir. 

Vanse y queda el marqués de la Mota. 

(Dentro?) ¿Vióse desdicha mayor, 
y vióse mayor desgracia? 57© 
Mota. ¡Válgame Dios! Voces siento 
en la plaza del Alcázar. 
¿Qué puede ser a estas horas? 
Un hielo el pecho me arraiga. 
Desde aquí parece todo 575 
una Troya que se abrasa, 
porque tantas luces juntas 
hacen gigantes de llamas. 
Un grande escuadrón de hachas 
se acerca a mí; ¿porqué anda s«<» 
el fuego emulando estrellas, 
dividiéndose en escuadras? 
Quiero saber la ocasión. 

Sale don Diego Tenorio y la Guardia con hachas. 

D. Dieg, ¿Qué gente? 

Mota. * Gente que aguarda 

saber de aqueste ruido 



575. Según Cuervo, Diccionario, 1, 615 b, arraigar signifi- 
ca aquí 'embargar*. 
* Así edic. 1649; edic. 1630, don Gonzalo. 



tt. 5«5-6o 3 EL BURLADOR DE SEVILLA 285 



el alboroto y la causa. 
D. Dieg. Prendeldo. 

Mota. {Prenderme a mí? [Mete mano a 

la espada.] 
D. Dieg. Volved la espada a la vaina, 

que la mayor valentía 

es no tratar de las armas. 
Mota. ¿Cómo al marqués de la Mota 

hablan ansí? 
D. Dieg. Dad la espada, 

que el rey os manda prender. 
Mota. ¡Vive Dios! 

Sale el rey y acompañamiento. 

Rey. En toda España 

no ha de caber, ni tampoco 

en Italia, si va a Italia. 
D. Dieg. Señor, aquí está el marqués. 
Mota. ¿Vuestra alteza a mí me manda 

prender? 

Rey. Llevalde y ponelde 

la cabeza en una escarpia. 

¿En mi presencia te pones? 
Mota. ¡Ah, glorias de amor tiranas, 

siempre en el pasar ligeras, 

587. TL explica la causa de prender al marqués: don Diego 
dice: «Esta es la capa | que dijo el comendador I en las pos- 
treras palabras». 

599. Así TL; edic. 1630, Gran Señor: ¿vuestra alteza | a 
mi me manda prender? | Rey.— Llevalde luego y ponelde..., 
que rompe la asonancia del romance. 



286 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



como en el vivir pesadas! 
Bien dijo un sabio que había 
entre la boca y la taza 
peligro; mas el enojo 
del rey me admira y espanta. 
No sé por lo que voy preso. 



D. Dieg. ¿Quién mejor sabrá la causa 
que vueseñoría? 



Rey. Fulmínesele el proceso 



al marqués luego, y mañana 

le cortarán la cabeza. 

Y al comendador, con cuanta 

solenidad y grandeza 

se da a las personas sacras 

y reales, el entierro 

se haga; en bronce y piedras varias 

un sepulcro con un bulto 

le ofrezcan, donde en mosaicas 

labores, góticas letras 



606. Comp. «mas ¿quién | sacó el fin por el principio, | si 
entre la taza y la boca | un sabio temió el peligro?» (La Estre- 
lla de Sevilla, Rivad., xxiv, 145 a). 

613. fulminar, 'instruir el proceso'. Comp. «Dejando su ins- 
trucción a los ministros de justicia para que se fulminase la 
causa con toda la brevedad posible». (Solís, Conquista de 
Méjico, lib. v, cap. xix). 

623. Góticas letras, 'letras grandes'. Comp. «Era menester 
que con letras góticas escribiese». ( Quijote, edic. R. Marín, 
1916. iv, 95). 



Mota. 
D. Dieg. 
Mota. 



Vamos. 



¡Confusión extraña! 



¿Yo? 



vv. 604-646 EL BURLADOR DE SEVILLA 287 



den lenguas a sus venganzas. 

Y entierro, bulto y sepulcro 625 

quiero que a mi costa se haga. 

¿Dónde doña Ana se fué? 
D. Dieg. Fuese al sagrado, doña Ana, 

de mi señora la reina. 
Rey. Ha de sentir esta falta 630 

Castilla; tal capitán 

ha de llorar Calatrava. (Vánse todos.) 

Sale Batricio desposado con Aminta; Gaseno, viejo; 
Belisa y Pastores músicos. 

{Cantan.) 

Lindo sale el sol de abril 
con trébol y torongil, 

y aunque le sirve de estrella , 6 35 
Aminta sale más bella. 
Batric. Sobre esta alfombra florida, 

adonde, en campos de escarcha, 
el sol sin aliento marcha 

con su luz recién nacida, Ó4Q 
os sentad, pues nos convida 
al tálamo el sitio hermoso. 
Aminta. Cantalde a mi dulce esposo 
favores de mil en mil. 
{Cantan.) 

Lindo sale el sol de abril 645 
con trébol y torongil; 



636. Barry, pág. 18S, cita pasajes análogos a éste en otras 
comedias de Tirso. 



288 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



aunque le sirva de estrella, 
Aminta sale más bella. 

Gaseno. Muy bien lo habéis solfeado; 

no hay más sones en el kiries. 

Batric. Cuando con sus labios tiries 
vuelve en púrpura los labios 
saldrán, aunque vergonzosas, 
afrentando el sol de abril. 

Aminta. Batricio, yo lo agradezco; 
falso y lisonjero estás; 
mas si tus rayos me das, 
por ti ser luna merezco, 
tú eres el sol por quien crezco 
después de salir menguante. 
Para que el alba te cante 
la salva en tono sutil, 
(Cantan) 

lindo sale el sol, etc. 



650 



660 



Sale Catalinón, de camino. 

Catal. Señores, el desposorio 
huéspedes ha de tener. 



665 



651. Tiries, 'Tirios, rojos como la púrpura de Tiro'. 
Comp. «Pues tengo tan buena estrella | y amor se muestra pro- 
picio, | llegue la boca a dexalle | perfiles de nácar tirio». (Ro- 
jas (?), La prudencia en el castigo, edic. 1678, pág. 343 a). 
Entre los versos 651-54 faltan dos para completar la décima y 
el sentido. Como en ed. 1649 y sueltas faltan los vv. 643-663, 
carecemos de recurso enmendatorio. 

659. Verso de TL. 



w. 647-687 EL BURLADOR DE SEVILLA 289 



Gaseno. 



Catal. 

Gaseno. 

Catal. 

Belisa. 

Batric. 



Catal. 
Batric. 



Gaseno. 



A todo el mundo ha de ser 
este contento notorio. 
i Quién viene? 

Don Juan Tenorio. 

¿El viejo? 

No ese don Juan. 
Será su hijo galán. 
Téngolo por mal agüero, 
que galán y caballero 
quitan gusto y celos dan. 

Pues < quién noticia les dió 
de mis bodas? 

De camino 

pasa a Lebrija. 

Imagino 

que el demonio le envió. 
Mas, ¿de qué me aflijo yo? 
Vengan a mis dulces bodas 
del mundo las gentes todas. 
Mas, con todo, un caballero 
en mis bodas, ¡mal agüero! 
Venga el Coloso de Rodas, 

venga el Papa, el Preste Juan 
y don Alfonso el Onceno 
con su corte, que en Gaseno 
ánimo y valor verán. 



670 



680 



685 



669. Así ed. 1649; ed. 1630, no es ese don Juan. 

684. Sobre el Preste Juan de las Indias, nombre dado a los 
emperadores de Etiopía, v. Quijote, edic R. Marín, 1916, 
t. ni, pág. 381. 



19 



290 TIRSO DE MOLINA JOR. II 

Montes en casa hay de pan, 
Guadalquivides de vino, 

Babilonias de tocino, 690 
y entre ejércitos cobardes 
de aves, para que las lardes, 
el pollo y el palomino. 

Venga tan gran caballero 
a ser hoy en Dos Hermanas 695 
honra destas viejas canas. 
Belisa. El hijo del camarero 
mayor... 

Batric. \Ap\ Todo es mal agüero 
para mí, pues le han dar 

junto a mi esposa lugar. 700 
Aun no gozo, y ya ios cielos 
me están condenando a celos. 
Amor, sufrir y callar. 

Sale don Juan Tenorio. 
D. Juan. Pasando acaso he sabido 

que hay bodas en el lugar, 7°* 

y dellas quise gozar, 

pues tan venturoso he sido. 
Gaseno. Vueseñoría ha venido 

a honrallas y engrandecellas. 
Batric. Yo, que soy el dueño dellas, 7t © 

digo entre mí que vengáis 

en hora mala. 
Gaseno. <?No dais 



689. 
693. 



Así en todas las eds. de los siglos xvn y xvm. 
Así TL; edic. 1630 y las restantes, cardes. 



W.6S8-753 EL BURLADOR DE SEVILLA 2QI 



lugar a este caballero? 
D. Juan. Con vuestra licencia quiero 
sentarme aquí. 

Siéntase junto a la novia. 
Batric. Si os sentáis 

delante de mí, señor, 
seréis de aquesa manera 
el novio. 

D. Juan. Cuando lo fuera, 

no escogiera lo peor. 
Gaseno. Que es el novio. 
D. Juan. De mi error 

e ignorancia perdón pido. 
Catal. \Ap\ ¡Desventurado marido! 
D. Juan. [Ap. a Catal.] Corrido está. 
Catal. [A/>.] No lo ignoro; 

mas si tiene de ser toro, 

¿qué mucho que esté corrido? 
No daré por su mujer 

ni por su honor un cornado. 

¡Desdichado tú, que has dado 

en manos de Lucifer! 
D. Juan. ¿Posible es que vengo a ser, 

señora, tan venturoso? 

Envidia tengo al esposo. 
Aminta. Parecéisme lisonjero. 



713. Está alterada la versificación entre ambas décimas; el 
v. 713 debiera rimar en —ellas; los vv. 714 y 715 sobran para 
la estrofa. El sentido es perfecto; v. pág. 244, n. 875. 

721. Así TL; eds. 1630, 1649, perdonad. 



292 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. II 



Batric. Bien dije que es mal agüero 

en bodas un poderoso. 
Gaseno. Ea, vamos a almorzar, 

por que pueda descansar 

un rato su señoría. 

Tómale don Juan la mano a la novia. 
D. Juan. ¿Por qué la escondéis? 
Aminta. Es mía. 

Gaseno. Vamos. 

Belisa. Volved a cantar. 

D. Juan. ¿Qué dices tú? 

Catal. ¿Yo? que temo 

muerte vil destos villanos. 
D. Juan. Buenos ojos, blancas manos, 

en ellos me abraso y quemo. 
Catal. ¡Almagrar y echar a estremo! 
Con ésta cuatro serán. 



740 



745 



745. 'Don Juan marca por suya una nueva víctima, para 
abandonarla luego'.— La expresión está tomada de los usos de 
la ganadería; el dueño almagraba o enalmagraba su rebaño» 
con el fin de reconocerlo antes de mandarlo a pastar a la lia" 
nura, «el huerco, si no me engaño, | pudiera bien tu rebaño | 
por suyo lo enalmagrar». (Timoneda, La oveja perdida, Ri- 
vad., lxviii, 83 b.) «Almagrar y echar a extremo, por metáfora 
del ganado ovejuno, es escoger... y echar aparte». (Correas» 
Vocabulario, pág. 450.) «Cuando uno se aprovecha de una 
cosa, y enfadado della la da de mano y se emplea en otra me" 
jor, suelen decir enalmagrar y echar a extremo. (Covarru" 
bias, Tesoro, 1611, fol. 51 v.) Extremo es el lugar donde van a 
invernar los ganados: «Su amado padre y noble | le dió gan a 
do al doble, | de invierno a extremo, a Cuenca en el verano». 
(Pedro de Medina, Egloga a la muerte de Isabel de Ürbina.) 



w. 734-750 EL BURLADOR DE SEVILLA 293 



D. Juan. Ven, que mirándome están. 
Batric. En mis bodas, caballero, 

¡mal agüero! 
Gaseno. Cantad, 
Batric. Muero. 
Catal. Canten, que ellos llorarán. 

(Vanse todos y con que da fin la segunda jor- 
nada.) 



JORNADA TERCERA 



Sale Batricio, pensativo. 

Batric. Celos, reloj de cuidados, 
que a todas las horas dais 
tormentos con que matáis, 
aunque dais desconcertados; 

celos, del vivir desprecios, 
con que ignorancias hacéis, 
pues todo lo que tenéis 
de ricos, tenéis de necios; 

dejadme de atormentar, 
pues es cosa tan sabida 
que, cuando amor me da vida, 
la muerte me queréis dar. 

¿Qué me queréis, caballero, 
que me atormentáis ansí? 
Bien dije cuando le vi 
en mi3 bodas, «¡mal agüerol> 

¿No es bueno que se sentó 
a cenar con mi mujer, 
y a mí en el plato meter 
la mano no me dejó? 

Pues cada vez que quería 



1. Así H; edic. 1630, y cuidado. 



206 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



metella la desviaba 
diciendo a cuanto tomaba: 
«¡Grosería, grosería!» 

Pues llegándome a quejar 
a algunos, me respondían 
y con risa me decían: 
«No tenéis de qué os quejar; 

eso no es cosa que importe; 
no tenéis de qué temer; 
callad, que debe de ser 
uso de allá de la corte.» 

¡Buen uso, trato estremado! 
Más no se usara en Sodoma: > 
que otro con la novia coma, 
y que ayune el desposado. 

Pues el otro bellacón 
a cuanto comer quería: 
«¿Esto no come?», decía; 
«No tenéis, señor, razón»; 

y de delante al momento 
me lo quitaba. Corrido 
estó; bien sé yo que ha sido 
culebra y no casamiento. 



44. Culebra: 'Chasco, broma pesada que se usaba dar en 
las cárceles y galeras'. Comp. «En siendo las diez de la no- 
che el alcaide pone tres velas ['vigilantes']... y el que se duer- 
me lleva culebra, que es lo mismo que rebenque o pretina». 
(Chaves, Cárcel de Sevilla, en Gallardo, Ensayo, n, 344.) 
«— ... y no entréis en la galera; | que habrá culebra espantosa». 
(Lope, Arenal de Sevilla, i, 7); v. Quevedo, Buscón, en Clási- 
cos Castellanos, pág. 188. 



vv. 22-66 EL BURLADOR DE SEVILLA 207 



Ya no se puede sufrir 
ni entre cristianos pasar; 
y acabando de cenar 
con los dos, ¿mas que a dormir 

se ha de ir también, si porfía, 
con nosotros, y ha de ser, 
el llegar yo a mi mujer, 
«grosería, grosería?> 

Ya viene, no me resisto. 
Aquí me quiero esconder; 
pero ya no puede ser, 
que imagino que me ha visto. 

Sale don Juan Tenorio. 

D. Juan. Batricio. 

Batric. Su señoría 

¿qué manda? 
D. Juan Haceros saber... 

Batric. [Afi.] ¿Mas que ha de venir a sei 

alguna desdicha mía? 
D. Juan. Que ha muchos días, Batricio, 

que a Aminta el alma le di 

y he gozado... 
Batric. ¿Su honor? 

D. Juan. Sí. 
Batric. [Ap.\ Manifiesto y claro indicio 
de lo que he llegado a ver; 

que si bien no le quisiera 



48 y 59. mas que '¿a que...?' V. Verg., i, 271. 
62. Así edic. 1649; le falta en 1630. 



298 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. m 



nunca a su casa viniera. 
Al fin , al fin es mujer. 
D. Juan. Al fin, Aminta celosa, 
o quizá desesperada 
de verse de mí olvidada 
y de ajeno dueño esposa, 

esta carta me escribió 
enviándome a llamar, 
y yo prometí gozar 
lo que el alma prometió. 

Esto pasa de esta suerte. 
Dad a vuestra vida un medio; 
que le daré sin remedio 
a quien lo impida, la muerte. 
Batric. Si tú en mi eleción lo pones, 
tu gusto pretendo hacer, 
que el honor y la mujer 
son males en opiniones. 

La mujer en opinión 
siempre más pierde que gana, 
que son como la campana, 
que se estima por el són. 

Y así es cosa averiguada 
que opinión viene a perder 
cuando cualquiera mujer 
suena a campana quebrada. 

No quiero, pues me reduces 
el bien que mi amor ordena, 



84. 'El honor y la mujer se convierten en males cuando 
andan en opiniones, en boca de la gente'. 



ty. 67-116 EL BURLADOR DE SEVILLA 29$ 



mujer entra mala y buena, 9S 
que es moneda entre dos luces. 

Gózala, señor, mil años, 
que yo quiero resistir, 
desengañar y morir, 

y no vivir con engaños. (Fase) 200 

Don Juan. 

Con el honor le vencí, 
porque siempre los villanos 
tienen su honor en las manos, 
y siempre miran por sí. 

Que por tantas falsedades, IOS 
es bien que se entienda y crea, 
que el honor se fué al aldea 
huyendo de las ciudades. 

Pero antes de hacer el daño 
le pretendo reparar: iJO 
a su padre voy a hablar 
para autorizar mi engaño. 

Bien lo supe negociar: 
gozarla esta noche espero. 

La noche camina, y quiero ii¿ 
su viejo padre llamar. 

99. desengañar, comp. «esperando a que el tiempo y los 
incovenientes desengañen». (Saavedra, Empresas, en Cuervo, 
Diccionario, 11, 1057 a). 

105. Así TL; edics. 1630 y 1649, variedades. 

107. V. Revista de Filología, 1916, pág. 22. Reaparece aquí 
el tema de la idealización de la vida sencilla de la aldea, en opo- 
sición a la falsa de las ciudades. V. Guevara, Menosprecio de 
Corte, en esta colección. 



300 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



Estrellas que me alumbráis, 
dadme en este engaño suerte, 
si el galardón en la muerte 
tan largo me lo guardáis. (Vase.) 

Sale Aminta jy Belisa. 

Belisa. Mira que vendrá tu esposo: 

entra a desnudarte, Aminta. 
Aminta. De estas infelices bodas 

no §e qué siento, Belisa. 

Todo hoy mi Batricio ha estado 

bañado en melancolía, 

todo es, confusión y celos; 

{mirad qué grande desdicha! 

Di, ¿qué caballero es éste 

que de mi esposo me priva? 

La desvergüenza en España 

se ha hecho caballería. 

Déjame, que estoy sin seso, 

déjame, que estoy corrida. 

¡Mal hubiese el caballero 

que mis contentos me priva! 
Belisa. Calla, que pienso que viene, 

que nadie en la casa pisa 

de un desposado, tan recio. 
Aminta. Queda adiós, Belisa mía. 



120. Comp. «¿Aquesto es ser caballero? | ¿En esta nobleza 
estriba | el valor que España ensalza | y estimaron mis desdi- 
chas?» (Santa Juana, 2. a parte, nbae, ix, 294 b.) 

132. Verso de TL; necesario para el romance. 



w. 117-164 EL BURLADOR DE SEVILLA 3°I 



Belisa. Desenójale en los brazos. 
Aminta. ¡Plega a los cielos que sirvan 

mis suspiros de requiebros, 

mis lágrimas de caricias! (Vanse.) 

{Sale don Juan, Catalinón y Gaseno.) 

D. Juan. Gaseno, quedad con Dios. 
Gaseno. Acompañaros querría, 

por dalle desta ventura 

el parabién a mi hija. 
D. Juan. Tiempo mañana nos queda. 
Gaseno. Bien decís: el alma mía 

en la muchacha os ofrezco. [Vase.] 
D. Juan. Mi esposa decid. 
D. Juan. Ensilla, 

Catalinón. 
Catal. ¿Para cuándo? 

D. Juan. Para el alba, que de risa 

muerta, ha de salir mañana, 

de este engaño. 
Catal. Allá, en Lebrija, 

señor, nos está aguardando 

otra boda. Por tu vida, 

que despaches presto en ésta. 
D. Juan. La burla más escogida 

de todas ha de ser ésta. 
Catal. Que saliésemos querría 

de todas bien. 
D. Juan. Si es mi padre 

el dueño de la justicia, 



302 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



y es la privanza del rey, 165 
¿qué temes? 
Catal. De los que privan 

suele Dios tomar venganza, 
si delitos no castigan; 
y se suelen en el juego 

perder también los que miran. 170 

Yo he sido mirón del tuyo, 

y por mirón no querría 

que me cogiese algún rayo 

y me trocase en ceniza. 
D. Juan. Vete, ensilla, que mañana 175 

he de dormir en Sevilla. 
Catal. ¿En Sevilla? 
D. Juan. Sí. 
Catal. ¿Qué dices? 

Mira lo que has hecho, y mira 

que hasta la muerte, señor, 

es corta la mayor vida, 180 

y que hay tras la muerte infierno. 
D. Juan. Si tan largo me lo fías, 

vengan engaños. 
Catal. Señor... 
D. Juan. Vete, que ya me amohinas 

con tus temores estraños. 1*5 
Catal. Fuerza al turco, fuerza al scita, 



165. privanza 'privado'; comp. luego v. 330. 
174. Así ed. 1649; edic. 1630, cecina, 
181. Edic. 1630 y las demás, que hay tras la muerte impe- 
rio; corree, de H. 



vr. 165-203 EL BURLADOR DE SEVILLA 3°3 



al persa y al garamante, 

al gallego, al troglodita, 

al alemán y al japón, 

al sastre con la agujita 

de oro en la mano, imitando 

contino a la Blanca niña. ( Vase.) 

Don Juan. 
La noche en negro silencio 
se estiende, y ya las cabrillas 
entre racimos de estrellas 
el polo más alto pisan. 
Yo quiero poner mi engaño 
por obra. El amor me guía 
a mi inclinación, de quien 
no hay hombre que se resista. 
Quiero llegar a la cama. 
jAminta! 

Sale Aminta como que está acostada. 

Aminta. ¿Quién llama a Aminta? 

¿Es mi Batricio? 

186-192. Estos versos faltan en las edics. posteriores a la 
de 1630. 

187. Edic. 1630, Caramanto; 'antiguos habitantes de la 
Libia'. 

189. japón, 'japonés'. 

190. Puesto a desbarrar, Catalinón habla aquí de sastres, 
como antes de tigres, elefantes y priores (11, 333). Al citar al 
sastre viene por asociación el recuerdo de la Blanca niña del 
romance, del que se conocen versiones gallegas y zamoranas: 
«Estando la Blanca niña... bordando en su bastidor». 

202. Así edic. 1649; en 1630 falta a. 



304 TIRSO DE MOLINA JOR. III 

D. Juan. No soy 

tu Batricio. 
Aminta. Pues ¿quién? 

D. Juan. Mira 

de espacio, Aminta, quién soy. 
Aminta. ¡Ay de mí! ¡yo soy perdida! 

¿En mi aposento a estas horas? 
D. Juan. Estas son las horas mías. 
Aminta. Volveos, que daré voces. 

No excedáis la cortesía 

que a mi Batricio se debe. 

Ved que hay romanas Emilias 

en Dos-Hermanas también, 

y hay Lucrecias vengativas. 
D. Juan. Escúchame dos palabras, 

y esconde de las mejillas 

en el corazón la grana, 

por ti más preciosa y rica. 
Aminta. Vete, que vendrá mi esposo. 
D. Juan. Yo lo soy; ¿de qué te admiras? 
Aminta. ¿Desde cuándo? 
D. Juan. Desde agora. 

Aminta. ¿Quién lo ha tratado? 
D. Juan. Mi dicha. 

Aminta. ¿Y quién nos casó? 
D. Juan. Tus ojos. 

Aminta. ¿Con qué poder? 
D. Juan. Con la vista. 



208. Así TL; edic. 1630, obras. 



vv. 203-250 EL BURLADOR DE SEVILLA 



305 



Aminta. ¿Sábelo Batricio? 

D. Juan. Sí, 
que te olvida. 

Aminta. ¿Que me olvida? 

D. Juan. Sí, que yo te adoro. 

Aminta. ¿Cómo? 

D. Juan. Con mis dos brazos. 

Aminta. Desvía. 

D. Juan. ¿Cómo puedo, si es verdad 
que muero? 

Aminta. ¡Qué gran mentira! 

D. Juan. Aminta, escucha y sabrás, 
si quieres que te lo diga, 
la verdad, que las mujeres 
sois de verdades amigas. 
Yo soy noble caballero, 
cabeza de la familia 
de los Tenorios, antiguos 
ganadores de Sevilla. 
Mi padre, después del rey, 
se reverencia y estima, 
y en la corte, de sus labios 
pende la muerte o la vida. 
Corriendo el camino acaso, 
llegué a verte, que amor guía 
tal vez las cosas de suerte, 
que él mismo dellas se olvida. 
Vite, adoréte, abraséme 
tanto, que tu amor me anima 
a que contigo me case; 
mira qué acción tan precisa. 



306 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



Y aunque lo mormure el reino 

y aunque el rey lo contradiga, 

y aunque mi padre enojado 

con amenazas lo impida, 

tu esposo tengo de ser. 

¿Qué dices? 
Aminta. No sé qué diga, 

que se encubren tus verdades 

con retóricas mentiras. 

Porque si estoy desposada, 

como es cosa conocida, 

con Batricio, el matrimonio 

no se absuelve aunque él desista. 
D. Juan. En no siendo consumado, 

por engaño o por malicia 

puede anularse. 
Aminta. En Batricio 

todo fué verdad sencilla. 
D. Juan. Ahora bien: dame esa mano, 

y esta voluntad confirma 

con ella. 

Aminta. ¿Que no me engañas? 

D. Juan. Mío el engaño sería. 
Aminta. Pues jura que cumplirás 

la palabra prometida. 
D. Juan. Juro a esta mano, señora, 

251. Así en TL; edic. 1630 y las demás, rey en vez de reino. 

262. absolver, 'anular'. Comp. n, 29. 

263. Así 7X, suelta de Sevilla (Padrino) y E. de Ochoa; 
edición 1630, 1649 y las demás sueltas, confirmado. 

273. Recuérdese otro juramento ambiguo en I, 941. 



rv. 2 5I -2 9 o EL BURLADOR DE SEVILLA 307 



infierno de nieve fría, 

de cumplirte la palabra. 
Aminta. Jura a Dios que te maldiga 

si no la cumples. 
D. Juan. Si acaso 

la palabra y la fe mía 

te faltare, ruego a Dios 

que a traición y alevosía 

me dé muerte un hombre... ([Ap.] muerto: 

que, vivo, ¡Dios no permita!) 
Aminta. Pues con ese juramento 

soy tu esposa. 
D. Juan. El alma mía 

entre los brazos te ofrezco. 
Aminta. Tuya es el alma y la vida. 
D. Juan. ¡Ay, Aminta de mis ojos! 

Mañana sobre virillas 

de tersa plata estrellada 

con clavos de oro de Tíbar, 

288. virillas, 'adorno en el calzado, especialmente en los 
zapatos de las mujeres, que le servía también de fuerza entre 
el cordobán y la suela'. (Dice. Autor.) Comp. «Si la soberbia 
y vanidad ha coronado sus chapines de virillas de plata, yo las 
he hallado en vosotros de oro.» ( Cigarrales, ed. S. Armesto, 
pág. 189.) «Chapines no brillantes | mas negros y con virillas» 
(El amor médico, Rivad., v, 385.) 

290. Tíbar. No es un río de América, como dice Barry, sino 
la región africana llamada Costa de Oro. (V. Eouílaz, Glosa- 
rio, pág. 505.) Es palabra árabe, y aparece antes de 1492: 
«Vienen los de Siria, gente amarilla, tfe escodreñar el Tíbar, 
que es fino oro en polvo». (J. de Mena, Abreviación de la ¡lia- 
da.) Es muy citado por los autores del siglo de oro: «el oro más 
subido de Tíbar». (Quevedo, Rivad., xxhi, 450.) 



3 o8 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



pondrás los hermosos pies, 
y en prisión de gargantillas 
la alabastrina garganta, 
y los dedos en sortijas, 
en cuyo engaste parezcan 
trasparentes perlas finas. 
Aminta. A tu voluntad, esposo, 

la mía desde hoy se inclina: 
tuya soy. 

D, Juan. \Ap\ ¡Qué mal conoces 

al Burlador de Sevilla! (Vanse.) 

Sale Isabela y Fabio, de camino *. 

Isabela. ¡Que me robase el dueño, 

la prenda que estimaba y más quería! 

¡Oh, riguroso empeño 

de la verdad! ¡Oh, máscara del día! 

¡Noche al fin, tenebrosa 

antípoda del sol, del sueño esposa! 
Fabio. ¿De qué sirve, Isabela, 

la tristeza en el alma y en los ojos, 

si amor todo es cautela, 

y en campos de desdenes causa enojos; 



* Dice Barry, pág. 218, que en «la suelta» comienza aquí el 
tercer acto; pero, aparte de que las sueltas son varias, en nin- 
guna de las conocidas ocurre así. 

301. Así todas las ediciones; el sujeto tácito de robase es 
don Juan, que a traición privó a Isabela de su dueño (Octavio), 
gracias a la noche, a la cual apostrofa. No hay, pues, que leer 
sueño en vez de dueño. 

307. Así TL; edic. 1630, y las demás, el amor en. 



w. 291-332 EL BURLADOR DE SEVILLA 3°9 



si el que se ríe agora 

en breve espacio desventuras llora? 
El mar está alterado 

y en grave temporal, [riesgo] se corre. 

El abrigo han tomado 

las galeras, duquesa, de la torre 

que esta playa corona. 
Isabela. ¿Dónde estamos ahora? 
Fabio. En Tarragona. 

De aquí a poco espacio 

daremos en Valencia, ciudad bella, 

del mismo sol palacio. 

Divertiráste algunos días en ella, 

y después a Sevilla, 

irás a ver la octava maravilla. 
Que si a Octavio perdiste, 

más galán es don Juan, y de Tenorio 

solar. ¿De que estás triste? 

Conde dicen que es ya don Juan Tenorio; 

el rey con él te casa, 

y el padre es la privanza de su casa. 
Isabela. No nace mi tristeza 

de ser esposa de don Juan, que el mundo 



314. Así enmienda H; edics. 1630, 1649 y todas las sueltas, 
tiempo socorre, que parece una evidente errata; el v. 314 jus- 
tifica la corrección de Hartzenbusch. 

318. Así edic. 1649; en 1630 falta ahora. 

326. Todas las ediciones antiguas dicen Tenorio; H corri- 
gió notorio. Pero, en realidad, no hay motivo para cambiar el 
texto. 

330. Comp. v. 165. 



3io 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



conoce su nobleza; 

en la esparcida voz mi agravio fundo, 
que esta opinión perdida 
es de llorar mientras tuviere vida. 
Fabio. Allí una pescadora 

tiernamente suspira y se lamenta 
y dulcemente llora. 
Acá viene, sin duda, y verte intenta. 
Mientras llamo tu gente, 
lamentaréis las dos más dulcemente. 

Vase Fabio y sale Tisbea. 

Tisbea. Robusto mar de España, 

ondas de fuego, fugitivas ondas, 

Troya de mi cabaña, 

que ya el fuego por mares y por ondas 

en sus abismos fragua, 

y el mar forma por las llamas agua. 

{Maldito el leño sea 
que a tu amargo cristal halló carrera, 



335. El honor se confunde aquí con la reputación. 

343. mar de España llama también Góngora al Mediterrá- 
neo en el sabido romance: «Amarrado al duro banco». 

343-348. Tisbea nos aparece nuevamente envuelta en un 
denso gongorismo. La interpretación es: 'Del mar salió el fue- 
go (D. Juan) que abrasó su cabaña, nueva Troya, por que ya 
el mar fragua el fuego en sus abismos; y ese fuego formado 
por el mar produce finalmente el agua que vierten sus ojos. 
El mar produce el fuego, y éste causa un mar de lágrimas.' 
Comp. í, v. 985. 

350. Así en todas las edcs. aunque carrera rompe la rima; 
H enmendó camino. 



w. 333-370 EL BURLADOR DE SEVILLA 3 1 * 



antojo de Medea, 

tu cáñamo primero o primer lino, 

aspado de los vientos 

para telas de engaños e instrumentos! 
Isabela. ¿Por qué del mar te quejas 

tan tiernamente, hermosa pescadora? 
Tisbea. Al mar formo mil quejas. 

¡Dichosa vos, que en su tormento, agora 

dél os estáis riendo! 
Isabela. También quejas del mar estoy haciendo. 

¿De dónde sois? 
Tisbea. De aquellas 

cabañas que miráis del viento heridas 

tan vitorioso entre ellas, 

cuyas pobres paredes desparcidas 

van en pedazos graves, 

dando en mil grietas nidos a las aves. 
En sus pajas me dieron 

corazón de tortísimo diamante; 

mas las obras me hicieron, 

deste monstruo que ves tan arrogante, 



355 



30» 



3°S 



37® 



358. Así todas las edics. antiguas; TL, que sin cuidado. 
Tisbea, con su estilo ampuloso, dice que para tormento del 
mar Isabela se ríe de él. 

363. Edic. 1630, vitoriosa. 

366. Corrección de H. (Comp. 1, 416-18); edic. 1630 y las de- 
más, dándole mil graznidos a las aves. 

370. 'Los actos de este corazón de diamante me han hecho 
más bíanda que la cera'. En realidad Tisbea debía decir «que 
fué tan arrogante». 



312 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



ablandarme de suerte, 

que al sol la cera es más robusta y fuerte. 
«¿Sois vos la Europa hermosa? 

¿Que esos toros os llevan? 
Isabela. A Sevilla 

llévanme a ser esposa 37 

contra mi voluntad. 
Tisbea. Si mi mancilla 

a lástima os provoca, 

y si injurias del mar os tienen loca, 
en vuestra compañía, 

para serviros como humilde esclava 38 

me llevad; que querría, 

si el dolor o la afrenta no me acaba, 

pedir al rey justicia 

de un engaño cruel, de una malicia. 

Del agua derrotado, 38 

a esta tierra llegó don Juan Tenorio, 

difunto y anegado: 

amparéle, hospedóle en tan notorio 



371. Sólo la ed. 1630 da estos versos. ¿Pero qué toros 
son esos que se supone ve Tisbea y que dan pie a la compa- 
ración mitológica? Isabela va viajando por mar; su navio tocó 
en Tarragona, y por el v. 320 sabemos que se detendrá también 
en Valencia. Isabela habría desembarcado en una barca; Tis- 
bea vería que éstas eran arrastradas por bueyes, según es aún 
costumbre, y dió esa interpretación a la escena. 

373. Alusión al rapto de Europa por Júpiter, convertido en 
toro. 

374. TL, que esos toros os llevan a Sevilla, pero pone todo 
el verso en boca de Tisbea, que no puede saber que Isabela va 
a Sevilla.— A Sevilla, falta en edics. 1630 y 1649. 



vv. 371-408 EL BURLADOR DE SEVILLA 3^ 



peligro, y el vil güesped 

víbora fué a mi planta en tierno césped. 39 o 

Con palabra de esposo, 
la que de esta costa burla hacía, 
se-rindió al engañoso: 
¡mal haya la mujer que en hombres fía! 
Fuese al fin y dejóme: 395 
mira si es justo que venganza tome. 
Isabela. ¡Calla, mujer maldita! 

Vete de mi presencia, que me has muerto. 
Mas si el dolor te incita, 

no tienes culpa tú, prosigue el cuento. 400 
Tisbea. La dicha fuera mía. 
Isabela. ¡Mal haya la mujer que en hombres fía. 

¿Quién tiene de ir contigo? 
Tisbea. Un pescador, Anfriso; un pobre padre 

de mis males testigos. 405 
Isabela. [Ap.] No hay venganza que a mi mal tanto le 

Ven en mi compañía. [cuadre. 
Tisbea. ¡Mal haya la mujer que en hombres fía! 

( Vanse) 



390. Así TL; edic. 1630 y las demás, el tierno. 
394. Idéntica exclamación ocurre en Santa Juana, nbae 
ix, 294. 

399. Así todas las edics. antiguas. En TL, prosigue: ¿es 
cierto? | Tan claro es como el día. Conservo el texto del Bur- 
lador; Tisbea toma la palabra cuento en el sentido de 'inven- 
ción', y dice que sería dichosa si así fuese. La rima está rota 
como en el v. 350. 

406. Así edics. 1630 y todas las antiguas. Respeto el texto, 
aunque sobra una sílaba al verso. 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. m 



Sale don Juan y Catalinón. 

Catal. Todo en mal estado está. 
D. Juan. ¿Cómo? 

Catal. Que Octavio ha sabido 410 

la traición de Italia ya, 

y el de la Mota ofendido 

de ti justas quejas da, 
y dice, que fué el recaudo, 

que de su prima le diste 4I5 

fingido y disimulado, 

y con su capa emprendiste 

la traición que le ha infamado. 
Dice que viene Isabela 

a que seas su marido, + a« 

y dicen... 
D. Juan. ¡Calla! 
Catal. Una muela 

en la boca me has rompido. 
D. Juan. Hablador, ¿quién te revela 
tantos disparates juntos? 
Catal. ¡Disparate, disparate! 425 



409. Así TL; edic. 1630 y las demás, enmaletado. 

414-15. Así edic. 1649 y todas las sueltas. Edic. 1630, V dice 
al fin que el recaudo... fué fingido... 

417. Así edic. 1649; edic. 1630, enprestiste. 

419. No se sabe si el sujeto de dice (así en todas las edics.; 
TL, dicen) es Octavio o Mota. 

424. Así todas las edics. antiguas, aunque juntos rompe la 
rima; TL, tanto disparate junto. 

425. Verso de TL, indispensable para la quintilla, que falta 
en todas las edics. 



w. 409-U3 EL BURLADOR DE SEVILLA 3 15 



Verdades son. 
D. Juan. No pregunto 

si lo son. Cuando me mate 

Otavio: ¿estoy yo difunto? 
¿No tengo manos también? 

¿Dónde me tienes posada? 4j« 
Catal. En la calle, oculta. 
D. Juan. Bien. 
Catal. La iglesia es tierra sagrada. 
D. Juan. Di que de día me den 

en ella la muerte. ¿Viste 

al novio de Dos-Hermanas? 435 
Catal. También le vi ansiado y triste. 
D. Juan. Aminta, estas dos semanas, 

no ha de caer en el chiste. 
Catal. Tan bien engañada está, 

que se llama doña Aminta. 4+# 
D. Juan. ¡Graciosa burla será! 
Catal. Graciosa burla y sucinta, 

mas siempre la llorará. 
Descúbrese un sepulcro de don Gonzalo 

de Ulloa. 



427. 'aun cuando quiera matarme'. 

431. Hay que suponer que la escena pasa en una iglesia de 
Sevilla; como se sabe, en ellas no podía prenderse a los perse- 
guidos por la justicia. Temiendo a esta donjuán se ha instala- 
do en la iglesia, hasta que Catalinón le encuentre un albergue 
seguro y oculto, en la calle. De este rufugio se usaba con 
amplitud: «Determinaos esta noche | y dad en la santa iglesia | 
a la libertad sagrado... | Cama os llevarán allá | y regalos de 
una mesa, | si no poderosa, amiga.» El amor médico, Rivade- 
neyra, v, 386 c.) 



3*6 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



D. Juan. ¿Qué sepulcro es éste? 
Catal. Aquí 

don Gonzalo está enterrado. 445 
D. Juan. Este es al que muerte di. 

¡Gran sepulcro le han labrado! 
Catal. Ordenólo el rey ansí, 

¿Cómo dice este letrero? 
D. Juan. «Aquí aguarda del Señor, +5 o 

el más leal caballero, 

la venganza de un traidor.» 

Del mote reírme quiero. 
¿Y habéisos vos de vengar, 

buen viejo, barbas de piedra? 4ss 
Catal. No se las podrás pelar, 

que en barbas muy fuertes medra. 
D. Juan. Aquesta noche a cenar 

os aguardo en mi posada. 

Allí el desafío haremos, 460 

si la venganza os agrada; 

aunque mal reñir podremos, 

si es de piedra vuestra espada. 
Catal. Ya, señor, ha anochecido; 

vámonos a recoger. 46s 
D. Juan. Larga esta venganza ha sido. 

Si es que vos la habéis de hacer, 



446. Así en edic. suelta de Sevilla, Padrino, y TL; edi- 
ción 1630 y las demás, el que. 
449. Catalinón, por lo visto, no sabe leer. 
462. Así edic. 1649; edic. 1630, y aunque... 



vr. 444-485 EL BURLADOR DE SEVILLA 3 1 ? 



importa no estar dormido, 

que si a la muerte aguardáis 
la venganza, la esperanza 470 
agora es bien que perdáis, 
pues vuestro enojo y venganza 
tan largo me lo fiáis. 

Vanse y ponen la mesa dos Criados *. 

C. i.° Quiero apercebir la cena, 

que vendrá a cenar don Juan. 475 

C. 2. Puestas las mesas están. 

¡Qué flema tiene si empieza! 

' Ya tarda como solía, 
mi señor; no me contenta; 

la bebida se calienta 48o 
y la comida se enfria. 

Mas, ¿"quién a don Juan ordena 
esta desorden? 

Entra don Juan y Catalinón. 

D. Juan ¿Cerraste? 
Catal. Ya cerré como mandaste. 

D. Juan ¡Hola! Tráiganme la cena. 48 - 



468-69. 'Despertad de ese sueño, para luchar conmigo, por- 
que si esperáis a que muera yo...' 

* La escena, en la posada oculta buscada por Catalinón, 
v. 431. 

472. Así todas las edic; empieza ofrece otro caso de rima 
falsa. El sentido es: «¡Vaya si es calmoso, como se ponga o 
empiece a serlo». 

482. '¿quién podrá poner orden en su desorden?' 



3 i8 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



C. 2. Ya está aquí. 

D. Juan. Catalinón, 

siéntate. 

Catal. Yo soy amigo 

de cenar de espacio. 
D. Juan. Digo 

que te sientes. 
Catal. La razón 

haré. 

C. i.° También es camino ^° 

éste, si come con él. 

D. Juan. Siéntate. 

( Un golpe dentro.) 

Catal. Golpe es aquél. 

D. Juan. Que llamaron imagino; 
mira quién es. 

C. i.° Voy volando. 

Catal. ¿Si es la justicia, señor? 495 

D. Juan. Sea, no tengas temor. 

(Vuelve el Criado, huyendo?) 
¿Quién es? ¿De qué estás temblando? 
Catal. De algún mal da testimonio. 
D. Juan. Mal mi cólera resisto. 



489. Hacer la razón, 'corresponder a un brindis con otro'. 
Comp. «A un brindis de un amigo, ¿qué corazón ha de haber 
tan de mármol que no haga la razón?» (Quijote, n, 33.) Aquí 
significa 'corresponderé a tu invitación'. 

490. camino, 'también estamos aquí en camino o de viaje, 
cuando se consienten tales familiaridades a un criado'. Comp. 
«¡Qué de olvidos se perdonan | en un camino a criados». 
(Lope, Dama boba, edic. Schevill, pág. 174.) 



ty. 486-520 EL BURLADOR DE SEVILLA 3*9 



Habla, responde, ¿qué has visto? 500 

¿Asombróte algún demonio? 
Ve tú, y mira aquella puerta : 

{presto, acaba! 
Catal. ¿Yo? 
D. Juan. Tú, pues. 

Acaba, menea los pies. 
Catal. A mi agüela hallaron muerta so¿ 
como racimo colgada, 

y desde entonces se suena 

que anda siempre su alma en pena. 

Tanto golpe no me agrada. 
D. Juan. Acaba. 

Catal. Señor, si sabes 5lo 

que soy un Catalinón... 
D. Juan. Acaba. 

Catal. ¡Fuerte ocasión! 

D. Juan. ¿No vas? 

Catal. ¿Quién tiene las llaves 

de la puerta? 

C. 2. Con la aldaba 

está cerrada no más. &H 

D. Juan. ¿Qué tienes? ¿Por qué no vas? 
Catal. Hoy Catalinón acaba. 

¿Mas si las forzadas vienen 
a vengarse de los dos? 

(Llega Catalinón a la puerta, y viene co- 
rriendo; cae y levántase.) 
D. Juan. ¿Qué es eso? 



511. Comp. 1, v. 883. 



3 ¿o 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



Catal. 



¡Válgame Dios! 



¡Que me matan, que me tienen! 
D. Juan. ¿Quién te tiene, quién te mata? 
¿Qué has visto? 



vide cuando... luego fui... 

¿Quién me ase, quien me arrebata? 

Llegué, cuando después ciego... 
cuando vile, jjuro a Dios!... 
Habló y dijo, ¿quién sois vos?... 
respondió, respondí luego... 

topé y vide... 



D. Juan. ¡Cómo el vino desatina! 
Dame la vela, gallina, 
y yo a quien llama veré. 

( Toma don Juan la vela y llega a la puer- 
ta. Sale al encuentro don Gonzalo, en la 
forma que estaba en el sepulcro, y don Juan 
se retira atrás turbado, empuñando la espa- 
pada, y en la otra la vela, y don Gonzalo 
hacia él, con pasos menudos, y al compás 
don Juan, retirándose hasta estar en medio 
del teatro *.) 

D. Juan. ¿Quién va? 

D. Gon. Yo soy. 

D. Juan. ¿Quién sois vos? 

522. Corrección de H; edic. 1630 y las demás, ¿quién te 
tiene, quién te tiene? 
* Edic. 1630, treato. 



Catal. 



Señor, yo allí 



D. Juan. 
Catal. 



¿A quién? 



No sé. 



520-557 EL BURLADOR DE SEVILLA 321 



D. Gon. Soy el caballero honrado 55$ 

que a cenar has convidado. 
D. Juan. Cena habrá para los dos, 
y si vienen más contigo, 

para todos cena habrá. 

Ya puesta la mesa está. J4 o 
Siéntate. 

Catal. ¡Dios sea conmigo! 

¡San Panuncio, San Antón! 

Pues ¿los muertos comen, di? 

Por señas dice que sí. 
D. Juan. Siéntate, Catalinón. 545 
Catal. No, señor, yo lo recibo 

por cenado. 
D. Juan. Es desconcierto: 

jqué temor tienes a un muerto! 

¿Qué hicieras estando vivo? 

Necio y villano temor. 55* 
Catal. Cena con tu convidado, 

que yo, señor, ya he cenado. 
D. Juan. ¿He de enojarme? 
Catal. Señor, 

|vive Dios que güelo mal! 
D. Juan. Llega, que aguardando estoy. S55 
Catal. Yo pienso que muerto soy, 

y está muerto mi arrabal. 

{Tiemblan los criados.) 

542. Es un lugar común en el gracioso invocar santos de 
nombres estrambóticos; véase v. 980 y Teatro antiguo espa- 
fiot, n, 273. 

554. V. antes pág. 278, nota 481. 

I! 



322 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



D. Juan. Y vosotros, ¿qué decís? 

¿Qué hacéis? ¡Necio temblar! 
Catal. Nunca quisiera cenar s óo 

con gente de otro país. 

¿Yo, señor, con convidado 

de piedra? 
D. Juan. {Necio temer! 

Si es piedra, ¿qué te ha de hacer? 
Catal. Dejarme descalabrado. S 6* 
D. Juan. Háblale con cortesía. 
Catal. ¿Está bueno? ¿Es buena tierra 

la otra vida? ¿Es llano o sierra? 

¿Prémiase allá la poesía? 

C. i.° A todo dice que sí, 570 

con la cabeza. 
Catal. ¿Hay allá 

muchas tabernas? Sí habrá, 
si Noé reside allí. 

D. Juan. ¡Hola! dadnos de beber. 

Catal. Señor muerto, ¿allá se bebe 57 s 
con nieve? (Baja la cabeza?) 

Así, que hay nieve: 



571. En una novela de Tirso, Los tres maridos burlados, 
un supuesto difunto pregunta: «¿Hay camas y aposentos acá? 
¿Véndese vino y bizcochos?» (Rivad., xvw, 484 a.) 

573. Así TL; edic. 1630 y las demás antiguas, no sé. 

574. La rima exigiría cenar; pero como todas las ediciones 
traen beber, y el sentido es bueno, habrá que pensar en un des- 
cuido del autor. Por error, dice Barry, pág. 239, que la edic. 1649 
pone tañer, lección que adopta, aunque no figura en ninguna 
edición antigua. 



▼▼.558-59* EL BURLADOR DE SEVILLA 3^3 



buen país. 
D. Juan. Si oír cantar 

queréis, cantarán. (Baja la cabeza.) 

C. 2.° Sí, dijo. 

D. Juan. Cantad. 

Catal. Tiene el seor muerto 

buen gusto. 
C. i.° Es noble, por cierto, 

y amigo de regocijo. 

(Cantan dentro:) 

Si de mí amor aguardáis, 

señora, de aquesta suerte 

el galardón en la muerte, 

¡qué largo me lo fiáis! 
Catal. O es sin duda veraniego 

el seor muerto, o debe ser 

hombre de poco comer. 

Temblando al plato me llego. 

Poco beben por allá; (Bebe.) 

yo beberé por los dos. 

Brindis de piedra ¡por Dios! 

Menos temor tengo ya. 

(Cantan:) 

Si ese plazo me convida 

para que gozaros pueda, 

pues larga vida me queda, 



586. veraniego y 'que está inapetente por el calor'. Comp. «Por 
vida de Policronio, que si vuestro comer por agora es de ve- 
raniego, que debéis aliviarlo bien en invierno.» (]. de Pineda, 
Agricultura Cristiana, 1589, fol. 106.) 



J*4 



I 

TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



Catal. 



D. Juan. 



Gatal. 



D. Juan. 



Catal. 



dejad que pase la vida. 

Si de mi amor aguardáis, 
señora, de aquesta suerte 
el galardón en la muerte \ 
¡qué largo me lo fiáis! 

¿Con cuál de tantas mujeres 
como has burlado, señor, 
hablan? 

De todas me río, 
amigo, en esta ocasión. 
En Nápoles a Isabela... 
Esa, señor, ya no es hoy 
burlada, porque se casa 
contigo, como es razón. 
Burlaste a la pescadora 
que del mar te redimió, 
pagándole el hospedaje 
en moneda de rigor. 
Burlaste a doña Ana... 

Calla, 

que hay parte aquí que lastó 
por ella, y vengarse aguarda. 
Hombre es de mucho valor, 
que él es piedra, tú eres carne: 



600 



605 



607. Así TL; hoy, falta en todas las edics. 

609. V. ni, versos 420 y 696. 

615. lastar, 'pagar con creces, sufrir/. Comp. «¿De qué, mi 
bien, serviría | tan prolongada alegría, [seis meses de noche en 
Noruega], | habiéndola de lastar | llorando con esperar | otros 
seis meses de día.» (Amar por razón de estado, Rivad., v> 
166 a.) 



^v. 597-637 EL BURLADOR DE SEVILLA 3 O 





no es buena resolución. 






{Hace senas que se quite la mesa, y queden 






solos) 




D. Juan. 


¡Hola! quitad esa mesa, 


620 




que hace señas que los dos 






nos quedemos, y se vayan 






los demás. 




Catai. 


{Malo, por Dios! 






No te quedes, porque hay muerto 






que mata de un mojicón 


625 




a un gigante. 




D. Juan. 


Salios todos. 






;A ser yo Catalinón... ! 






Vete, que viene. 






( Vanse, y quedan los dos solos, y nace 






señas que cierre la puerta.) 




D. Juan. 


La puerta 






ya está cerrada. Ya estoy 






aguardando. Di, ¿qué quieres, 


030 




sombra o fantasma o visión? 






Si andas en pena o si aguardas 






alguna satisfación 


- 




para tu remedio, dilo, 






que mi palabra te doy 


635 




de hacer lo que me ordenares. 






¿Estás gozando de Dios? 





627. '¡Si fuera Catal. podría tener miedo!'. Respuesta a la 
observación de Catalinón. Hay que suponer que don Juan está 
junto a los criados y separado del muerto; así se comprende 
el v. 628. 

636. Así edic. 1649 y las sueltas ; en edic. 1630 falta me. 



3 26 TIRSO DE MOLINA JOR. III 





¿Dite la muerte en pecado? 




Habla, que suspenso estoy. 




{Habla paso, como cosa del otro inundo) * 


D. Gon. 


¿Cumplirásme una palabra 




como caballero? 


D. Juan. 


Honor 




tengo, y las palabras cumplo, 




porque caballero soy. 


D. Gon. 


Dame esa mano, no temas. 


D. Juan. 


¿Eso dices? ¿Yo temor? 




Si fueras el mismo infierno 




la mano te diera yo. (Dale la mano.) 


I). Gon. 


Bajo esta palabra y mano, 




mañana a las diez estoy 




para cenar aguardando. 




¿Irás ? 


D. Juan. 


Empresa mayor 




entendí que me pedías. 




Mañana tu güésped soy. 




¿Dónde he de ir? 


D. Gon. 


A mi capilla. 


D. Juan. 


¿Iré sólo? 


D. Gon. 


No, los dos; 




y cúmpleme la palabra 




como la he cumplido yo. 


D. Juan. 


Digo que la cumpliré; 




que soy Tenorio. 


D. Gon. 


Yo soy 



* Así edic. 1649; en edic. 1630 falta habla. 
648. Comp. I, v. 935. 



yy. 638-679 EL BURLADOR DE SEVILLA 3*7 





Ulloa. 


D. Juan. 


Yo iré sin falta. 


D. Gon. 


Yo lo creo. Adiós. (Va a la puerta), 


D. Juan. 


Adiós. 




Aguarda, iréte alumbrando. 


D. Gon. 


No alumbres , que en gracia estoy. 




y y cidc nzziy yucu a vucu , //iz ratiau 




a don Juan, y don Juan a él, hasta 




que desaparece y queda don Juan 




con pavor.) 




V\ r\\r Tttaw 
LJKJvi J U AJN . 




¡Válgame Dios! todo al cuerpo 




se ha bañado de un sudor, 




y dentro de las entrañas 




se me hiela el corazón. 




Cuando me tomó la mano, 




de suerte me la apretó, 




que un infierno parecía: 




jamás vide tal calor. 




Un aliento respiraba, 




organizando la voz, 




tan frío, que parecía 




infernal respiración. 




Pero todas son ideas 




que da la imaginación: 




el temor y temer muertos 




es más villano temor; 



661. Así Tan largo; edics. 1630 y 1649, Y yo lo creo. Adiós. 
663. Así edic. 1649; edic. 1630, alombres. 



328 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



que si un cuerpo noble, vivo, 68o 
con potencias y razón 
y con alma, no se terne, 
¿quién cuerpos muertos temió? 
Mañana iré a la capilla 

donde convidado soy, 68 . 

por que se admire y espante 

Sevilla de mi valor. (Fase.) 

Sale el rey y don Diego Tenorio 
j; acompañamiento. 

Rey. ¿Llegó al fin Isabela? 

D. Dieg. Y disgustada. 

Rey. Pues ¿no ha tomado bien el casamiento? 
D. Dieg. Siente, señor, el nombre de infamada. 6 9 o 
Rey. De otra causa procede su tormento. 
¿Dónde está? 

D. Dieg. En el convento está alojada 

de las Descalzas. 
Rey. Salga del convento 

luego al punto, que quiero que en palacio 

asista con la reina más de espacio. ó 95 
D. Dieg. Si ha de ser con don Juan el desposorio, 

manda, señor, que tu presencia vea. 
Rjcy. Véame, y galán salga, que notorio 

quiero que este placer al mundo sea. 

Conde será desde hoy don Juan Tenorio 700 

de Lebrija; él la mande y la posea, 

que si Isabela a un duque corresponde, 



690. Comp. antes v. 335. 



vr. 680-726 EL BURLADOR DE SEVILLA 3 ¿9 



ya que ha perdido un duque, gane un conde. 

D. Dieg. Todos por la merced tus pies besamos. 

Rey. Merecéis mi favor tan dignamente, 705 
que si aquí los servicios ponderamos, 
me quedo atrás con el favor presente. 
Paréceme, don Diego, que hoy hagamos 
las bodas de doña Ana juntamente. 

D. Dieg. ¿Con Octavio? 

Rey. No es bien que el duque Octavio 710 

sea el restaurador de aqueste agravio. 

Doña Ana con la reina me ha pedido 
que perdone al marqués, porque doña Ana, 
ya que el padre murió, quiere marido, 
porque si le perdió, con él le gana. 715 
Iréis con poca gente y sin ruido 
luego a hablalle a la fuerza de Triana; 
por su satisfación y por su abono 
de su agraviada prima, le perdono. 

D. Dieg. Ya he visto lo que tanto deseaba. 72» 

Rey. Que esta noche han de ser, podéis decille, 
los desposorios. 

D. Dieg. Todo en bien se acaba. 

Fácil será al marqués el persuadille, 
que de su prima amartelado estaba. 

Rey. También podéis a Octavio prevenille. 725 
Desdichado es el duque con mujeres; 



717. Fuerza, 'fortaleza*. 

718. Edics. 1630, 1649 y las sueltas, y por su saiisf. 

725. a falta en todas las edics., menos en la suelta de Ma- 
drid, 1728, y en E. de Ochoa. 



33o 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. ra 



son todas opinión y pareceres. 

Hanme dicho que está muy enojado 

con don Juan. 
D. Dieg. No me espanto si ha sabido 

de don Juan el delito averiguado, 

que la causa de tanto daño ha sido. 

El duque viene. 
Rey. No dejéis mi lado, 

que en el delito sois comprehendido, 



Otavio. 
Rey, 

Otavio. 



Rey. 



Sale ¿/duque Octavio. 

Los pies, invicto rey, me dé tu alteza. 
Alzad, duque, y cubrid vuestra cabeza. 
¿Qué pedís? 

Vengo a pediros, 
postrado ante vuestras plantas, 
una merced, cosa justa, 
digna de serme otorgada. 
Duque, como justa sea, 
digo que os doy mi palabra 
de otorgárosla. Pedid. 
Ota vio. Ya sabes, señor, por cartas 
de tu embajador, y el mundo 
por la lengua de la fama 
sabe, que don Juan Tenorio, 
con española arrogancia, 
en Nápoles una noche, 
para mí noche tan mala, 
con mi nombre profanó 



715 



74* 



746. Así edic. 1649; edic. 1630, sabes. 



vr. 727-776 EL BURLADOR DE SEVILLA 33 1 



el sagrado de una dama. 
Rey. No pases más adelante. 

Ya supe vuestra desgracia. 

En efeto: ¿qué pedís? 
Otavio. Licencia que en la campaña 

defienda como es traidor. 
D. Dieg. Eso no. Su sangre clara 

es tan honrada... 
Rey. ¡Don Diego! 

D. Dieg. Señor. 

Otavio. ¿Quién eres que hablas 

en la presencia del rey 

de esa suerte? 
D. Dieg. Soy quien calla 

porque me lo manda el rey; 

que si no, con esta espada 

te respondiera. 
Otavio. Eres viejo. 

D. Dieg. Ya he sido mozo en Italia, 

a vuestro pesar, un tiempo; 

ya conocieron mi espada 

en Nápoles y en Milán. 
Otavio. Tienes ya la sangre helada. 

No vale fui, sino soy. 
D. Dieg. Pues fui y soy. (Empuña.) 
Rey. Tened; basta; 

bueno está. Callad, don Diego, 

que a mi persona se guarda 

poco respeto. Y vos, duque, 

después que las bodas se hagan, 

más de espacio hablaréis. 



332 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



Gentilhombre de mi cámara 

es don Juan, y hechura mía; 

y de aqueste tronco rama: 

mirad por él. 
Ota vio. Yo lo haré, 

gran señor, como lo mandas. 
Rey. Venid conmigo, don Diego. 
D. Dieg, \Ap\ ¡Ay, hijo! ¡qué mal me pagas 

el amor que te he tenido! 
Rey. Duque. 
Ota vio. Gran señor. 

Rey. Mañana 

vuestras bodas se han de hacer. 
Otavio. Háganse, pues tú lo mandas. 

Vase el rey y don Diego, y sale Gaseno y Aminta. 

Gasbno. Este señor nos dirá 

dónde está don Juan Tenorio. 

Señor, ¿si está por acá 

un don Juan a quien notorio 

ya su apellido será? 
Otavío. Don Juan Tenorio diréis. 
Aminta. Sí, señor; ese don Juan. 
Otavio. Aquí está: ¿qué le queréis? 
Aminta. Es mi esposo ese galán. 
Otavio. ¿Cómo? 

Aminta. Pues, ¿no lo sabéis 

siendo del alcázar vos? 



779. El rey señala a don Diego. 



w. 777-819 EL BURLADOR DE SEVILLA 333 



Ota vio. No me ha dicho don Juan nada. 

Gaseno. ¿Es posible? 

Otavio. Sí, por Dios. 

Gaseno. Doña Aminta es muy honrada. 
Cuando se casen los dos, 

que cristiana vieja es 
hasta los güesos, y tiene 
de la hacienda el interés, 



más bien que un conde, un marqués. 
Casóse don Juan con ella, 

y quitósela a Batricio. 
Aminta. Decid cómo fué doncella 

a su poder. 
Gaseno. No es juicio 

esto, ni aquesta querella. 
Otavio. [Ap.] Esta es burla de don Juan, 

y para venganza mía 

éstos diciéndola están. 

¿Qué pedís, al fin? 
Gaseno. Querría, 

porque los días se van, 

que se hiciese el casamiento, 

o querellarme ante el rey. 
Otavio. Digo que es justo ese intento. 



806. Falta un verso para la quintilla y para el sentido en to- 
das las edics. Debe querer decir que la fortuna de Aminta la 
hace digna de un marqués más bien que de un conde. H aña- 
dió «que en Dos Hermanas mantiene» (Rivad., v, 588 b), que 
caprichosamente atribuyó Barry, pág. 254, a la edic. de 1649. 

809. Aminta habla de sí en tercera persona. 





TTP^O nF MñT TWA 

i irvou un, ¡yivj í^áixs ¿\. 


TfYR TTT 

J\J 111 


Gaseno. 


Y razón y justa ley. 


820 


Otavio. 


[Ap.] Medida a mi pensamiento 






ha venido la ocasión. 






En el alcázar tenéis 






bodas. 




Aminta. 


¿Si las mías son? 




Otavio. 


[Ap.] Quiero, para que acertemos, 






valerme de una invención. 






Venid donde os vestiréis, 






señora, a lo cortesano, 






y a un cuarto del rey saldréis 






conmigo. 




Aminta. 


Vos de la mano 


«So 




a don Juan me llevaréis. 




Otavio. 


Que de esta suerte es cautela. 




Gaseno. 


El arbitrio me consuela. 




Otavio. 


[Aj>.] Estos venganza me dan 






de aqueste traidor don Juan 


«35 




y el agravio de Isabela. 


( Vanse.) 




Síil? don Tttan a; CatatjnÓnt 




Catal. 


¿Cómo el rey te recibió? 




D. Juan. 


Con más amor que mi padre. 




Catal. 


¿Viste a Isabela? 




D. Juan. 


También. 




Catal. 


¿Cómo viene? 




D. Juan. 


Como un ángel. 


840 



823. tenéis, en todas las edics. antiguas, que rompe la rima; 
ha sido suscitado por las palabras en ey de la quintilla ante- 
rior, y la en éis de la siguiente. 



vt. 820-859 EL BURLADOR DE SEVILLA 335 



Catal. 
D. Juan. 



Catal. 

D. Juan, 
Catal. 



D. Juan. 
Catal. 

D. Juan. 
Catal. 
D. Juan. 



¿Recibióte bien? 

El rostro 
bañado de leche y sangre, 
como la rosa que al alba 
revienta la verde cárcel. 
Al fin, ¿esta noche son 
las bodas? 

Sin falta 

[Si antes] 
hubieran sido, no hubieras, 
señor, engañado a tantas; 
pero tú tomas esposa, 
señor, con cargas muy grandes. 
Di: ¿comienzas a ser necio? 
Y podrás muy bien casarte 
mañana, que hoy es mal día. 
Pues ¿qué día es hoy? 

Es martes. 
Mil embusteros y locos 
dan en esos disparates. 
Sólo aquel llamo mal día, 
aciago y detestable, 
en que no tengo dineros; 



845 



850 



«55 



844. Así TL; todas las edic. despierta la débil caña, que 
no da sentido ni asonanta. 

846. Corrijo asi fiambres, que dan todas las edics. La suel- 
ta de Madrid, 1728, intentó corregir poniendo si fiambres. 
Barry, pág. 258, da aquí un texto abreviado y arreglado por él, 
y dice caprichosamente que sigue la edic. de 1649. 

857. Edic. 1630, llaman; edic. 1649 y tódas las sueltai, 
llamo. 



33$ TIRSO DE MOLINA JOR. III 





que lo demás es donaire. 


Catal. 


Vamos, si te has de vestir, 




que te aguardan, y ya es tarde. 


D. Juan. 


Otro negocio tenemos 




que hacer, aunque nos aguarden. 


Catal. 


¿Cuál es? 


D. Juan. 


Cenar con el muerto. 


Catal. 


Necedad de necedades. 


D. Juan. 


¿No ves que di mi palabra? 


Catal. 


Y cuando se la quebrantes, 




¿qué importa? ¿Ha de pedirte 




una figura de jaspe 




la palabra? 


D. Juan. 


Podrá el muerto 




llamarme a voces infame. 


Catal. 


Ya está cerrada la iglesia. 


D. Juan. 


Llama. 


Catal. 


¿Qué importa que llame? 




¿Quién tiene de abrir, que están 




durmiendo los sacristanes? 


D. Juan. 


Llama a este postigo. 


Catal. 


Abierto 




está. 


D. Juan. 


Pues entra. 


Catal. 


Entre un fraile 




con su hisopo y estola. 



sos 



B70 



861. La escena ocurre en la calle, junto a la iglesia. 

870. Así edic. 1649; edic. 1630, jasped. 

879. Quizá hay que suponer una pronunciación guisopo, 
que daría mejor medida al verso; úsase aún rústicamente en 
Andalucía. El Dice. Acad. trae guisopillo. 



w. 86o-8 9 7 EL BURLADOR DE SEVILLA 337 



D. Juan. Sigúeme y calla. 

Catal. ¿Que calle? 880 

D. Juan. Sí. 

Catal. Dios en paz 

destos convites me saque. 

{Entran por una puerta y salen por otra?) 
¡Qué escura que está la iglesia, 
señor, para ser tan grande! 
;Ay de mí! ¡Tenme, señor, 885 
porque de la capa me asen! 

Sale don Gonzalo como de antes, y encuéntrase con 
ellos. 

D. Juan. ¿Quién va? 

D. Gon. Yo soy. 

Catal. ¡Muerto estoy! 

D. Gon. El muerto soy, no te espantes. 

No entendí que me cumplieras 

la palabra, según haces s 9 o 

de todos burla. 
D. Juan. ¿Me tienes 

en opinión de cobarde* 
D. Gon. Sí, que aquella noche huíste 

de mí cuando me mataste. 
D. Juan. Huí de ser conocido; 8 95 

mas ya me tienes delante. 

Di presto lo que me quieres. 



881 . El verso no consta; H corrigió Ya callo. Dios en paz; 
Barry, pág. 260, Dios en salvo y en paz, que no sé de dónde 
tomó y que es probable forjara él mismo; no está, como dice 
según mala costumbre, en la edic. 1649. 



22 



338 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. m 



D. Gon. Quiero a cenar convidarte. 
Catal. Aquí escusamos la cena, 

que toda ha de ser fiambre, 

pues no parece cocina. 
D. Juan. Cenemos. 
D. Gon. Para cenar 

es menester que levantes 

esa tumba. 
D. Juan. Y si te importa, 

levantaré esos pilares. 
D. Gon. Valiente estás. 
D. Juan. Tengo brío 

y corazón en las carnes. 
Catal. Mesa de Guinea es ésta. 

Pues ¿no hay por allá quien lave? 
D. Gon. Siéntate. 
D. Juan. ¿Adonde? 
Catal. Con sillas 

vienen ya dos negros pajes. 

{Entran dos enlutados con dos sillas.) 

¿También acá se usan lutos 

y bayeticas de Flandes? 
D. Gon. Siéntate tú. 
Catal. Yo, señor, 



9°5 



910 



901. Falta un verso para el romance, pero no para el sen- 
tido; ya hemos notado bastantes casos. 

908. Edic. 1630, Guiñen; edic. 1649, Guinea, Refiérese Cata- 
linón al color negro de la mesa. Guineo era el nombre de un 
baile de negros. (Salazar, Cartas, Biblióf. Españ., 1, 24.) Para 
otras citas en Tirso, v. Barry, pág. 263. 

914. Así TL; tú falta en 1630, 1649 y las sueltas. 



«f 8-937 EL BURLADOR DE SEVILLA 339 



he merendado esta tarde. 
Gon. No repliques. 
Catal. No replico. 

Dios en paz desto me saque. 

¿Qué plato es éste, señor? 
D. Gon. Este plato es de alacranes 

y víboras. 
Catal. ¡Gentil plato! 

D. Gon. Estos son nuestros manjares. 

¿No comes tú? 
D. Juan. Comeré, 

si me dieses áspid y áspides 

cuantos el infierno tiene. 
D. Gon. También quiero que te canten. 
Catal. ¿Qué vino beben acá? 
D. Gon. Pruébalo. 
Catal. Hiél y vinagre 

es este vino. 
D. Gon. Este vino 

esprimen nuestros lagares. 

{Cantan:) 

Adviertan los que de Dios 
juzgan los castigos grandes, 
que no hay plazo que no llegue 
ni deuda que no se pague. 

Catal. ¡Malo es esto, vive Cristol 

que he entendido este romance, 
y que con noso-tros habla. 

D. Juan. Un hielo el pecho me parte. 



9^5 



920 



9 3 5 



95* 



935 



937. Así en TL; edic. 1630, 1649 y las sueltas, abrasa. 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



{Cantan:) 

Mientras en el mundo viva, 

no es justo que diga nadie: 

¡qué largo me lo fiáis! 94° 

siendo tan breve el cobrarse. 
Catal. ¿De qué es este guisadillo? 
D. Gon. De uñas. 

Catal. De uñas de sastre 

será, si es guisado de unas. 
D. Juan. Ya he cenado; haz que levanten 945 

la mesa. 

D. Gon. Dame esa mano; 

no tema?, la mano dame. 
D. Juan. ¿Eso dices? ¿Yo, temor? 

¡Que me abraso! ¡No me abraséis 

con tu fuego! 

D. Gon. Este es poco 950 

para el fuego que buscaste. 
Las maravillas de Dios 
son, don Juan, investigables, 
y así quiere que tus culpas 



943. Alusión a la rapacidad de los sastres. Comp. «Que el 
sastre que nos desuella, | haga con gran sentimiento | en la uña 
el testamento | de lo que agarró con ella... con su pan se lo 
coma». (Quevedo, Musa Quinta, Rivad., lxix, 86 b). Lo del 
testamento en la uña decíase por los que en vida gastaban su 
hacienda. En su comedia Santo y Sastre hace Tirso frecuen- 
tes chistes sobre el mismo tema. 

95.3 invesiigable 'ininvestigable'. Comp. probalidá por pro- 
babilidad, etc. (Teatro antiguo español, 11, 236.) 



w. 938-974 EL BURLADOR DE SEVILLA 34 * 



a manos de un muerto pagues, o 55 

y si pagas desta suerte, 

esta es justicia de Dios: 

«quien tai hace, que tal pague >. 
D. Juan. ¡Que me abraso, no me aprietes! 

Con la daga he de matarte. 960 

Mas ¡ay! que me canso en vano 

de tirar golpes al aire. 

A tu hija no ofendí, 

que vio mis engaños antes. 
D. Gon. No importa, que ya pusiste gÓ5 

tu intento. 
D. Juan. Deja que llame 

quien me confiese y absuelva. 
D. Gon. No hay lugar; ya acuerdas tarde. 
D. Juan. ¡Que me quemo! ¡Que me abraso! 

¡Muerto soy! (Cae muerto.) 

Catal. No hay quien se escape, 97 o 

que aquí tengo de morir 

también por acompañarte. 
D. Gon. Esta es justicia de Dios: 

«quien tal hace que tal pague». 
(Húndese el sepulcro con don Juan y don 

Gonzalo, con mucho ruido, y sale Catali- 

nón arrastrando^) 



956. Falta un verso para el romance, pero no para el sen. 
tido, como antes, v. 901. 
958. Así edic. 1649; edic. 1630, tan. 

969. Comp. «¡Que me abrasas, que me quemas!» (Santa 
Juana, NBAE, íx, 270 a.) 



342 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



Catal. ¡ Válgame Dios! ¿Qué es aquesto? 975 
Toda la capilla se arde, 
y con el muerto he quedado 
para que le vele y guarde. 
Arrastrando como pueda 

iré a avisar a su padre. 9«« 

|San Jorge, San Agnus Deí, 

sacadme en paz a la calle! (Vase.) 

Sale el rey, don Diego y acompañamiento. 

i). Dieg. Ya el marqués, señor, espera 

besar vuestros pies reales. 
Rey. Entre luego y avisad 985 

al conde, porque no aguarde. 

Sale Batricio y Gaseno. 

Batric. ¿Dónde, señor, se permite 
desenvolturas tan grandes, 
que tus criados afrenten 

a los hombres miserables? 990 
Rey. ¿Qué dices? 
B <tríc. Don Juan Tenorio, 

alevoso y detestable, 

la noche del casamiento, 

antes que le consumase, 

a mi mujer me quitó; ^ 
testigos tengo delante. 



981. V. antes v. 542. 

987. permite en todas las edics.; el singular se explica por- 
que el autor pensaba en se permite que tus criados. 



vv. 975-1014 EL BURLADOR DE SEVILLA 343 



Sale Tisbea y Isabela y acompañamiento. 

Tisbea. Si vuestra alteza, señor, 

de don Juan Tenorio no hace 

justicia, a Dios y a los hombres, 

mientras viva, he de quejarme. io©o 

Derrotado le echó el mar; 

dile vida y hospedaje, 

y pagóme esta amistad 

con mentirme y engañarme 

con nombre de mi marido. 1005 
Rey. ¿Qué dices? 
Isabela. Dice verdades. 

Sale Aminta y el duque Octavio. 

Aminta. ¿Adonde mi esposo está? 
Rey. ¿Quién es? 

Aminta. Pues ¿aun no lo sabe? 

El señor don Juan Tenorio, 
con quien vengo a desposarme, ioi» 
porque me debe el honor, 
y es noble y no ha de negarme. 
Manda que nos desposemos. 

Sale el marqués de la Mota. 
Mota. Pues es tiempo, gran señor, 



1006. Así en TL; edic. 1630 y 1649, verdad. 

1008. Así edic. 1649; en edic. 1630 falta aun. 

1013. Falta un verso para el romance, pero no para el sen- 
tido. 



344 



TIRSO DE MOLINA 



JOR. III 



que a luz verdades se saquen, lo ¿; 

sabrás que don Juan Tenorio 

la culpa que me imputaste 

tuvo él, pues como amigo, 

pudo el crüel engañarme; 

de que tengo dos testigos. 
Rey. ¿Hay desvergüenza tan grande? 

Prendelde y matalde luego. 
D. Dieg. En premio de mis servicios 

haz que le prendan y pague 

sus culpas, porque del cielo I02 s 

rayos contra mí no bajen, . 

si es mi hijo tan malo, 
Rey. ¡Esto mis privados hacen! 

Sale Catalinón. 

Catal. Señores, todos oíd 

el suceso más notable 1030 
que en el mundo ha sucedido, 
y en oyéndome, matadme. 
Don Juan, del comendador 
haciendo burla, una tarde, 

después de haberle quitado io 35 
las dos prendas que más valen, 
tirando al bulto de piedra 



1028. Tirso alude a los privados del rey en más de un caso, 
asunto de preocupación nacional; v. Privar contra su gusto. 
Comp. además: «el rey es un mar | donde el privado es la es- 
puma | y algún viento ha de llegar | que la deshaga y consu- 
ma.* (Averigüelo Vargas, Rivad., v, 683 c.) 

1029. Así edk:. 1649; edic. 1630, Señores, escuchad, oid. 



w. 1015-1063 EL BURLADOR DE SEVILLA 345 



la barba por ultrajarle, 

a cenar le convidó : 

¡nunca fuera a convidarle! 

Fué el bulto y convidóle; 

y agora porque no os canse, 

acabando de cenar, 

entre mil presagios graves, 

de la mano le tomó, 

y le aprieta hasta quitalle 

la vida, diciendo: «Dios 

me manda que así te mate, 

castigando tus delitos. 

Quien tal hace que tal pague.» 

Rey. ¿Qué dices? 

Catal. Lo que es verdad, 

diciendo antes que acabase, 
que a doña Ana no debía 
honor, que lo oyeron antes 
del engaño. 

Mota. Por las nuevas 

mil albricias pienso darte. 

Rey. ¡Justo castigo del cielo! 

Y agora es bien que se casen 
todos, pues la causa es muerta, 
vida de tantos desastres. 

Ota vio. Pues ha enviudado Isabela, 
quiero con ella casarme. 

Mota. Yo con mi prima. 



1048. Así edic. 1649; edic. 1630, le. 
10G3. Así edic. 1649; edic. 1630, y yo. 



34^ TIRSO DE MOLINA JOR. III 



Batric. Y nosotros 

con las nuestras, porque acabe 

El Convidado de piedra, *°*5 
Rey. Y el sepulcro se traslade 

en San Francisco en Madrid, 

para memoria más grande. 



1067. TL , a San Juan de Toro. La iglesia de San Fran- 
cisco se cita ya en los romances tradicionales del «Convidado 
de Piedra»; V. Menéndez Pidal, Estudios literarios, 1920, 
página 123. 



FIN 



ÍNDICE DE LAS NOTAS 



(los números se refieren a las páginas) 



a (uso raro) 73 

abadejo 263 

absolver 254,306 

acostumbradas (calles.) 82 

aho i 179 

alarde 106 

Alcántara 237 

Alfonso XI 233 

algarabía de allende. . . 141 
almagrar y echar a ex- 
tremo 292 

Almendral 234 

asilo en iglesias 315 

amor 182, 246 

anacoluto 13, 157, 281 

arraigar 284 

arreo 112 

asistir 177 

astrolabio 47 

atacar (las calzas...) — 45 

atender 202 

Avero 11 

barbullir 51 

barra (lanzar la...) 31 

bazucar 81 

Belén (Lisboa) 237 

Berganza (duque de...). 56 
bien (el...) suena y el mal 

vuela 214 

Blanca niña (romance 

de...) 303 

Blas de Castro (Juan) . . 3 

boca (entre la...) y la taza 286 



brío 258 

Brito: cabrito 168 

Buenavista (Cigarral 

de...) 1 

calma 208 

calzas 2 40 

camino 318 

cananea 'hacanea' 223 

Candilejo (calle del...).. . 262 

cantonada 37 

carta de creencia 15 

Cartago (reina de...)... . 245 

Catalinón 244 

caudal (hacer...) 86 

cera 'excremento' 278 

Ceuta (su conquista). . . 233 

ciego 'Cupido' 55 

cinco de largo 143 

Clicie 56 

cochizar 63 

cofia de pinos 129 

comadreja 214 

como tres con un za- 
pato 147 

complemento directo 

sin a 62, 65, 148 

confesar 259 

contrastar 161 

cormas 83 

cuadra 206 

cuando 66 

cuanto y más 38 

culebra 296 



1 aho en Rivad., v, 672 c. 

2 La comparación con el menudo es independiente de la sucie- 
dad de las calzas; comp. «¿No es mejor andar desnudo, | que no 
calzarse un menudo, | con tanta panza de vaca?» (Rivad., v, 673 a). 
Se habla de las calzas como en JEl Vergonzoso, en las págs. 672 c, 673 6, 
678 o. 



348 



ÍNDICE DE LAS NOTAS 



Daniel (trisílabo) 81 

David (auto de...) 40 

derramar 65 

descoger 98 

desconocer 149 

desengañar 299 

desigual 246 

determinarse 33 

Dionis (rey don...) 48 

dineros 90 

discordancia del pro- 
nombre 158, 216 

discordancia del verbo. 119 

divertir. 221 

Duarte (rey don...) 124 

dudar. 52 

dueñas 41 

Eco y Narciso 28 

efímera » 70 

embinción 26 

enjaguar. 71 

España (opinión sobre...) 233 
estrellados (santos y 

huevos) 37 

Figueroa (Roque de...). 197 
fregatriz r ar. .. 63, 209, 210 

frió 279 

/ fuego, fuego ! 250 

fuerza 206, 329 

fulminar 286 

gar amantes 303 

gato 'ladrón* 50 

gato romo y zurdo — 36 

góticas letras 286 

gracioso 37 

Gradas 279 

Guinea 338 

guisopo. 336 

h aspirada 257, 228 

Habacú 81 

hacer la razón 318 

her 40, 63 



Herrera 234 

honor 121, 299 

Hurtado de Mendoza, 

Antonio 3 

indecente 86 

industria 39 

investigable 'ininvesti- 
gable' 340 

jabonatriz 63 

J abre gas.... 237 

japón.... 303 

Juan II 53 

juramento ambiguo. 247, 306 

laquipaje 180 

lastar 324 

lavandriz, lavatriz 209 

legumbrizar 63 

Lisboa 277 

lugar 248 

mar de España 310 

mas que 27, 297 

Medoro 103 

melindrizar 180 

Mértola 234 

Misericordia (Cofradía 

de la...) 238 

mocedades 255 

Mora 234 

mos 'nos' 43 

mudas 2 23 

muesa 43 

mujer insconstante 205 

mujer forzada 35 

muía de alquiler 22 

neologismo 63, 180 

noche (ponerse de...)... 273 

non de Dios. 42 

novillos (ir por...) 82 

Numa 12 

Odivellas 239 

Olivencia 234 

ollas de Egipto 51 



1 Es mejor conservar efímera loca de C; comp. «de tanta efímera 
loca.» (Rivad., v, 388 c.) 

2 «¿No somos acá personas | aunque andemos sin valonas, ( li- 
bres las caras de mudas?» (Bivad., v, 670 h .) 



ÍNDICE DE LAS NOTAS 349 



par 43 

para 29 

para en uno son los dos. 169 

partes 87 

partes (hacer las...).. . . 95 

pastelizar 63 

pega 112 

pelirrojo 25 

pelirrubio 25 

Peran ton (baile) 110 

perro muerto 264 

pescudar 50 

pinos en el mar 225 

piratas 219 

plegar 'placer' 180 

portugués (enamora- 
do) ' 55, 277 

preferirse 28, 257 

Preste Juan 289 

primer móvil 78 

privado del rey 344 

privanza 302 

prometer. 44 

pronombre complemen- 
to suprimido 111,203 

pronombre (orden del...) 68 

provocar 14 

puesto que 13, 64 

que 68 

qué dello 2 60 

quien 15, 16 

quillotrar 42 

quillotro 21,130 

quinas de Portugal 241 

Quiñones de Benavente 3 

rajas (hacerse...) 232 

ranas 263 

regidero 3 42 

restaurar 27 

Ríos, Alvaro de , 3 



rollo 43 

Rucio (plaza) 240 

salamandria 248 

San Gian 236 

Sánchez (actor) 11 

santos extravagan- 
tes 321, 341 

sastres rapaces. 340 

seboso 108 

señas (por...) 269 

Serpa 234 

s/ 'si no' 52 

silla de costillas 4 111 

so 'soy' 42 

sorna 81 

sueños (los...) sueños 

son 146 

sustantivo adjetivado.. 218 

talle (tener...) 90 

tarazan a 242 

Teodor (doncella...) ... 133 

término por puntos — 164 

Terreiro do Paco 241 

terrero 265 

Tibar : 307 

Tifis 225 

Timoteo (músico) 5 — 113 

tirio 288 

toca (tormento) 18 

Tolú 263 

Toro 234 

tostón 129 

veintén 129 

Vejer 261 

Venus (templo de...).. . . 103 

veraniego 323 

vernán 226 

villano del Danubio 6 

virillas 307 

y todo 58 



1 «Los amorosos desvelos | en |Portugal crecen antes | que en 
otra parte.» (Kivad., v, 670 5.) 

2 «¡Qué dello que os parecéis | a vuestro hermano!» (Rivadeney- 
ra, v, 398 b.) 

3 «Regidero fué mi padre, | si dice verdad mi madre, | y alcalde 
una Navidad.» (NBAE, iv, 442, 6.) 

4 Es una silla de respeto; v. NBAE, iv, 362 b. 

5 Véase también Cicerón, de legibus, 2. 



ÍNDICE 



Páginas. 



Introducción vn 

El Vergonzoso en Palacio: 

Prólogo a la representación i 

La comedia 1 1 

Epílogo a la representación 189 

El Burlador de Sevilla y Convidado de 

piedra 197 

índice de las notas 347 



ERRATAS 



PÁG. 


LÍNEA 


DICE 


LÉASE 


IX 


(nota 2) 


14 de de 


14 de 


XXII 


1 


remarque. 


remarquée. 


XLV 


12 


es la 


esa 






l 


l En cuanto a In- 


XLVII 


(nota 2) 


Dice Shelley. j 


I glaterra, dice 








' Shelley, 


58 


900 


y todo, 


y todo 


68 


5 (de la nota 1112) 


hase, lo ordenad. 


lo ordenad. 


75 


148 


vuestrae 


vuestras 


116 


1137 


NADAL 


MADAL. 


178 


2 (de la nota 1459) 


bien 


bien en 


213 


2 (de la nota 307) 


162 


62 


253 


1 (nota 7) 


ante 


ante el 


271 


(nota 333) 


itger, 


tiger, 


317 


3 (nota 472) 


serlo». 


serlo!». 



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